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jueves, 18 de marzo de 2010

JUAN BREBOS




Don Román Gómez Guillen (+), Canónigo Prefecto de Música, de la catedral de Plasencia, escribió en su época un articulo que fue publicado en el periódico El Regional, sobre Juan Brebos, organero flamenco. Dicho articulo lo reproducimos a continuación.



UN ORGANERO FLAMENCO EN PLASENCIA
Tuvieron gran fama en el siglo XVI los organeros flamencos, que en aquella época gozaban de gran prestigio. A este respecto, escribe muy acertadamente González Amezúa lo siguiente: “La organería extranjera era entonces bien conocida en España, como vemos por la expresa alusión a los “mestres flamenchs” cuya perfección de trabajo es elogiada y puesta como modelo. Muy conocidos son Giles Brebos y sus hijos — que por encargo de Felipe II construyeron los órganos del Monasterio de El Escorial, familia de la que nos da cumplida noticia el eminente musicólogo holandés Dr. Vente, gran conocedor y apasionado defensor del órgano clásico español”. (Ramón González Amezúa y de Noriega, “Perspectivas para la Historia del Organo Español”, Madrid 1970, pag. 14). Por desgracia aquellos órganos ya han desaparecido.

¿Quién fue Giles Brebos?. Un célebre constructor de órganos flamenco, llamado también Mase (o Maese) Giles y Mesagiles, y que al parecer, llamóse realmente Giles Brebos. Trabajó en Lovaina, Amberes y España. Entre otros órganos famosos que construyó figuran, como antes hemos apuntado, cuatro para los dos coros de El Escorial. Murió en 1584. Datos que hemos tomado de J. Ricart Matas. (“Diccionario Biográfico de la Música”, pag. 399.)

Uno de sus hijos, Juan continuó la tradición de su padre en España cuidando los órganos de propiedad real. Y precisamente este fue organero de nuestra catedral de Plasencia a principio del siglo XVII durante varios años. Organero, como podemos ver, de verdadera categoria Bien lo merecia nuestra catedral, centro esplendoroso de música por aquel tiempo, a pesar de estar el Cabildo más que agobiado en las obras de la catedral nueva. Pero para la música no se escatimé nada. Y magnífico ejemplo a seguir en la actualidad.

De este famoso organero hemos encontrado los siguientes datos:
“Cometieron a los señores Mayordomos y Visitadores de la Fábrica y don Diego de Aguilera, Chantre, hagan que este maéstro de aderezar órganos, criado de Su majestad que ha venido por orden del Cabildo, adereze todo lo que fuere menester de los órganos y Realexo de esta Sancta Iglesia.” (Archivo Catedral, Actas Capitulares, libro 17, fol. 472,v°)Sucedía esto en viernes, 26 de abril de 1602.
Antes de esta fecha encontramos otro documento que dice así: “Cometieron al Sr. don Diego de Carvajal, Tesorero, embíe a llamar al Maestro de aderezar órganos que está en Alcántara para que aderece el órgano y Realexo.” (Actas Cap. Libr. Cit. Fol440)Data este documento de 22 de enero del mismo citado año 1602.
¿De que organero se trata en el precedente documento? ¿Es acaso Juan Brebos? ¿O se trata de Horacio Fabri, de ascendencia italiana, que anteriormente trabajó en la catedral y con quien tuvo relaciones el Cabildo por este mismo tiempo? A pesar del esfuerzo que hemos hecho en este punto, nos ha sido imposible aclararlo.
Con fecha 15 de mayo de 1602, encontramos otra referencia sobre Juan Brebos que exponemos a continuación:
“Ordenaron y mandaron que se de libranza en Racionero Braceros, Mayordomo del Cabildo, para que a cuenta de lo que la Fábrica de esta Sancta Iglesia ha de haber en el partido de Bejar, de y pague CINCUENTA DUCADOS a Joan Breboz, Maestro de Órganos del Rey Nuestro Señor, por el trabajo y aderezo que ha hecho y puesto en los Organos y Realexo de esta Sancta Iglesia y que con la dicha libranza se lo pase en cuenta de los dichos mrs (maravedíes) el Sr. Mayordomo y Obrero Mayor de la Fábrica.Entraron los Sres. don Joan de Henestrosa, arcediano de Trugillo, Pedro Martínez, coadjutor, Dr. Pila y Diego de Sosa Solano, canónigos.
Cometieron al Sr. don Diego de Aguilera, Chantre, y Sres. Visitadores de la Fábrica Joan de Lobera y Lic. Benavides, canónigos, traten y concierten con Joan Breboz, Maestro de Órganos del Rey Nuestro Señor, venga cada año una vez a esta ciudad a templar y aderezar los órganos y Realexo de esta Sancta Iglesia y le señalen el salario que les pareciere y con el concertaren y sobre ello hagan y otorguen la Scriptura o Scripturas necesarias y para ello les dieron comisión bastante y a cada uno in solidum.” (Act. Cap. Libro 17, fol. 478, V0)
Dos años más estuvo Juan Brebos de organero de nuestra catedral, ya que en mayo de 1605 aparece en tal cargo Juan Francisco Fabri, hijo, como creemos, del citado Horacio Fabri y que se establecieron de un modo permanente en nuestra ciudad. De ellos hablaremos en mejor ocasión.
Los órganos que cuidó Juan Brebos eran los que había en la catedral vieja, trasladados ya a la nueva desde que esta se abrió al culto público en 1578. Uno de estos órganos, precisamente el grande, habia sido construido por el celebre organero Cristóbal Cortejo a principios del siglo XVI, unos cien años antes.
Es muy oportuno divulgar estos datos ahora que nos hemos embarcado en esta noble empresa de restaurar el único órgano que tiene nuestra catedral. Otro excelente organero de nuestros tiempos se encargará de llevar a feliz término esta obra, para lo que hemos firmado ya el correspondiente contrato. Para ello ya se está trabajando fuera y pronto veremos trabajar en la misma catedral. Queremos revivir esta gloriosa tradición organero y organística de Plasencia, pero necesitamos una cooperación económica aun más eficaz por parte de los placentinos.

No vale cruzarse de brazos y no vale exigir cuando no se da nada. Es cosa de todos; una vez más nuestra apremiante llamada a favor de esta obra que ha de dar esplendor y nobleza a la catedral y a Plasencia.

                Departamento de divulgación e investigación de la A.C.P.”PEDRO DE TREJO"
                                                SEMBRANDO INQUIETUDES



miércoles, 10 de marzo de 2010

SEMBLANZA A DON DEMETRIO

La muerte de D. Demetrio a todos nos ha conmovido. No temía la muerte, es verdad, pero amaba la vida, y aportaba razones para mejorarla. Ofrecía su fe, su amistad, su capacidad de comunicación y sacrificio, su compromiso tenaz por dignificar a las personas y a las instituciones, así como su inteligencia para leer los signos de los tiempos.
Fue, ya sabemos, hombre inteligente, lúcido y comprometido; nunca callaba si es que tenía que hablar. Brilló con luz propia en todos los campos pastorales que desarrolló -porque fue ante todo sacerdote-.en las parroquias, también en las pequeñas, como pastor; en la Diócesis, como Vicario; en el Seminario y Centros de estudio, como profesor; en las comunidades religiosas, como capellán y confesor; en los Movimientos eclesiales, como promotor -tales como Cursillos de Cristiandad, Equipos de Nuestra Señora, Pastoral de la Salud, Vida Ascendente-... Fue siempre incansable, de mucho temple y voluntad; no ahorraba fatigas ni sacrificios. Llegó a ser el mejor conocedor de la Iglesia diocesana: No hubo pueblo que no visitara, sabía los caminos y los atajos. Le gustaba la geografía, conocía la rosa de los vientos, le gustaba contar y calcular.

Defendió siempre un tipo de católico más activo, más responsable y más comprometido, “incluso, pensando en el laico, en lo social y político. Fue una de sus ideas fuertes en la pastoral
De su talante espiritual, aparte de su fe -una fe muy bien cultivada en todos los campos- y de su gran amor a la Iglesia, yo quisiera destacar dos cosas: La austeridad, realmente significativa; y la humildad, que pudo chocar con algunas de sus actitudes en los primeros tiempos -D. Juan Pedro decía que le quería gobernar-; supo madurar en línea de misericordia, supo retirarse y dar paso a otros, quiso escoger para sí lo pequeño, lo que nadie quería... Debió ser lo más costoso para él, dadas sus capacidades.

En lo que atañe a la parroquia de El Salvador, trabajó en ella hasta el agotamiento a lo largo de 25 años (1956-1981) La primera entrevista con el párroco, el venerable D. Julián Polo, resultó chispeante: “He enterrado a más de un coadjutor que venía con deseo de sucederme”. Este joven coadjutor era inteligente y activo, tenía iniciativa y empuje, era incansable trabajando y haciendo trabajar. Se ganaría el título de “piloto”.

En la parroquia empezaron a surgir nuevas realidades y grupos, como la Junta parroquial, germen del futuro Consejo de Pastoral; las Visitadoras, caridad sensible y despierta; las Conferencias de S. Vicente, los grupos de A. C., incluso de jóvenes, chicos y chicas que alegraban la parroquia con múltiples actividades, la Escuela parroquial, Guardería, Movimiento Scout, Hoja parroquial, vehículo de comunicación parroquial; la renovación de las catequesis y de la liturgia...

Fue un gran acierto la adquisición de la antigua casona-escuela del famoso Don Bonifacio, que sirvió de sede parroquial; hoy convertida en viviendas, despachos y salones
La obra más significativa fue la restauración del templo parroquial, ya viejo y deslucido. Fue como un símbolo de otra restauración más profunda de la comunidad.. Ahora todos se admiran contemplando esta obra digna, que tiene estilo y espíritu, pero no todos saben cuántos sacrificios y desvelos se sembraron en ella. D. Demetrio fue un gran sacerdote, que brilló con luz propia en nuestra Iglesia diocesana y más allá. Guardamos esta luz en nuestros corazones, -recordando-.

SOBRE RUEDAS.
Hombre sin pereza, extraordinariamente activo, le gustaban los rosarios de la aurora y las procesiones mañaneras, bocina en mano, lanzaba al aire saludos despertadores, cantos del Ave y piropos a la Virgen.
El día trabajado en busca de la verdad, sembrando la belleza. La noche siempre era joven para él, abierta a la broma y la confidencia, tertulia de amigos, trajeados de gozosa intimidad.

No tenía miedo al frío, apenas usaba el abrigo, quizá tenía dentro mucho fuego, como decía Jesús a Teresa: “Yo soy tu verdadera calor
Se le vio primero montado en una Guzi, para llegar pronto a la llamada pastoral; después será un SEAT 600, buen instrumento para dar cauce a su dinamismo apostólico a lo largo de las carreteras diocesanas.
Venía a ser lo que el borriquillo fue para Jesús. Al que viaja en borrico o en Seína se le mira con simpatía y con esperanza, porque así son las cosas de Dios.
Su corazón apostólico le hizo correr mucho, cuántos kilómetros sólo él, buen contador lo sabe; eran carreras para sembrar y extender el Reino de Dios. Ahora llegó ya a la meta, fatigado y roto, pero contento, después de 82 años de peregrinación, -el 3.2.20 10- entró en la Jerusalén dichosa, no en un burrito, sino en el Mercedes de la fe, bien equipado con amor, con mucho amor.

 Jose Antonio Pajuelo Jiménez - Pedro Luna Reina.

                                             "CREANDO CULTURA"