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viernes, 5 de julio de 2013

HISTORIA DE UN LIBRO. LOS OBISPOS DE PLASENCIA"

  PRESENTACIÓN DE LOS OBISPOS DE PLASENCIA

HISTORIA DE UN LIBRO


En el ya lejano 15 de octubre de 1995 vio la luz el número "0" de la Hoja diocesana Iglesia en Plasencia. Un mes más tarde, el 19 de noviembre -en que se celebraba aquel año el Día de la Iglesia Diocesana- se publicó el número 1. Y en él apareció mi primera colaboración sobre la historia del obispado de Plasencia. Durante diez y ocho semanas, fui presentando en la Hoja algunos datos de interés sobre el origen, la evolución y la situación actual de los 15 arciprestazgos placentinos.
Casi un año después, en el número 20, de 8 de septiembre de 1996, comenzó la sección titulada Los obispos de Plasencia. A petición de muchos lectores, con ese mismo título en 2002 publiqué el volumen I de la obra, que ahora ve la luz. En él se incluye la historia de los orígenes placentinos y la de los primeros obispos que gobernaron la diócesis desde finales del siglo XII hasta mediados del XVII (es decir, entre los años 1190 y 1652). Pero quedaban por estudiar los prelados que vivieron desde 1652 al 2011.
Por esa razón, durante casi una década continué investigando y escribiendo sobre los pontificados del resto de los obispos. La Hoja ”Iglesia en Plasencia¨ ha continuado –y sigue todavía-  publicando  la historia de los obispos placentinos.

Mi propósito era sacar a la luz más adelante, una parte segunda, que completase la obra iniciada. Sin embargo, siguiendo la iniciativa de D. Amadeo, nuestro prelado actual,  no se publica ahora sólo el segundo volumen, sino toda la Historia de la diócesis. Como el texto resultaría excesivamente extenso para un solo volumen, se ha optado  por hacerlo en dos tomos, que no coinciden exactamente con la división primitiva. El primero llega hasta principios del siglo XIX (1190-1803) y el segundo abarca los siglos XIX, XX y primera década del XXI (1803-2011).



La obra que ahora ve la luz no es una simple  agrupación de los artículos publicados en la Hoja diocesana. Éstos han sido ampliados -ya que encontré nuevos datos-, corregidos -enmendando errores que se deslizaron- y -lo que es más importante aún- enriquecidos con un interesante aparato bibliográfico, en el que se señalan las fuentes, inéditas o impresas, de donde se han tomado las diversas informaciones. Por esa razón, quienes tengan la colección completa de la publicación quincenal Iglesia en Plasencia pueden encontrar, a veces, diferencias notables entre el texto primitivo y el de la obra que hoy se presenta.

1.- Los episcopologios publicados
Cuando comencé mi trabajo investigador, yo  no pensaba escribir un libro que llenase el evidente vacío que había en nuestra diócesis. Porque en aquel 1996, ya en las postrimerías del siglo XX, había editados -nótese que digo "editados", por lo que no cito a Correas Roldán- sólo tres episcopologios placentinos de cierto empaque.


a).- El primero fue el de fr. Alonso Fernández, titulado Historia y Anales de la Ciudad y Obispado de Plasencia, que se publicó, en su primera edición, en 1627.  Por de pronto, quedaban por estudiar cerca de cuatro siglos, desde 1627 hasta el año 2000. Por otra parte (prescindiendo de otros detalles importantes, como el de  su originalidad), en aquella obra había lagunas e incluso errores manifiestos. Vayan sólo algunos casos, por vía de ejemplo, de los muchos que podríamos aducir. Alonso Fernández nada dice del problema que se planteó en tiempos del obispo don Sancho, a mediados del siglo XIV, cuando este prelado reclamó la  jurisdicción del obispado de Plasencia sobre Guadalupe. También omite por completo, o sólo cita de pasada, la celebración de los sínodos anteriores e inmediatamente posteriores a Trento –los de 1497, 1534 y 1566 -. En cuanto a errores, sobresale el de adjudicar el cardenalato al obispo placentino don Pedro Fernández de Soria, al iniciarse el Cisma de Occidente  en el año 1378. Incluso habla de prelados, cuya existencia histórica es más que dudosa, como  don Juan Alfonso II, don Rodrigo o don Andrés. Y, en cambio, omite otros de comprobada historicidad, como don Jimeno, cuyo nombramiento consta en los Archivos Pontificios. 

b).- El segundo intento de episcopologio placentino corresponde a la obra de don Domingo Sánchez Loro, publicada entre 1982 y 1985. Su autor lo titula: Historias placentinas inéditas. Primera parte. Cathalogus episcoporum Ecclesiae Placentinae. Esta primera parte consta de tres volúmenes, A, B, y C. Aunque Sánchez Loro proyectaba estudiar  todos los obispos que ha habido en Plasencia hasta el último cuarto del siglo XX, la muerte le impidió completar su obra, que sólo llegó hasta don Rodrigo Dávila (1470-1496). La segunda parte no vio nunca la luz. Dejó, pues, un vacío de cinco centurias, nada menos, sin la correspondiente investigación histórica. Esta obra de Sánchez Loro  tiene un mérito indudable: el de reunir y dejar constancia impresa, haciéndolos  asequibles, los textos originales de una serie de manuscritos, a los que sólo podían, aunque con cierta dificultad, tener acceso los estudiosos de la historia. El autor cita parcialmente las obras, no impresas entonces, de Correas Roldán, del jesuita Jerónimo Román de la Higuera, del comisionado de Carlos III, Ascensio de Morales, del capellán Barrio Rufo, del chantre Benavides Checa (cuyos Prelados placentinos estaban entonces inéditos), de El Curioso placentino, o del arquitecto Paredes Guillén.

Sin embargo, el método usado por Sánchez Loro no parece el más plausible. Partiendo del texto del manuscrito del maestrescuela Correas Roldán  -cuyo original confiesa poseer-, va recogiendo las noticias de cada obispo, añadiendo lo que dicen los diversos autores citados. De esta manera,  yuxtapone los textos originales, por lo que repite las noticias, y el libro adolece de cierta pesadez e incluso de no poca oscuridad.  Por otra parte, prescinde -de forma deliberada, pues ofrece historias inéditas- de la obra impresa de Alonso Fernández, que, pese a sus deficiencias, desarrolla un estudio nada desdeñable del episcopologio anterior al primer cuarto del siglo XVII.

c).- El tercer episcopologio es el de mi predecesor, el canónigo Archivero, don Manuel López Sánchez Mora. Fallecido en 1979, la Caja de Ahorros de Plasencia publicó en 1986 su obra póstuma, titulada: Episcopologio. Los obispos de Plasencia. Es un librito encomiable, pero demasiado elemental. Se trata de un trabajo de indudable interés, pero que, a mi juicio, resulta a todas luces insuficiente. Al Episcopologio de Sánchez Mora le falta extensión, profundidad y sobre todo, el aparato bibliográfico que soporte las noticias históricas.

2.- La serie de obispos
La primera dificultad con la que tuve que enfrentarme fue la confección de una lista, rigurosamente histórica, de los obispos que han regido nuestra diócesis a lo largo de los siglos. Para ello, tras examinar todas las series de obispos -estudié 10 de ellas-, que daban los diversos historiadores,  pude fijar una , donde se recogen los nombres de 81 prelados, desde don Bricio (1190) hasta el actual, don Amadeo Rodríguez Magro (2003).
a).- Criterios.- Para ello, tuve que establecer previamente unos criterios, aplicables a todos y a cada uno de los obispos de la lista. Un nombre puede  quedar incluido en la mencionada serie, sólo si cumple estos dos requisitos:

Primero: Nombramiento pontificio. Por lo tanto, no basta con que una persona sea elegida por el cabildo o designada por el rey. La designación debe estar corroborada por el correspondiente documento pontificio. Se excluyen, pues, de antemano los que no aparecen en los Tabularios de la Santa Sede.
Segundo criterio Toma de posesión. Tampoco basta el nombramiento ni la simple aceptación. Es necesario que el candidato haya tomado posesión canónica de su obispado. En consecuencia, quedan igualmente excluidos de la serie de prelados los que rechazaron el nombramiento, pese a haber sido elegidos, y los que, habiendo aceptado la designación, murieron antes de haber tomado posesión de su sede. La aceptación, o no aceptación, de estos dos criterios explica las discrepancias existentes entre los diversos autores, a la hora de hacer su listado particular.
b).- La aportación de Eubel.- Esta labor seleccionadora, previa y esencial, no la hubiéramos podido llevar a cabo sin la inestimable aportación del eminente historiador alemán, el P. Conrado Eubel, de la Orden de Franciscanos Conventuales, y de sus sucesores en la titánica empresa. Su monumental obra de nueve  volúmenes hasta el momento,  que se va editando paulatinamente durante más de un siglo, se titula Hierarchia Catholica Medii Aevi -a partir del volumen IV, el título es Hierarchia Catholica Medii et Recentioris Aevi, porque abarca también la Edad Nueva, no sólo la Media-. La primera edición del volumen I vio la luz en Munich en 1898 y comprendía las series de los obispos de todas las diócesis del mundo nombrados desde 1198 hasta 1431. El último volumen publicado, el IX,  se imprimió en Padua en 2002 e incluye las listas de los obispos cuyo nombramiento es firmado por la Santa Sede entre 1903 y 1922, bajo S. Pío X y Benedicto XV, es decir, entre los obispos don Pedro Casas y Souto y don Ángel Regueras López.

3.- Mis aportaciones
Aunque de todo lo expuesto anteriormente, se deducen con suficiente claridad, al menos, algunas de las aportaciones de Los obispos de Plasencia a la historia diocesana, voy a tratar de sintetizar lo que hay de nuevo en la obra presentada en esta noche.


PRIMERA APORTACIÓN: El Manuscrito de Correas Roldán.- En primer lugar, mediante las oportunas citas de la copia de los Anales de Correas Roldán, que encontré en el Archivo Capitular, he contribuido a completar las biografías de los obispos desde principios del siglo XVI hasta 1580, en que fallece el maestrescuela de la S.I.C., el doctor don Juan Correas y Roldán. No olvidemos que Maestrescuela era una antigua Dignidad del Cabildo, junto con la de Deán, Arcipreste, Arcediano y Chantre, admitidas por el Código de 1917. En el nuevo Código de Derecho Canónico, de 1983, sólo permanece una dignidad,  la de Deán o Presidente del Cabildo. Correas Roldán,  ex párroco de Losar de la Vera, por encargo del cabildo, escribió sus  Annales de la Santa Iglesia Cathedral de Plasencia desde su fundación. El manuscrito se estaba escribiendo en 1579. Al año siguiente, en septiembre de 1580, en que murió el obispo Tello Sandoval, falleció también el maestrescuela, parece que a consecuencia de la peste. Es Correas Roldán el primer historiador riguroso, que bucea en los archivos eclesiásticos y civiles y en la historia profana de España, buscando documentos  -privilegios reales o bulas pontificias- sobre los que basa sus afirmaciones. Alonso Fernández, y todos los demás historiadores posteriores han seguido de cerca -a veces, quizá demasiado de cerca, copiándolo literalmente, sin citarlo- al maestrescuela placentino.
Para hacer accesible a todos esta importante obra, en un Apéndice, he querido transcribir el documento original del citado maestrescuela, según la copia existente en el Archivo de la Catedral placentina.



SEGUNDA APORTACIÓN: Los Archivos Pontificios.- En segundo lugar,  a través de la ingente obra de Eubel, y de sus continuadores, he intentado acercar al lector los Archivos Pontificios, fuente fundamental,  donde puede, y debe, beber la verdadera historia de las Iglesias locales. Por esa razón, al comienzo de cada pontificado transcribo, en las notas correspondientes, el texto latino, o traducido, de la Hierarchia Catholica.
El mérito fundamental de esta obra consiste en apoyar las listas de obispos, no en las referencias, muchas veces fantasiosas, remitidas por los cronistas locales - como en 1873 había hecho el P. Pío Bonifacio Gams -, sino en los documentos oficiales proporcionados por los Tabularios Pontificios. La estancia de los papas en Avignón, desde principios del siglo XIV hasta el último cuarto de dicha centuria (que tanto daño causó a la Iglesia), resultó sumamente beneficiosa para la historia, pues de esta época data la organización de los Archivos Pontificios. Queda, sin embargo, la laguna de los tiempos anteriores. Por lo que, al no haber comenzado los citados tabularios, resulta muy difícil establecer la cronología del siglo XIII.
Ni Benavides Checa, ni Sánchez Loro ni el Sr. Sánchez Mora  manejaron la obra de Eubel, esencial para proceder con verdadero rigor histórico.


TERCERA APORTACIÓN: Estudios monográficos  publicados.- Además, en tercer lugar, hay que tener presente que a lo largo de los siglos, pero especialmente en los últimos tiempos, se han publicado numerosos estudios monográficos, sobre obispos de Plasencia o acontecimientos relacionados con la ciudad o con la diócesis. Pues bien, en la medida de lo posible, he procurado completar y poner al día los datos que tradicionalmente se nos ofrecían en anteriores trabajos. Por ejemplo, se han escrito biografías de don Vicente Arias de Balboa, de don Gonzalo de Zúñiga, de don Juan de Carvajal, de don Diego de Arce y Reinoso, de don Gutierre de Vargas Carvajal, de don Pedro Casas y Souto. Ha habido tesis doctorales interesantísimas, como la de los Comuneros de Castilla, donde se mencionan los acontecimientos ocurridos en Plasencia. He podido encontrar también  el diario de navegación de la expedición financiada por el obispo don Gutierre de Vargas de Carvajal. Y todo esto sin contar los numerosos artículos de revistas, que aportan datos sobre personajes o épocas concretas. Unas veces fortuitamente, y otras, por deferencia de sus autores, han llegado hasta mí noticias interesantes, que quedan recogidas en la obra presentada.

CUARTA APORTACIÓN. El Boletín del Obispado y la Hoja Diocesana “Iglesia en Plasencia”.- A partir de 1869 comenzó a publicarse el Boletín Oficial del Obispado de Plasencia, en el que se recogen todos los acontecimientos importantes de cada episcopado. Es esta la principal fuente del último siglo y medio. Finalmente, desde 1996 la Hoja diocesana Iglesia en Plasencia, de tirada quincenal, que pasa a ser  un Suplemento del Boletín Oficial, deja constancia de los eventos diocesanos de cierto relieve.

QUINTA APORTACIÓN: Los archivos de la catedral y del Palacio episcopal.-  Así mismo he tenido la oportunidad de bucear en el Archivo de la Catedral, donde  encontré numerosos testimonios, que aportan luz clarificante sobre personas o sucesos pasados. Las Actas Capitulares son del máximo interés, así como las convocatorias, actas y constituciones de los diversos Sínodos, los testamentos de diferentes personalidades de la vida eclesial y las comunicaciones de los diversos prelados con el cabildo. Estos documentos valiosísimos se encuentran dispersos en los 283 voluminosos legajos, que integran el acervo catedralicio. Igualmente son del máximo interés los libros manuscritos, especialmente los cerca de 150 libros de Actas Capitulares, así como otros casi 50  de posesiones de obispos, dignidades y canónigos. Es cierto que en los episcopologios anteriores se consignan  numerosas citas del Archivo Capitular, pero el tesoro es tan rico y abundante, que yo he podido encontrar testimonios nuevos, de la misma manera que mis sucesores hallarán muchos más, a los que yo no he tenido acceso.  
El Archivo Diocesano, que comenzó a organizarse en el pontificado de don Antonio Vilaplana, y en cuya labor se sigue trabajando en la actualidad, posee numerosísimos documentos –que se guardan en cerca de 5.000 cajas- relativas principalmente a los siglos XIX y XX, distribuidas en tres salas del palacio episcopal.


SEXTA APORTACIÓN: Las Notas a pie de página.- Finalmente -y pese a enumerarla en último lugar, creo que es la aportación más importante-, el texto va enriquecido con numerosas notas  bibliográficas (a veces pueden parecer demasiadas), donde se señalan las fuentes de las informaciones, cuya veracidad puede constatarse. No se trata de afirmaciones gratuitas, ni de rumores o meras conjeturas, sino de hechos que pueden comprobarse documentalmente. Este importante detalle es algo que se echa de menos en obras anteriores -lo que era normal en aquellos tiempos-, quizá porque el progreso de la historiografía se ha ido imponiendo poco a poco.   

5.- Reconocimientos
            En primer lugar quiero dar gracias a Dios - autor de todo bien -, por la vida y la familia que me dio, por la vocación a la Iglesia y al Sacerdocio que inmerecidamente recibí, y por la afición a la historia y a la investigación que suscitó en mí. Y no quiero olvidarme del regalo de la coincidencia  providencial (que nadie ha buscado), de que esta presentación tenga lugar precisamente en la víspera del sexagésimo aniversario de mi ordenación sacerdotal. En efecto, recibí el Sagrado Orden del Presbiterado el 30 de mayo de 1953, mañana hará exactamente sesenta años.  Soli Deo honor et gloria.  A Él todo honor y toda gloria.
Por otra parte, ya he dejado constancia de mi gratitud – queahora reitero - en la Introducción del primer volumen de Los obispos de Plasencia al Excmo. Ayuntamiento de la Muy Noble  Muy Leal y Muy Benéfica Ciudad de Plasencia, que patrocinó aquella edición. Pero además no quisiera terminar esta intervención mía sin manifestar mi agradecimiento más sentido y sincero para cuantos han hecho posible la impresión de esta obra completa, que ahora ve la luz. Ante todo, doy las gracias más cordiales a una institución tan benemérita para con la Iglesia y para con toda actividad cultural, como era la ya extinta Caja de Extremadura, personificada en su presidente, que ha financiado la impresión de la obra presentada en esta tarde, y que hoy se encuentra incluida en la nueva institución Liberbank.
Quiero también expresar mi público reconocimiento al Excmo. y Rvdmo. Sr. Obispo, don Amadeo Rodríguez Magro, que actualmente rige los destinos de la diócesis, quien con tanto entusiasmo ha acogido este trabajo investigador y que ha tenido la gentileza de ponerse en contacto con dicha institución benéfico social para que financiase esta edición.   

Siguiendo en el mismo terreno - aun a riesgo de que se me olviden nombres de personas o de instituciones que deberían figurar en la larga lista de los reconocimientos - no puedo por menos que expresar también públicamente mi gratitud:
Al M. I. Sr. Dr. don Jacinto Núñez Regodón, ex alumno, compañero de cabildo y profesor de la Universidad Pontificia de Salamanca, de cuya Facultad de Teología es Decano, que, a pesar de sus muchas ocupaciones, con su característica amabilidad, se ha dignado presentar esta obra, como había hecho ya con el primer volumen.
Al ya difunto don Vicente Hernández García, ex párroco de Almaraz y director de la Hoja diocesana Iglesia en Plasencia, en cuyas páginas han tenido acogida, quincenalmente durante tantos años, los artículos que han dado base a esta publicación.
Al profesor titular de la Universidad de Alcalá, D. Pedro Manuel Alonso Marañón -al que estoy unido  por los lazos de la amistad y del parentesco-, que me ha aconsejado, orientado, e incluso ayudado en la redacción y presentación definitiva de este volumen que hoy ve la luz.
Al P. Sebastián García - del cual alguien dijo hace muy poco que era "más que un  archivero, el archivo viviente del Real Monasterio de Nuestra Señora de Guadalupe"-, que en ocasiones me ha prestado una valiosa ayuda, sobre todo, en determinados temas relacionados con aquel Monasterio.
Y, finalmente, al Cabildo de la catedral de Plasencia, representado por su actual Deán, don Francisco Rico Bayo y a su predecesor como presidente del cabildo el ya difunto, entrañable amigo, don Virgilio Vegazo Sánchez, cuyos fondos documentales han resultado valiosísimos para la investigación desarrollada.
Para concluir, permítaseme  recordar a cuantos lectores de la Hoja diocesana, -de forma privada, muchas veces anónima, verbalmente o por escrito-, me han animado a publicar el apunte de episcopologio, que hoy se presenta al público.
Que Dios se lo pague a todos.
Buenas tardes. Muchas gracias por su amabilidad.
Plasencia, 29 de mayo de 2013.
Francisco Gonzalez Cuesta


                                            "SEMBRANDO INQUIETUDES"

miércoles, 26 de junio de 2013

FRANCISCO LORENZANA Y BUTRÓN

Francisco Antonio de Lorenzana y Butrón (León22 de septiembre de 1722 - Roma,17 de abril de 1804), cardenal, historiador, liturgista y humanista ilustrado español, hermano del deán de Zaragoza y obispo de Gerona Tomás de Lorenzana.
Biografía
Tras completar sus estudios en el colegio jesuita de su ciudad natal, entró al estado eclesiástico y alcanzó una canonjía en Toledo. Desde el 5 de junio de 1765 al 14 de abril de 1766 asumió el obispado de Plasencia, (no de Palencia, como más de una vez se ha escrito erróneamente). De ideología acentuadamente regalista, impulsó la expulsión de los jesuitas en 1767. Desde el 14 de abril de 1766 al 27 de enero de 1772 asumió el arzobispado de México, donde desplegó una energía y capacidad de trabajo tales que se hizo tan famoso como temido, sobre todo por los conventos de monjas, cuyos estatutos intentó reformar, y por los jesuitas, contra los cuales chocó desde el principio. Supo conjugar la fe católica con el reformismo ilustrado e intereses sociales e incluso científicos.
Recogió y publicó las actas de los primeros concilios provinciales de México en 1555,1565 y 1585: Concilios provinciales, I, II, III, de México (México, 1769-70). En 1771 él mismo convocó el cuarto concilio provincial mexicano, que comenzó el 13 de enero y terminó el 26 de octubre. Desafortunadamente sus decretos, que envió a Madrid para ser confirmados, no fueron aprobados por los monarcas ni por el Papa y quedaron sin publicar. También se dedicó a la historia profana escribiendo y anotando prolija y eruditamente una Historia de la Nueva España, escrita por su esclarecido conquistador Hernán Cortés (México, Joseph Antonio de Hogal1770) que incluye la primera edición mexicana de las Cartas de Relación de Hernán Cortés, con importantes mapas y ampliaciones con textos de Lorenzo Boturini Benaducci y fray Agustin de Betancourt. Fomentó también la elaboración de gramáticas indígenas, proyectos de urbanismo y diversas excavaciones y estudios relacionados con las antigüedades mexicanas, y produjo varios catecismos para párrocos y niños.
El infatigable arzobispo volvió a España en 1772 para colocarse a la cabeza de la archidiócesis de Toledo hasta el año 1800 en que renunció al puesto en teoría por razones de salud, si bien la causa verdadera eran sus conflictivas relaciones y roces con el valido Manuel Godoy. Allí reunió una gran biblioteca que hizo pública en 1771 y levantó un apropiado y funcional edificio para la misma. Formó una colección de 379 incunables, cerca de mil manuscritos de los siglos XI al XIX y más de 100.000 libros impresos entre el siglo XVI y el XIX, que constituyeron el núcleo de la Biblioteca Pública del Estado en Toledo, integrada en 1998 en la actual gran Biblioteca de Castilla-La Mancha.
Buscó y preparó la edición de los antiguos escritores hispano latinos toledanos, que apareció publicada al fin bajo el título SS. Patrum Toletanorum opera (Madrid, 1782-93). Asimismo preparó la edición del breviario gótico del rito mozárabe, Breviarium Gothicum  (Madrid,1775), y del misal mozárabe Missale Gothicum (Roma1804). En las introducciones a estas ediciones discurre con gran erudición sobre liturgia mozárabe. Mandó realizar las llamadas Descripciones o Relaciones de Lorenzana (1784), un cuestionario de catorce preguntas al que debían contestar los vicarios, jueces eclesiásticos y curas párrocos del arzobispado para recabar información de todo tipo sobre la archidiócesis, sobre aspectos tan variados como los sistemas de cultivos, las limitaciones climáticas, la comercialización de los productos, la bondad de sus aguas o la enfermedad más común que se sufría en su pueblo, entre otras informaciones fundamentalmente de naturaleza geográfica. El manuscrito con las respuestas se conserva en el Archivo Diocesano de Toledo. Y junto al interés por el presente de su diócesis, sintió casi el mismo por su pasado medieval: quiso editar las obras de primitivos autores cristianos toledanos venerados en Toledo, como San EugenioEulogioSan Ildefonso y Julián de Toledo, pero también recuperó el Manus fortis de Maimónides, mostrando así su multiculturalismo. La ingente tarea fue posible gracias a la colaboración de importantes eruditos, como su bibliotecario Pedro Manuel Hernández, el padre Enrique FlórezFrancisco Pérez BayerFaustino Arévalo o Francisco de Santiago Palomares. Consciente del espíritu de su siglo, Francisco Antonio de Lorenzana creó también un gabinete de historia natural y un museo de antigüedades (durante su estancia en México reunió una interesante colección de objetos etnográficos procedentes de los indios de California, cuadros de mestizaje pintados en Puebla de los Ángeles, piezas de cerámica de Tonalá (Guadalajara) y bateas de Michoacán, que trasladó a Toledo, desde donde se dispersaron por diferentes instituciones españolas). Por otra parte, encomendó al académico alicantino Ignacio Haan la construcción de un nuevo edificio para la Real Universidad de Toledo, el hoy llamado Palacio del Cardenal Lorenzana, y la rehabilitación del Palacio Arzobispal, así como la construcción del Hospital del Nuncio Nuevo y la Puerta Llana de la catedral. La Biblioteca Arzobispal, de gran importancia y abultada por los fondos exclaustrados de los jesuitas, se vio enriquecida con el Fuero Juzgo. Entre 1794 y 1797 fue nombrado Inquisidor General.
Fue asimismo un gran mecenas y protegió y alentó en Roma los proyectos del jesuita expulso, filólogo y humanista extremeño Faustino Arévalo, muy parecidos a los suyos, y le tuvo como secretario hasta su muerte. Al acaecer la misma, Arévalo pronunció su elogio fúnebre. En gran parte la edición de Arévalo de las S. Isidori  Hispalensis Opera Omnia (Roma, 1797-1803) se debió a su empeño personal.
Su labor social fue memorable, aunque sus sucesores no supieron estar a la altura del formidable impulso que dio a estas empresas; fundó dos hospicios, en Toledo y Ciudad Real, en los que además se instruía a los menesterosos en faenas para que se ganaran la vida con una idea típicamente ilustrada de los beneficios que reporta la caridad activa. Acogió a los religiosos franceses emigrados por la Revolución francesa.
Fue nombrado cardenal el 30 de marzo de 1789 por Pío VI y tras participar en el cónclave tras su fallecimiento (1799-1800), renunció a su arzobispado y acompañó al antiguo cardenal Chiaramonti y nuevo Papa Pío VII a Roma y allí permaneció hasta su muerte. En 1801 fundó una nueva Academia Católica en la Ciudad Eterna. A su muerte nombró como herederos suyos a todos los pobres. Su sepulcro está en Roma, pero fue trasladado a Ciudad de México.
En la sala capitular de la Catedral de Toledo se conserva el retrato del cardenal, realizado por el pintor Zacarías González Velázquez.
          "SEMBRANDO INQUIETUDES"



viernes, 31 de mayo de 2013

SEPULTURAS LABRADAS EN ROCAS.

LA TUMBA DE LA PRINCESA
Dentro de  las sepulturas labradas en las rocas, creemos que corresponden a periodos tardos romanos, o a etapas posiblemente anterior. En nuestra zonas este tipo de enterramiento se prodiga ampliamente, tenemos registrado medio centenar, entre el valle del Jerte, la Vera y el Valle de Granadilla, con la peculiaridad de estar labradas en granito y  los pies orientados hacia el naciente.
Son iguales o muy semejantes entre sí las enclavadas en cada zona; pero diferente de un valle a otro. Suelen localizarse en lugares bajos de las laderas y más raras en las zonas en las zonas libres de declives montañosos.
Todas están violadas y en algunas hemos encontrado las tapas o cubierta que tenían.
Una de ella sobresale sobre las que hemos visto, es la que  encuentra localizada en la finca “El Robledo” término municipal de Malpartida de Plasencia, lindando con la finca de Cuadrilleros.
Se encuentra a una altitud de 490 metros., 40º 2´¨40” Norte, 6º 1´ 17” Oeste.
SUBIENDO AL CERRO DE CASTILLEJO
Tiene un perímetro de largo exterior de 2,05 metros y interior de 1,90 metros
Perímetro interior de 48 cm, y exterior de 67 cm.

Parece presentar dos cabezas de 27 cm la del naciente y con una profundidad de 43 cm, y la de poniente 33 cm, con una profundidad de 30 cm. Por lo que podía pensarse que la tumba era para dos personas madre e hijo.

La llaman la tumba de la princesa, es la que sobresale de todas las 
que se encuentran en la zona. Esta labrada sobre un alto canchal que forma parte del denominado Cerro de Castillejo.

No solo ha sido excavada en su interior sino que también ha sido rebajada en su contorno externo, dándole así una apariencia monumental, exenta, sobre el firme de apoyo del núcleo granítico. 

Es de reducida  proporciones y parece corresponder a un cuerpo joven. El canchal sobre el que esta labrada no tiene contactos laterales con ninguno de los del alrededor.

Creemos que este monumento revela el profundo afecto sentido por el “clan” hacia la persona a quien fue destinado.

En la Vera aparecen dos nuevos elementos que no se ven en los valles anteriores, Uno es el resalte que al modo de almohada, existe en un lugar destinado a la cabeza., se levanta del resto del fondo unos dos o cuatro centímetro.. El otro elemento está representado por una excavación fuera de la tumba, inmediato a ella, en su lado derecho, de pequeño tamaño y circular, que se puede interpretar como una mesa de ofrenda a los muertos.



TUMBA DE LA PRINCESA
Como curiosidad cuando se llevó a cabo la pavimentación de la Iglesia de San Martin de Plasencia, inmediato a su puerta sur, apareció un sepultura excavada en la roca con las característica generales de este tipo de enterramientos.


Otro hecho curioso y a tener en cuenta, es la falta de existencias de tumbas en la sierra de la orilla izquierda del Jerte, mientras que son tan abundantes en la opuesta, tan cercana la una de la otra, y siendo ambas de la misma constitución geológica.


Departamento de Investigación de la A.C.P. "PEDRO DE TREJO"
                            "SEMBRANDO INQUIETUDES"

viernes, 22 de marzo de 2013

PLASENCIA, FERIA TAURINA DEL AÑO 1898.


Efemérides Placentinas.
Para la Feria del año 1898 se había confeccionado el cartel taurino de la forma siguiente; el primer día Rafael Guerra (Guerrita). El As del toreo en aquella época,  y Antonio de Dios Moreno (Conejito), intimo y protegido del Goloso; para el segundo día estaban anunciadas las Cuadrillas de niñas toreras, capitaneadas por Dolores Prentel y Angelita Armegol, la animación era extraordinaria.
 Desde días antes, el Club Guerrita presidido por el buen aficionado don Julián Simón , maestro nacional, hombre simpático, elegante, buen polemista en todos los asuntos taurinos, y gran partidario de su torero Guerrita. El club estaba situado en la calle de san Idelfonso nº 1, en la que no faltaban además de una fotografía del Diestro, varios fotograbados de revistas graficas taurinas con diversos motivos, anuncios en seda, cabezas de toro, y moños hechos y regalados por las señoritas de entonces.
Bullía diariamente el Club con el entrar y salir de los socios trayendo y llevando noticias, unas veraces y otras de fantasía; para todos los gustos. Allí el jacarandoso diestro de la Ciudad, Antonio Carvajal, peinado a lo torero, con sus persianas y un tupe hombruno de ala ancha, traje corto, y ceñido cadena y dije de oro, formaba pareja con Leoncio González (Blanquillo) honrado artesano, albañil, buena figura y valiente; el taciturno Antonio Norberan, buen banderillero y mejor persona; Juanito Soroña y Silva y Ángel Delgado Gregorio,  picadores en las novilladas caseras que se celebraban frecuentemente; el diminuto Fernando Verea, simpático, dinámico, gran aficionado a la guitarra que tocaba con gusto exquisito y tantos otros… que en su recuerdo detallado en esta líneas perdure en el ánimo de los aficionados y en la historia taurina de la Ciudad.

Desde dicho Club, enfilando la calle Pedro Isidro arriba, en oleadas continuas, los socios recolaban en “La Taurina” establecimiento de bebidas y de conversación situado debajo de los portales, donde se hacían los más graciosos comentarios con motivo de una u otra cosa sucedida; la cuestión era pasar el rato.
Como todo llega, llego por fin el día de la Fiesta, pues dos o tres días antes el tiempo comenzó a ponerse turbio  y se sucedieron los chubascos terminando con claros de sol. D. Antonio Lubián, cordobés muy afable y  simpático, empresario o representante de la empresa de la corrida, sentado en la terraza del Café Romero, se jartaba, de mirar al cielo y preguntar a unos y a otros si sabían algo de cuando iba a dejar de llover, y entre chato y chato de vino ni idea y acompañado de unos cuantos buenos amigos, D. Juan Silva, D. Juan Ocaña, D. Román Mora, D. José Romero, D. Manuel Cuevas, D. Juan Barona, D. Román Jiménez Millán y Amalio Arroyo Serapio apodado “el Chato”, que formaban parte de la primera Peña Taurina de Plasencia, en fin de todos los viejos y jóvenes que acudían al popular café Romero se comentaba la inestabilidad del tiempo, si se daría o no la corrida con el disgusto consiguiente;  y la corrida se dio porque el Guerra así lo quiso; no podía suspenderse porque él tenía las fechas posteriores comprometidas y de no darse, había que matar los toros en los corrales y perderlo todo, y fueron a la plaza; después del paseo, empezó a llover fuertemente estropeando  el trabajo que se había hecho por la mañana para poner el ruedo en condiciones; el tendido se quedó desocupado, únicamente un señor con un impermeable echada la capucha, se quedó solo en la barrera debajo de la presidencia aguantando el chaparron; los toreros en la puerta de arrastre envueltos en sus capotes unos de ellos, “ El Guerra”, hablando con el señor del impermeable y con  otro señor  en el callejón.
Cesa la lluvia, pero el suelo esta imposible, unas ordenes se dieron, entonces entraron en el redondel unos cuantos obreros armados con escobas para quitar el agua, el Guerra, señala los sitios más peligroso, pero debido a la torpeza de unos de los obreros no entiende lo que se le ordenaba,  hace que Guerra  salga al redondel, coge la escoba y barre un gran charco pero al mismo tiempo salta el señor del impermeable y agarra la escoba de otro obrero, comenzando al lado del Guerra hacer la misma faena, pero hay otro señor que va junto a ellos haciendo lo mismo .
Aclara la tarde y se da la corrida que fue estupenda; ha quedado en los anales taurinos como una de las más grandes corridas que lidió el coloso cordobés, que dio prueba de sus buenos deseos y amistad a los aficionados que le ayudaron en su barrido, que fueron D. José Romero García y Rafael Torres Canals.
Terminada la corrida en la “Fonda Romero”, el empresario D. Julián que pueden imaginarse como estaría, decía a los amigos que le rodeaban, en este pueblo solo le hace falta a ustedes  el Arca, que el diluvio es de vosotros.

Datos obtenidos de la revista de feria. Junio 1959.
Jose Antonio Pajuelo Jimenez - Pedro Luna reina
Pubicado el 22 de Marzo de 2013, en el antiguo bloc de la vozdemayorga.


domingo, 17 de marzo de 2013

DIEGO DE GRADOS, MAESTRO CAPILLA




UNAS REÑIDAS OPOSICIONES AL CARGO DE MAESTRO DE CAPÌLLA EN LA CATEDRAL DE PLASENCIA.- SIGLO XVII



Fueron en tiempos pasados muy apetecidos los cargos de música en la Catedral de Plasencia. A ellos se presentaban bastantes competidores en reñidas oposiciones, músicos ya experimentados en el oficio y que habían ejercido el Magisterio en otras Iglesias y el Cabildo se esmeró siempre  en escoger lo mejor. Expondremos a nuestros lectores unas oposiciones al cargo de Maestro de Capilla, sumamente interesantes.

NOMBRAMIENTO DE MAESTRO DE CAPILLA A DIEGO DE GRADOS, 26 NOVIEMBRE 1622.
Por mandato de los señores Deán y Cabildo , el licenciado Diego de Grados, digo de Bruceña, ( es error del copista), Racionero y Maestro de Capilla  de la Santa Iglesias de Zamora, juez que vino para el examen de los opositores al Magisterio de Capilla de esta Santa Iglesia, hizo relación como Diego de Grados, clérigo, presbítero, sustituto de de Maestro de Capilla de la Santa Iglesia de Sevilla y Manuel Rodríguez Galván, maestro de Capilla de la Santa Iglesia de Badajoz  y Juan de Riscos, maestro de Capilla de la Iglesias de Úbeda y Gerónimo de León, maestro de Capilla de la Iglesia de Medina del Campo y –Diego Pontac, opositores al dicho Magisterio de Capilla de esta Santa Iglesia han hecho sus oposiciones y actos y exercícios de oposición según y como el dicho Maestro Diego de Bruceña les ha ordenado y mandado y habiendo hecho de ello relación en este Cabildo y de los Méritos de cada uno de los dichos opositores y salió del Cabildo. Luego los dichos señores Deán y Cabildo habiendo oido y entendido la Relación hecha por el dicho Diego de Bruceña, nemine discrepante, Dijeron que nombraban y nombraron o elegían o eligieron por Maestro de Capilla al dicho Diego de Grados con el salario de trescientos ducados y treinta y seis fanegas de trigo cada año y la comodidad de los seises puesto en los editos con las cargas y obligaciones que el dicho Magisterio tiene y conforme los estatutos de Maestro de Capilla y autos capitulares que sobre esto hay y que dicho salario le corra desde primeros de octubre de este y así que entre en este Cabildo  a jurar los estatutos del Maestro de Capilla. Y el dicho Di.ego de Grados entró en dicho Cabildo y que  estando de rodillas ante el altar que en la dicha sala de Cabildo está, juró de guardar los dichos estatutos, autos de Capitulares y mandamientos del Cabildo. Acordaron y  a mandaron que el Sr. Canónigo Gregorio de Vargas, Mayordomo de la fábrica, dé al Maestro Diego de Bruceña cien ducados de oro o plata y además de esto que pague la costa de ida, estada y vuelta a Zamora. Y que a los cuatro opositores que quedan se les den a cada uno treinta ducados para su camino y que el Señor Chantre escriba una carta a la Santa Iglesia de Zamora en agradecimiento de haber dado licencia al dicho Maestro Diego de Bruceña. (Archivo Catedral, Actas Capitulares, libro 20, folio 526, 26 noviembre 1622).
Poco tiempo permaneció en su cargo de Maestro de Capilla Diego de Grados. En 7 de Julio de 1623, fue despedido por el Cabildo, al parecer por incumplimiento de sus obligaciones, dándosele 50 ducados “para su camino”, aunque la mitad del Cabildo estuvo de su parte y la otra mitad en contra. (Act. Cap. Libr 21, Fols. 6 y 7) No conforme con esto, Diego de Grados entabla pleito contra el Cabildo, fallando a favor del Deán y Cabildo el Provitro de Capilla Juan de Rissor, Dr. D. Juan de Sosa en  sentencia dictada el 13 de noviembre de 1623, pagando las costas del pleito cada una de las partes, a mitad. Sucedía esto en el Pontificado del Obispo D. Sáncho Sávila. (Archivo Catedral, Legajo 22, pieza 17). Diego de Grados debió de marchar a Madrid, de donde era natural, y por aquel tiempo no se descarta la hipótesis de que en ese tiempo fuera discípulo del gran polifonista valenciano Juan Bautista Comes, que a la sazón se encontraba en la Corte de teniente de maestro de la Capilla Real. Mas tarde vemos a Diego de Grados de Maestro de Capilla del Colegio del Patriarca de Valencia, del 24 de abril de 1625 al 12 de agosto de 1627, fecha en que murió Juan Bautista Cosmes en 1628. ( Conf. J. Climent y J. Piedra,”Juan Bautista Cosmes y su tiempo”. Madrid, 1977, pags. 9 a, 97 y 137).
Como en la oposiciones que antes hemos referido todos los opositores fueron aprobados, el Cabildo se fijo en la competencia de ellos, evitó nuevas oposiciones y fue llamando al cargo de Maestro de Capilla a alguno de ellos. Tal cosa sucede con Manuel Rodriguez Galvan, maestro de Capilla de Badajoz.
“Rescibimiento de maestro de Capilla al de Badajoz. Commetieron al señor D. Diego de Aguilera, Chantre, se haga diligencia y escriba a Manuel Rodríguez Galván, Maestro de Capilla de la Santa Iglesia de Badajoz, venga a servir este magisterio de Capilla en que desde luego por tal Maestro le nombraron con el salario que tenía Diego de Grados de trescientos ducados y treinta  las mismas condiciones, cargas y obligaciones de dicho Oficio y que para ello despache propio por cuenta de la fábrica” (Arch. Cat. Act. Cap. Libr. 21, fol, 8,, v.º).Sucedía esto en 21 de julio de 1623.
Lo mismo sucedió a los 10 años con Juan de Risscos, por entonces Maestro de Capilla de Antequera, sucediendo en 23 de junio de 1633 en el cargo de Maestro de Capilla de nuestra Catedral a Manuel Rodríguez Galván.
“ Nombramiento de Maestros. Rescivieron y nombraron por Maestro de Capilla de esta Santa Iglesia a Juan Benitez de Riscos, Maestro de Capilla de la Iglesia de Antequera, con trescientos fábrica y con las condiciones que se recibió a su antecesor Manuel Rodríguez Galván y que tenga a su cargo los seises, que le corra el dicho salario desde este día” (Arch. Cat. Act. Cap. Libr. 21, fol. 590, vº.)
Dicho Juan de Riscos oposita mas tarde en 1637 a la plaza de Maestro de Capilla de Jaén y no debe confundirse con otro del mismo nombre que oposita en Granada a Maestro de C apilla con el célebre Maestro Luis de Aranda. (Conf. J. López Calo, “La Música en la Catedral de Granada en el siglo XVI”, Granada 1963, I, pág. 171)
Finalmente unas palabras sobre otro de los opositores en las mencionadas oposiciones de 1622: Diego Pontac. (Son muchos Diegos en una sola oposición). Se trata de un músico de verdadera categoría. Mientras algunos autores, como  Anglés, lo colocan entre los músicos de la escuela religiosa de polifonía valenciana del siglo XVII, “ cuando queramos estudiar a fondo la producción musical de la escuela valenciana, tendremos que estudiar también la figura eminente  de Diego Pontac” (Wolf-Anglés, “Hist. De la Mús.” Edt, Labor, 1965, pag. 411), otros como Subirá, ( J. Subirá, “Hist. de la Mus.” Salvat1947, II, pag. 68) se inclinan mas a colocarlo en la escuela aragonesa, ya que fue formado por el maestro Pujol en la Catedral de Zaragoza y allí estudió contrapunto con Rimonte. Pontac abstuvo puestos de maestro de Capilla en Salamanca, -Convento de la Encarnación  de Madrid, catedrales de Granada y Valencia y en la Capilla Real de Madrid.
Así se hilaba de fino en la elección del cargo de Maestro de Capilla en nuestra Catedral de Plasencia-
Datos recopilados de D.Román Gómez Guillén, Canónigo Prefecto de Música.


JosÉ Antonio Pajuelo Jiménez. Pedro Luna Reina.
      

                                                      "CREANDO CULTURA".



sábado, 2 de marzo de 2013

Los organeros Fabri en la Catedral de Plasencia.


LOS ORGANEROS FABRI EN LA CATEDRAL DE PLASENCIA.- SIGLO XVII

         Es un tema interesante hablar de los organeros que en el de curso de los siglos pasaron por nuestra Catedral y que no puede omitirse al tratar de los órganos de la misma.
         Nos ocupamos en este artículo de Horacio y Juan Francisco Fabri, organeros de origen napolitano, que se afincaron por esta región durante algún tiempo. Los documentos que hemos visto no señalan la clase de parentesco entre Horacio y Juan Francisco Fabri, pero tenemos sólido fundamento en afirmar que se trata de padre e hijo, como en otras muchas familias de organeros.
Horacio Fabri. Sabemos de él que en 1595 construyó un órgano para el Monasterio de Santa María de Monjas Jerónimas de Trujillo, tristemente desaparecido. De Horacio Fabri tenemos una referencia en los documentos del archivo catedralicio donde aparece como organero y que data de año 1602. “Oracio Fabri, mandaron busca una escritura que dice la parte de Oracio Fabri que entregó al Cabildo en resguardo de la fianza que dio y obligaron que hizo de que el realexo de esta Sancta Iglesia en cinco años no haría vicio, la cual escritura era de ciertos maravedís que de un órgano le deben en el Losar y cometieron el Sr. Racionero Alonso Paniagua en los papeles del Sr. Racionero Cristobal Sánchez que esté en el cielo, lo haga buscar y hallándose le traiga para el primer Cabildo”. Como vemos, bajó en el Realejo de la Catedral, aparte de un órgano que construyó para la parroquia en El Losar (Archivo Catedral, Actas Capitulares, Libro 17, fol, 472, vº, 4 mayo 1602).
Oracio Fabri contrae matrimonio en Plasencia en la parroquia de San Esteban el 17 de abril de 1596. Hemos tenido la suerte de encontrar la partida de matrimonio que transcribimos a continuación: “ En la ciudad de Plasencia, a diecisiete días del mes de abril del año mil quinientos noventa y seis, yo Alonso Jiménez, cura de San Estaban, habiendo precedido las amonestaciones que manda el Santo Concilio, desposé por palabras de presente que hacen verdadero matrimonio, a Oracio Fabri, organista, con María Gutiérrez, viuda, hija de Pablo Merinero y de Isabel López, su mujer. Testigo Cristóbal Godoy y García de Rosa y Gaspar de Sauceda” (Archivo parroquia de San Esteban de Plasencia, libro de Matrimonios, n. 10, fol. 53). Hemos de hacer constar que la palabra “organista” en el siglo XVI y anteriores, designa al organero. ( Vid. Ramón González Amezúa, “Perspectiva para la historia del órgano español” página 25, Madrid, 1970.
         Sobre Juan  Francisco Fabri damos a conocer los siguientes documentos: “ Mandaron consultar si se dará de salario a Juan Francisco Fabri ocho mil maravedises cada año porque aderece lo órganos y realexo de esta Sancta Iglesia y que le corra desde primeros de este mes de mayo y que entre en esto lo que en el realexo y órganos hubiere aderezado. Mandaron dar el salario como está dicho al dicho Juan Francisco Fabri, Maestro de hacer órganos” (Act. Cap. Libr. 18, fol. 368, 10 mayo 1605.)
         Muy del agrado y a plena satisfacción del Cabildo debió de resultar el trabajo de Juan Francisco Fabri, ya que a los pocos días se le nombra organero de la Catedral de un modo estable y se asigna como sueldo 10.000 maravedies al año.” Ordenaron y mandaron que a Juan Francisco Fabri, maestro de hacer órganos, se le den diez mil maravedíes del salario cada año, que corran desde el primero de este presente mes de mayo porque se obligue a tener siempre templados y aderezados lo órganos y realexo de esta Sancta Iglesia, reparando los daños que tuvieren de remiendos o ratonaduras y que si se quebrare o rompiere alguna cosa o algún caño esté obligado a aderezarlos, dando la Iglesia los materiales y dello ha de hacer escritura y por el aderezo que hizo del Realexo no ha de llevar cosa alguna y cometieron al Sr. Lcdo. Benevides, canónigo, haga con él la escritura y para todo ello le dieron comisión bastante.” ( Act. Cap. Libr. Cit. Fol. 373, Vº, 23 mayo 1605.       
 Es de resaltar la confianza del Cabildo en estos asuntos dada al entonces canónigo doctoral, Lcdo. Don Gaspar Martine Benavides. A él le dieron en otras ocasiones comisiones tan importantes como la gestión acerca de Juan Bautista Celma para terminar la verja del coro de la Catedral y que detallamos a continuación. “Cometieron al Sr. Lcdo. Benavides, canónigo, haga todas las diligencias necesarias para que se acabe la reja, así con Bautosta  Celma como y con quien más convenga y que en ello gaste lo necesario.” ( Act. Cap. Libr. 17, fol. 539. Vº). Sucedía esto el 19 de octubre de 1602.
        
 Datos recogidos de D.  Ramón Gómez Guillén (+), canónigo prefecto de Música.

José Antonio Pajuelo Jimenez - Pedro Luna Reina.


                                                "CREANDO CULTURA"