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lunes, 30 de diciembre de 2013

EL AMA. de JOSE MARÍA GABRIEL Y GALAN. + 6 de Enero de 1905

Yo aprendí en el hogar en qué se funda
la dicha más perfecta,
y para hacerla mía
quise yo ser como mi padre era
y busqué una mujer como mi madre
entre las hijas de mi hidalga tierra.
Y fui como mi padre, y fue mi esposa
viviente imagen de la madre muerta.
¡Un milagro de Dios, que ver me hizo
otra mujer como la santa aquella!

Compartían mis únicos amores
la amante compañera,
la patria idolatrada,
la casa solariega,
con la heredada historia,
con la heredada hacienda.
¡Qué buena era la esposa
y qué feraz la tierra!

¡Qué alegre era mi casa
y qué sana mi hacienda,
y con qué solidez estaba unida
la tradición de la honradez a ellas!

Una sencilla labradora, humilde,
hija de oscura castellana aldea;
una mujer trabajadora, honrada,
cristiana, amable, cariñosa y seria,
trocó mi casa en adorable idilio
que no pudo soñar ningún poeta.

¡Oh, cómo se suaviza
el penoso trajín de las faenas
cuando hay amor en casa
y con él mucho pan se amasa en ella
para los pobres que a su sombra viven,
para los pobres que por ella bregan!
¡Y cuánto lo agradecen, sin decirlo,
y cuánto por la casa se interesan,
y cómo ellos la cuidan,
y cómo Dios la aumenta!
Todo lo pudo la mujer cristiana,
logrólo todo la mujer discreta.

La vida en la alquería
giraba en torno a ella
pacífica y amable,
monótona y serena...

¡Y cómo la alegría y el trabajo
donde está la virtud se compenetran!

Lavando en el regato cristalino
cantaban las mozuelas,
y cantaba en los valles el vaquero,
y cantaban los mozos en las tierras,
y el aguador camino de la fuente,
y el cabrerillo en la pelada cuesta...
¡Y yo también cantaba,
que ella y el campo hiciéronme poeta!

Cantaba el equilibrio
de aquel alma serena
como los anchos cielos,
como los campos de mi amada tierra;
y cantaba también aquellos campos,
los de las pardas, onduladas cuestas,
los de los mares de enceradas mieses,
los de las mudas perspectivas serias,
los de las castas soledades hondas,
los de las grises lontananzas muertas...

El alma se empapaba
en la solemne clásica grandeza
que llenaba los ámbitos abiertos
del cielo y de la tierra.

¡Qué placido el ambiente,
qué tranquilo el paisaje, qué serena
la atmósfera azulada se extendía
por sobre el haz de la llanura inmensa!

La brisa de la tarde
meneaba, amorosa, la alameda,
los zarzales floridos del cercado,
los guindos de la vega,
las mieses de la hoja,
la copa verde de la encina vieja...
¡Monorrítmica música del llano,
qué grato tu sonar, qué dulce era!

La gaita del pastor en la colina
lloraba las tonadas de la tierra,
cargadas de dulzuras,
cargadas de monótonas tristezas,
y dentro del sentido
caían las cadencias
como doradas gotas
de dulce miel que del panal fluyeran.

La vida era solemne;
puro y sereno el pensamiento era;
sosegado el sentir, como las brisas;
mudo y fuerte el amor, mansas las penas
austeros los placeres,
raigadas las creencias,
sabroso el pan, reparador el sueño,
fácil el bien y pura la conciencia.

¡Qué deseos el alma
tenía de ser buena,
y cómo se llenaba de ternura
cuando Dios le decía que lo era!

II

Pero bien se conoce
que ya no vive ella;
el corazón, la vida de la casa
que alegraba el trajín de las tareas,
la mano bienhechora
que con las sales de enseñanzas buenas
amasó tanto pan para los pobres
que regaban, sudando, nuestra hacienda.

¡La vida en la alquería
se tiñó para siempre de tristeza!

Ya no alegran los mozos la besana
con las dulces tonadas de la tierra,
que al paso perezoso de las yuntas
ajustaban sus lánguidas cadencias.

Mudos de casa salen,
mudos pasan el día en sus faenas,
tristes y mudos vuelven;
y sin decirse una palabra cenan;
que está el aire de casa
cargado de tristeza
y palabras y ruidos importunan
la rumia sosegada de las penas.

Y rezamos, reunidos, el Rosario,
sin decirnos por quién..., pero es por ella.
Que aunque ya no su voz a orar nos llama,
su recuerdo querido nos congrega,
y nos pone el Rosario entre los dedos
y las santas plegarias en la lengua.

¡Qué días y qué noches!
¡Con cuánta lentitud las horas ruedan
por encima del alma que está sola
llorando en las tinieblas!

Las sales de mis lágrimas amargan
el pan que me alimenta;
me cansa el movimiento,
me pesan las faenas,
la casa me entristece
y he perdido el cariño de la hacienda.

¡Qué me importan los bienes
si he perdido mi dulce compañera!

¡Qué compasión me tienen mis criados
que ayer me vieron con el alma llena
de alegrías sin fin que rebosaban
y suyas también eran!

Hasta el hosco pastor de mis ganados,
que ha medido la hondura de mi pena,
si llego a su majada
baja los ojos y ni hablar quisiera;
y dice al despedirme: «Ánimo, amo;
haiga mucho valor y haiga pacencia...»

Y le tiembla la voz cuando lo dice,
y se enjuga una lágrima sincera,
que en la manga de la áspera zamarra
temblando se le queda...

¡Me ahogan estas cosas,
me matan de dolor estas escenas!

¡Que me anime, pretende, y él no sabe
que de su choza en la techumbre negra
le he visto yo escondida
la dulce gaita aquella
que cargaba el sentido de dulzuras
y llenaba los aires de cadencias!...
¿Por qué ya no la toca?
¿Por qué los campos su tañer no alegra?

Y el atrevido vaquerillo sano
que amaba a una mozuela
de aquellas que trajinan en la casa,
¿por qué no ha vuelto a verla?
¿Por qué no canta en los tranquilos valles?
¿Por qué no silba con la misma fuerza?
¿Por qué no quiere restallar la honda?
¿Por qué esta muda la habladora lengua,
que al amo le contaba sus sentires
cuando el amo le daba su licencia?

«¡El ama era una santa!...»,
me dicen todos, cuando me hablan de ella.

«¡Santa, santa!», me ha dicho
el viejo señor cura de la aldea,
aquel que le pedía
las limosnas secretas
que de tantos hogares ahuyentaban
las hambres, y los fríos, y las penas.

¡Por eso los mendigos
que llegan a mi puerta
llorando se descubren
y un padrenuestro por el ama rezan!

El velo del dolor me ha oscurecido
la luz de la belleza.
Ya no saben hundirse mis pupilas
en la visión serena
de los espacios hondos,
puros y azules, de extensión inmensa.

Ya no sé traducir la poesía,
ni del alma en la médula me entra
la intensa melodía del silencio
que en la llanura quieta
parece que descansa,
parece que se acuesta.

Será puro el ambiente, como antes,
y la atmósfera azul será serena,
y la brisa amorosa
moverá con sus alas la alameda,
los zarzales floridos,
los guindos de la vega,
las mieses de la hoja,
la copa verde de la encina vieja...

Y mugirán los tristes becerrillos,
lamentando el destete, en la pradera,
y la de alegres recentales dulces,
tropa gentil, escalará la cuesta
balando plañideros
al pie de las dulcísimas ovejas;
y cantará en el monte la abubilla
y en los aires la alondra mañanera
seguirá derritiéndose en gorjeos,
musical filigrana de su lengua...

Y la vida solemne de los mundos
seguirá su carrera
monótona, inmutable,
magnífica, serena...

Mas ¿qué me importa todo,
si el vivir de los mundos no me alegra,
ni el ambiente me baña en bienestares,
ni las brisas a música me suenan,
ni el cantar de los pájaros del monte
estimulan mi lengua,
ni me mueve a ambición la perspectiva
de la abundante próxima cosecha,
ni el vigor de mis bueyes me envanece,
ni el paso del caballo me recrea,
ni me embriaga el olor de las majadas,
ni con vértigos dulces me deleitan
el perfume del heno que madura
y el perfume del trigo que se encera?

Resbala sobre mí sin agitarme
la dulce poesía en que se impregnan
la llanura sin fin, toda quietudes,
y el magnífico cielo, todo estrellas.

Y ya mover no pueden
mi alma de poeta,
ni las de mayo auroras nacarinas
con húmedos vapores en las vegas,
con cánticos de alondra y con efluvios
de rocïadas frescas,
ni éstos de otoño atardeceres dulces
de manso resbalar, pura tristeza
de la luz que se muere
y el paisaje borroso que se queja...,
ni las noches románticas de julio,
magníficas, espléndidas,
cargadas de silencios rumorosos
y de sanos perfumes de las eras;
noches para el amor, para la rumia
de las grandes ideas,
que a la cumbre al llegar de las alturas
se hermanan y se besan...

¡Cómo tendré yo el alma,
que resbala sobre ella
la dulce poesía de mis campos
como el agua resbala por la piedra!

Vuestra paz era imagen de mi vida,
¡oh, campos de mi tierra!
Pero la vida se me puso triste
y su imagen de ahora ya no es ésa:
en mi casa, es el frío de mi alcoba,
es el llanto vertido en sus tinieblas;
en el campo, es el árido camino
del barbecho sin fin que amarillea.

... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ...

Pero yo ya sé hablar como mi madre,
y digo como ella
cuando la vida se le puso triste:
«¡Dios lo ha querido así! ¡Bendito sea!»


"SEMBRANDO INQUIETUDES"


jueves, 31 de octubre de 2013

CORRALES DE COMEDIA. Datos para la Historia.

Corrales de Comedias en Plasencia
Todos los años hasta finales del siglo XIX, llegaban a Plasencia, como a tantas otras ciudades, cómicos ambulantes que durante una temporada de verano recreaban a los vecinos con representación al aire libre en los patios o corrales que, si no tan famosos  como el de ” la Pacheca” madrileño, eran suficientes para romper la monotonía de la vida provinciana.
Francisco Ricci, el pintor de los cuadros del Retablo Mayor de nuestra Catedral, había sido uno de los decoradores del teatro Regio Alcázar de Madrid para festejar el cumpleaños de la Reina D.ª Mariana de Austria a poco de celebrar su matrimonio con Felipe IV, entusiasta y decidido protector de esta clase de espectáculos que dieron tanta veces pié a las habladurías de los mentirosos de la Corte y, más de una, lugar a efectivos tropiezos del Monarca.
Pero por entonces aún no había llegado a nuestra ciudad el avance del decorado y no pudieron por ello, en ninguno de los requerimientos hechos a Ricci para la composición de los cuadros del Retablo, invitarle o lucir sus habilidades en este otro campo, a la sazón tan nuevo.
También aquí, como en tantos otro lugares, la creación de los Patios de Comedia obedeció en su principio  a motivo de beneficencia pública  y durante muchos años los ingresos que tales espectáculos dejaban, deducido el beneficio de la Compañía, engrosaron los recursos del Hospital de D.ª Engracia de Monroy, ampliado después con pastoral esplendidez por el gran Obispo Laso que evoluciono al antiguo Hospital Provincial.
Uno de estos Patios o Corrales para representaciones cómicas, llevadas a cabo por profesionales “de la Lengua”, estuvo en parte de lo que es hoy la Plaza de Abasto sin que nos atrevamos asegurarlo de manera definitiva pues los documentos de la época que hemos vistos se limitan a decir que estaban enfrente de la Iglesia de San Esteban.
Era su Patrono el Ayuntamiento de la ciudad y a él se dirigían en respetuosa  instancia los autores “como entonces se llamaban” de la Compañía cómica que deseaba actuar y con el Ayuntamiento concertaban el número de representaciones, el precio de las entradas y el beneficio para el destino específico del corral o Patio de Comedias. Las representaciones comenzaban a las dos de la tarde y en las entradas se distinguían la común, la de medio Teatro, la de Teatro entero y Palcos principales.
Las frecuentes alusiones a escándalos políticos y administrativos de índole nacional y las desvergüenzas de lagunas comedias obligaron a los cuidadores de la cosa pública a exigir la previa lectura de las obras que habían de representarse y a la implacable censura de los trozos escabrosos.
Sin embargo, cómicos y cómicas se permitían improvisar chistes y ocurrencias que después degeneraron en verdaderas chocarrerías  y escandalosa obscenidades que eran replicadas con igual desenvolturas por los gamberros de la época.
A últimos del siglo XVIII la Compañía que arribó a Plasencia y que dirigía el Sr. Corcuera se encontró en la ciudad de Plasencia con un Alcalde dispuesto a que las mas recatadas damas y pudorosas doncellas pudieran asistir  a las representaciones del Patio de Comedias sin tener que ruborizarse ante los aterimientos de algún desconocido actor o alguna desvergonzada.
Concede el permiso que se solicita de treinta representaciones, pero toma enérgicas medidas para evitar los abusos.
A través del barroquismo de la literatura de aquel tiempo se deja adivinar que en más de una ocasión había burlado en sus loables previsiones al Alcalde por lo que esta vez extrema los detalles y manda fijar a la puerta del Corral, después de leído por el pregonero en las plazas de la ciudad, un Bando, del que son los párrafos siguientes:
Prohíbo seria y rigurosamente a todos los actores el que se desvíe de la letra de sus respectivos papeles usando en la expresión de caprichos arbitrarios bajo el pretexto de graciosidades mal concebidas impropias de la pieza e indecentes en un acto de tan grave circunstancias. E igualmente les prohíbo que se presenten en el foro con vestidos deshonestos”.
“Prohíbo a los espectadores la infracción del profundo silencio que debe haber en las representaciones y se prohíbe todo hecho, dicho y libertades contrarias al objeto, a la moralidad cristiana, al decoro,  modestia, decencia, gravedad y subordinación que deben reinar en las funciones públicas”.
Terminaba confirmando:”que los que quebrantasen las disposiciones “con los procedimientos correspondientes a su caso, clase y circunstancias y en general con quince días de prisión de la que saldrían  con las custodia necesaria a los trabajos públicos”
Las mismas penas se imponían a los que osaren a remover el Bando de sitio en que estaba fijado.
Posteriormente y con vida ya mas lánguida hubo otro Corral de Comedias en una Travesía de la calle Cartas y otro en el Patio del que había sido el Convento de San Francisco.
La afición al teatro, el cambio de costumbre y el deseo de poder disfrutar de espectáculos de esta índole en todas las épocas del año y en las horas de la noche llevó a la construcción en Plasencia de teatros techados como fue en su tiempo el Teatro Romero, y posterior mente el Teatro Sequeira y Alcazar.

José Antonio Pajuelo Jiménez - Pedro Luna Reina.




domingo, 13 de octubre de 2013

PATRIMONIO OLVIDADO. I.-

AJUAR FUNERARIO ISLAMICO
De las muchas piezas de arqueológicas que han sido encontradas en el suelo plasentino, fueron la de carácter islámico, las dos aras en inscripción árabe halladas, una muy cerca de la Torre Cuadrada de la plazuela de la Catedral, junto con una mano de Fátima de metal y una pinza para el moco del candil. Sabemos que las salvo D. Emiliano Mirón dirigiendo las obras de la casa inmediata a la iglesia de las Dominicas, terrenos de la ancha plazuela de la Catedral. (Foto 1). Es una pieza granítica de 55 cm. De alto, de la baja Edad Media y con inscripción con caracteres “neskhi” que por su sencillez, termino por sustituir plenamente a la cúfica.
Otra ara estaba formando parte del edificio que fue la posada de las Tres Puertas, y posteriormente Banco de Extremadura, situado en la calle del Sol (foto 2). Esta posee una inscripción en caracteres cúficos en unos de los lados, mientras que en los lados contrarios se encuentra una decoración con una cenefa de tipo funicular. Da la impresión de ser una pieza reutilizada de otra anterior visigoda o romana. La grafía cúfica tiene su origen en Siria, en la ciudad de Kufa, se trata de una escritura distinguida.
Para muchos autores la representación de la mano completa de Fátima (Foto3), posee un amplio poder para el MAL DE OJO, bajo la expresión <HAMSA FI AINEK> o , que puede traducirse por CINCO EN UN OJO O SOBRE UN OJO.
También goza de sumo crédito su poder como amuleto contra el de más temido, de los males, el último mal que según el proverbio berebere: VACIA LAS CASA Y LLENA LAS TUMBAS. De aquí que la mano de Fátima aparezca tantas veces protegiendo las puertas o entradas de las casas.
La mano de Fátima (al hamsa), es una mano de cinco dedos, que representa según algunos historiadores los cinco pilares de la fe: la declaración de fe (shahada); la oración cinco veces al día (salat); la limosna lega (zakat); el ayuno (Ramadán); la peregrinación a la Meca al menos una vez en la vida (hach).
Traducción del Ara: Enviado/ de Dios/ no hay victorioso (o ganador) / sino el Dios. Esta frase no sería coránica, sino de un rey granadino de la época nazarí.
¿Donde se encuentran? Como muchas otras, posiblemente arrinconadas y olvidadas, con lo fácil que seria ubicarlas en algún lugar donde se recogiera todo el Patrimonio disperso en manos de muchos placentinos

Jose Antonio Pajuelo Jimenez -Pedro Luna Reina

miércoles, 11 de septiembre de 2013

ELISEO RUIZ CORISCO.- ESCULTOR.

ELISEO RUIZ CORISCO 1897-1969
Nació en Casatejada (Cáceres), fue uno de los grandes maestros de la técnica del buril. La técnica de grabado a Buril, o talla dulce, recibe su nombre de la principal herramienta que se utiliza para tallar la plancha: el buril. Con él se talla la plancha o matriz dejando unos surcos o tallas de diferentes profundidad y forma, con la que se crea la composición del grabado. Pero para este artista no existían dificultades para modelar cualquier materia que utilizaba, le daba igual que fuese arcilla, escayola, bronce, aluminio o madera.
Nació a las dos de la madrugada del día 14 de Junio de 189ª, en la vivienda del Barrio de la Rubala detrás de la carnicería de los Sres. León y en el Registro Civil, su padre D. Lorenzo le impone los nombres de Anastasio –Félix, según consta en el romo 24, folio 24, núm. 24 de la Sección de Nacimiento de este Registro. El referido nombre de Eliseo  fue impuesto canónicamente, por el capricho de entonces de los padrinos de aquella época que prevalecía al de los padres, dándose la circunstancia de que este nuevo nombre era desconocido pues el neófito que no se enteraba hasta que entraba en Quinta.
Desde muy joven tenía vocación artística, modelando en su domicilio con el barro que cogía a los albañiles. Curso sus estudios primarios en la escuela de Casatejada y al concluirlos trabajó en el comercio de su tío, Florentino Corisco Gómez.
                       

Ante su interés por el modelado, su padre le envió a Madrid con su hermano Aurelio, donde ingreso en la escuela de Bellas Artes de san Fernando, A través del Diputado Provincial D. Constantino Barco Marian, por los años 1915/ 1920, a la sazón Veterinario Titular del pueblo de Almaraz y administrador General del Sr, Marques de la Romana, una beca para cursar estudios en Bellas Artes, y agradecido al Sr Barco, le obsequio más tarde con su visto que depositado en el museo de las casas de las Veletas, en Cáceres.
Cuando termino su carrera, estuvo pensionado en Grecia, Roma y Paris. Tiempo después vino a Madrid, y durante su estancia en la capital de España, frecuento mucho el taller del imaginero y orfebre  Feliz Granda Buylla y trabajo con dos escultores importantes José Capuz Manzano y Mariano Benlliure escultor valenciano, de quien se inspiro para obras taurinas. Sé gano también la amistad de los artistas andaluces Romero de Torres y Juan Cristóbal.
 Con la técnica recibida presenta sus obras en bronce en la Exposición Iberoamericana de Sevilla en 1929, obteniendo Medalla de Oro. El busto de bronce premiado corresponde a D. Gregorio Ramos Zabala, abuelo materno del Excmo. Sr. Luis González Ramos, en Madrid, en cuyo poder se encuentra en recuerdo familiar. El original  del Título con un busto del mismo escultor, se encuentra depositado en la Real Academia de la Letras de Extremadura.
Hacia el año 1929, Eliseo regreso a Casatejada, donde estableció  su taller ayudado por su tío Florentino, expuso varias obras en Cáceres y Plasencia, Madrid. Va conociendo posteriormente a compañeros y personalidades del mundo artístico entre los que se encuentra Pérez Comendador.
El día 30 de Septiembre de 1930, la sociedad el “Proyecto Mercantil”  de la ciudad de Plasencia, tuvo la noble empresa de dedicar un monumento en esta localidad Gabriel y Galán, con la colaboración y aportación de los pueblos de la comarca. El proyecto era poner un monumento a Gabriel Y Galán, días después se firma el contrato por el presidente por el presidente del Proyecto Mercantil, y el escultor  Eliseo Ruiz Corisco, firmando como testigos D. José García Morgado y D. Francisco Mirón. Sabemos por unas de las clausulas, el busto en tamaño medio, sería entregado el 22 de Diciembre de 1930, pero es probable que fuese conocido antes, es decir cuando fuese traído en escayola para estudio y aprobación, justamente con la maqueta del monumento en su conjunto en general.    
  
En el despiece del mismo o el de toda la obra, colabora  el gran artista placentino Francisco Mirón, que con gran desinterés se entrego en la ejecución del proyecto, comenzando a tallar el corte y labra del granito  comenzando el montaje.
El 7 de Febrero de 1931, en el periódico “El Faro”, decía del artista.” El artista Eliseo Ruiz, se ha sublimado, pues no se concibe que contando solamente con la fotografía y no existir por desgracia el original que hubiera haya hecho este tal milagro de ejecución”. El acto de desembalar el busto tuvo en parte la emoción  en los presentes, ello se explica por el noble deseo que todos sentían de contagiar la obra y el talento del artista.

Grata y muy emotiva fue la impresión al contemplarla. La tonalidad del bronce, la faz serena del poeta magno; los recuerdos de la obra portentosa que el crease para honor y gloria de las hispanas letras; el sentimiento de la gratitud tan hondamente arraigado, en los buenos placentinos para su cantor excelso, ello fue el motivo para enmudecer a los que la admiraban.
San José.
El busto del poeta, estuvo expuesto en el salón principal del “Proyecto Mercantil”, cuyas dependencias fueron invadidas por la numerosa concurrencia; la prensa local y corresponsales de Madrid con su colaborador grafico  D. José Diez, el iniciador del proyecto D. Ricardo Acosta Camisón, representantes del Foro, de la Banca, Comercio e Industria, y como no el escultor D. Eliseo Ruiz Corisco, el genial escultor que tan alto puso el nombre de Extremadura en la Exposición Hispano Americana de Sevilla otorgándosele Medalla de Oro en méritos  a los trabajos presentados al grandioso certamen; el artista en suma, que después de haber contribuido o acrecentar los valores de nuestra región, la Diputación de Cáceres echó al canasto de los papeles la solicitud de una beca que le hubiere permitido ampliar sus conocimientos en el extranjero.
En  su inauguración, fue colocado junto al bar el Nido en el parque actual de la Coronación, , bajo la sombra de un olmo centenario, lamentablemente desaparecido, para después llevarlo a su ubicación actual, junto a los Arcos de San Antón.
El Tmborilero.

Poco se sabe de su vida; Eliseo fue un hombre pícnico, de estatura baja, complexión débil, de frente despejada y poca barba, semicalvo y nariz aguileña (de origen ovíparo, como el mismo se caricaturizaba). Tenía múltiples rarezas que, si a los ojos del que le conocieron, no eran muy agradable, él decía que era la impronta y el recuerdo que legaba a sus convecinos que transmitirían a generaciones sucesivas, Gustaba de vestir en verano con un abrigo marrón, muy usado que abrochaba con largas puntas a forma de alfileres que hacían de botones, con polainas de tela de soldado que simulaban pantalones, zapato o zapatilla, muy deterioradas).Paseaba por la calle, con su garrotina pequeña y su delgada silueta, con una revista artística bajo el brazo. Por el contrario, es de admirar en este hombre como cambiaba su atuendo personal cotidiano, cuando venía a Plasencia, al Circulo Placentino donde se relacionaba con toda la elite placentina, con el Alcalde Andrés López, Maximiliano Gómez etc.…como un caballero, saludando a sus amistades  o    viajaba a Madrid, donde no era raro verle por la calle Velarde, próximo al domicilio de su hermano Aurelio.


1940 En Plasencia vivió por temporadas, tenía su casa en la calle de Eulogio González, a la vez su taller, propiedad de D. Adolfo Rey, en esta modelo y trabajo el busto de Gabriel y Galán uno para Plasencia y el otro para Granadilla, el del Marqués de la Constancia,  las obras que hizo al profesor García Matos, y el busto a D. Honorio que no llegó a terminar, según nos manifiesta su hijo Miguel Argel Urbano y como otras obras que desconocemos. Y el San José del Colegio de las Josefinas Trinitarias, que según Sor Inmaculada, que se encontraba interna en este colegio en el año 1943, ya se encontraba en el patio del mismo,  por lo que suponemos que la hizo antes.

                                          

Por el año 1962, fue nombrado Director de la casa de la Cultura  de Plasencia, así lo menciona la revista Cultural de Casatejada del año 1993, pero no hemos encontrado datos en archivos municipales y registros de esta asociación en esta localidad. Lo que si fue, y posiblemente sea lo cierto, es que fue director de la Academia de Pintura y Escultura que hubo en la calle Cervantes, hoy Pedro Isidro, donde había una sala de exposiciones permanentes de artistas placentinos, tales como Morales, Calderón, Landija ,Chiclana…y que tenemos constancia en datos recogidos por Teodoro Vallinoto, y a su vez lo demuestra la solicitud  fechada el 26 de Octubre de 1961, y con registro de entrada 8.070 donde Eliseo se dirige al Alcalde de Plasencia, donde especifica ,”que deseando establecer en la Ciudad una Academia de Arte, en la calle  Cervantes nº 2”. El permiso de licencia de apertura lo recibe, con fecha del 3 de Febrero de 1962, numero de oficio 584.


En 1962, vivía en Plasencia, y fue  entrevistado por el periódico “El Regional”, por el periodista V. Corbo, acompañado  del Presidente de la Asociación de Antiguos Alumnos del Colegio de la Constancia D. Inocencio Serrano con respecto  al monumento del Marqués de la Constancia. Iban a conocer a un hombre sencillo, inteligentísimo y a un gran escultor. Poco después cambio su taller, por otro local de Dñª María Piélago, situado e por encima de la antigua bodega de Don Juanito Montero, hoy Biblioteca Municipal y en sus últimos años de su estancia en Plasencia, vivió en la calle de Trujillo, justo en la casa que hay debajo del antiguo Hospital, hoy Conservatorio de Música.
Crescencio Gil Pizarro
             Al llegar al taller ubicado en la calle de Eulogio González, después de un fuerte apretón de manos y de admirar el hermoso y magnifico grupo escultórico le rogaron les informara y orientase sobre la construcción de la obra del Marqués de la Constancia, les complació diciéndoles, que para hacer una escultura, sabido es que en su ejecución plástica, son tres las facetas que en lo que en ello intervienen; el barro el primero, después la escayola, y por último la materia definitiva, bronce, madera o piedra. Los factores primordiales que integran el trabajo que acababa de plasmar eran: humanidad infinita, desinteresada protección y un inconmensurable cariño paternal a la infancia desvalida. Estas fueron las cualidades morales del Sr. del Marqués de la Constancia.
También hablo de sus esculturas, diciendo que todas se han de ejecutar de diferentes formas, cada una tiene que ser concebida o plasmada de distinta manera, teniendo en cuenta el sitio donde haya de ser colocada. Decía que no  se puede, ni se debe plasmar una obra artística sea cual fuere, pintura, escultura, arquitectura etc., sin que irremisiblemente no tenga que estar rodeada de una particular atmosfera, como en la que nos ocupa, que ha de verse a una prudencial distancia, dado su marco panorámico preciosos y bello.
Niceforo Luengo
Al preguntarle, ¿Que estilo  o escuela ha tenido que adaptar para hacer esta hermosa obra?, contestó de una forma sosegada, amable que debía conocer a la perfección , todas las escuelas, estilos de las Bellas Artes y es natural que la escultura sea la que más conozca y domine la perfección. Cuando se ponía a concebir un trabajo no se acordaba jamás de estilos ni escuelas, sino que las ejecutaba  por el procedimiento técnico que le iba saliendo, a su manera y sensibilidad personal, fusionando los elementos  que integran el motivo. En síntesis: si el procedimiento técnico que Eliseo usaba, podía calificarse como él decía: Escuela Corisquera.
 Se despidió diciendo, que estos breves conceptos que les acababa de exponer, llegara a cubrir el vacio de orientación que padece esta muy querida región.
El dos de Abril de 1963, fue entregado a unos famosos talleres de Madrid, el Monumento, para su fundición en bronce, cuya labor invertiría tres meses. E inaugurado en octubre de 1963.

                      

Entre sus principales creaciones debemos destacar los retratos de tipo costumbristas como la Montehermoseña y el Tamborilero, colección particular del profesor García Matos; Medallón con el rostro de Ramón y Cajal (colección particular de D. Valeriano  Gutiérrez Macías); así como el Monumento a Gabriel y Galán, en Plasencia o el Monumento de Gabriel y Galán en Granadilla, Monumento al Marqués de la Constancia  en Plasencia. San José, ubicado en el patio del Colegio de las Josefinas Trinitarias de Plasencia sirviéndole de modelo una imagen de San José que le facilito su amigo Elías Gómez Andrés. El Nazareno en paradero desconocido, fue una de sus primeras imágenes dentro del grupo de imágenes religiosas, si tenemos su fotografía conseguida gracias a la colaboración de la familia Calderón Polo, dedicada a su hermano Manuel. El busto del Placentino Crescencio Gil Pizarro, propiedad particular este en madera es del año 1952, costo 7000 ptas., habiéndose pactado en 5000, pero era  tal la penuria económica en que vivía, que  lo subió a cambio de dos caricaturas que hizo de sus hermanos. Este busto lo conserva su hija Asunción Gil Gil, sus padres Arsenia y Crescencio le facilitaron una cama en su propia casa sita en  la Plaza Mayor de Plasencia. Otro busto es de  de Nicéforo Luengo, en escayola, propiedad de Mari Luengo. En ambos se ve grabada la firma del autor.

Otro busto anónimo se encuentra en poder de una familia de Navalmoral, otro personaje desconocido en escayola se encuentra en Talavera de la Reina.
Muchas se encuentran repartidas en Badajoz, Cáceres, Tarragona, Plasencia y Trujillo.
También es importante mencionar, su faceta en el campo del dibujo caricaturesco, casi toda su obra se encuentra en colecciones particulares. Un dibujo de esta variedad se encuentra en Plasencia, pertenece a la familia de de los Hermanos Gil Pizarro.
El carácter introvertido de Ruiz Corisco y su aislamiento en Casatejada y Plasencia, la falta de contacto con grades núcleos artísticos, contribuyeron a impedirle conquistar todos los éxitos a que era acreedor. Le falto una mayor proyección para su proyección artística .No lució como merecía en el firmamento de la fama.
Pepe Morales, decía: “no son muchos los que le recuerden, pequeño, delgado, feo y sordo…gran artista, artista con fibra, pero desilusionado por fracasos y falta de comprensión”, que palabras más contundentes. Era una persona enclenque, con su nariz prominente, totalmente desproporcionada al rostro menudo y seco que la mantenía. Recordaba aquel verso de Quevedo que decía: “Erase un hombre a una nariz pegada…” lo que Morales afirmaba como caricatura a un dibujo que hizo de su cara. Pero todo el mundo le quería.


CARITARUTAS DE ELISEO DE JULIO NUÑES, PEPE MORALES Y FIGURA DE CORCHO DE ANTONIO TRULILLO


A Corisco le salvaba su alma como artista, su sensibilidad exquisita y su simpatía arrolladora, que prodigaba con gracia entre sus amigos más íntimos. Es posible que no hubiera vuelto nunca a Casatejada de no ser por su madre, a la que adoraba y de quien recibía todo el afecto que echaba de menos fuera de allí.
Es una lástima que Plasencia no hubiera reconocido en su momento la valía de este escultor, adquiriendo sus obras, sobre todo cuando necesitaba darle salida, tanto por sus apreturas económicas, como por su orgullo profesional, tan machacado por la indiferencia. Las autoridades de entonces hubieran hecho una labor humanitaria socorriendo a un necesitado y estimulando a un excelente artista. Con la agradable contrapartida de tener nuestras plazas y jardines adornados con sus extraordinarias esculturas.
Por su mala fortuna, quizás también por su desafortunada imagen y, principalmente por la incomprensión y desinterés de quien deberían haberle apoyado, Corisco vivió los últimos años  como un bohemio, libre y desordenado, vistiendo estrafalariamente, bebiendo en cantidad.
Aquejado por una posible enfermedad mental  fue abandonando su profesión, posiblemente por un cuadro depresivo, agravado por el alcohol.
Falleció en Casatejada el 26 de Abril de 1969, en el domicilio de su hermano Valentín, víctima de un paro cardiaco, según consta en el libro 38, Folio 130 de la Sección 3ª del registro Civil de Casatejada.

José Antonio Pajuelo Jiménez.

Biografía: Revista Casatejada año 1991, septiembre nº 31  Revista Casatejada año 1993, septiembre nº 33
Periódico “El Faro”, año 1930, 1931.  Periódico “El Regional”, 6 de Noviembre 1962,  2 de Abril 1963.
Archivo Ayuntamiento de Plasencia. Agradecimiento a Asunción Gil Gil  y a Mari Luengo López. Revista Casatejada año 2010 PAG 93.  Revista Casatejada año 2000 PAG 40.
Este articulo fue publicado en la Revista de Anual de Cultura de Casatejada. Numero 53-


viernes, 5 de julio de 2013

HISTORIA DE UN LIBRO. LOS OBISPOS DE PLASENCIA"

  PRESENTACIÓN DE LOS OBISPOS DE PLASENCIA

HISTORIA DE UN LIBRO


En el ya lejano 15 de octubre de 1995 vio la luz el número "0" de la Hoja diocesana Iglesia en Plasencia. Un mes más tarde, el 19 de noviembre -en que se celebraba aquel año el Día de la Iglesia Diocesana- se publicó el número 1. Y en él apareció mi primera colaboración sobre la historia del obispado de Plasencia. Durante diez y ocho semanas, fui presentando en la Hoja algunos datos de interés sobre el origen, la evolución y la situación actual de los 15 arciprestazgos placentinos.
Casi un año después, en el número 20, de 8 de septiembre de 1996, comenzó la sección titulada Los obispos de Plasencia. A petición de muchos lectores, con ese mismo título en 2002 publiqué el volumen I de la obra, que ahora ve la luz. En él se incluye la historia de los orígenes placentinos y la de los primeros obispos que gobernaron la diócesis desde finales del siglo XII hasta mediados del XVII (es decir, entre los años 1190 y 1652). Pero quedaban por estudiar los prelados que vivieron desde 1652 al 2011.
Por esa razón, durante casi una década continué investigando y escribiendo sobre los pontificados del resto de los obispos. La Hoja ”Iglesia en Plasencia¨ ha continuado –y sigue todavía-  publicando  la historia de los obispos placentinos.

Mi propósito era sacar a la luz más adelante, una parte segunda, que completase la obra iniciada. Sin embargo, siguiendo la iniciativa de D. Amadeo, nuestro prelado actual,  no se publica ahora sólo el segundo volumen, sino toda la Historia de la diócesis. Como el texto resultaría excesivamente extenso para un solo volumen, se ha optado  por hacerlo en dos tomos, que no coinciden exactamente con la división primitiva. El primero llega hasta principios del siglo XIX (1190-1803) y el segundo abarca los siglos XIX, XX y primera década del XXI (1803-2011).



La obra que ahora ve la luz no es una simple  agrupación de los artículos publicados en la Hoja diocesana. Éstos han sido ampliados -ya que encontré nuevos datos-, corregidos -enmendando errores que se deslizaron- y -lo que es más importante aún- enriquecidos con un interesante aparato bibliográfico, en el que se señalan las fuentes, inéditas o impresas, de donde se han tomado las diversas informaciones. Por esa razón, quienes tengan la colección completa de la publicación quincenal Iglesia en Plasencia pueden encontrar, a veces, diferencias notables entre el texto primitivo y el de la obra que hoy se presenta.

1.- Los episcopologios publicados
Cuando comencé mi trabajo investigador, yo  no pensaba escribir un libro que llenase el evidente vacío que había en nuestra diócesis. Porque en aquel 1996, ya en las postrimerías del siglo XX, había editados -nótese que digo "editados", por lo que no cito a Correas Roldán- sólo tres episcopologios placentinos de cierto empaque.


a).- El primero fue el de fr. Alonso Fernández, titulado Historia y Anales de la Ciudad y Obispado de Plasencia, que se publicó, en su primera edición, en 1627.  Por de pronto, quedaban por estudiar cerca de cuatro siglos, desde 1627 hasta el año 2000. Por otra parte (prescindiendo de otros detalles importantes, como el de  su originalidad), en aquella obra había lagunas e incluso errores manifiestos. Vayan sólo algunos casos, por vía de ejemplo, de los muchos que podríamos aducir. Alonso Fernández nada dice del problema que se planteó en tiempos del obispo don Sancho, a mediados del siglo XIV, cuando este prelado reclamó la  jurisdicción del obispado de Plasencia sobre Guadalupe. También omite por completo, o sólo cita de pasada, la celebración de los sínodos anteriores e inmediatamente posteriores a Trento –los de 1497, 1534 y 1566 -. En cuanto a errores, sobresale el de adjudicar el cardenalato al obispo placentino don Pedro Fernández de Soria, al iniciarse el Cisma de Occidente  en el año 1378. Incluso habla de prelados, cuya existencia histórica es más que dudosa, como  don Juan Alfonso II, don Rodrigo o don Andrés. Y, en cambio, omite otros de comprobada historicidad, como don Jimeno, cuyo nombramiento consta en los Archivos Pontificios. 

b).- El segundo intento de episcopologio placentino corresponde a la obra de don Domingo Sánchez Loro, publicada entre 1982 y 1985. Su autor lo titula: Historias placentinas inéditas. Primera parte. Cathalogus episcoporum Ecclesiae Placentinae. Esta primera parte consta de tres volúmenes, A, B, y C. Aunque Sánchez Loro proyectaba estudiar  todos los obispos que ha habido en Plasencia hasta el último cuarto del siglo XX, la muerte le impidió completar su obra, que sólo llegó hasta don Rodrigo Dávila (1470-1496). La segunda parte no vio nunca la luz. Dejó, pues, un vacío de cinco centurias, nada menos, sin la correspondiente investigación histórica. Esta obra de Sánchez Loro  tiene un mérito indudable: el de reunir y dejar constancia impresa, haciéndolos  asequibles, los textos originales de una serie de manuscritos, a los que sólo podían, aunque con cierta dificultad, tener acceso los estudiosos de la historia. El autor cita parcialmente las obras, no impresas entonces, de Correas Roldán, del jesuita Jerónimo Román de la Higuera, del comisionado de Carlos III, Ascensio de Morales, del capellán Barrio Rufo, del chantre Benavides Checa (cuyos Prelados placentinos estaban entonces inéditos), de El Curioso placentino, o del arquitecto Paredes Guillén.

Sin embargo, el método usado por Sánchez Loro no parece el más plausible. Partiendo del texto del manuscrito del maestrescuela Correas Roldán  -cuyo original confiesa poseer-, va recogiendo las noticias de cada obispo, añadiendo lo que dicen los diversos autores citados. De esta manera,  yuxtapone los textos originales, por lo que repite las noticias, y el libro adolece de cierta pesadez e incluso de no poca oscuridad.  Por otra parte, prescinde -de forma deliberada, pues ofrece historias inéditas- de la obra impresa de Alonso Fernández, que, pese a sus deficiencias, desarrolla un estudio nada desdeñable del episcopologio anterior al primer cuarto del siglo XVII.

c).- El tercer episcopologio es el de mi predecesor, el canónigo Archivero, don Manuel López Sánchez Mora. Fallecido en 1979, la Caja de Ahorros de Plasencia publicó en 1986 su obra póstuma, titulada: Episcopologio. Los obispos de Plasencia. Es un librito encomiable, pero demasiado elemental. Se trata de un trabajo de indudable interés, pero que, a mi juicio, resulta a todas luces insuficiente. Al Episcopologio de Sánchez Mora le falta extensión, profundidad y sobre todo, el aparato bibliográfico que soporte las noticias históricas.

2.- La serie de obispos
La primera dificultad con la que tuve que enfrentarme fue la confección de una lista, rigurosamente histórica, de los obispos que han regido nuestra diócesis a lo largo de los siglos. Para ello, tras examinar todas las series de obispos -estudié 10 de ellas-, que daban los diversos historiadores,  pude fijar una , donde se recogen los nombres de 81 prelados, desde don Bricio (1190) hasta el actual, don Amadeo Rodríguez Magro (2003).
a).- Criterios.- Para ello, tuve que establecer previamente unos criterios, aplicables a todos y a cada uno de los obispos de la lista. Un nombre puede  quedar incluido en la mencionada serie, sólo si cumple estos dos requisitos:

Primero: Nombramiento pontificio. Por lo tanto, no basta con que una persona sea elegida por el cabildo o designada por el rey. La designación debe estar corroborada por el correspondiente documento pontificio. Se excluyen, pues, de antemano los que no aparecen en los Tabularios de la Santa Sede.
Segundo criterio Toma de posesión. Tampoco basta el nombramiento ni la simple aceptación. Es necesario que el candidato haya tomado posesión canónica de su obispado. En consecuencia, quedan igualmente excluidos de la serie de prelados los que rechazaron el nombramiento, pese a haber sido elegidos, y los que, habiendo aceptado la designación, murieron antes de haber tomado posesión de su sede. La aceptación, o no aceptación, de estos dos criterios explica las discrepancias existentes entre los diversos autores, a la hora de hacer su listado particular.
b).- La aportación de Eubel.- Esta labor seleccionadora, previa y esencial, no la hubiéramos podido llevar a cabo sin la inestimable aportación del eminente historiador alemán, el P. Conrado Eubel, de la Orden de Franciscanos Conventuales, y de sus sucesores en la titánica empresa. Su monumental obra de nueve  volúmenes hasta el momento,  que se va editando paulatinamente durante más de un siglo, se titula Hierarchia Catholica Medii Aevi -a partir del volumen IV, el título es Hierarchia Catholica Medii et Recentioris Aevi, porque abarca también la Edad Nueva, no sólo la Media-. La primera edición del volumen I vio la luz en Munich en 1898 y comprendía las series de los obispos de todas las diócesis del mundo nombrados desde 1198 hasta 1431. El último volumen publicado, el IX,  se imprimió en Padua en 2002 e incluye las listas de los obispos cuyo nombramiento es firmado por la Santa Sede entre 1903 y 1922, bajo S. Pío X y Benedicto XV, es decir, entre los obispos don Pedro Casas y Souto y don Ángel Regueras López.

3.- Mis aportaciones
Aunque de todo lo expuesto anteriormente, se deducen con suficiente claridad, al menos, algunas de las aportaciones de Los obispos de Plasencia a la historia diocesana, voy a tratar de sintetizar lo que hay de nuevo en la obra presentada en esta noche.


PRIMERA APORTACIÓN: El Manuscrito de Correas Roldán.- En primer lugar, mediante las oportunas citas de la copia de los Anales de Correas Roldán, que encontré en el Archivo Capitular, he contribuido a completar las biografías de los obispos desde principios del siglo XVI hasta 1580, en que fallece el maestrescuela de la S.I.C., el doctor don Juan Correas y Roldán. No olvidemos que Maestrescuela era una antigua Dignidad del Cabildo, junto con la de Deán, Arcipreste, Arcediano y Chantre, admitidas por el Código de 1917. En el nuevo Código de Derecho Canónico, de 1983, sólo permanece una dignidad,  la de Deán o Presidente del Cabildo. Correas Roldán,  ex párroco de Losar de la Vera, por encargo del cabildo, escribió sus  Annales de la Santa Iglesia Cathedral de Plasencia desde su fundación. El manuscrito se estaba escribiendo en 1579. Al año siguiente, en septiembre de 1580, en que murió el obispo Tello Sandoval, falleció también el maestrescuela, parece que a consecuencia de la peste. Es Correas Roldán el primer historiador riguroso, que bucea en los archivos eclesiásticos y civiles y en la historia profana de España, buscando documentos  -privilegios reales o bulas pontificias- sobre los que basa sus afirmaciones. Alonso Fernández, y todos los demás historiadores posteriores han seguido de cerca -a veces, quizá demasiado de cerca, copiándolo literalmente, sin citarlo- al maestrescuela placentino.
Para hacer accesible a todos esta importante obra, en un Apéndice, he querido transcribir el documento original del citado maestrescuela, según la copia existente en el Archivo de la Catedral placentina.



SEGUNDA APORTACIÓN: Los Archivos Pontificios.- En segundo lugar,  a través de la ingente obra de Eubel, y de sus continuadores, he intentado acercar al lector los Archivos Pontificios, fuente fundamental,  donde puede, y debe, beber la verdadera historia de las Iglesias locales. Por esa razón, al comienzo de cada pontificado transcribo, en las notas correspondientes, el texto latino, o traducido, de la Hierarchia Catholica.
El mérito fundamental de esta obra consiste en apoyar las listas de obispos, no en las referencias, muchas veces fantasiosas, remitidas por los cronistas locales - como en 1873 había hecho el P. Pío Bonifacio Gams -, sino en los documentos oficiales proporcionados por los Tabularios Pontificios. La estancia de los papas en Avignón, desde principios del siglo XIV hasta el último cuarto de dicha centuria (que tanto daño causó a la Iglesia), resultó sumamente beneficiosa para la historia, pues de esta época data la organización de los Archivos Pontificios. Queda, sin embargo, la laguna de los tiempos anteriores. Por lo que, al no haber comenzado los citados tabularios, resulta muy difícil establecer la cronología del siglo XIII.
Ni Benavides Checa, ni Sánchez Loro ni el Sr. Sánchez Mora  manejaron la obra de Eubel, esencial para proceder con verdadero rigor histórico.


TERCERA APORTACIÓN: Estudios monográficos  publicados.- Además, en tercer lugar, hay que tener presente que a lo largo de los siglos, pero especialmente en los últimos tiempos, se han publicado numerosos estudios monográficos, sobre obispos de Plasencia o acontecimientos relacionados con la ciudad o con la diócesis. Pues bien, en la medida de lo posible, he procurado completar y poner al día los datos que tradicionalmente se nos ofrecían en anteriores trabajos. Por ejemplo, se han escrito biografías de don Vicente Arias de Balboa, de don Gonzalo de Zúñiga, de don Juan de Carvajal, de don Diego de Arce y Reinoso, de don Gutierre de Vargas Carvajal, de don Pedro Casas y Souto. Ha habido tesis doctorales interesantísimas, como la de los Comuneros de Castilla, donde se mencionan los acontecimientos ocurridos en Plasencia. He podido encontrar también  el diario de navegación de la expedición financiada por el obispo don Gutierre de Vargas de Carvajal. Y todo esto sin contar los numerosos artículos de revistas, que aportan datos sobre personajes o épocas concretas. Unas veces fortuitamente, y otras, por deferencia de sus autores, han llegado hasta mí noticias interesantes, que quedan recogidas en la obra presentada.

CUARTA APORTACIÓN. El Boletín del Obispado y la Hoja Diocesana “Iglesia en Plasencia”.- A partir de 1869 comenzó a publicarse el Boletín Oficial del Obispado de Plasencia, en el que se recogen todos los acontecimientos importantes de cada episcopado. Es esta la principal fuente del último siglo y medio. Finalmente, desde 1996 la Hoja diocesana Iglesia en Plasencia, de tirada quincenal, que pasa a ser  un Suplemento del Boletín Oficial, deja constancia de los eventos diocesanos de cierto relieve.

QUINTA APORTACIÓN: Los archivos de la catedral y del Palacio episcopal.-  Así mismo he tenido la oportunidad de bucear en el Archivo de la Catedral, donde  encontré numerosos testimonios, que aportan luz clarificante sobre personas o sucesos pasados. Las Actas Capitulares son del máximo interés, así como las convocatorias, actas y constituciones de los diversos Sínodos, los testamentos de diferentes personalidades de la vida eclesial y las comunicaciones de los diversos prelados con el cabildo. Estos documentos valiosísimos se encuentran dispersos en los 283 voluminosos legajos, que integran el acervo catedralicio. Igualmente son del máximo interés los libros manuscritos, especialmente los cerca de 150 libros de Actas Capitulares, así como otros casi 50  de posesiones de obispos, dignidades y canónigos. Es cierto que en los episcopologios anteriores se consignan  numerosas citas del Archivo Capitular, pero el tesoro es tan rico y abundante, que yo he podido encontrar testimonios nuevos, de la misma manera que mis sucesores hallarán muchos más, a los que yo no he tenido acceso.  
El Archivo Diocesano, que comenzó a organizarse en el pontificado de don Antonio Vilaplana, y en cuya labor se sigue trabajando en la actualidad, posee numerosísimos documentos –que se guardan en cerca de 5.000 cajas- relativas principalmente a los siglos XIX y XX, distribuidas en tres salas del palacio episcopal.


SEXTA APORTACIÓN: Las Notas a pie de página.- Finalmente -y pese a enumerarla en último lugar, creo que es la aportación más importante-, el texto va enriquecido con numerosas notas  bibliográficas (a veces pueden parecer demasiadas), donde se señalan las fuentes de las informaciones, cuya veracidad puede constatarse. No se trata de afirmaciones gratuitas, ni de rumores o meras conjeturas, sino de hechos que pueden comprobarse documentalmente. Este importante detalle es algo que se echa de menos en obras anteriores -lo que era normal en aquellos tiempos-, quizá porque el progreso de la historiografía se ha ido imponiendo poco a poco.   

5.- Reconocimientos
            En primer lugar quiero dar gracias a Dios - autor de todo bien -, por la vida y la familia que me dio, por la vocación a la Iglesia y al Sacerdocio que inmerecidamente recibí, y por la afición a la historia y a la investigación que suscitó en mí. Y no quiero olvidarme del regalo de la coincidencia  providencial (que nadie ha buscado), de que esta presentación tenga lugar precisamente en la víspera del sexagésimo aniversario de mi ordenación sacerdotal. En efecto, recibí el Sagrado Orden del Presbiterado el 30 de mayo de 1953, mañana hará exactamente sesenta años.  Soli Deo honor et gloria.  A Él todo honor y toda gloria.
Por otra parte, ya he dejado constancia de mi gratitud – queahora reitero - en la Introducción del primer volumen de Los obispos de Plasencia al Excmo. Ayuntamiento de la Muy Noble  Muy Leal y Muy Benéfica Ciudad de Plasencia, que patrocinó aquella edición. Pero además no quisiera terminar esta intervención mía sin manifestar mi agradecimiento más sentido y sincero para cuantos han hecho posible la impresión de esta obra completa, que ahora ve la luz. Ante todo, doy las gracias más cordiales a una institución tan benemérita para con la Iglesia y para con toda actividad cultural, como era la ya extinta Caja de Extremadura, personificada en su presidente, que ha financiado la impresión de la obra presentada en esta tarde, y que hoy se encuentra incluida en la nueva institución Liberbank.
Quiero también expresar mi público reconocimiento al Excmo. y Rvdmo. Sr. Obispo, don Amadeo Rodríguez Magro, que actualmente rige los destinos de la diócesis, quien con tanto entusiasmo ha acogido este trabajo investigador y que ha tenido la gentileza de ponerse en contacto con dicha institución benéfico social para que financiase esta edición.   

Siguiendo en el mismo terreno - aun a riesgo de que se me olviden nombres de personas o de instituciones que deberían figurar en la larga lista de los reconocimientos - no puedo por menos que expresar también públicamente mi gratitud:
Al M. I. Sr. Dr. don Jacinto Núñez Regodón, ex alumno, compañero de cabildo y profesor de la Universidad Pontificia de Salamanca, de cuya Facultad de Teología es Decano, que, a pesar de sus muchas ocupaciones, con su característica amabilidad, se ha dignado presentar esta obra, como había hecho ya con el primer volumen.
Al ya difunto don Vicente Hernández García, ex párroco de Almaraz y director de la Hoja diocesana Iglesia en Plasencia, en cuyas páginas han tenido acogida, quincenalmente durante tantos años, los artículos que han dado base a esta publicación.
Al profesor titular de la Universidad de Alcalá, D. Pedro Manuel Alonso Marañón -al que estoy unido  por los lazos de la amistad y del parentesco-, que me ha aconsejado, orientado, e incluso ayudado en la redacción y presentación definitiva de este volumen que hoy ve la luz.
Al P. Sebastián García - del cual alguien dijo hace muy poco que era "más que un  archivero, el archivo viviente del Real Monasterio de Nuestra Señora de Guadalupe"-, que en ocasiones me ha prestado una valiosa ayuda, sobre todo, en determinados temas relacionados con aquel Monasterio.
Y, finalmente, al Cabildo de la catedral de Plasencia, representado por su actual Deán, don Francisco Rico Bayo y a su predecesor como presidente del cabildo el ya difunto, entrañable amigo, don Virgilio Vegazo Sánchez, cuyos fondos documentales han resultado valiosísimos para la investigación desarrollada.
Para concluir, permítaseme  recordar a cuantos lectores de la Hoja diocesana, -de forma privada, muchas veces anónima, verbalmente o por escrito-, me han animado a publicar el apunte de episcopologio, que hoy se presenta al público.
Que Dios se lo pague a todos.
Buenas tardes. Muchas gracias por su amabilidad.
Plasencia, 29 de mayo de 2013.
Francisco Gonzalez Cuesta


                                            "SEMBRANDO INQUIETUDES"