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martes, 29 de agosto de 2017

"BANDO DE LOS ALCALDES" 2 De Mayo 1808



El texto completo del 'Bando de los Alcaldes'

Entre los documentos del archivo de la parroquia de Cumbres de San Bartolomé, de la provincia de Huelva, apareció en 1908 una copia de este bando histórico, hoy día custodiado en el archivo municipal de esta localidad con el número 27 del 'Inventario adicional'.
Consta de cuatro hojas, caligrafiado la primera hoja con las siguientes notas marginales:


"A estas horas, que son las cuatro y cuarto de la tarde, se nos acaba de entregar un oficio del Sr. Alcalde Mayor de la villa de Fregenal que viene a toda diligencia, referente al que ha recibido del Sr. Alcalde Mayor de la villa de la Fuente del Maestro, que le dirigió el Sr. Alcalde Mayor interino de la ciudad de Mérida, al que un postillón que viene a toda diligencia se le ha comunicado otro de la villa de Móstoles, con fecha dos del corriente, que dice lo siguiente:"

"Señores Justicias de los pueblos a quienes se presentase este oficio, de mí el Alcalde de Móstoles:

Es notorio que los franceses apostados en las cercanías de Madrid y dentro de la Corte, han tomado la defensa, sobre este pueblo capital y las tropas españolas; de manera que en Madrid está corriendo a esta hora mucha sangre; como españoles es necesario que muramos por el Rey y por la Patria, armándonos contra unos pérfidos que so color de amistad y alianza nos quieren imponer un pesado yugo, después de haberse apoderado de la augusta persona del Rey; procedamos, pues, a tomar las activas providencias para escarmentar tanta perfidia, acudiendo al socorro de Madrid y demás pueblos y alentándonos, pues no hay fuerzas que prevalezcan contra quien es leal y valiente, como los españoles lo son.



Dios guarde a Vuestras Mercedes muchos años.
Móstoles dos de Mayo de mil ochocientos y ocho.
Andrés Torrejón. Simón Hernández


Jose Antonio Pajuelo Jimenez - Pedro Luna Reina

martes, 23 de mayo de 2017

HISTORIA DEL REGIMIENTO (II)

SEGUNDA EPOCA (1920 1931)
REORGANIZACION. El Capítulo de las Ordenes Militares, al tener conocimiento sobre la reorganización del antiguo Regimiento de Ordenes Militares, se ofrece a regalar la insignia de la Patria a su Regimiento, acto que se realiza el día 9 de Octubre de 1920, en plena plaza de ESTELLA, con asistencia de S.M. el rey Alfonso XIII, que entregó la Insignia, y representación de los Caballeros de la Ordenes Militares el Excmo. Sr. Duque del Infantado, por la Orden de Santiago y Excmo. Sr. Marqués de Hacha, por la Orden Calatrava. La bandera fue entregada por el Excmo. Duque del Infantado a S.M. el rey, quien a su vez, la entrega el Regimiento por mediación de su Coronel D. Angel Morales Reynosa. Conservando el privilegio concedido al Presidente del Consejo de las Ordenes Militares, a la sazón el Excmo. Sr. Duque del Infantado, SM. el Rey Alfonso XIII, tiene a bien otorgarle y confirmarle la investidura de Coronel honorario del Regimiento sin fueros ni ejercicios de Autoridad Militar
DISTINTIVOS. Por R. O. C. de 23 de Enero de 1921, se dispone use el Regimiento el lugar del núm. 77 como distintivo, un Rombo en el que irán encerradas las cruces de las Ordenes Militares.
HECHOS DE ARMAS MAS IMPORTANTES.
Batallones expedicionarios de este Regimiento, toman parte en la Campaña de nuestra zona del Protectorado, Sectores de Ceuta- Tetuán y Tetuán-Xauen, en los años 1921-1922 y 1924-1925-1926, destacándose en los combates retirada de XAUEN, DAR-AKOBA-XERUTA, KAMARA, ZOCO EL ARBAA DE BENI ASAN, FONDADILLO, TARANIS, KERIKKRA Y KARRICH.
CORONELES QUE MANDARON EL REGIMIENTO.
D. Angel Morales Reynosa.
D. Jesús María Echevarría.
D. Antonio Morales.
D. Lino Cordal.


TERCERA EPOCA (1944-...ORGANIZACION. Finalizada la Guerra Civil (1936-1939) y en virtud de una Orden Ministerial, se organiza en el año 1940, el Regimiento de Infantería n°41, al que sirven de base los Batallones y Banderas de la F. E. T. y de las J. O. N. 5. siguientes: 3ª.de Argel; 6ª y 12ª de CASTILLA; 5ªde PAVÍA; 10º de GRANADA; Bandera de Ntra. Sra. de la CABEZA. Dicho Regimiento n.º 41 forma parte de la División de Infantería núm. 12. cuya cabeza radica en BADAJOZ. En él se refundió el Batallón de Ametralladoras n.° 7 que antes guarneció Plasencia, recogiendo su historial. Por decreto del 21-12-43 (B.0. nº1, de 1944) pasó el Regimiento nº 41 a denominarse Regimiento de Infantería Ordenes Militares núm.37.
En virtud de la Instrucción General ( I.G.) núm. 158-107 del E.M.C., de fecha 1.3.59, pasa a denominarse Agrupación de Infanterías Ordenes Militares núm. 37, pasando a formar parte de la División núm. 11 que tiene su cabecera en Madrid. Nuevamente, en virtud de la I.G. núm. 163-2, de fecha 20.3.63 derivada de la I.G. núm. 163-132 del E.M.C., toma denominación de Regimiento de Infantería Ordenes Militares núm. 37, a partir del 1 de Abril de 1963, pasando a formar parte de la D. O. T. núm.1 (Fuerzas de Defensas Operativas del Territorio), que tiene su cabeza en Madrid.
HECHOS DE ARMAS DEL BATALLON DE AMETRALLADORAS Nº 37, CUYO HISTORIAL RECOGIO EL REGIMIENTO.
Al iniciarse la Guerra Civil, este Batallón aseguró el triunfo en la ciudad de Plasencia y todo el Norte de la Provincia de Cáceres. Por ser la única Unidad de Ametralladoras existente en Zona Nacional, dio origen a varios Batallones de esta especialidad y de otros de fusileros granaderos (Batallones 1°, 17°, 27º, 37.°, 161°, 162º, 179ºº., y 508. distinguiéndose brillantemente en las siguientes acciones: Ocupación y defensa del ALTO DE LOS LEONES; Operación de ruptura en el cinturón de BILBAO; Batalla de BRUNETE y paso del JARAMA; Operaciones de SANTANDER y ASTURIAS; Combates de MULETOS y CELADAS; Operaciones para la liberación del Cerco de TERUEL; Ocupación de la fortificación de VILLASTRE; Operaciones del MAESTRAZGO y LEVANTE: Rotura de las líneas enemigas frente a la Cabeza del PUENTE DE SEROS; Defensa del VILLAR DEL PEDROSO, CARRASCALEJO (Cáceres) y de la posiciones de ALCA ZAR, SOSET, AYTONA y BENIZAMET (Lérida); Operaciones sobre CATALUÑA, con la ocupación del MACIZO DE MONT MENEU y de la S.° DE MONT SANT; maniobra del VALLS DE TARRAGONA; Ocupación de REUS, BARCELONA, FIGUERAS Y COLL DE PERTRUS. Por su destacado y heroico comportamiento, les fueron otorgadas la Medalla Militar a las siguientes unidades: A la Cía. 1.ª del 1.Bón., por Orden de 24.4.37 (B.O. núm. 190); al Bón. núm. 161, por Orden de 1.844 (B.O. núm. 178).

Del Servicio Histórico del Ejercito

Jose Antonio Pajuelo Jimenez -Pedro Luna Reina

martes, 16 de mayo de 2017

HISTORIA DEL REGIMIENTO

HISTORIA DEL REGIMIENTO ORDENES MILTARES (I)

PRIMERA EPOCA (AÑOS 1793-1823)
NOMBRE: RPegimiento Ordenes Militares. Con el numero 40 en el año 1793 y con el numero 25 en el año 1812.
SOBRENOMBRE: Defensor de la Fe y de la Ley.
ESCUDO DE ARMAS: Ostentaba por Armas en Cuarteles de Oro y Plata las cuatros Veneras o Cruces de las Ordenes Militares.
PATRONA: Veneraba por su Augusta Patrona a la Inmaculada Concepción de Mª Santísima.
VESTUARIO: Los colores que uso en su vestuario, durante la dinastía en la Casa de Borbón, fueron los siguientes:
1793. ………..CASACA BLANCA ………DIVISA ENCARNADA Y VERDE
1802………..CASACA CELESTE………..DIVISA ENCARNADA Y NEGRA
1805………..CASACA BLANCA…………DIVISA AZUL
1815………..CASACA CELESTE…………DIVISA ENCARNADA
1821………..CASACA AZUL…………….DIVISA CARMESI
FUNDADOR: El Duque de Arión.
ORIGEN: S.M. El Rey Carlos IV, deseoso de aumentar las tropas destinadas a combatir la Revolución francesa, se dirigió a las Corporaciones del Reino, Grandeza de España y a las grandes ciudades y villas, solicitando su ayuda para esta empresa: El Consejo de las Ordenes Militares, se ofreció al Monarca en 15 de Mayo de 1793, para formar in Regimiento costeado por las rentas de sus encomiendas. Aprobado este plan por el Rey, tuvo lugar la organización del Primer Batallón de LEGANES, constituyendo su base piquetes de los Regimientos ZAMORA, GUADALAJARA y TOLEDO: el segundo Batallón se organiza en OCAÑA con reclutas andaluces, aragoneses y valencianos, enganchados por disposición del mismo Consejo de las Ordenes Militares y sirviendo de cuatro destacamentos de los Regimientos de LEON Y SORIA. El tercer Batallón se organizo merced de una oferta que hizo al Rey el Duque de Arión de reclutar a sus expensas 900 hombres, eligiéndole al mismo tiempo por Coronel de este Regimiento. Destinado el Regimiento a ultramar en 1815, se organizo, en su defecto, el “gemelo” peninsular de CASTILLA LA VIEJA, entrando en él, como elementos, constituyentes, los Regimientos de SANTIAGO, MONDOÑEDO Y CANSADOS DE GALICIA. El “viejo” de este nombre, regreso a la Península el 4 de noviembre de 1822, uniéndose al “gemelo”. El 18 de Septiembre de 1823, quedo disuelto el Regimiento, sin que conste razón para ello, aunque , tal vez, lo fue por reorganización del Ejercito.

HECHOS DE ARMAS MAS IMPORTANTES
GUERRA DE FRANCIA (1794-1795)

GUERRA DE LA INDEPENDENCIA (1808-1809-1810-1812-1813)
Defensa de “BAILEN”, ocupación de la “ERMITA DE SAN CRISTOBAL”, batalla de “CASCANTE” y sorpresa de “ORDAGO” (1808),batalla de “UCLES” y retirada de ”RORTOLA”(1809); batalla de “BORNOS” (1812); reconquista del “ CASTILLO DE PANDORBO”, bloqueo de “PAMPLONA” y batalla de “SORAUREN”(1813).


GUERRA DE AMERICA (1815-1821)


GUERRA CONSTITUCIONAL (1821-1823). Tuvieron sus acciones en los diferentes lugares VILLARUERO,”LEORZ”,”ESPINOSA”,”CARCASTILLO”,”NAVACUES”,”RONCAL”,”BENAVENTE”, (1821), y bloqueo de “PAMPLONA” (1823).
CORONELES QUE MANDARON EL REGIMIENTO.
Duque de Arión. D. José Fernández de Abascal, D. Antonio Deza. D. Carlos de Areizaga.
D. Francisco de Paula Soler. D. Alejandro Ujeda. Y D. Francisco Javier de Llamas.


(CONTINUARA)

Jose Antonio Pajuelo Jimenez -Pedro Luna Reina 

martes, 9 de mayo de 2017

BATALLON DE VOLUNTARIOS


Servicios dados a S.M. por el Batallón de Voluntarios de Plasencia y su disolución, pasados algunos días del 13 de junio en fin de diciembre de 1808.1808.- Ya esta dicho que nuestro batallón de voluntarios de Plasencia paso a Navalmoral de la Mata, puesto que permaneció durante dos meses y de donde salio con dirección a las inmediaciones de Madrid, pero habiendo recibido contraorden en Santa Cruz de Retamar, bajo a guarnecer la Plaza de Badajoz,, dejándola a los pocos días, para dirigirse a tomar el puente de Almaraz, en cuya custodia permaneció durante bastante tiempo, y desde donde hizo movimientos hacia el valle de Zalamea, , al que desamparo para volver al referido puente de Almaraz ( 11 de enero de 1809), y aquí se estaciono hasta que el ejercito francés, comandado por el General Victor se presento a las orillas derecha del Tajo, con el objeto de pasar el río. A su aproximación nuestras tropas tomaron su ribera izquierda a la que con antelación habían construido varios parapetos, con el fin de no permitir que el enemigo la pasase.

El General Victor, luego que tomo noticias de los españoles, se decidió a pasarlo, para efectuarlo, dio principio haciendo fuego, el que fue contestado con el mejor orden de nuestros valientes por tres días consecutivos; pero costándole a nuestro General don José Gallazo que comandaba nuestra tropa, que de un momento a otro se iba a reunir con el cuerpo de Victor, otro que bajaba de Madrid, y viendo que el enemigo sin podérselo impedir, había colocado dos baterías, las que no cesaban de hacer fuego contra los insignificantes parapetos, tomo la decisión por consejos de sus ingenieros, de cortar su magnifico puente, con el objeto que los enemigos no pudieran pasar a la orilla izquierda. Solo hombres inexpertos, por no llamarlos ignorantes, pudieron sugerir tal idea, la que llevaron a efecto, dando principio con echarles una porción de barrenos a pesar de que varios de los que trabajaban, llamaron la atención del ingeniero principal, diciéndole, que por lo determinado, la mejor parte del puente iba a ser arruinado, contestándole que no era lo que el había designado. El resultado fue el que los trabajadores indicaron, pero no tan solo cayo el arco, sino que también lo acompaño el sabio ingeniero, la desgracia toco a doscientos hombres mas.

El puente quedo cortado, pero no impidió que a los dos días, pasase el ejercito enemigo, y el nuestro se retirase a los campos de Trujillo, y desde aquí al mencionado valle de Zalamea y demás pueblos limítrofes, ya reunidos el batallón de voluntarios y demás tropas que habían defendido el puente, con el General don Gregorio de la Cuesta ,se verifica el ataque a Medellín, el que dio principio el 28 de Marzo de 1809, y al las tres de la tarde, solo se veía en su campos miles de hombres muertos y heridos, de suerte que el francés se sacio de degollar a hombres y lo que mas llamo la atención fue que nuestra infantería le había tomado sus baterías y les hizo ponerse en precipitada fuga con el mayor desorden y tanto que agrupados y sin formación se les veía correr, llegando al extremo que unos y otros se impedían el paso del río de Guadiana. Cuando nuestra infantería creía segura la victoria, vio no sin admiración que los que debían coronarla era la caballería, en vez de entra a descuello con lo que habían resistido sin orden del General. El Jefe francés que lo advierte manda acometer a la suya y lo verifico con éxito tan feliz que con su entrada desordeno nuestros batallones, así que en un momento la batalla se perdió, saciándose los franceses en matar hombres.

Jose Antonio Pajuelo Jimenez - Pedro Luna Reina

martes, 25 de abril de 2017

Don Amadeo Rodriguez Magro


Don Amadeo Rodríguez Magro nombrado Hijo Adoptivo de Plasencia

Una Plaza lleva, desde hoy, el nombre del "Obispo Amadeo"
Hacía cinco años que Plasencia no nombraba un hijo adoptivo -el último fue el banquero Jesús Medina Ocaña-, y el centro cultural Las Claras se vistió de gala para la ocasión. Amadeo Rodríguez Magro, obispo de Plasencia desde 2003 hasta 2016 y actual prelado de Jaén, recibió ayer este reconocimiento, uno de los más altos que concede el municipio, y lo hizo tirando en su discurso de agradecimiento de la ironía que es uno de los rasgos distintivos de su carácter: «En los tiempos que corren hay que ser muy valientes para darle a un obispo una distinción como esta», afirmó.
Amadeo Rodríguez es consciente de que no todo el mundo en Plasencia ha aplaudido su nombramiento como hijo predilecto. En el pleno en el que se hizo oficial el pasado mes de septiembre votaron a favor el PP, Ciudadanos y Extremeños, mientras que el PSOE, grupo mayoritario de la oposición, se abstuvo, y el concejal de Plasencia en Común se ausentó durante la votación para evitar tener que pronunciarse. El propio obispo habló en su intervención de estas discrepancias: «Sé que para hacerme hijo adoptivo habéis recogido el sentir favorable de muchos cotejándolo, como es natural, con la indiferencia de algunos y el desacuerdo de otros», afirmó, y añadió: «Todas las opciones las respeto y agradezco. Los contrario sería poco evangélico. Recordad lo que dice Jesucristo, como una fuerte advertencia: ¡Ay si todo el mundo habla bien de vosotros'».
Amadeo Rodríguez tuvo palabras de agradecimiento para quienes han sido sus colaboradores en la Diócesis durante estos 13 años, y también para quienes le encaminaron en su carrera eclesiástica. Dijo tener presente que entre los motivos que le han valido este reconocimiento se encuentra su trabajo en favor del patrimonio cultural de Plasencia. Lamentó en ese sentido algunos proyectos iniciados por él que no se han visto aún materializados, sobre todo la exposición Las Edades del Hombre y la llegada de un centro adscrito de la Universidad Católica de Ávila (UCAV). Hizo gala de su condición de placentino de honor, distintivo que se comprometió a lucir dondequiera que vaya.
El acto comenzó con un breve repaso por parte de la cronista oficial de Plasencia, Esther Sánchez, de la historia de la Diócesis yde algunos de sus obispos más destacados. También intervino Francisco Rico Bayo, que sigue siendo el administrador diocesano hasta que el obispo electo, José Luis Retana, sea ordenado el próximo 24 de junio. Después el secretario del Ayuntamiento, Antonio Santibáñez, leyó el acuerdo de pleno sobre el nombramiento de hijo adoptivo, que califica al homenajeado de «gran gestor» y destaca su «preocupación por la herencia histórica artística de una de las Diócesis más antiguas del mundo».
Ha sido capaz de abrir centros religiosos al mundo de la cultura con presentaciones de libros y música sacra, ha conseguido mantener viva instituciones religiosas a pesar de las dificultades, como el Monasterio de Yuste, donde tras las dificultades de los Jerónimos por falta de vocaciones don Amadeo  consigue que los Paulinos de Polonia habiten de nuevo el convento, al igual que con la Escuela Hogar de Trujillo, gestinonada hoy gracias a la gestión de don Amadeo por el Lumwn Dei, dice el acuerdo,

Cerró el acto el alcalde, Fernando Pizarro, quien en su día decidió concederle a Amadeo Rodríguez este el reconocimiento como hijo adoptivo que, según dijo ayer, «es también un agradecimiento a la Iglesia».El evento contó con interpretaciones musicales a cargo del violonchelista Pablo Sánchez, el pianista José María Villegas y el tenor Daniel García, que cantó el himno de Plasencia como broche.

Tras el acto , Amadeo Rodríguez Magro, sus acompañantes y las autoridades se dirigieron a las inmediaciones de la Puerta del Sol, donde procedieron a inaugurar oficialmente la plaza Obispo Amadeo, situada junto al colegio Alfonso VIII.


Discurso de proclamación como Hijo Adoptivo de la Ciudad de Plasencia.

Por el querer de Dios y del afecto humano, no es la primera vez que me veo en una situación como esta. Ya en una ocasión me vi en la obligación de comparecer en un acto como el que en este momento nos ha reunido. Es por eso que, al empezar mis palabras quiero mencionar que, al ser declarado hijo predilecto de Olivenza (San Jorge de Alor), en el discurso de agradecimiento que pronuncié, al menos en mi opinión, no estuve a la altura de lo que yo mismo esperaba. Aún lo recuerdo muy bien, y me produce cierto rubor, que cuando comparecí en aquel acto y me di cuenta de que era el protagonista, me sentí tan aturdido y falto de reflejos que no encontré las palabras certeras que se merecían aquellos personas tan cualificadas, que tuvieron la deferencia de considerarme una persona digna de especial predilección en la memoria de aquella bella ciudad luso-española. Confié entonces en mi capacidad de improvisación, y os confieso que me equivoqué.



Cuando tuve noticias de que de nuevo tenía que comparecer en un acto institucional semejante, en el que se me declararía hijo adoptivo de mi querida Plasencia, por la experiencia pasada, tuve la intuición de lo que ahora mismo me está sucediendo: que la carga emocional que siento en estos momentos es aún más fuerte que la de la primera vez. Por eso hoy sí vengo pertrechado con un discurso que, si no os importa, os pido la delicadeza de escuchar. Por cierto, os hablo de tú porque sois mis queridos paisanos.
Para empezar, quiero que sepáis que me gustaría pasar casi de puntillas por este trance. Y la razón de este deseo de discreción no es otra que no estorbar lo más mínimo en un momento tan especial en la vida de esta ciudad, que un vez más prepara con ilusión la llegada de su nuevo Obispo. Entiendo que, desde que se supo que el Santo Padre Francisco había nombrado a mi sucesor en la Sede de Plasencia, al sacerdote abulense, Don José Luis Retana, todo ha de estar centrado en él. Por eso, por mi parte, lo último que yo quisiera es restarle algo al afecto eclesial que ya merece el que viene a vosotros en el nombre del Señor. Os ruego, pues, que me situéis en el segundo plano que ya me corresponde.
Hechas estas reflexiones, paso a expresaros el calor de mi agradecimiento. Y lo primero que quiero compartir con vosotros es cómo me he sentido siendo placentino. Siento que os debo ofrecer el rostro más común, el que más se parezca a lo que sois cada uno de vosotros. Sé, no obstante, que, para presentarme de ese modo, he de desprenderme de añadiduras, de honores o títulos; porque el mayor de todos ellos va a ser siempre, a partir de ahora, el tener como madre a esta querida ciudad. Desde hoy, cuando me pregunten de dónde soy, además de mencionar a mi Olivenza-San Jorge natal, añadiré: y de Plasencia, que me ha adoptado como a uno más de sus hijos.
A veces pienso, con cierta pena, que seguramente muchos me habéis visto sólo como un personaje que pasó por Plasencia, uno más en la lista de los obispos que me precedieron, pero al que nunca conocieron como persona. Sé que, por más que lo intenté, no siempre olí a oveja. Esto del perfume es tan subjetivo que, donde uno sólo quiere poner el olor esencial de un pastor, a veces otros sólo perciben unos sofisticados tarros de esencias que, os aseguro, nunca fueron utilizados por mí. Aunque siempre cumplí con las responsabilidades que tenía mi oficio, os confieso que nunca me adapté a ciertas “fatuas” apariencias de ese “rol” que se me adjudicaba, y os puedo asegurar que siempre sentí un cosquilleo de indignidad cuando escuchaba, por vuestra generosidad, palabras que se referían a mí y que me situaban en un peldaño más alto del que me gustaba ocupar. Siempre me sentí un ser humano como cualquiera de vosotros, un cristiano con todos vosotros, un enviado del Señor a todos vosotros, y procuré ser consciente de que sólo podía cumplir con mi misión con fraternidad y servicio.

Hoy quiero deciros que, sin dejar de ser fiel a mis deberes institucionales, siempre quise mostrarme a mí mismo tal y como Dios quiso hacerme. Siempre quise reflejar mi origen y la sencilla historia de un aldeano que luego fue vuestro Obispo. Por eso siempre he sentido que el mejor retrato de mí es el que conservo en mi corazón desde mi infancia. El ser humano que ha vivido entre vosotros, siempre ha querido parecerse al niño sencillo y humilde, nacido en una aldea de nuestra Extremadura, y que tuvo la fortuna de poder aprovechar las oportunidades que le dio la vida: la del mucho amor de unos padres sencillos y dignísimos; la de unas hermanas, Estrella y Jacinta, que desde que nací me han querido como a su “niño”, como siempre me han reconocido. Por cierto, con mi hermana Jacinta, siempre a mi lado como ángel custodio y como una amiga, quiero compartir este honor que me hacéis, porque, os puedo asegurar, es más placentina que yo, y ya es decir. Con Estrella, el Señor me ha hecho el regalo de cuatro sobrinos, más una sobrina más, que me han enriquecido con su afecto y con la calidad excepcional que cada uno posee.

Una oportunidad especial en mi infancia fue también unos maestros que me enseñaron a apreciar el estudio y el saber, cuando aún no se cotizaba al alza esa aspiración; entonces era sólo privilegio de muy pocos. Y, por supuesto, soy el fruto agradecido de la oportunidad preciosa que me ofreció un sacerdote que, con una excepcional generosidad, ocultada a veces tras su rudo carácter zamorano, se empeñó en que yo tenía derecho a, por lo menos, intentar ser como él. Soy el fruto de la complicidad generosa de cuantos hicieron de mí, ya desde mi infancia, un ser humano que asimilaba los valores que siempre he procurado que me acompañaran. Cuando pienso en mi vida, creo que he sido siempre tal y como era de niño: el hijo, el hermano y el amigo de cuantos me quisieron mucho, y a los que yo también quise. Madurar, sin perder el niño que se lleva dentro, es el camino de la plenitud humana, como también lo es de la plenitud divina. De Jesús he aprendido que hay que hacerse como niño. Esa es la clave de todas las virtudes.
Además de esa gracia bendita que siempre fueron los míos, en la historia de mi infancia siempre anduvo, con una naturalidad asombrosa, el amor y la gracia de Dios; la fe era el fermento más sólido de mi vida. Era el mismo Dios quien me iba llevando de su mano; Él me llamó y eligió a ser para los demás con una vocación que se consolidó en mi juventud. En contacto con Jesús, mi confidente habitual y mi amigo entrañable, se orientó mi libertad de elegir el camino de mi vida y di los pasos que, cada día con más ilusión, me llevaban al sacerdocio. Como sabéis muy bien, sin Jesucristo, sin su gracia y su amor, una vida como la mía sería imposible, sería infeliz y, además, sería una farsa.
Ya como sacerdote serví a Dios y a mis hermanos en una sencilla parroquia de Mérida. Quienes orientaron mi sacerdocio eligieron muy bien mis primeros pasos: me enviaron entre gente noble, sencilla y buena en unas barriadas en las que se concentraba casi toda la pobreza, marginalidad y exclusión que entonces había en aquella ciudad. Luego, tras unos paréntesis, uno de ellos para formarme mejor en Roma, mi querido Arzobispo Antonio Montero me encomendó muchas e importantes tareas, en las que pude servir, pueblo a pueblo, problema a problema, institución a institución, a la Extremadura cristiana.
Y cuando llegó el tiempo oportuno, el Señor me envío a Plasencia, a través del Papa San Juan Pablo II, un tórrido 31 de agosto del año 2003, para ser Obispo de ésta ya para siempre mi querida primera sede. Mientras he sido vuestro Obispo, mi vida fue absolutamente placentina. Siempre viví lo que vivíais vosotros y siempre sentí lo que sentíais vosotros: con vosotros sufrí, con vosotros lloré, con vosotros fui feliz, y con vosotros tuve inmensas alegrías y momentos de una calidez humana y espiritual excepcionales. Con todos los asuntos de la ciudad me sentí un placentino más. Me dolían los problemas humanos y sociales; los que han estado más cerca de mí saben cómo me ha dolido el paro, la pobreza, la droga, la marginalidad, la incultura, la exclusión social de algunos o la invisibilidad de otros. Ante todo eso, siempre sentí dolor e impotencia y, como sabía que Dios os quiere más que yo, siempre recé intensamente por todos. Con nuestras instituciones eclesiales hacíamos cuanto podíamos, que realmente era mucho, pero siempre nos parecía insuficiente.
Pero no sería justo, si no dijera que siempre gocé de lo que es un orgullo para todos los que somos ciudadanos de la Perla del Jerte: de su historia, de su patrimonio, de sus paisajes, de su vitalidad en iniciativas sociales, culturales, lúdicas, deportivas y de sus manifestaciones festivas; sobre todo de las que se convocan en torno a la Virgen del Puerto. Disfruté siempre de los valores que definen a esta histórica y hermosa ciudad: de su generosidad, de su acogida, de su respeto a la dignidad de la persona, de su creatividad, y de tantos otros matices y colores como la enriquecen. Me hizo ser feliz todo lo que pudiera contribuir al desarrollo de esta mi querida Plasencia. Perdonadme la inmodestia, pero tengo que deciros también que, por donde quiera que fui, y no fueron cortos mis caminos, en mi boca y en mi corazón llevé siempre el orgullo placentino. Y os digo que nunca exageré y nunca mentí, porque es evidente que nunca pueden llegar nuestras palabras a mostrar toda la grandeza y la belleza de Plasencia.
Permitidme que os diga también que quise a todos sin distinción alguna; que nunca he discriminado a nadie ni en mi corazón ni en mis gestos. Siempre respeté las diferencias y aprecié a los que demandaban respeto a su persona. Siempre he procurado mirar a los demás desde la mirada de Dios, que es el único que no clasifica. Y si alguno o alguna tuvo otra lectura de mi vida entre vosotros, si algo hubiera de cierto en lo que piensa, con toda sinceridad y dolor de corazón le digo que lo siento. No obstante quiero que sepan que siempre quise hacer el bien; también cuando a alguien no lo pude complacer en lo que me pedía.
Hecha esta efusiva y sincera declaración de afecto y orgullo placentino, que requería hablar en primera persona, cambio ahora el tono y hablo en plural. Cuando estáis a la espera de un nuevo pastor, quiero deciros que el Obispo, en su misión, no puede nada por sí sólo. Sin las comunidades cristianas, sin la participación activa y responsable del pueblo de Dios, nadie puede ejercer bien este ministerio. De ahí que os invite a que fijéis vuestra mirada en cuantos me han acompañado en mi labor pastoral entre vosotros, en la multitud de cuantos han colaborado conmigo como Obispo de esta Iglesia de Plasencia. A todos, sacerdotes, consagrados y laicos, quiero darles las gracias de corazón. Los he sentido siempre a mi lado en mi labor pastoral, espiritual, social y cultural; y sin ellos no hubiera sido posible mi ministerio. No quiero hacer excepciones, pero es justo que reconozca que los que estaban más cerca siempre fueron fieles y creativos ejecutores de las líneas de trabajo ministerial que marcaron los grandes proyectos, como el sínodo, la misión diocesana y, sobre todo el desarrollo de nuestros planes pastorales.
Me consta que, entre los merecimientos que habéis sumado para concederme este honor, ha prevalecido lo que haya podido hacer en favor del patrimonio cultural de la ciudad. Pues bien, he de confesar que, al llegar a Plasencia, me vi envuelto en proyectos, unos inacabados, otros ya incoados y otros pidiendo ser tenidos en cuenta en el futuro. A todos, poco a poco, o al menos a los más urgentes e importantes, les hemos ido dando su tiempo con ilusión y, espero que, a vuestro juicio, también con competencia. Soy consciente de que algunos se han quedado por el camino, como por ejemplo “Las Edades del Hombre” o la universidad; pero no ha sido ni por mi falta de ilusión o de trabajo ni por mi inconstancia, que no se han podido realizar. En lo que se refiere a “Las Edades del Hombre”, empecé con este empeño en el año 2004, entonces le escribí al Obispo de Palencia, Rafael Palmero, a la sazón Presidente de la Fundación; e hice la última gestión, de las 10 que hice y de las que hay constancia documental, el 8 de abril de 2016; es decir, la víspera de hacerse público mi nombramiento como Obispo de Jaén, que, por cierto, tuvo que retrasarse un día justamente por esa razón. Y siempre pedí y luché la exposición con el mismo interés para las dos ciudades: Plasencia y Béjar. Espero que tanto empeño tenga algún día la recompensa de que me invitéis a la inauguración de tan gran evento cultural.
También en estos temas quiero hablar en plural; en lo referente al cuidado y restauración del patrimonio necesité de un modo especial de unos colaboradores idóneos. Los que estuvieron a mi lado en el gobierno de la Diócesis saben que siempre estoy al tanto y al frente; pero saben también que dejo trabajar al que trabaja. No hay mejor medida de gobierno que buscar y encontrar, entre los colaboradores, a aquellos que son los mejores en las tareas que se les encomiendan. Y tengo que decir que yo los he tenido espléndidos. Siento verdadero orgullo al afirmar que en esta ciudad y en esta tierra, Extremadura, para lo pastoral, para lo social y para la gestión del patrimonio cultural y religioso hay hombres y mujeres extraordinariamente capacitados. Hay un dicho, a mi entender machista, sobre todo porque nunca se afirma lo contrario, que “detrás de un gran hombre hay una gran mujer”. Pues bien, detrás de un Obispo, al menos regular, como yo he sido, siempre hay un gran equipo, y el mío fue espléndido en todo. Gracias muchas gracias. Si hoy soy hijo de esta ciudad, vosotros, los colaboradores, lo sois conmigo.
Para ir finalizando mi intervención, mi gratitud se dirige ahora a esta ciudad que tanto me ha dado y que ahora tiene el precioso detalle de situar mi vida en su seno materno. La maternidad es siempre un don sin condiciones; la madre sueña y pare a un hijo y lo quiere durante toda su vida, sin pedirle nada a cambio, ni siquiera que sea buen hijo. Estoy seguro de que es con este amor incondicional con el que estoy naciendo en el seno de Plasencia como su hijo adoptivo. Pero un buen hijo sabe que siempre ha de estar a la altura del amor que recibe. Pues bien, yo, Amadeo Rodríguez Magro, prometo hoy solemnemente ante todos vosotros querer siempre a la ciudad de Plasencia, sin rebajar nunca el afecto que le tuve desde el primer día que llegué como Obispo a esta histórica y amada sede placentina. Y quiero decirle a esta nueva madre que me acoge que siento un enorme orgullo de ser su hijo. Gracias Plasencia, porque un regalo como el que me haces, en esta hora ya tardía de mi vida, es para mí como un nuevo renacer en el afecto filial. Por eso te digo, buena madre, Plasencia querida, que siempre te llevaré en mi corazón.
Ahora les toca a ustedes, corporación municipal, y a usted, Señor Alcalde. Para todos, sin excepción, mi gratitud, la más auténtica, intensa y sincera que sea capaz de sentir: gracias por darle oficialidad a lo que siempre fui de todo corazón desde el día 17 de junio de 2003 (fecha en la que tuve noticias de que era el nuevo Obispo de Plasencia). Ese día regué con mis lágrimas y sellé con mi oración mi amor eterno a esta ciudad. Siempre me sentí un ciudadano, un hijo y, por supuesto, también un padre de Plasencia. Y aunque lo digo con pudor, espero haber contribuido a engrandecer el lema que Alfonso VIII le marcó: ut placeat Deo et hominibus. Siempre busqué que el “et”, la conjunción copulativa “y”, uniera bien a Dios y a los hombres, siempre trabajé por la armonía de agradar a los destinatarios de esa doble la doble dirección de la vida de esta ciudad; en todo momento procuré dirigir mis pasos al servicio de la gloria de Dios y de la dignidad de los seres humanos. En todo seguí la senda de la evangelización, por eso os digo que lo más auténtico de mí es que estuve entre vosotros para servir al Evangelio y no tuve otro objetivo en mi vida que no fuera ser un discípulo testigo de Jesús en cuantas cosas pude hacer y decir.
Junto a mi gratitud, quiero también felicitarles de corazón. Sé que para hacerme hijo adoptivo habéis recogido el sentir favorable de muchos, cotejándolo, como es natural, con la indiferencia de algunos y el desacuerdo de otros. Todas las opciones las respeto y agradezco. Lo contrario sería poco evangélico. Recordad lo que dice Jesucristo, como una fuerte advertencia: “¡Ay si todo el mundo habla bien de vosotros!” (Lc 6,26). Pues bien, una vez hecho el obligado discernimiento, algunos de ustedes, con su parecer y su voto mayoritario, han decidido libremente hacer lo que creyeron más conveniente y más justo y han decidido que soy digno de ser hijo adoptivo de Plasencia. Ustedes sabrán lo que han hecho. No seré yo el que les diga que han acertado; y menos que se han equivocado. Como yo no lo pedí, a mí sólo me toca aceptar el regalo que me hacen, y decirles que, con él, me han hecho muy feliz. Por eso, me permito manifestarles mi más sincero agradecimiento. Pero insisto en que quiero también felicitarles de corazón. Con la espontaneidad que sabéis que me caracteriza, me permito decirles que, en los tiempos que corren, hay que ser muy valientes para darle a un Obispo una distinción como ésta. Eso hace que se lo agradezca doblemente.
Termino dándole gracias a Dios por todo lo que me ha ido dando en la vida y, hoy, por este precioso e inolvidable don de ser placentino de pleno derecho. Y naturalmente le doy las gracias filialmente a la Alcaldesa Perpetua de Plasencia, la Virgen del Puerto, a la que le pido que me proteja siempre como a uno más de sus hijos placentinos.
+ Amadeo Rodríguez Magro,
Hijo adoptivo de Plasencia,
Obispo de Jaén
Plasencia, 22 de abril de 2017

Agradecimientos, a Religion Digital y a Claudio Mateos de Hoy Extremadura.

viernes, 31 de marzo de 2017

LAS TRES VERTIENTES DE LA SEMANA SANTA

27 de marzo de 1981 - nº 13
Este artículo, se publicó en la revista de la Asociación Cultural Placentina “Pedro de Trejo”, con motivo de la Semana Santa de 1981. Como podemos ver, a pesar de haber pasado casi 30 años, sigue estando en total vigencia con los tiempos actuales
Resultará extraño, sin duda, el que una asociación como la nuestra, que se precia de no hacer discriminación alguna entre credos e ideologías y donde está prohibido hacer comentarios en uno y otro sentido de las distintas creencias o ideologías, saquemos a relucir el tema religioso de la Semana Santa. Pero hemos de advertir al que se sienta sumido en esta extrañeza, que en España, la Semana Santa, además de constituir un acontecimiento de extraordinario valor religioso, lleva implícita otras vertientes de notable importancia: cultural y económica.
El aspecto religioso es de suma transcendencia, por constituir las procesiones una predicación abierta a todos; una catequesis con plasmaciones visuales del mayor acontecimiento en que se apoya la fe cristiana, y un ejemplo de mortificación para cuantos contemplan estos desfiles.
Como manifestación cultural es, tal vez, una de las más completas que puedan celebrarse en nuestras ciudades. Es una síntesis de nuestra etnia nacional; una bella tradición de creación hispana; una interpretación plástica del sentir de un pueblo, y una importante exposición de esculturas que luce las más importantes talla de nuestros más destacados imagineros.
La vertiente económica, inevitablemente unida a toda actividad humana, tiene también aquí una importancia nada desdeñable, ya que el turismo proporcionado por nuestra singular Semana Santa es una magnífica fuente de riquezas.
Dediquemos atención a la Semana Santa.
Departamento de Investigación y Recopilación de la A.C.P. “Pedro de Trejo”

miércoles, 22 de junio de 2016

ESTAMPAS VIEJAS de PLASENCIA

Hoy recogemos una noticia que en esta época nos resultaría inconcebible, pero que hace ciento trece años, resultaba muy eficaz y totalmente digna de elogios para las Fuerzas del Orden.

UN PÁJARO DE CUENTAS.

En la tarde del diecisiete de los corrientes llegó a Jaraíz de la Vera un pájaro de cuentas con una excelente mula de tiro, y paró en la posada de Matías Tovar. El pájaro en cuestión propuso aquella misma noche al Matías el cambio de la mula por una de sus caballerías, pidiéndole de vuelta una insignificante cantidad.
El honrado Matías, despreciando las ganancias que pudiera tener con el cambio y comprendiendo que su nuevo huésped no era el verdadero dueño del semoviente, dio cuenta al Comandante del puesto de la Guardia Civil, don Juan Serradilla Chamorro, quien acompañado de una pareja, se presentó inmediatamente en la posada; cogió al pájaro por las alas para que no se le escapara; le dio un poco “de alpiste para que cantara”, y dijo que era natural del pueblo de Cebolla, que había estado en presidio por homicidio, que estando  sirviendo en el inmediato pueblo de Guijo de Santa Bárbara con un tahonero, vendió en el pueblo de Cuacos una carga de pan que el amo le entregara, y huyó con el dinero, vendiendo después el mulo, y que la mula que traía era robada.
Conste a don Rufo Martín Rivera 1º Teniente de la línea de Jarandilla que si él sabe capturar carteristas, tiene también a sus órdenes guardias que dando “alpiste”  al pájaro con hambre le hacen cantar admirablemente.
¡¡ Muy bien por el honrado proceder de Matías Tovar!!

EL  CORRESPONSAL DE JARAIZ DE LA VERA– PERIÓDICO  EL DARDO – 20-09-1903

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En el periódico El Regional se podía leer otra noticia que hoy estaría totalmente fuera de lugar, y sería constitutiva de delito. 
Hoy no se consentiría que un funcionario público tuviera este comportamiento de maltratador, pero en el siglo XIX estaba consentido y, casi bien vistas estas actitudes.

Estampas Viejas. VOZ PÚBLICA

Placentinos setentones: ¿Os acordáis de Castor el pregonero?
Sabéis que durante muchos años fue el voceador de todas las vidas y milagros de la ciudad. Era hombre de mediana estatura, guarnicionero de oficio, y poseía una voz firme y robusta en extremo, razón por la cual las Autoridades le dispensaban  su gran afición al mosto, pues raro era el día que no los pasaba embriagado. Y, cosa rara; cuanto más cargado estaba, tanto más torrencial era su voz. El pueblo, a fuerza de verle siempre bebido, terminó por traducir ingeniosamente las dos letras doradas de su gorra, iniciales de “Voz Pública”, por las de “Vorracho Perdío”, pasando por alto nimiedades ortográficas que según el baturro del cuento, no hacen gran falta para entenderse.
Era curioso y hasta regocijante verle por las calles haciendo eses, cuando las andaba en cumplimento de su ministerio. Como seguramente no sabría leer, o leería mal, siempre que tenía que pregonar disposiciones o asuntos referentes a la Alcaldía, le acompañaba un bedel que le iba dictando el contenido frase a frase, y que el repetía en alta voz a guisa de novena, con las manos cruzadas a la espalda, cerrados los ojos y las piernas muy abiertas para afirmar el equilibrio, como marinero durante mar tormentosa. Tenía mujer y una hija, ya mocita, las cuales estaban consumiditas, casi en los huesos como suele decirse, a causa de la vida tan triste que le daba con sus borracheras y brusquedades. El que suscribe tuvo ocasión de presenciar más de una vez cómo al llegar a su casa bebido, después de formar el consiguiente escándalo, sacaba de la cocina el puchero del cocido, lo rompía sobre unas losas que había en plena calle, y sentándose en el suelo se ponía a comer tranquilamente dando cabezadas y haciendo el gracioso, mientras la mujer y la hija que habían podido escapar de su furia, permanecían refugiadas en casa de alguna vecina compasiva.
Así era esta estampa placentina del pasado siglo (XIX), de la que nada tenemos que decir, pues el comentario que hubiera de sugeriros, habría de ser muy triste. Después, parece que solicitó una plaza de verdugo en no sé dónde, que por cierto le fue concedida, aunque a todos los que le daban la enhorabuena por la elección del cargo, les manifestaba lo pesaroso que estaba de haberlo pedido. Ignoramos si la posesión del mismo fue para él el comienzo de una vida más edificante.
También fue un personaje hijo de su tiempo. Porque hoy creemos que no habría sido tolerado aunque hubiera tenido un pico de oro.
Vicente Neria.



La famosa censura ejercida en España durante la posguerra, ya la ejercían los Alcaldes placentinos a finales del siglo XIX, evitando los escándalos y escenas soeces que solían acompañar a estos espectáculos teatrales.
De ello nos ilustraba el canónigo  don Manuel López Sánchez-Mora.

CORRALES DE LA “PACHECA” EN PLASENCIA.

Periódico “El Regional”  -  martes  día 9 de junio de 1953

Todos los años, hasta los últimos del pasado siglo (XIX), llegaban a Plasencia, como a tantas otras ciudades,  cómicos ambulantes que durante una temporada del verano recreaban a los vecinos con representaciones al aire en los patios o corrales que, si no tan famosos como el de “la Pacheca” madrileño, eran suficientes para romper la monotonía de la vida provinciana.
Francisco Ricci, el pintor de los cuadros del Retablo Mayor de nuestra Catedral, había sido uno de los decoradores del Teatro del Regio Alcázar de Madrid para festejar el cumpleaños de la Reina Dñª Mariana  de Austria a poco de celebrarse su matrimonio con Felipe IV, entusiasta y decidido  protector de esta clase de espectáculos que dieron tantas veces pie a las hablillas de los mentideros de la Corte y, más de una, lugar a efectivos tropiezos del Monarca.
Pero por entonces aun no había llegado a nuestra ciudad el avance del decorado y no pudieron por ello, en ninguno de los requerimientos hechos a Ricci para la composición de los cuadros del Retablo, invitarle o lucir sus habilidades en este otro campo, a la sazón tan nuevo.
También aquí, como en tantos otros lugares, la creación de los Patios de Comedias obedeció en su principio a motivos de beneficencia pública y durante muchos  años los ingresos  que tales espectáculos dejaban, deducido el beneficio de la Compañía, engrosaron los recursos  del Hospital de Dñª Engracia de Monroy, ampliado después con pastoral esplendidez por el gran Obispo Laso y actualmente Establecimiento provincial.
Uno de estos Patios o Corrales para representaciones cómicas, llevadas a cabo por profesionales “de la lengua”, estuvo en parte de lo que es hoy Plaza de Abastos sin que nos atrevamos a asegurarlo de manera definitiva pues los documentos de la época que hemos visto se limitan a decir que estaba enfrente de la Iglesia de San Esteban.
Era su Patrono el Ayuntamiento de la ciudad y a el se dirigían en respetuosa instancia los autores –como entonces se llamaban- de la Compañía cómica que deseaba actuar y con el Ayuntamiento concertaban el número de representaciones, el precio de las entradas y el beneficio para el destino específico del Corral o Patio de comedias.
Las representaciones comenzaban a las dos de la tarde y en las entradas se distinguían la común, la de medio Teatro, la de Teatro entero y los Palcos principales.
Las frecuentes alusiones a escándalos políticos y administrativos de índole nacional y las desvergüenzas de algunas comedias obligaron a los cuidadores de la cosa pública a exigir la previa lectura de las obras que habían de representarse y a la implacable censura de los trozos escabrosos.
Sin embargo cómicos y cómicas se permitían improvisar chistes y ocurrencias que después degeneraron en verdaderas chocarrerías y escandalosas obscenidades que eran replicadas con igual desenvoltura por los “gamberros” de la época desde las lunetas.
Pero a últimos del siglo XVIII la Compañía que arribó a Plasencia y que dirigía un Sr. Corcheras se encontró en la ciudad del Jerte con un Alcalde dispuesto a que las más recatadas damas y pudorosas doncellas pudieran asistir a las representaciones del Patio de Comedias sin tener que ruborizarse ante los atrevimientos de algún descocado actor o de alguna desvergonzada  “Calderona”.
Concede el permiso que se solicita de treinta representaciones, pero toma enérgicas medidas para evitar los abusos.
A través del barroquismo de la literatura de aquel tiempo se deja adivinar que en más de una ocasión habían burlado en sus loables previsiones al Alcalde por lo que esta vez extrema los detalles y manda fijar a la puerta del Corral, después de leído por el pregonero en las plazas de la ciudad, un Bando, del que son los párrafos siguientes:
“Prohíbo seria y rigurosamente a todos los actores el que se desvíen de la letra de sus respectivos papeles usando en la expresión de caprichos arbitrarios bajo el pretexto de graciosidades mal concebidas impropias de la pieza e indecentes en un acto de tan graves circunstancias. E igualmente les prohíbo que se presenten en el foro con vestidos deshonestos”.
“Prohíbo a los espectadores la infracción del profundo silencio que debe haber en las representaciones y se prohíbe todo hecho, dicho y libertades  contrarias al objeto, a la moralidad cristiana, al decoro, modestia, decencia, gravedad y subordinación que deben reinar en las funciones públicas”.
Terminaba conminando a los que quebrantasen las disposiciones “con los procedimientos correspondientes a su caso, clase y circunstancias y en general con quince días de prisión de la que saldrían con la custodia necesaria a los trabajos públicos”.
Las mismas penas se imponían a los que osaren remover el Bando del sitio donde estaba fijado.
Posteriormente y con vida ya más lánguida hubo otro Corral de Comedias en una Travesía de la calle de Cartas y otro en el Patio del que había sido Convento de San Francisco.
La afición al Teatro, el cambio de costumbres y el deseo de poder disfrutar de espectáculos de esta índole en todas las épocas del año y en las horas de la noche llevó a la construcción en Plasencia de teatros techados como los que hoy conocemos.

Manuel López Sánchez-Mora
Canónigo  Archivero
                               

viernes, 22 de abril de 2016

LA POSADA DE LA CISTERNA


LA POSADA DE LA CISTERNA

A muchas personas les resultará desconocido este nombre de  “La Posada de la Cisterna”. Para informarles, les diremos que la Posada de la Cisterna era lo que hoy conocemos como “Centro Cultural las Claras”  de Plasencia.
Para tener una visión del paso del tiempo, hemos rescatado de nuestros viejos papeles un artículo que escribía  don Manuel López Sánchez-Mora  en el periódico  El Regional en el año 1970,


Periódico “El Regional”  - día 02 de junio de 1970

Con este nombre se conoce todavía la que ya no es posada, aunque conserve la cisterna, de tan práctica aplicación antiguamente.

Era una de las que en tiempos pasados albergaba a los que venían a mercados y ferias procedentes de Malpartida, Carcaboso, Montehermoso y Valdeobispo, así como había otras en que se hospedaban los procedentes de la Vera y el Valle que entraban en la ciudad por la puerta y la calle del Sol.
Nunca había puesto yo los pies en la posada de la Cisterna a pesar de que en mis años jóvenes se la hizo protagonista de un suceso convertido en folletín por la imaginación popular, por lo que fue largos días objeto de nuestras conversaciones y de la visita tumultuosa de muchos vecinos y sobre todo vecinos de la ciudad.
Sabía que formaba parte de lo que fue casa solariega del matrimonio Camargo-Carvajal primero y luego del Convento de las Claras, fundado por aquellos píos esposos. Y tenía  para mí la Capilla que fue del Monasterio  el inolvidable recuerdo de haber sido en ella donde por primera vez un día de san Antonio oficié de Subdiácono, antes de cantar Misa, con toda la emoción de las primeras actividades ministeriales.
En 1958 cuando vinieron Restauradores del Museo del Prado a limpiar los cuadros del Retablo de la Catedral entré por primera vez en la Posada para ver las pinturas de un alto techo, pero era tal la ausencia de luz que nada pudimos apreciar. Una amable invitación de los propietarios de la casa me ha hecho visitarla recientemente y ver con ayuda de un potente foco eléctrico buena parte de lo que un artista consumado dejó allí estampado con materiales tan ricos que basta pasar una esponja por el polvo y el abandono de varios siglos para que aparezcan con toda viveza los colores primitivos, que han aguantado incluso el humo de años en que el local estuvo dedicado, según nos dicen, a secadero de tabaco.
Recordemos algo de la historia de la casa antes de entrar en detalles de lo que todavía conserva del antiguo esplendor.
En la segunda mitad del siglo XV doña Sevilla López de Carvajal, casada con don Alonso Ruiz de Camargo, otorgaba testamento disponiendo que en las casas que fueron de sus padres (en la calle del Rey, esquina a doña María de Molina) se edificase un Convento. Nombraba usufructuario vitalicio de sus bienes al marido que por razones largas de explicar no levantó el Convento en las casas de los suegros, heredadas por la esposa muerta, sino en la suya sita en la calle de Santa María (hoy Obispo don Domingo Jiménez) con salida a la calle de Trujillo. Con bienes de la mujer y propios dotó al Convento suficientemente y a finales del XV ya estaban allí las primeras Clarisas. El Convento era amplísimo como todavía puede apreciarse. Se conservan en la portada de la Iglesia (obra de Rodrigo Alemán, el de la sillería y el Puente Nuevo) y repetidísimos en el interior los escudos de los fundadores: los cinco calderos de los Camargos y la banda transversal con bordura de ramas de roble o encinas (carvallo en Galicia) de los Carvajal. (Sabido es que la bordura es lo único que distingue este blasón del de los Zúñigas que la llevan de cadenas porque provienen de Navarra).
Eran tan distinguidas las familias a que pertenecían las monjas del Convento de Santa Clara que Nobles, Títulos y Reyes porfiaron por honrarle y ampliarle. El mismo don Fernando el Católico le regaló una casa aledaña (hoy Editorial Sánchez Rodrigo) que había sido de un judío de los expulsados; y un Canónigo, Sánchez de Tamayo, le dio la suya, junto a la anterior, esquina a la Plaza de la Catedral, donde había nacido Galíndez de Carvajal.
La Iglesia, que hemos visto varios años dedicada a almacén de los artículos más extraños, paso a ser propiedad del Obispado.
Volvemos a la parte de la edificación que fue Posada de la Cisterna, en el fondo de cuyo patio se aprecia claramente la portada interior de la Capilla.
Se conservan, aunque tapiados, los claustros de la época conventual y pueden admirarse en los capiteles de las columnas lindos blasones de Camargos y Carvajal tallados en finísima piedra perfectamente trabajada.
Y en el interior, el salón principal de la Casa Señorial. Enorme en sus dimensiones. Las paredes debieron estar habitualmente colgadas de tapices pues no se advierte en ellas, ofreciendo fuerte contraste con el techo, el más mínimo adorno, aunque haría falta para asegurarse un picado de las repetidas manos de cal con que se las enfaldegó a través de los años.
Lo interesante, lo rico es el techo. No tiene artesones. Están en toda su extensa superficie perfectamente  pintados los más caprichosos grutescos que alternan graciosamente con los conocidos blasones muy repetidos en lugares a veces insospechados. La pintura llega hasta por debajo de las elegantes y escalonadas zapatas en que se apoyan las vigas.
Era indudablemente la sala de respeto de la casa y creemos, por la repetición insistente de los emblemas Camargo-Carvajal, que se decoró antes de la fundación del Convento. Ello da a la pintura una antigüedad y un mérito a su calidad imponderables.

D. Manuel López Sánchez-Mora (+). Canónigo Archivero

                                   




domingo, 20 de marzo de 2016

LA COFRADÍA DE LA VERA CRUZ Y LA A.C.P. PEDRO DE TREJO,

LAS RELACIONES ENTRE  LA COFRADÍA DE LA VERA CRUZ  DE PLASENCIA Y  LA ASOCIACIÓN CULTURAL PLACENTINA “PEDRO DE TREJO”


    
  ORÍGENES DE LA COFRADÍA DE LA VERA CRUZ DE PLASENCIA


La llegada de los hijos del Seráfico a Plasencia al principio del siglo XIII, es un hecho contrastado pues en el año 1223 ya hacen mención de ello las crónicas de la ciudad.
Una de las primeras cosas que hacían los franciscanos era fundar cofradías y, entre ellas la de la Cruz.
Es en tiempos de la Reforma cuando, para defender la autenticidad del Sagrado Madero, se cambia su nombre por el de la Vera Cruz, es decir, la Cruz Verdadera.
Esta cofradía ocho veces centenaria, es la única que en todo este tiempo ha seguido manteniéndose en activo, a pesar de todas las vicisitudes que le ha tocado vivir en tan largo periodo de tiempo. En la desamortización se hizo cargo de los restos de la demás cofradías.
Y en el siglo XX, fueron saliendo de ella todas las demás que hoy existen en la ciudad.

ORÍGENES DE LA ASOCIACIÓN CULTURAL PLACENTINA “PEDRO DE TREJO”

La historia de la A.C.P. “PEDRO DE TREJO”, está unida indisolublemente a la cultura de la ciudad de Plasencia y su Tierra.
Nace esta Asociación, en las postrimerías de la Guerra Civil, en los llamados” años del hambre”, de la mano de un grupo de personas preocupadas por recoger y difundir nuestra cultura, costumbres y tradiciones.
Estas personas, en su mayoría jóvenes, habían tenido contactos entre ellas buscando la forma de darle cuerpo a la idea que tenían en mente y en diciembre de 1941, deciden crear un grupo que se llamó “Grupo de Estudios Placentinos”.
Este Grupo de Estudios Placentinos duró hasta el año 1949, en el cual deciden cambiar el nombre y darle un carácter más oficial, “SEMINARIO DE ESTUDIOS PLACENTINOS”.
Ante la negativa de este Seminario a incluirse en la Sección de Seminarios de F.E.T y de las J.O.N.S, se les niega la licencia  y se tiene que disolver el Seminario.
En el año 1954 las personas que formaron aquel Seminario de Estudios Placentinos solicitan la creación de una asociación cultural la cual se denominaría  Asociación Cultural Placentina “Pedro de Trejo”.
El nombre de “Pedro de Trejo” lo eligió don Manuel Díaz López, en memoria del poeta placentino del siglo XVI que vivió en Méjico.
Esta Asociación Cultural, decana de las asociaciones culturales de Extremadura, ha sido y es el referente cultural de la ciudad de Plasencia. En sus 75 años de existencia son innumerables los actos, conferencias, tertulias, presentaciones de libros, exposiciones, excursiones, cursos, etc.… que se han realizado en ella.


LAS RELACIONES DE LA VERA CRUZ Y “PEDRO DE TREJO”

Como decíamos, “Pedro de Trejo” nace en la década de los cuarenta del siglo XX, de la mano de un grupo de jóvenes estudiantes, de los cuales casi todos pertenecían a la Cofradía de la  Vera Cruz.
Esta relación se ha mantenido en estas 7 décadas y media, y muchos directivos compartían cargo en las dos entidades.
En el año 1963, la Cofradía de la Vera Cruz tuvo una pérdida de cofrades tan enorme que puso en peligro su continuidad. Ante este hecho, la Asociación “Pedro de Trejo” puso en marcha una campaña entre sus socios para hacerse cofrades de la Vera Cruz y fue tanto el éxito que en menos de un mes ingresaron más de 100 cofrades nuevos, salvando así de la desaparición a esta, ocho veces centenaria Cofradía.
La Vera Cruz y “Pedro de Trejo” se hermanaron hace muchos años, y son Socios de Honor y Cofrades de Honor respectivamente la una de la otra.
Y siguiendo la tradición, hoy todavía hay personas que están en las directivas de ambas entidades como hace 75 años.
Esperemos que estas relaciones duren muchos años más, por el bien de las mismas y el de nuestra ciudad.

Pedro Luna Reina
Diputado de Cultura y Archivo Histórico de la Muy Antigua, Franciscana y Venerable Hermandad de la Vera Cruz de  la Ciudad de Plasencia, y Miembro de la Junta  Directiva de la Asociación Cultural Placentina “Pedro de Trejo”


                                           





sábado, 16 de enero de 2016

PATRONOS DE LA DIOCESIS DE PLASENCIA


SAN FULGENCIO Y SANTA FLORENTINA

Cuenta la tradición que en la invasión árabe los clérigos de Sevilla, huyendo hacia el norte, transportaban las reliquias de los Santos Fulgencio y Florentina y la imagen de la Virgen que el Papa San Gregorio regaló a San Leandro y que estaban en el panteón familiar en la iglesia de San Juan Bautista de la Palma.
Al pasar por Berzocana y en la fragosidad de esta tierra, dejaron enterrada el arca de alabastro en que estaban las reliquias de los Santos. Siendo tradición que fueron depositadas detrás de un "brezo cano". Por otro lado, en Guadalupe se depositó la imagen de Santa María.
Transcurrido el tiempo, aparecieron del siguiente modo: en el año 1223, se encontraba arando su finca en las inmediaciones del pueblo un labrador, al pasar el arado por un sitio, se arrodillaron los bueyes que llevaba, porque la reja enganchó con algo que les impidió seguir; tuvo entonces que descubrir el motivo, viendo que se había introducido en una argolla de hierro que estaba sujeta al arcón de piedra.
Dio cuenta a las autoridades y éstas descubrieron las referidas reliquias, que con toda solemnidad, fueron trasladadas a la iglesia y colocadas tras una verja de hierro en presbiterio, al lado del Evangelio.
En el interior del arca se encontraron las dos calaveras y bastantes huesos grandes, un velo y un peine de Santa Florentina, tierra y granos de trigo; también se cree que había papeles escritos, pero no se conservan en la actualidad. No se sabe con certeza el año que tuvo lugar, pero se cree fue:, en el siglo XIII.



En la Iglesia de San Juan Bautista, depositaria de los restos de los santos, en el frontal de la nave izquierda, hay un doble altar baldaquinado. En el superior de hermosas columnas estriadas, esta las urnas con los cuerpos de los mencionados, traídos a las tierras la Berzocana desde Sevilla en el siglo VIII, para salvaguardarlos de la invasión árabe.

A ambos lado del pétreo ataúd, que guarda el arca de plata regalo de Felipe II, en el que están depositados los restos sagrados.

SAN FULGENCIO. Del latín fulgentem, significa "resplandeciente” Hermano de los santos Leandro, Isidoro y Florentina, fue obispo teólogo de gran elocuencia-Sabia hablar griego, hebreo, siriaco, itálico, gótico y latín. Nació en Cartagena en el año 564, de su educación de encargo su hermano Leandro, Arzobispo de Sevilla. Después de prestar su servicio de obispo de Cartagena, paso a Ecija (Sevilla), como obispo de esa grey no escamotea en sacrificios y penitencias que le llevan a las puertas de la muerte. Para reponerse retorna a Cartagena, durante seis años que pastorea aquella diócesis, de las que es patrono, escribirá sus Comentarios de los Libros Sagrados. San Fulgencio había vivido rodeado de santos, y al igual que sus hermanos es Doctor de la Iglesia, murió asistido por San Braulio Obispo de Zaragoza, un 16 de Enero del año 630.

SANTA FLORENTINA
Nació hacia el 540. Fue discípula de San Leandro y después maestra del menor de ellos. San Isidoro, que ya huérfanos, vieron en ella una segunda madre, de la que aprendieron a ser santos y sabios. Así que el hogar formado por Severiano y Túrtula fue templo y escuela de la que saldrán tres grandes Doctores de la Iglesia. Los tres hermanos en medio de la persecución arriana, no dejan de velar por su hermana, por entonces Abadesa del Monasterio Benedictino Nuestra Señora del Valle de Ecija, Falleció en el Año 633.

Al encontrarse sus restos dentro de la diócesis placentina, fueron nombrados patronos de la ciudad.

Jose Antonio Pajuelo Jimenez - Pedro Luna Reina