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viernes, 22 de abril de 2016

LA POSADA DE LA CISTERNA


LA POSADA DE LA CISTERNA

A muchas personas les resultará desconocido este nombre de  “La Posada de la Cisterna”. Para informarles, les diremos que la Posada de la Cisterna era lo que hoy conocemos como “Centro Cultural las Claras”  de Plasencia.
Para tener una visión del paso del tiempo, hemos rescatado de nuestros viejos papeles un artículo que escribía  don Manuel López Sánchez-Mora  en el periódico  El Regional en el año 1970,


Periódico “El Regional”  - día 02 de junio de 1970

Con este nombre se conoce todavía la que ya no es posada, aunque conserve la cisterna, de tan práctica aplicación antiguamente.

Era una de las que en tiempos pasados albergaba a los que venían a mercados y ferias procedentes de Malpartida, Carcaboso, Montehermoso y Valdeobispo, así como había otras en que se hospedaban los procedentes de la Vera y el Valle que entraban en la ciudad por la puerta y la calle del Sol.
Nunca había puesto yo los pies en la posada de la Cisterna a pesar de que en mis años jóvenes se la hizo protagonista de un suceso convertido en folletín por la imaginación popular, por lo que fue largos días objeto de nuestras conversaciones y de la visita tumultuosa de muchos vecinos y sobre todo vecinos de la ciudad.
Sabía que formaba parte de lo que fue casa solariega del matrimonio Camargo-Carvajal primero y luego del Convento de las Claras, fundado por aquellos píos esposos. Y tenía  para mí la Capilla que fue del Monasterio  el inolvidable recuerdo de haber sido en ella donde por primera vez un día de san Antonio oficié de Subdiácono, antes de cantar Misa, con toda la emoción de las primeras actividades ministeriales.
En 1958 cuando vinieron Restauradores del Museo del Prado a limpiar los cuadros del Retablo de la Catedral entré por primera vez en la Posada para ver las pinturas de un alto techo, pero era tal la ausencia de luz que nada pudimos apreciar. Una amable invitación de los propietarios de la casa me ha hecho visitarla recientemente y ver con ayuda de un potente foco eléctrico buena parte de lo que un artista consumado dejó allí estampado con materiales tan ricos que basta pasar una esponja por el polvo y el abandono de varios siglos para que aparezcan con toda viveza los colores primitivos, que han aguantado incluso el humo de años en que el local estuvo dedicado, según nos dicen, a secadero de tabaco.
Recordemos algo de la historia de la casa antes de entrar en detalles de lo que todavía conserva del antiguo esplendor.
En la segunda mitad del siglo XV doña Sevilla López de Carvajal, casada con don Alonso Ruiz de Camargo, otorgaba testamento disponiendo que en las casas que fueron de sus padres (en la calle del Rey, esquina a doña María de Molina) se edificase un Convento. Nombraba usufructuario vitalicio de sus bienes al marido que por razones largas de explicar no levantó el Convento en las casas de los suegros, heredadas por la esposa muerta, sino en la suya sita en la calle de Santa María (hoy Obispo don Domingo Jiménez) con salida a la calle de Trujillo. Con bienes de la mujer y propios dotó al Convento suficientemente y a finales del XV ya estaban allí las primeras Clarisas. El Convento era amplísimo como todavía puede apreciarse. Se conservan en la portada de la Iglesia (obra de Rodrigo Alemán, el de la sillería y el Puente Nuevo) y repetidísimos en el interior los escudos de los fundadores: los cinco calderos de los Camargos y la banda transversal con bordura de ramas de roble o encinas (carvallo en Galicia) de los Carvajal. (Sabido es que la bordura es lo único que distingue este blasón del de los Zúñigas que la llevan de cadenas porque provienen de Navarra).
Eran tan distinguidas las familias a que pertenecían las monjas del Convento de Santa Clara que Nobles, Títulos y Reyes porfiaron por honrarle y ampliarle. El mismo don Fernando el Católico le regaló una casa aledaña (hoy Editorial Sánchez Rodrigo) que había sido de un judío de los expulsados; y un Canónigo, Sánchez de Tamayo, le dio la suya, junto a la anterior, esquina a la Plaza de la Catedral, donde había nacido Galíndez de Carvajal.
La Iglesia, que hemos visto varios años dedicada a almacén de los artículos más extraños, paso a ser propiedad del Obispado.
Volvemos a la parte de la edificación que fue Posada de la Cisterna, en el fondo de cuyo patio se aprecia claramente la portada interior de la Capilla.
Se conservan, aunque tapiados, los claustros de la época conventual y pueden admirarse en los capiteles de las columnas lindos blasones de Camargos y Carvajal tallados en finísima piedra perfectamente trabajada.
Y en el interior, el salón principal de la Casa Señorial. Enorme en sus dimensiones. Las paredes debieron estar habitualmente colgadas de tapices pues no se advierte en ellas, ofreciendo fuerte contraste con el techo, el más mínimo adorno, aunque haría falta para asegurarse un picado de las repetidas manos de cal con que se las enfaldegó a través de los años.
Lo interesante, lo rico es el techo. No tiene artesones. Están en toda su extensa superficie perfectamente  pintados los más caprichosos grutescos que alternan graciosamente con los conocidos blasones muy repetidos en lugares a veces insospechados. La pintura llega hasta por debajo de las elegantes y escalonadas zapatas en que se apoyan las vigas.
Era indudablemente la sala de respeto de la casa y creemos, por la repetición insistente de los emblemas Camargo-Carvajal, que se decoró antes de la fundación del Convento. Ello da a la pintura una antigüedad y un mérito a su calidad imponderables.

D. Manuel López Sánchez-Mora (+). Canónigo Archivero

                                   




domingo, 20 de marzo de 2016

LA COFRADÍA DE LA VERA CRUZ Y LA A.C.P. PEDRO DE TREJO,

LAS RELACIONES ENTRE  LA COFRADÍA DE LA VERA CRUZ  DE PLASENCIA Y  LA ASOCIACIÓN CULTURAL PLACENTINA “PEDRO DE TREJO”


    
  ORÍGENES DE LA COFRADÍA DE LA VERA CRUZ DE PLASENCIA


La llegada de los hijos del Seráfico a Plasencia al principio del siglo XIII, es un hecho contrastado pues en el año 1223 ya hacen mención de ello las crónicas de la ciudad.
Una de las primeras cosas que hacían los franciscanos era fundar cofradías y, entre ellas la de la Cruz.
Es en tiempos de la Reforma cuando, para defender la autenticidad del Sagrado Madero, se cambia su nombre por el de la Vera Cruz, es decir, la Cruz Verdadera.
Esta cofradía ocho veces centenaria, es la única que en todo este tiempo ha seguido manteniéndose en activo, a pesar de todas las vicisitudes que le ha tocado vivir en tan largo periodo de tiempo. En la desamortización se hizo cargo de los restos de la demás cofradías.
Y en el siglo XX, fueron saliendo de ella todas las demás que hoy existen en la ciudad.

ORÍGENES DE LA ASOCIACIÓN CULTURAL PLACENTINA “PEDRO DE TREJO”

La historia de la A.C.P. “PEDRO DE TREJO”, está unida indisolublemente a la cultura de la ciudad de Plasencia y su Tierra.
Nace esta Asociación, en las postrimerías de la Guerra Civil, en los llamados” años del hambre”, de la mano de un grupo de personas preocupadas por recoger y difundir nuestra cultura, costumbres y tradiciones.
Estas personas, en su mayoría jóvenes, habían tenido contactos entre ellas buscando la forma de darle cuerpo a la idea que tenían en mente y en diciembre de 1941, deciden crear un grupo que se llamó “Grupo de Estudios Placentinos”.
Este Grupo de Estudios Placentinos duró hasta el año 1949, en el cual deciden cambiar el nombre y darle un carácter más oficial, SEMINARIO DE ESTUDIOS PLACENTINOS”.
Ante la negativa de este Seminario a incluirse en la Sección de Seminarios de F.E.T y de las J.O.N.S, se les niega la licencia  y se tiene que disolver el Seminario.
En el año 1954 las personas que formaron aquel Seminario de Estudios Placentinos solicitan la creación de una asociación cultural la cual se denominaría  Asociación Cultural Placentina “Pedro de Trejo”.
El nombre de “Pedro de Trejo” lo eligió don Manuel Díaz López, en memoria del poeta placentino del siglo XVI que vivió en Méjico.
Esta Asociación Cultural, decana de las asociaciones culturales de Extremadura, ha sido y es el referente cultural de la ciudad de Plasencia. En sus 75 años de existencia son innumerables los actos, conferencias, tertulias, presentaciones de libros, exposiciones, excursiones, cursos, etc.… que se han realizado en ella.


LAS RELACIONES DE LA VERA CRUZ Y “PEDRO DE TREJO”

Como decíamos, “Pedro de Trejo” nace en la década de los cuarenta del siglo XX, de la mano de un grupo de jóvenes estudiantes, de los cuales casi todos pertenecían a la Cofradía de la  Vera Cruz.
Esta relación se ha mantenido en estas 7 décadas y media, y muchos directivos compartían cargo en las dos entidades.
En el año 1963, la Cofradía de la Vera Cruz tuvo una pérdida de cofrades tan enorme que puso en peligro su continuidad. Ante este hecho, la Asociación “Pedro de Trejo” puso en marcha una campaña entre sus socios para hacerse cofrades de la Vera Cruz y fue tanto el éxito que en menos de un mes ingresaron más de 100 cofrades nuevos, salvando así de la desaparición a esta, ocho veces centenaria Cofradía.
La Vera Cruz y “Pedro de Trejo” se hermanaron hace muchos años, y son Socios de Honor y Cofrades de Honor respectivamente la una de la otra.
Y siguiendo la tradición, hoy todavía hay personas que están en las directivas de ambas entidades como hace 75 años.
Esperemos que estas relaciones duren muchos años más, por el bien de las mismas y el de nuestra ciudad.

Pedro Luna Reina
Diputado de Cultura y Archivo Histórico de la Muy Antigua, Franciscana y Venerable Hermandad de la Vera Cruz de  la Ciudad de Plasencia, y Miembro de la Junta  Directiva de la Asociación Cultural Placentina “Pedro de Trejo”


                                           





sábado, 16 de enero de 2016

PATRONOS DE LA DIOCESIS DE PLASENCIA


SAN FULGENCIO Y SANTA FLORENTINA

Cuenta la tradición que en la invasión árabe los clérigos de Sevilla, huyendo hacia el norte, transportaban las reliquias de los Santos Fulgencio y Florentina y la imagen de la Virgen que el Papa San Gregorio regaló a San Leandro y que estaban en el panteón familiar en la iglesia de San Juan Bautista de la Palma.
Al pasar por Berzocana y en la fragosidad de esta tierra, dejaron enterrada el arca de alabastro en que estaban las reliquias de los Santos. Siendo tradición que fueron depositadas detrás de un "brezo cano". Por otro lado, en Guadalupe se depositó la imagen de Santa María.
Transcurrido el tiempo, aparecieron del siguiente modo: en el año 1223, se encontraba arando su finca en las inmediaciones del pueblo un labrador, al pasar el arado por un sitio, se arrodillaron los bueyes que llevaba, porque la reja enganchó con algo que les impidió seguir; tuvo entonces que descubrir el motivo, viendo que se había introducido en una argolla de hierro que estaba sujeta al arcón de piedra.
Dio cuenta a las autoridades y éstas descubrieron las referidas reliquias, que con toda solemnidad, fueron trasladadas a la iglesia y colocadas tras una verja de hierro en presbiterio, al lado del Evangelio.
En el interior del arca se encontraron las dos calaveras y bastantes huesos grandes, un velo y un peine de Santa Florentina, tierra y granos de trigo; también se cree que había papeles escritos, pero no se conservan en la actualidad. No se sabe con certeza el año que tuvo lugar, pero se cree fue:, en el siglo XIII.



En la Iglesia de San Juan Bautista, depositaria de los restos de los santos, en el frontal de la nave izquierda, hay un doble altar baldaquinado. En el superior de hermosas columnas estriadas, esta las urnas con los cuerpos de los mencionados, traídos a las tierras la Berzocana desde Sevilla en el siglo VIII, para salvaguardarlos de la invasión árabe.

A ambos lado del pétreo ataúd, que guarda el arca de plata regalo de Felipe II, en el que están depositados los restos sagrados.

SAN FULGENCIO. Del latín fulgentem, significa "resplandeciente” Hermano de los santos Leandro, Isidoro y Florentina, fue obispo teólogo de gran elocuencia-Sabia hablar griego, hebreo, siriaco, itálico, gótico y latín. Nació en Cartagena en el año 564, de su educación de encargo su hermano Leandro, Arzobispo de Sevilla. Después de prestar su servicio de obispo de Cartagena, paso a Ecija (Sevilla), como obispo de esa grey no escamotea en sacrificios y penitencias que le llevan a las puertas de la muerte. Para reponerse retorna a Cartagena, durante seis años que pastorea aquella diócesis, de las que es patrono, escribirá sus Comentarios de los Libros Sagrados. San Fulgencio había vivido rodeado de santos, y al igual que sus hermanos es Doctor de la Iglesia, murió asistido por San Braulio Obispo de Zaragoza, un 16 de Enero del año 630.

SANTA FLORENTINA
Nació hacia el 540. Fue discípula de San Leandro y después maestra del menor de ellos. San Isidoro, que ya huérfanos, vieron en ella una segunda madre, de la que aprendieron a ser santos y sabios. Así que el hogar formado por Severiano y Túrtula fue templo y escuela de la que saldrán tres grandes Doctores de la Iglesia. Los tres hermanos en medio de la persecución arriana, no dejan de velar por su hermana, por entonces Abadesa del Monasterio Benedictino Nuestra Señora del Valle de Ecija, Falleció en el Año 633.

Al encontrarse sus restos dentro de la diócesis placentina, fueron nombrados patronos de la ciudad.

Jose Antonio Pajuelo Jimenez - Pedro Luna Reina

domingo, 12 de julio de 2015

TOROS QUE SE ESCAPAN.

TOROS QUE SE ESCAPABAN


En estos días de Ferias y Fiestas de la ciudad de Plasencia, aunque lo de Ferias habría que suprimirlo, ya que desde hace bastantes años no se celebran Ferias de Ganados, que era lo que le daba el nombre,  queremos dales una visión de cómo las celebraban nuestros antepasados en el siglo  XVI.
En el veremos que todo sigue igual, pues en el mes de mayo pasado se escapó un toro en Talavera de la Reina hiriendo a varias personas.
Para ello volvemos a nuestro Canónigo-Archivero con un artículo que escribía en el año 1970 en el periódico El Regional.

Periódico el Regional – día  09 de junio de 1970

El número fuerte de las ferias son los toros. Para muchos el único número. Para no pocos el número imposible por los precios alcanzados. Los antiguos placentinos disfrutaban con más frecuencia y con menos dispendio que los de hoy de las corridas de toros. Cualquier motivo de público regocijo era suficiente para que se corrieran en la Plaza, despertando siempre el entusiasmo de nuestro pueblo, que los presenciaba gratuitamente.
Estamos a principios del siglo XVI. La Casa de las Gradas (como llamaban entonces al Ayuntamiento), los tejados de la Carnicería “que es en la Plaza, esquina a la calle de Talavera” y hasta el campanario de San Esteban eran ocupados por Regidores, caballeros y gente llana sin faltar las damas que, como siempre, iban a ver y a ser vistas.
La impaciencia en tales fiestas era enorme. Se decía que el esquilonero de la Catedral daba el toque de Vísperas antes de la hora y a los  que acudían a ellas les parecían que nunca fueran tan lentas.
Las costumbres de entonces prohibían que el festejo comenzara antes de terminarse  el Coro de la tarde.
La Priora de Santa Clara veía turbarse la quietud del Convento y como piadosa distracción para las monjas hacía que alguna recitara letrillas populares parecidas a las que algunos años más tarde escribiera Alonso de Ledesma: “El príncipe de tinieblas –siete toros encerró - porque en el coso del mundo – corriesen al pecador. Corrió el toro de soberbia – tras el vaquero mayor – y con ser tal que volaba – del potro le derribó. El toro de la avaricia – hasta la Iglesia se entró – y  Judas, de una barrera – entre doce, le sacó”.
Los toros se corrían al modo de entonces. Abundaban los bancos divertidos y no faltaba algún que otro galán vanidoso que a trueque de llamar  la atención de las damas, simulará caídas aparatosas de su caballo. De el se podía enumerar lo que Góngora  escribiera de Ezpeleta: “Dijera a lo menos yo – que el caballero cayó – porque CAYESEN en el”.
Pero la fiesta en nuestra plaza tenía en ocasiones un final ridículo.
Por la ligereza con que a veces se improvisaba la corrida o por la bravura de los toros, ocurría que, acosados estos por los caballos que los jugaban, o heridos por algún rejón hábilmente colocado, lograban romper el cierre de la plaza y escapar por las calles hasta que, tarde o temprano, sin poder salir de la ciudad amurallada, venían a quedar presos en la Fortaleza.
Y por aquellas calendas habían dado los Alcaldes de la misma en la costumbre de adueñarse bonitamente de tales toros escapados. Los caballeros quedaban corridos, las dueñas apesadumbradas y el pueblo defraudado.
Resultaron inútiles cuantos intentos se hicieron para convencer a los Alcaldes del abuso que ello suponía. La Justicia y Regidores temieron con fundamento que la paz se alterara y acordaron quejarse a la Reina, que lo era doña Juana, exponiendo el caso y suplicando remedio.
Copiamos seguidamente los párrafos más notorios de la respuesta de doña Juana. Va dirigida “al que es o fuere mi Corregidor y Juez de Residencia en el ciudad de Plasencia y al alcalde en dicho oficio”.
Expone seguidamente los hechos denunciados resaltando el agravio y el daño que el Concejo y los vecinos reciben por el proceder de los Alcaldes ordena que estos digan que títulos y derechos pretenden tener para tomar los dichos toros y no querer entregarlos a la ciudad y si los dichos Alcaldes no tienen título o prescripción inmemorial para proceder como proceden manda “así al que ahora es Alcalde como a los que  fueren de aquí adelante que no tomen ni lleven más los toros aunque entren en la dicha Fortaleza bajo las penas en que caen los que llevan nuevas imposiciones” y castigando con diez mil maravedíes para la Cámara Real a cada uno que lo contrario hiciere.
La carta está fechada en Burgos en 9 de mayo de 1506.
Y las fiestas del Corpus, origen de nuestras ferias, fueron especialmente solemnizadas aquel año con autos sacramentales y corridas de toros en la Plaza Mayor, sin miedo ya a la arbitrariedad de los Alcaldes de la Fortaleza.
Quizás la Carta de la Reina contribuyó también a que aquel año en el Cabildo de 7 de junio se diera la facultad al Mayordomo de Fábrica, Villalva, “para que envíe a llamar ministriles y trompetas y sacabuches y chirimías para la celebración de las Fiestas del Corpus y que gaste en su costa hasta siete u ocho mil maravedíes demás de lo que fue dado dispensación que gastara en las dichas fiestas”.

Manuel López  Sánchez-Mora (+). Canónigo  Archivero

"SEMBRANDO INQUIETUDES"

martes, 16 de junio de 2015

TIA MARCELINA; de Joaquin Sorolla

Tía Marcela
Para su obra Joaquín Sorolla  tomó como modelos a los montehermoseños que acudían al martes, entre ellos a una mujer llamada Marcela que venía con su indumentaria al mercado y que posó para la realización de un cuadro que regala a la familia de Pedro Sánchez Ocaña; así sellar su amistad en prueba de agradecimiento a las atenciones recibidas por la familia durante su estancia en Plasencia, pinta  bocetos  con destino a la colección de tipos  trajes regionales españoles, encargados para decorar la Hispanic Society de Nueva York.
El cuadro es un óleo sobre lienzo de 104 por 80 cm, firmado y fechado en el ángulo inferior derecho; (1917 J. Sorolla).




Representa  a la montehermoseña “Tía Marcelina” ataviada con el traje regional y apoyada en la puerta del patio de una casa placentina, la mirada distante y perdida, parece, sin embargo estar clavada en el espectador. Los pliegues del delantal dan un breve movimiento a esta figura por lo demás estática y en actitud de reposo. La técnica impresionista de amplias pinceladas fluidas y sueltas está presente en el fondo, formado por  paredes del patio donde, a base de blancos, grises azulados y beiges, logra dar la sensación de profundidad y esa atmosfera especial típicamente impresionista.
Obra de buena factura que nos presenta a un Sorolla tratando temas distintos de sus típicas marinas en las que juega con el agua, la luz mediterránea y las pieles mojadas de los niños.

Colección de los herederos de D. Pedro Sánchez Ocaña Delgado.

Biografia. Plasencia Patrimonio Documental y Artistico. Instituto Cultural el Brocense- Diputación Provincial de Caceres. Pag. 114. año 1988.

Jose Antonio Pajuelo Jimenez - Pedro Luna Reina

                                

martes, 2 de junio de 2015

BUSTO DE CARLOS V.



El BUSTO DE CARLOS V.




Muchos placentinos desconocen el importante edificio renacentista lleno de misterio e historia conocido como Palacio del Marqués de Mirabel, lleno de recuerdos  que han ido dejando sucesivas generaciones. Todos conocen por fuera este maravilloso edificio histórico y aconsejamos visitar su interior para contemplar su maravilloso salón de trofeos de caza, piezas arqueológicas,  procedente en su mayoría de Caparra, cuadros de retratos y otros enseres,  imágenes, capilla, para terminar una hermosa antigua cocina palaciega, todo de gran interés de ser visitado.

En una de estas dependencias encontramos dentro de una hornacina el busto de Carlos V, una pieza de mármol negro de 90 cm de altura, del año de 1555, encargada por Carlos V como regalo a don Luis de Zúñiga y Ávila, cronista y amigo del emperador que le acompaño hasta su muerte en el Monasterio de Yuste y uno de los causantes de su venida a esta localidad. Hoy día perteneciente a D. Carlos Falcó y  a su familia.




Tiene el Emperador un aspecto cansado, pensativo, con la mirada perdida, la cabeza ceñida por la corona de laurel. El busto es único entre los conocidos y catalogados. Peculiar en el trato de la armadura al llevar en el pecho un crucifijo que contradice las afirmaciones sobre que a partir del año 1531 sus armaduras llevaba en el peto la imagen de Nuestra Señora con el Niño  y en la espalda la de santa Bárbara.



Ponz al enumerar las antigüedades romanas que hay en el Palacio Mirabel y en una zona que llaman el Pensil y entre varios bustos de emperadores, menciona este: Bellísima es entre lo moderno una cabeza de bronce que representa la emperador Carlos V, encima de la cual hay una cartela con un letrero en italiano: CAROLO V ET E ASSAT QUESTO/PERCHE SI SA PERPETTUO IL MONDO/IL RESTO. La tengo por obra de León Leoni o de Pompeyo su hijo. Parece hecho cuando el emperador había envejecido y cercano a la fecha de abdicación en septiembre de 1556. Esta cerciorada  en un finiquito de cuentas de Felipe II, en los gastos  de 1568 y 1569 se dice que León Leoni y Pompeo Leoni han hecho en Milán, entre otras efigies del emperador dos medias estatuas  de S.M. Cesárea, una de bronce y otra de mármol de diferentes edades”.Este último sería el de Mirabel S.M.

Don Fabrique de Zúñiga, hijo de Luis de Zúñiga y Ávila, transformó la fortaleza medieval del siglo XVIII en el bello Palacio renacentista en el año 1540; por otro lado y a título de curiosidad en el 1605, Don Miguel de Cervantes Saavedra dedica la primera edición del  Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha otro Zúñiga, al VII Duque de Béjar quien se convierte así en un mecenas de la obra más universal escrita en castellano.


Estamos ante el monumento civil más importante de Plasencia, se encuentra unido a la iglesia y al convento de San Vicente Ferrer mediante el Pensil o jardín colgante, decorado con unas columnas y esculturas romanas a los que dedicaremos otro artículo.
                                        

José Antonio Pajuelo Jiménez- Pedro Luna Reina.
                                      
                                               

miércoles, 25 de marzo de 2015

NUESTRO PADRE JESÚS DE LA CAÍDA. 1895-2015. 120 ANIVERSARIO.



Tres mil reales pagaron D, Gregorio Hontiveros y su esposa Dª Esperanza Mateos al prestigioso escultor de la época D. José Viciano Martí por la hechura y transporte de la imagen desde Valencia hasta nuestra ciudad en el año 1894.
Al año siguiente, el Jueves Santo 11 de Abril de 1895, la Sagrada Imagen  de Nuestro Padre Jesús  de la Caída posesionó por primera vez con la Cofradía de la santa Vera Cruz.
 La imagen, al morir el matrimonio pasó a la propiedad de la Reverendas Josefinas como así consta en el testamento  de D. Gregorio y del cual la cofradía conserva una copia.
Durante años, recibió culto en la casa particular de la familia Hontiveros - Mateos en la Plaza de Sosa., donde muchos placentinos veneraban la imagen a través de una ventana, no faltándoles flores ni velas.

La Junta de Gobierno de la Vera Cruz en recuerdo de este hecho histórico para nuestra Cofradía  y para nuestra Ciudad, acordó la colocación de un azulejo cerámico en la plaza de Sosa con la aprobación del Excelentísimo Ayuntamiento,
Este retablo cerámico representa simboliza la devoción antigua en ese lugar del pueblo de Plasencia  a una imagen en otro tiempo muy conocida y venerada.
El conjunto de azulejos  de gran calidad artística esta diseñado y ejecutado por el maestro alfarero sevillano D. Francisco Moya, muy conocidos en los ambientes cofrades del sur  donde los retablos cerámicos estas tan extendido.
En el retablo se observa además del perfil  de nuestro Padre Jesús de  la caída los escudos de la Vera Cruz, de la ciudad de Plasencia y de la Congregación de las Reverendas Josefinas actuales propietarias de la imagen.
El retablo fue colocado  en el edificio municipal que hace esquina y que alberga las dependencias del Centro de Iniciativas Turísticas, y fue bendecido en el transcurso del piadoso Vía Crucis el sábado 28 de febrero del 2015.
Con la colocación de este retablo cerámica portentosa imagen de Nuestro padre Jesús de la caída estarça permanentemente presente en el centro de la ciudad.

DATOS PARA LA HISTORIA.

COFRADÍA DE LA  MUY ANTIGUA, FRANCISCANA Y VENERABLE HERMANDAD DE LA SANTA VERA CRUZ DE PLASENCIA.


NUESTRO PADRE JESÚS DE LA CAÍDA
120 aniversario de la primera procesión de esta Sagrada Imagen (1895-2015)
El día 11 de abril de 1895, salía en procesión, por primera vez, la sagrada imagen de Nuestro Padre Jesús de la Caída.

En el siglo XIX, era muy común que las personas pudientes tuvieran en sus casas una capilla propia, en la cual celebraban los cultos familiares: Bodas, Bautizos, Comuniones, etc.
Otras personas con menos espacio en su vivienda, se conformaban con tener una o varias imágenes expuestas en su casa. Estas imágenes variaban de tamaño según los recursos económicos de dicha familia.
Y en el caso de no poder tener imágenes propias, existía el recurso de apuntarse a las imágenes “visitadoras”. Estas imágenes, generalmente de treinta a cincuenta centímetros de altura, estaban resguardadas en una especie de capilla de madera, en la cual, en su parte inferior estaba un compartimento llamado “cepillo” en el que  depositaban una limosna las persona a las cuales visitaba la Sagrada Imagen. La estancia de la imagen en las casas dependía, pues unas eran diarias y otras semanales. En cuanto a las imágenes las había de lo más variado, siendo las más comunes los Nazarenos, Inmaculadas, patronas de las localidades, santos diversos, etc.
En el caso concreto que nos atañe, el impresor don Gregorio Hontiveros y su esposa, decidieron comprar una imagen de vestir de Nuestro Padre Jesús en su Primera Caída.
Para la realización de la misma se pusieron en contacto con el afamado escultor don José Viciano Martí (1855-1898), proveedor de la real casa, el cual tenía su taller en la ciudad de Valencia.
Después de aprobar los bocetos de la talla y el precio de la misma, se hizo realidad el deseo de la familia Hontiveros.
El día 12 de diciembre del año 1894, don Gregorio escribe una carta al tallista en la cual le comunica como debería de envolver la Imagen para su traslado en tren desde Valencia a Plasencia, así como que se tuviera muy en cuenta la dirección de la ciudad, pues había más Plasencia en España. Tenemos que recordar que el ferrocarril llevaba muy poco tiempo en nuestra ciudad, y suerte fue que la talla llegase íntegra después de tan largo viaje.
En la misma carta, don Gregorio aceptaba el precio final de la talla, que fue de 1.300 reales.
Una vez llegada a Plasencia, la colocaron en su casa, en una ventana que daba a la calle, con lo cual se la podía venerar sin tener que entrar en la casa.
En este mismo edificio, en sus bajos, estaba la imprenta familiar. Esta casa estaba en la esquina de la calle Cartas con la calle del Pollo, frente a la plazuela Sosa.
Don Gregorio se puso en contacto con la Cofradía de la Vera Cruz para ver si se podía procesionar su imagen, y la Vera Cruz lo aceptó, con lo cual el día 11 de abril de 1895 salió en procesión por primera vez por las calles de nuestra ciudad.
Desde la muerte de don Gregorio, la familia de su segunda esposa doña Esperanza Mateos, se hizo cargo de procesionar la Imagen y así ha continuado hasta nuestros días, siendo su último capataz don Ángel Gómez Mateos, gran entusiasta de nuestra Semana Santa.
Don Gregorio tuvo mala suerte familiar, pues en poco tiempo se murieron sus tres hijas y su mujer, volviéndose a casar en segundas nuncias.
En el día treinta de mayo de  1939, decide hacer testamento, y deja la Imagen de la Caída a las RR. MM. Josefinas Trinitarias de la ciudad, pero añadiendo una clausula que dice así:
“Clausula Tercera. ­= Hace constar el testador que durante su matrimonio adquirieron una Imagen representando a Jesús Nazareno en su primera caída, la cual se venera en el oratorio particular de su casa habitación; siendo su voluntad que dicha Imagen tan pronto ocurra su muerte, se destine a la Iglesia de Religiosas Trinitarias de esta Ciudad, y caso de no existir esta fundación, al Convento de Religiosas Capuchinas de la misma, rogando la acepten a condición de ponerla a disposición de la Cofradía de la Vera-Cruz siempre que fuese solicitada para sacarla en procesión, y los ornamentos sagrados y demás enseres concernientes al servicio de su oratorio particular, se entregarán también a las mismas religiosas que se hagan cargo de referida Imagen, para que los disfruten con la debida aplicación, pero con la obligación de celebrar anualmente un funeral, aplicado por su alma y la de su esposa, en el día que dichas Religiosas designen por espacio de cinco años.”


La fotografía la hizo el fotógrafo  Valentín  Benito, el cual tenía su estudio en el rincón de san Nicolás nº 1

En el año 2014, esta santa imagen estrenó una nueva cruz  para procesionar. Esta cruz está realizada con la madera de  un alcornoque joven de  las cercanías de la ciudad, de esta manera nos unimos mas los placentinos a nuestro Cristo, puesto que simbólicamente nos está abrazando a través de la Cruz. La Cruz conserva la corteza del árbol y solamente está barnizada para su preservación de las inclemencias atmosféricas.

LA SANTA MUJER VERÓNICA

En el Evangelio apócrifo de Nicodemo se cuenta que cuando llevaban a Cristo camino del Calvario, una mujer llamada Marcela se acerco a Él y le limpio el rostro con un paño, y según esta misma tradición se quedó impregnada la imagen del Salvador en el.
Ante este hecho, se empezó a llamar a  Marcela por el nombre de  Verónica,  Vera-Icon que en latín  quiere decir “El Verdadero Rostro”.
La cofradía de la Vera Cruz ya tenía una imagen de Santa Marcela o Verónica en el siglo XVIII, como así consta en las ordenanzas de 1709.
Actualmente se procesiona  una  imagen de vestir del escultor   don José Jerique, que fue adquirida por el sacerdote D. Julián Sánchez Reca.  A su muerte fue puesta a la venta e iba a ser destinada a un pueblo de la zona, pero Dñª Micaela Leonardo la adquirió quedándose en la ciudad. Su último dueño fue D. Lorenzo García Llanos el cual la donó a la Cofradía de la Vera-Cruz, para que desfilara el Jueves Santo. La historia de esta santa mujer impacta en el pueblo placentino. Según la tradición, se cree que santa Marcela fue la misma mujer curada de un flujo de sangre por el propio Cristo.



PRIMERA COMPOSICIÓN  CAÍDA-VERÓNICA

En el año 2006, la Junta de Gobierno de la Cofradía de la Vera Cruz, decidió unificar dos pequeños pasos que salían en procesión, como eran el Cristo llamado  de los Lejárragas, el cual se venera en el convento de las RR. MM. Capuchinas Franciscanas,  y la Santa Mujer Verónica uniéndolos en una composición.
Se utilizaron unas andas que tenía la Cofradía del Descendimiento en desuso y que generosamente nos fueron cedidas.
Aunque apretadas, quedaron en ellas las dos figuras y estuvieron procesionando hasta la Semana Santa del año 2013

EL PASO DE LA SANTA FAZ

A principios del año 2013, la Junta de Gobierno, se planteó hacer unas nuevas andas en las cuales se colocarían las imágenes de Nuestro Padre Jesús de la Caída, el cual se venera en el convento de las RR. MM. Josefinas Trinitarias, y la Santa Mujer Verónica, devolviendo a la Unión de Cofradías la talla del Cristo de los Lejárragas.


LAS ANDAS DEL MISTERIO DE LA SANTA FAZ

Estas andas hechas por la Cofradía, bajo la dirección de los Hermanos Crespo, Antonio y Narciso, son una obra artesanal en la que se emplearon varias clases de maderas nobles, entre ellas destacaremos el pino balsa en la estructura, forrado con tablero de okumen de 18 mm.
En su parte exterior está realizada con madera de nogal español, cerezo, palo rosa y jatoba.
Para la protección de estas maderas están barnizadas con laca de primera calidad así como un baño de cera en toda su superficie.
Alrededor de las andas están talladas las catorce estaciones del Vía Crucis, las siete palabras,  el escudo de Plasencia, los escudos de la Vera Cruz y la Tau franciscana.
Las tallas del Vía-Crucis y escudos de Plasencia se realizaron en Mérida por el tallista J. A. Paniagua Sánchez.
Las columnas que separaran las estaciones del   Vía Crucis y demás tallas,  están revestidas con pan de oro.

La iluminación del paso la aportan cuatro artísticos faroles de madera de nogal y cerezo.
Estas andas  se empezaron a hacer en septiembre de 2013, y se acabaron en el mes de marzo de 2014.
Al ser realizadas las andas “ex profeso” para estas imágenes, se les dio la distancia y altura que requerían, así como la posición de las mismas.
Los “banzos” o barales, están hechos de duraluminio con funda  de madera, lo cual les da mayor resistencia y menor peso que los de madera maciza.
Fueron realizados en los talleres de los Hermanos Benavente de Plasencia.
Este paso lo portan  46   hermanos de carga.
La Junta de Gobierno, deliberó como debería llamarse este nuevo paso, decidiendo que su nombre sería “EL MISTERIO  DE LA SANTA FAZ”
El día 17 de abril de 2014, salió en procesión por primera vez la Santa Faz de la Vera Cruz.

Pedro Luna Reina
Diputado de Cultura e Historia de la Santa y Vera Cruz de Plasencia.
Cofradía de la Vera Cruz. 


"SEMBRANDO INQUIETUDES"





sábado, 14 de marzo de 2015

PATRIMONIO PLACENTINO. SARCÓFAGO Y LOSA SEPULCRAL

SARCÓFAGO Y LOSA SEPULCRAL DE LA IGLESIA  DE SAN JUAN DE PLASENCIA.

 

En esta iglesia tenía su sede la cofradía de Nuestra Señora de Roqueamador, la cual era la más antigua de la ciudad. Esta advocación se importó de Francia, donde era originaria esta Virgen.

 

SARCÓFAGO: En paradero desconocido. 

 

Del siglo XIII, en la Iglesia de San Juan de Plasencia.

Presentaba el sarcófago en su caja una forma antropomórfica, no regular en todo su vaciado, siendo más ancho en su parte superior que cobijaba la cabeza y torso del cadáver y más estrecho el correspondiente a las extremidades inferiores. Esta forma irregular quedaba perfectamente plasmada en la losa superior del sarcófago  que ofrecía una disposición a dos aguas como corresponde a los sarcófagos de la época, y en la que se fijan cuatro emblemas heráldicos a una y a otra cara, en una iconografía muy simple, difícil de precisar si no es porque en la tapa del monumento funerario se plasmaban los emblemas con mayor precisión como son la banda (señalada en los anteriores) y una bordura de ocho aspas, los que nos aclara que corresponde al apellido Almaraz, si bien en los extremos  de las bandas no aparecen las dos cabezas de dragones que deberían estar en el lugar, por lo que pudieran pertenecer perfectamente a la familia Bote, una de las primeras repobladoras de la ciudad que se entierran en esta iglesia de San Juan, y emparentados con los Almaraz a los que ceden sus propietarios y títulos al carecer de sucesores varones, pasando sus titulaciones a don Juan Alfonso de Almaraz.

 



 LOSA SEPULCRAL: En paradero desconocido.

 Granito. 250 cm de longitud. Siglo XIV. Iglesia de San Juan. Plasencia.

 Losa plana  en la que se aprecia un emblema heráldico de banda sobre campo y en la bordura ocho aspas. Con idénticas matizaciones que en la heráldica del sarcófago, en cuanto la no aparición de cabezas de dragón, por lo que pudiera corresponder a la misma familia Bote.

 

Existe una inscripción bastante deteriorada, en la que se descifro lo siguiente: < (ilegible); ALFONSO.FIJO DE: DE JUAN: DE: /…/ ALFONSO /: XIX: DIAS: DE ABRIL: EL: AÑO: DE: MIL: CCC: DE (ilegible)>. Sabemos que Alfonso Fernández del Bote, tercer señor de Belvis, fundó el 22 de Agosto de 1329 el mayorazgo de Belvis, Fresnedoso, Deleitosa, Casas de Ibor y la Paradela, y al no tener sucesores barones, lega sus títulos a su hija Teresa, casada con Juan Alonso de Almaraz del que sabemos que estaba enterrado en la iglesia de san Juan, y al que menciona Diego Gómez de Almaraz, señor de Belvis, Almaraz y Deleitosa en una donación del año 1406 con la finalidad  de “ cantar una Misa a la Santísima Virgen, todos los sábados y varios aniversarios por las almas de Juan Alfonso de Almaraz su abuelo, Blasco Gómez su padre, Juan Alfonso su hermano y Esteban Fernández del Bote su tío.”Todos ellos enterrados en san Juan, a quien sin duda pertenece la lapida mencionada (quizás al abuelo, tío o hermano a los que alude Diego). De los que sabemos que poseían enterramiento propio en el lado del evangelio.

 

Gran parte de las losas sepulcrales de esta Iglesia fueron utilizadas a primeros del siglo XX por don Evaristo Pinto Sánchez para enlosar la calle de Santa Ana.

 Datos obtenidos.

Checa Benavides. JOSE. El Fuero de Plasencia. Roma 1896, pág. 214.

Fernández Fray Alonso. Historia y Anales de la Ciudad y Obispado de Plasencia.

Instituto Cultural el Brocense. Plasencia, Patrimonio Documental y Artístico.pag. 94, 95, 1988

 

 

José Antonio Pajuelo Jiménez - Pedro Luna Reina

 

sábado, 28 de febrero de 2015

PATRIMONIO PLACENTINO. IMAGEN DE SANTA TERESA DE JESÚS

Santa Teresa. Piedra policromada. Siglo XVII.

Perteneciente al Convento de Santo Domingo de  Plasencia. Hoy en paradero desconocido.

Vestida la Santa con capa y birrete de doctora de la Iglesia. Sin embargo, no está en posición de doctora con libro y pluma (como la otra Santa Teresa que se expone en el retablo mayor de nuestra catedral o la procedente del Convento de las Carmelitas) en cada una de las manos, siendo inspirada por el Espíritu Santo, tipo creado por Gregorio Fernández. En este caso está mirando hacia arriba en una clara alusión.

Sabemos que el obispo Cristóbal Lobera y Torres mandó realizar una hornacina y colocar en ella la estatua de Santa Teresa  y  las tres laudes de abajo a sus padres {…]. Se hizo en el año 1625. En donde se supone que estuvo la santa orando en su visita a Plasencia.  Debajo del púlpito estaba la hornacina  con la imagen de Santa Teresa y debajo esta inscripción: Don Cristóbal de Lobera Obispo de Córdoba, hizo hacer esta capillita a Santa Teresa y las tres laudes de abaxo a sus padres…..”

Del pontificado de don Cristóbal Lobera sabemos muy poco, pues gobernó la diócesis solo 17 meses. Sin embargo su nombre ha quedado inmortalizado en la construcción de la iglesia de Santa Teresa, al lado de cementerio municipal. Era ferviente devoto de la santa monja andariega, hasta el punto que incorpora a sus armas el escudo del Carmelo.

Parece ser que su traslado a esta Diócesis de Plasencia, intervino en el empeño que puso, en que Santa Teresa fuese nombrada compatrona de España. La posición de su cabildo de Córdoba, muy santiaguista, junto con la del Cabildo de Santiago hizo que el papa Urbano VIII lo revocara. Lo que conllevo el traslado a nuestra diócesis.

Era de la familia del chantre Don Diego de Lobera que edifico en los últimos del siglo XV, la ermita de la Virgen del Puerto en unos viñedos de su propiedad y encomendó su custodia y el culto a los franciscanos.

Jose Antonio Pajuelo Jimenez.