Buscar este blog

miércoles, 11 de septiembre de 2013

ELISEO RUIZ CORISCO.- ESCULTOR.

ELISEO RUIZ CORISCO 1897-1969
Nació en Casatejada (Cáceres), fue uno de los grandes maestros de la técnica del buril. La técnica de grabado a Buril, o talla dulce, recibe su nombre de la principal herramienta que se utiliza para tallar la plancha: el buril. Con él se talla la plancha o matriz dejando unos surcos o tallas de diferentes profundidad y forma, con la que se crea la composición del grabado. Pero para este artista no existían dificultades para modelar cualquier materia que utilizaba, le daba igual que fuese arcilla, escayola, bronce, aluminio o madera.
Nació a las dos de la madrugada del día 14 de Junio de 189ª, en la vivienda del Barrio de la Rubala detrás de la carnicería de los Sres. León y en el Registro Civil, su padre D. Lorenzo le impone los nombres de Anastasio –Félix, según consta en el romo 24, folio 24, núm. 24 de la Sección de Nacimiento de este Registro. El referido nombre de Eliseo  fue impuesto canónicamente, por el capricho de entonces de los padrinos de aquella época que prevalecía al de los padres, dándose la circunstancia de que este nuevo nombre era desconocido pues el neófito que no se enteraba hasta que entraba en Quinta.
Desde muy joven tenía vocación artística, modelando en su domicilio con el barro que cogía a los albañiles. Curso sus estudios primarios en la escuela de Casatejada y al concluirlos trabajó en el comercio de su tío, Florentino Corisco Gómez.
                       

Ante su interés por el modelado, su padre le envió a Madrid con su hermano Aurelio, donde ingreso en la escuela de Bellas Artes de san Fernando, A través del Diputado Provincial D. Constantino Barco Marian, por los años 1915/ 1920, a la sazón Veterinario Titular del pueblo de Almaraz y administrador General del Sr, Marques de la Romana, una beca para cursar estudios en Bellas Artes, y agradecido al Sr Barco, le obsequio más tarde con su visto que depositado en el museo de las casas de las Veletas, en Cáceres.
Cuando termino su carrera, estuvo pensionado en Grecia, Roma y Paris. Tiempo después vino a Madrid, y durante su estancia en la capital de España, frecuento mucho el taller del imaginero y orfebre  Feliz Granda Buylla y trabajo con dos escultores importantes José Capuz Manzano y Mariano Benlliure escultor valenciano, de quien se inspiro para obras taurinas. Sé gano también la amistad de los artistas andaluces Romero de Torres y Juan Cristóbal.
 Con la técnica recibida presenta sus obras en bronce en la Exposición Iberoamericana de Sevilla en 1929, obteniendo Medalla de Oro. El busto de bronce premiado corresponde a D. Gregorio Ramos Zabala, abuelo materno del Excmo. Sr. Luis González Ramos, en Madrid, en cuyo poder se encuentra en recuerdo familiar. El original  del Título con un busto del mismo escultor, se encuentra depositado en la Real Academia de la Letras de Extremadura.
Hacia el año 1929, Eliseo regreso a Casatejada, donde estableció  su taller ayudado por su tío Florentino, expuso varias obras en Cáceres y Plasencia, Madrid. Va conociendo posteriormente a compañeros y personalidades del mundo artístico entre los que se encuentra Pérez Comendador.
El día 30 de Septiembre de 1930, la sociedad el “Proyecto Mercantil”  de la ciudad de Plasencia, tuvo la noble empresa de dedicar un monumento en esta localidad Gabriel y Galán, con la colaboración y aportación de los pueblos de la comarca. El proyecto era poner un monumento a Gabriel Y Galán, días después se firma el contrato por el presidente por el presidente del Proyecto Mercantil, y el escultor  Eliseo Ruiz Corisco, firmando como testigos D. José García Morgado y D. Francisco Mirón. Sabemos por unas de las clausulas, el busto en tamaño medio, sería entregado el 22 de Diciembre de 1930, pero es probable que fuese conocido antes, es decir cuando fuese traído en escayola para estudio y aprobación, justamente con la maqueta del monumento en su conjunto en general.    
  
En el despiece del mismo o el de toda la obra, colabora  el gran artista placentino Francisco Mirón, que con gran desinterés se entrego en la ejecución del proyecto, comenzando a tallar el corte y labra del granito  comenzando el montaje.
El 7 de Febrero de 1931, en el periódico “El Faro”, decía del artista.” El artista Eliseo Ruiz, se ha sublimado, pues no se concibe que contando solamente con la fotografía y no existir por desgracia el original que hubiera haya hecho este tal milagro de ejecución”. El acto de desembalar el busto tuvo en parte la emoción  en los presentes, ello se explica por el noble deseo que todos sentían de contagiar la obra y el talento del artista.

Grata y muy emotiva fue la impresión al contemplarla. La tonalidad del bronce, la faz serena del poeta magno; los recuerdos de la obra portentosa que el crease para honor y gloria de las hispanas letras; el sentimiento de la gratitud tan hondamente arraigado, en los buenos placentinos para su cantor excelso, ello fue el motivo para enmudecer a los que la admiraban.
San José.
El busto del poeta, estuvo expuesto en el salón principal del “Proyecto Mercantil”, cuyas dependencias fueron invadidas por la numerosa concurrencia; la prensa local y corresponsales de Madrid con su colaborador grafico  D. José Diez, el iniciador del proyecto D. Ricardo Acosta Camisón, representantes del Foro, de la Banca, Comercio e Industria, y como no el escultor D. Eliseo Ruiz Corisco, el genial escultor que tan alto puso el nombre de Extremadura en la Exposición Hispano Americana de Sevilla otorgándosele Medalla de Oro en méritos  a los trabajos presentados al grandioso certamen; el artista en suma, que después de haber contribuido o acrecentar los valores de nuestra región, la Diputación de Cáceres echó al canasto de los papeles la solicitud de una beca que le hubiere permitido ampliar sus conocimientos en el extranjero.
En  su inauguración, fue colocado junto al bar el Nido en el parque actual de la Coronación, , bajo la sombra de un olmo centenario, lamentablemente desaparecido, para después llevarlo a su ubicación actual, junto a los Arcos de San Antón.
El Tmborilero.

Poco se sabe de su vida; Eliseo fue un hombre pícnico, de estatura baja, complexión débil, de frente despejada y poca barba, semicalvo y nariz aguileña (de origen ovíparo, como el mismo se caricaturizaba). Tenía múltiples rarezas que, si a los ojos del que le conocieron, no eran muy agradable, él decía que era la impronta y el recuerdo que legaba a sus convecinos que transmitirían a generaciones sucesivas, Gustaba de vestir en verano con un abrigo marrón, muy usado que abrochaba con largas puntas a forma de alfileres que hacían de botones, con polainas de tela de soldado que simulaban pantalones, zapato o zapatilla, muy deterioradas).Paseaba por la calle, con su garrotina pequeña y su delgada silueta, con una revista artística bajo el brazo. Por el contrario, es de admirar en este hombre como cambiaba su atuendo personal cotidiano, cuando venía a Plasencia, al Circulo Placentino donde se relacionaba con toda la elite placentina, con el Alcalde Andrés López, Maximiliano Gómez etc.…como un caballero, saludando a sus amistades  o    viajaba a Madrid, donde no era raro verle por la calle Velarde, próximo al domicilio de su hermano Aurelio.


1940 En Plasencia vivió por temporadas, tenía su casa en la calle de Eulogio González, a la vez su taller, propiedad de D. Adolfo Rey, en esta modelo y trabajo el busto de Gabriel y Galán uno para Plasencia y el otro para Granadilla, el del Marqués de la Constancia,  las obras que hizo al profesor García Matos, y el busto a D. Honorio que no llegó a terminar, según nos manifiesta su hijo Miguel Argel Urbano y como otras obras que desconocemos. Y el San José del Colegio de las Josefinas Trinitarias, que según Sor Inmaculada, que se encontraba interna en este colegio en el año 1943, ya se encontraba en el patio del mismo,  por lo que suponemos que la hizo antes.

                                          

Por el año 1962, fue nombrado Director de la casa de la Cultura  de Plasencia, así lo menciona la revista Cultural de Casatejada del año 1993, pero no hemos encontrado datos en archivos municipales y registros de esta asociación en esta localidad. Lo que si fue, y posiblemente sea lo cierto, es que fue director de la Academia de Pintura y Escultura que hubo en la calle Cervantes, hoy Pedro Isidro, donde había una sala de exposiciones permanentes de artistas placentinos, tales como Morales, Calderón, Landija ,Chiclana…y que tenemos constancia en datos recogidos por Teodoro Vallinoto, y a su vez lo demuestra la solicitud  fechada el 26 de Octubre de 1961, y con registro de entrada 8.070 donde Eliseo se dirige al Alcalde de Plasencia, donde especifica ,”que deseando establecer en la Ciudad una Academia de Arte, en la calle  Cervantes nº 2”. El permiso de licencia de apertura lo recibe, con fecha del 3 de Febrero de 1962, numero de oficio 584.


En 1962, vivía en Plasencia, y fue  entrevistado por el periódico “El Regional”, por el periodista V. Corbo, acompañado  del Presidente de la Asociación de Antiguos Alumnos del Colegio de la Constancia D. Inocencio Serrano con respecto  al monumento del Marqués de la Constancia. Iban a conocer a un hombre sencillo, inteligentísimo y a un gran escultor. Poco después cambio su taller, por otro local de Dñª María Piélago, situado e por encima de la antigua bodega de Don Juanito Montero, hoy Biblioteca Municipal y en sus últimos años de su estancia en Plasencia, vivió en la calle de Trujillo, justo en la casa que hay debajo del antiguo Hospital, hoy Conservatorio de Música.
Crescencio Gil Pizarro
             Al llegar al taller ubicado en la calle de Eulogio González, después de un fuerte apretón de manos y de admirar el hermoso y magnifico grupo escultórico le rogaron les informara y orientase sobre la construcción de la obra del Marqués de la Constancia, les complació diciéndoles, que para hacer una escultura, sabido es que en su ejecución plástica, son tres las facetas que en lo que en ello intervienen; el barro el primero, después la escayola, y por último la materia definitiva, bronce, madera o piedra. Los factores primordiales que integran el trabajo que acababa de plasmar eran: humanidad infinita, desinteresada protección y un inconmensurable cariño paternal a la infancia desvalida. Estas fueron las cualidades morales del Sr. del Marqués de la Constancia.
También hablo de sus esculturas, diciendo que todas se han de ejecutar de diferentes formas, cada una tiene que ser concebida o plasmada de distinta manera, teniendo en cuenta el sitio donde haya de ser colocada. Decía que no  se puede, ni se debe plasmar una obra artística sea cual fuere, pintura, escultura, arquitectura etc., sin que irremisiblemente no tenga que estar rodeada de una particular atmosfera, como en la que nos ocupa, que ha de verse a una prudencial distancia, dado su marco panorámico preciosos y bello.
Niceforo Luengo
Al preguntarle, ¿Que estilo  o escuela ha tenido que adaptar para hacer esta hermosa obra?, contestó de una forma sosegada, amable que debía conocer a la perfección , todas las escuelas, estilos de las Bellas Artes y es natural que la escultura sea la que más conozca y domine la perfección. Cuando se ponía a concebir un trabajo no se acordaba jamás de estilos ni escuelas, sino que las ejecutaba  por el procedimiento técnico que le iba saliendo, a su manera y sensibilidad personal, fusionando los elementos  que integran el motivo. En síntesis: si el procedimiento técnico que Eliseo usaba, podía calificarse como él decía: Escuela Corisquera.
 Se despidió diciendo, que estos breves conceptos que les acababa de exponer, llegara a cubrir el vacio de orientación que padece esta muy querida región.
El dos de Abril de 1963, fue entregado a unos famosos talleres de Madrid, el Monumento, para su fundición en bronce, cuya labor invertiría tres meses. E inaugurado en octubre de 1963.

                      

Entre sus principales creaciones debemos destacar los retratos de tipo costumbristas como la Montehermoseña y el Tamborilero, colección particular del profesor García Matos; Medallón con el rostro de Ramón y Cajal (colección particular de D. Valeriano  Gutiérrez Macías); así como el Monumento a Gabriel y Galán, en Plasencia o el Monumento de Gabriel y Galán en Granadilla, Monumento al Marqués de la Constancia  en Plasencia. San José, ubicado en el patio del Colegio de las Josefinas Trinitarias de Plasencia sirviéndole de modelo una imagen de San José que le facilito su amigo Elías Gómez Andrés. El Nazareno en paradero desconocido, fue una de sus primeras imágenes dentro del grupo de imágenes religiosas, si tenemos su fotografía conseguida gracias a la colaboración de la familia Calderón Polo, dedicada a su hermano Manuel. El busto del Placentino Crescencio Gil Pizarro, propiedad particular este en madera es del año 1952, costo 7000 ptas., habiéndose pactado en 5000, pero era  tal la penuria económica en que vivía, que  lo subió a cambio de dos caricaturas que hizo de sus hermanos. Este busto lo conserva su hija Asunción Gil Gil, sus padres Arsenia y Crescencio le facilitaron una cama en su propia casa sita en  la Plaza Mayor de Plasencia. Otro busto es de  de Nicéforo Luengo, en escayola, propiedad de Mari Luengo. En ambos se ve grabada la firma del autor.

Otro busto anónimo se encuentra en poder de una familia de Navalmoral, otro personaje desconocido en escayola se encuentra en Talavera de la Reina.
Muchas se encuentran repartidas en Badajoz, Cáceres, Tarragona, Plasencia y Trujillo.
También es importante mencionar, su faceta en el campo del dibujo caricaturesco, casi toda su obra se encuentra en colecciones particulares. Un dibujo de esta variedad se encuentra en Plasencia, pertenece a la familia de de los Hermanos Gil Pizarro.
El carácter introvertido de Ruiz Corisco y su aislamiento en Casatejada y Plasencia, la falta de contacto con grades núcleos artísticos, contribuyeron a impedirle conquistar todos los éxitos a que era acreedor. Le falto una mayor proyección para su proyección artística .No lució como merecía en el firmamento de la fama.
Pepe Morales, decía: “no son muchos los que le recuerden, pequeño, delgado, feo y sordo…gran artista, artista con fibra, pero desilusionado por fracasos y falta de comprensión”, que palabras más contundentes. Era una persona enclenque, con su nariz prominente, totalmente desproporcionada al rostro menudo y seco que la mantenía. Recordaba aquel verso de Quevedo que decía: “Erase un hombre a una nariz pegada…” lo que Morales afirmaba como caricatura a un dibujo que hizo de su cara. Pero todo el mundo le quería.


CARITARUTAS DE ELISEO DE JULIO NUÑES, PEPE MORALES Y FIGURA DE CORCHO DE ANTONIO TRULILLO


A Corisco le salvaba su alma como artista, su sensibilidad exquisita y su simpatía arrolladora, que prodigaba con gracia entre sus amigos más íntimos. Es posible que no hubiera vuelto nunca a Casatejada de no ser por su madre, a la que adoraba y de quien recibía todo el afecto que echaba de menos fuera de allí.
Es una lástima que Plasencia no hubiera reconocido en su momento la valía de este escultor, adquiriendo sus obras, sobre todo cuando necesitaba darle salida, tanto por sus apreturas económicas, como por su orgullo profesional, tan machacado por la indiferencia. Las autoridades de entonces hubieran hecho una labor humanitaria socorriendo a un necesitado y estimulando a un excelente artista. Con la agradable contrapartida de tener nuestras plazas y jardines adornados con sus extraordinarias esculturas.
Por su mala fortuna, quizás también por su desafortunada imagen y, principalmente por la incomprensión y desinterés de quien deberían haberle apoyado, Corisco vivió los últimos años  como un bohemio, libre y desordenado, vistiendo estrafalariamente, bebiendo en cantidad.
Aquejado por una posible enfermedad mental  fue abandonando su profesión, posiblemente por un cuadro depresivo, agravado por el alcohol.
Falleció en Casatejada el 26 de Abril de 1969, en el domicilio de su hermano Valentín, víctima de un paro cardiaco, según consta en el libro 38, Folio 130 de la Sección 3ª del registro Civil de Casatejada.

José Antonio Pajuelo Jiménez.

Biografía: Revista Casatejada año 1991, septiembre nº 31  Revista Casatejada año 1993, septiembre nº 33
Periódico “El Faro”, año 1930, 1931.  Periódico “El Regional”, 6 de Noviembre 1962,  2 de Abril 1963.
Archivo Ayuntamiento de Plasencia. Agradecimiento a Asunción Gil Gil  y a Mari Luengo López. Revista Casatejada año 2010 PAG 93.  Revista Casatejada año 2000 PAG 40.
Este articulo fue publicado en la Revista de Anual de Cultura de Casatejada. Numero 53-


viernes, 5 de julio de 2013

HISTORIA DE UN LIBRO. LOS OBISPOS DE PLASENCIA"

  PRESENTACIÓN DE LOS OBISPOS DE PLASENCIA

HISTORIA DE UN LIBRO


En el ya lejano 15 de octubre de 1995 vio la luz el número "0" de la Hoja diocesana Iglesia en Plasencia. Un mes más tarde, el 19 de noviembre -en que se celebraba aquel año el Día de la Iglesia Diocesana- se publicó el número 1. Y en él apareció mi primera colaboración sobre la historia del obispado de Plasencia. Durante diez y ocho semanas, fui presentando en la Hoja algunos datos de interés sobre el origen, la evolución y la situación actual de los 15 arciprestazgos placentinos.
Casi un año después, en el número 20, de 8 de septiembre de 1996, comenzó la sección titulada Los obispos de Plasencia. A petición de muchos lectores, con ese mismo título en 2002 publiqué el volumen I de la obra, que ahora ve la luz. En él se incluye la historia de los orígenes placentinos y la de los primeros obispos que gobernaron la diócesis desde finales del siglo XII hasta mediados del XVII (es decir, entre los años 1190 y 1652). Pero quedaban por estudiar los prelados que vivieron desde 1652 al 2011.
Por esa razón, durante casi una década continué investigando y escribiendo sobre los pontificados del resto de los obispos. La Hoja ”Iglesia en Plasencia¨ ha continuado –y sigue todavía-  publicando  la historia de los obispos placentinos.

Mi propósito era sacar a la luz más adelante, una parte segunda, que completase la obra iniciada. Sin embargo, siguiendo la iniciativa de D. Amadeo, nuestro prelado actual,  no se publica ahora sólo el segundo volumen, sino toda la Historia de la diócesis. Como el texto resultaría excesivamente extenso para un solo volumen, se ha optado  por hacerlo en dos tomos, que no coinciden exactamente con la división primitiva. El primero llega hasta principios del siglo XIX (1190-1803) y el segundo abarca los siglos XIX, XX y primera década del XXI (1803-2011).



La obra que ahora ve la luz no es una simple  agrupación de los artículos publicados en la Hoja diocesana. Éstos han sido ampliados -ya que encontré nuevos datos-, corregidos -enmendando errores que se deslizaron- y -lo que es más importante aún- enriquecidos con un interesante aparato bibliográfico, en el que se señalan las fuentes, inéditas o impresas, de donde se han tomado las diversas informaciones. Por esa razón, quienes tengan la colección completa de la publicación quincenal Iglesia en Plasencia pueden encontrar, a veces, diferencias notables entre el texto primitivo y el de la obra que hoy se presenta.

1.- Los episcopologios publicados
Cuando comencé mi trabajo investigador, yo  no pensaba escribir un libro que llenase el evidente vacío que había en nuestra diócesis. Porque en aquel 1996, ya en las postrimerías del siglo XX, había editados -nótese que digo "editados", por lo que no cito a Correas Roldán- sólo tres episcopologios placentinos de cierto empaque.


a).- El primero fue el de fr. Alonso Fernández, titulado Historia y Anales de la Ciudad y Obispado de Plasencia, que se publicó, en su primera edición, en 1627.  Por de pronto, quedaban por estudiar cerca de cuatro siglos, desde 1627 hasta el año 2000. Por otra parte (prescindiendo de otros detalles importantes, como el de  su originalidad), en aquella obra había lagunas e incluso errores manifiestos. Vayan sólo algunos casos, por vía de ejemplo, de los muchos que podríamos aducir. Alonso Fernández nada dice del problema que se planteó en tiempos del obispo don Sancho, a mediados del siglo XIV, cuando este prelado reclamó la  jurisdicción del obispado de Plasencia sobre Guadalupe. También omite por completo, o sólo cita de pasada, la celebración de los sínodos anteriores e inmediatamente posteriores a Trento –los de 1497, 1534 y 1566 -. En cuanto a errores, sobresale el de adjudicar el cardenalato al obispo placentino don Pedro Fernández de Soria, al iniciarse el Cisma de Occidente  en el año 1378. Incluso habla de prelados, cuya existencia histórica es más que dudosa, como  don Juan Alfonso II, don Rodrigo o don Andrés. Y, en cambio, omite otros de comprobada historicidad, como don Jimeno, cuyo nombramiento consta en los Archivos Pontificios. 

b).- El segundo intento de episcopologio placentino corresponde a la obra de don Domingo Sánchez Loro, publicada entre 1982 y 1985. Su autor lo titula: Historias placentinas inéditas. Primera parte. Cathalogus episcoporum Ecclesiae Placentinae. Esta primera parte consta de tres volúmenes, A, B, y C. Aunque Sánchez Loro proyectaba estudiar  todos los obispos que ha habido en Plasencia hasta el último cuarto del siglo XX, la muerte le impidió completar su obra, que sólo llegó hasta don Rodrigo Dávila (1470-1496). La segunda parte no vio nunca la luz. Dejó, pues, un vacío de cinco centurias, nada menos, sin la correspondiente investigación histórica. Esta obra de Sánchez Loro  tiene un mérito indudable: el de reunir y dejar constancia impresa, haciéndolos  asequibles, los textos originales de una serie de manuscritos, a los que sólo podían, aunque con cierta dificultad, tener acceso los estudiosos de la historia. El autor cita parcialmente las obras, no impresas entonces, de Correas Roldán, del jesuita Jerónimo Román de la Higuera, del comisionado de Carlos III, Ascensio de Morales, del capellán Barrio Rufo, del chantre Benavides Checa (cuyos Prelados placentinos estaban entonces inéditos), de El Curioso placentino, o del arquitecto Paredes Guillén.

Sin embargo, el método usado por Sánchez Loro no parece el más plausible. Partiendo del texto del manuscrito del maestrescuela Correas Roldán  -cuyo original confiesa poseer-, va recogiendo las noticias de cada obispo, añadiendo lo que dicen los diversos autores citados. De esta manera,  yuxtapone los textos originales, por lo que repite las noticias, y el libro adolece de cierta pesadez e incluso de no poca oscuridad.  Por otra parte, prescinde -de forma deliberada, pues ofrece historias inéditas- de la obra impresa de Alonso Fernández, que, pese a sus deficiencias, desarrolla un estudio nada desdeñable del episcopologio anterior al primer cuarto del siglo XVII.

c).- El tercer episcopologio es el de mi predecesor, el canónigo Archivero, don Manuel López Sánchez Mora. Fallecido en 1979, la Caja de Ahorros de Plasencia publicó en 1986 su obra póstuma, titulada: Episcopologio. Los obispos de Plasencia. Es un librito encomiable, pero demasiado elemental. Se trata de un trabajo de indudable interés, pero que, a mi juicio, resulta a todas luces insuficiente. Al Episcopologio de Sánchez Mora le falta extensión, profundidad y sobre todo, el aparato bibliográfico que soporte las noticias históricas.

2.- La serie de obispos
La primera dificultad con la que tuve que enfrentarme fue la confección de una lista, rigurosamente histórica, de los obispos que han regido nuestra diócesis a lo largo de los siglos. Para ello, tras examinar todas las series de obispos -estudié 10 de ellas-, que daban los diversos historiadores,  pude fijar una , donde se recogen los nombres de 81 prelados, desde don Bricio (1190) hasta el actual, don Amadeo Rodríguez Magro (2003).
a).- Criterios.- Para ello, tuve que establecer previamente unos criterios, aplicables a todos y a cada uno de los obispos de la lista. Un nombre puede  quedar incluido en la mencionada serie, sólo si cumple estos dos requisitos:

Primero: Nombramiento pontificio. Por lo tanto, no basta con que una persona sea elegida por el cabildo o designada por el rey. La designación debe estar corroborada por el correspondiente documento pontificio. Se excluyen, pues, de antemano los que no aparecen en los Tabularios de la Santa Sede.
Segundo criterio Toma de posesión. Tampoco basta el nombramiento ni la simple aceptación. Es necesario que el candidato haya tomado posesión canónica de su obispado. En consecuencia, quedan igualmente excluidos de la serie de prelados los que rechazaron el nombramiento, pese a haber sido elegidos, y los que, habiendo aceptado la designación, murieron antes de haber tomado posesión de su sede. La aceptación, o no aceptación, de estos dos criterios explica las discrepancias existentes entre los diversos autores, a la hora de hacer su listado particular.
b).- La aportación de Eubel.- Esta labor seleccionadora, previa y esencial, no la hubiéramos podido llevar a cabo sin la inestimable aportación del eminente historiador alemán, el P. Conrado Eubel, de la Orden de Franciscanos Conventuales, y de sus sucesores en la titánica empresa. Su monumental obra de nueve  volúmenes hasta el momento,  que se va editando paulatinamente durante más de un siglo, se titula Hierarchia Catholica Medii Aevi -a partir del volumen IV, el título es Hierarchia Catholica Medii et Recentioris Aevi, porque abarca también la Edad Nueva, no sólo la Media-. La primera edición del volumen I vio la luz en Munich en 1898 y comprendía las series de los obispos de todas las diócesis del mundo nombrados desde 1198 hasta 1431. El último volumen publicado, el IX,  se imprimió en Padua en 2002 e incluye las listas de los obispos cuyo nombramiento es firmado por la Santa Sede entre 1903 y 1922, bajo S. Pío X y Benedicto XV, es decir, entre los obispos don Pedro Casas y Souto y don Ángel Regueras López.

3.- Mis aportaciones
Aunque de todo lo expuesto anteriormente, se deducen con suficiente claridad, al menos, algunas de las aportaciones de Los obispos de Plasencia a la historia diocesana, voy a tratar de sintetizar lo que hay de nuevo en la obra presentada en esta noche.


PRIMERA APORTACIÓN: El Manuscrito de Correas Roldán.- En primer lugar, mediante las oportunas citas de la copia de los Anales de Correas Roldán, que encontré en el Archivo Capitular, he contribuido a completar las biografías de los obispos desde principios del siglo XVI hasta 1580, en que fallece el maestrescuela de la S.I.C., el doctor don Juan Correas y Roldán. No olvidemos que Maestrescuela era una antigua Dignidad del Cabildo, junto con la de Deán, Arcipreste, Arcediano y Chantre, admitidas por el Código de 1917. En el nuevo Código de Derecho Canónico, de 1983, sólo permanece una dignidad,  la de Deán o Presidente del Cabildo. Correas Roldán,  ex párroco de Losar de la Vera, por encargo del cabildo, escribió sus  Annales de la Santa Iglesia Cathedral de Plasencia desde su fundación. El manuscrito se estaba escribiendo en 1579. Al año siguiente, en septiembre de 1580, en que murió el obispo Tello Sandoval, falleció también el maestrescuela, parece que a consecuencia de la peste. Es Correas Roldán el primer historiador riguroso, que bucea en los archivos eclesiásticos y civiles y en la historia profana de España, buscando documentos  -privilegios reales o bulas pontificias- sobre los que basa sus afirmaciones. Alonso Fernández, y todos los demás historiadores posteriores han seguido de cerca -a veces, quizá demasiado de cerca, copiándolo literalmente, sin citarlo- al maestrescuela placentino.
Para hacer accesible a todos esta importante obra, en un Apéndice, he querido transcribir el documento original del citado maestrescuela, según la copia existente en el Archivo de la Catedral placentina.



SEGUNDA APORTACIÓN: Los Archivos Pontificios.- En segundo lugar,  a través de la ingente obra de Eubel, y de sus continuadores, he intentado acercar al lector los Archivos Pontificios, fuente fundamental,  donde puede, y debe, beber la verdadera historia de las Iglesias locales. Por esa razón, al comienzo de cada pontificado transcribo, en las notas correspondientes, el texto latino, o traducido, de la Hierarchia Catholica.
El mérito fundamental de esta obra consiste en apoyar las listas de obispos, no en las referencias, muchas veces fantasiosas, remitidas por los cronistas locales - como en 1873 había hecho el P. Pío Bonifacio Gams -, sino en los documentos oficiales proporcionados por los Tabularios Pontificios. La estancia de los papas en Avignón, desde principios del siglo XIV hasta el último cuarto de dicha centuria (que tanto daño causó a la Iglesia), resultó sumamente beneficiosa para la historia, pues de esta época data la organización de los Archivos Pontificios. Queda, sin embargo, la laguna de los tiempos anteriores. Por lo que, al no haber comenzado los citados tabularios, resulta muy difícil establecer la cronología del siglo XIII.
Ni Benavides Checa, ni Sánchez Loro ni el Sr. Sánchez Mora  manejaron la obra de Eubel, esencial para proceder con verdadero rigor histórico.


TERCERA APORTACIÓN: Estudios monográficos  publicados.- Además, en tercer lugar, hay que tener presente que a lo largo de los siglos, pero especialmente en los últimos tiempos, se han publicado numerosos estudios monográficos, sobre obispos de Plasencia o acontecimientos relacionados con la ciudad o con la diócesis. Pues bien, en la medida de lo posible, he procurado completar y poner al día los datos que tradicionalmente se nos ofrecían en anteriores trabajos. Por ejemplo, se han escrito biografías de don Vicente Arias de Balboa, de don Gonzalo de Zúñiga, de don Juan de Carvajal, de don Diego de Arce y Reinoso, de don Gutierre de Vargas Carvajal, de don Pedro Casas y Souto. Ha habido tesis doctorales interesantísimas, como la de los Comuneros de Castilla, donde se mencionan los acontecimientos ocurridos en Plasencia. He podido encontrar también  el diario de navegación de la expedición financiada por el obispo don Gutierre de Vargas de Carvajal. Y todo esto sin contar los numerosos artículos de revistas, que aportan datos sobre personajes o épocas concretas. Unas veces fortuitamente, y otras, por deferencia de sus autores, han llegado hasta mí noticias interesantes, que quedan recogidas en la obra presentada.

CUARTA APORTACIÓN. El Boletín del Obispado y la Hoja Diocesana “Iglesia en Plasencia”.- A partir de 1869 comenzó a publicarse el Boletín Oficial del Obispado de Plasencia, en el que se recogen todos los acontecimientos importantes de cada episcopado. Es esta la principal fuente del último siglo y medio. Finalmente, desde 1996 la Hoja diocesana Iglesia en Plasencia, de tirada quincenal, que pasa a ser  un Suplemento del Boletín Oficial, deja constancia de los eventos diocesanos de cierto relieve.

QUINTA APORTACIÓN: Los archivos de la catedral y del Palacio episcopal.-  Así mismo he tenido la oportunidad de bucear en el Archivo de la Catedral, donde  encontré numerosos testimonios, que aportan luz clarificante sobre personas o sucesos pasados. Las Actas Capitulares son del máximo interés, así como las convocatorias, actas y constituciones de los diversos Sínodos, los testamentos de diferentes personalidades de la vida eclesial y las comunicaciones de los diversos prelados con el cabildo. Estos documentos valiosísimos se encuentran dispersos en los 283 voluminosos legajos, que integran el acervo catedralicio. Igualmente son del máximo interés los libros manuscritos, especialmente los cerca de 150 libros de Actas Capitulares, así como otros casi 50  de posesiones de obispos, dignidades y canónigos. Es cierto que en los episcopologios anteriores se consignan  numerosas citas del Archivo Capitular, pero el tesoro es tan rico y abundante, que yo he podido encontrar testimonios nuevos, de la misma manera que mis sucesores hallarán muchos más, a los que yo no he tenido acceso.  
El Archivo Diocesano, que comenzó a organizarse en el pontificado de don Antonio Vilaplana, y en cuya labor se sigue trabajando en la actualidad, posee numerosísimos documentos –que se guardan en cerca de 5.000 cajas- relativas principalmente a los siglos XIX y XX, distribuidas en tres salas del palacio episcopal.


SEXTA APORTACIÓN: Las Notas a pie de página.- Finalmente -y pese a enumerarla en último lugar, creo que es la aportación más importante-, el texto va enriquecido con numerosas notas  bibliográficas (a veces pueden parecer demasiadas), donde se señalan las fuentes de las informaciones, cuya veracidad puede constatarse. No se trata de afirmaciones gratuitas, ni de rumores o meras conjeturas, sino de hechos que pueden comprobarse documentalmente. Este importante detalle es algo que se echa de menos en obras anteriores -lo que era normal en aquellos tiempos-, quizá porque el progreso de la historiografía se ha ido imponiendo poco a poco.   

5.- Reconocimientos
            En primer lugar quiero dar gracias a Dios - autor de todo bien -, por la vida y la familia que me dio, por la vocación a la Iglesia y al Sacerdocio que inmerecidamente recibí, y por la afición a la historia y a la investigación que suscitó en mí. Y no quiero olvidarme del regalo de la coincidencia  providencial (que nadie ha buscado), de que esta presentación tenga lugar precisamente en la víspera del sexagésimo aniversario de mi ordenación sacerdotal. En efecto, recibí el Sagrado Orden del Presbiterado el 30 de mayo de 1953, mañana hará exactamente sesenta años.  Soli Deo honor et gloria.  A Él todo honor y toda gloria.
Por otra parte, ya he dejado constancia de mi gratitud – queahora reitero - en la Introducción del primer volumen de Los obispos de Plasencia al Excmo. Ayuntamiento de la Muy Noble  Muy Leal y Muy Benéfica Ciudad de Plasencia, que patrocinó aquella edición. Pero además no quisiera terminar esta intervención mía sin manifestar mi agradecimiento más sentido y sincero para cuantos han hecho posible la impresión de esta obra completa, que ahora ve la luz. Ante todo, doy las gracias más cordiales a una institución tan benemérita para con la Iglesia y para con toda actividad cultural, como era la ya extinta Caja de Extremadura, personificada en su presidente, que ha financiado la impresión de la obra presentada en esta tarde, y que hoy se encuentra incluida en la nueva institución Liberbank.
Quiero también expresar mi público reconocimiento al Excmo. y Rvdmo. Sr. Obispo, don Amadeo Rodríguez Magro, que actualmente rige los destinos de la diócesis, quien con tanto entusiasmo ha acogido este trabajo investigador y que ha tenido la gentileza de ponerse en contacto con dicha institución benéfico social para que financiase esta edición.   

Siguiendo en el mismo terreno - aun a riesgo de que se me olviden nombres de personas o de instituciones que deberían figurar en la larga lista de los reconocimientos - no puedo por menos que expresar también públicamente mi gratitud:
Al M. I. Sr. Dr. don Jacinto Núñez Regodón, ex alumno, compañero de cabildo y profesor de la Universidad Pontificia de Salamanca, de cuya Facultad de Teología es Decano, que, a pesar de sus muchas ocupaciones, con su característica amabilidad, se ha dignado presentar esta obra, como había hecho ya con el primer volumen.
Al ya difunto don Vicente Hernández García, ex párroco de Almaraz y director de la Hoja diocesana Iglesia en Plasencia, en cuyas páginas han tenido acogida, quincenalmente durante tantos años, los artículos que han dado base a esta publicación.
Al profesor titular de la Universidad de Alcalá, D. Pedro Manuel Alonso Marañón -al que estoy unido  por los lazos de la amistad y del parentesco-, que me ha aconsejado, orientado, e incluso ayudado en la redacción y presentación definitiva de este volumen que hoy ve la luz.
Al P. Sebastián García - del cual alguien dijo hace muy poco que era "más que un  archivero, el archivo viviente del Real Monasterio de Nuestra Señora de Guadalupe"-, que en ocasiones me ha prestado una valiosa ayuda, sobre todo, en determinados temas relacionados con aquel Monasterio.
Y, finalmente, al Cabildo de la catedral de Plasencia, representado por su actual Deán, don Francisco Rico Bayo y a su predecesor como presidente del cabildo el ya difunto, entrañable amigo, don Virgilio Vegazo Sánchez, cuyos fondos documentales han resultado valiosísimos para la investigación desarrollada.
Para concluir, permítaseme  recordar a cuantos lectores de la Hoja diocesana, -de forma privada, muchas veces anónima, verbalmente o por escrito-, me han animado a publicar el apunte de episcopologio, que hoy se presenta al público.
Que Dios se lo pague a todos.
Buenas tardes. Muchas gracias por su amabilidad.
Plasencia, 29 de mayo de 2013.
Francisco Gonzalez Cuesta


                                            "SEMBRANDO INQUIETUDES"

miércoles, 26 de junio de 2013

FRANCISCO LORENZANA Y BUTRÓN

Francisco Antonio de Lorenzana y Butrón (León22 de septiembre de 1722 - Roma,17 de abril de 1804), cardenal, historiador, liturgista y humanista ilustrado español, hermano del deán de Zaragoza y obispo de Gerona Tomás de Lorenzana.
Biografía
Tras completar sus estudios en el colegio jesuita de su ciudad natal, entró al estado eclesiástico y alcanzó una canonjía en Toledo. Desde el 5 de junio de 1765 al 14 de abril de 1766 asumió el obispado de Plasencia, (no de Palencia, como más de una vez se ha escrito erróneamente). De ideología acentuadamente regalista, impulsó la expulsión de los jesuitas en 1767. Desde el 14 de abril de 1766 al 27 de enero de 1772 asumió el arzobispado de México, donde desplegó una energía y capacidad de trabajo tales que se hizo tan famoso como temido, sobre todo por los conventos de monjas, cuyos estatutos intentó reformar, y por los jesuitas, contra los cuales chocó desde el principio. Supo conjugar la fe católica con el reformismo ilustrado e intereses sociales e incluso científicos.
Recogió y publicó las actas de los primeros concilios provinciales de México en 1555,1565 y 1585: Concilios provinciales, I, II, III, de México (México, 1769-70). En 1771 él mismo convocó el cuarto concilio provincial mexicano, que comenzó el 13 de enero y terminó el 26 de octubre. Desafortunadamente sus decretos, que envió a Madrid para ser confirmados, no fueron aprobados por los monarcas ni por el Papa y quedaron sin publicar. También se dedicó a la historia profana escribiendo y anotando prolija y eruditamente una Historia de la Nueva España, escrita por su esclarecido conquistador Hernán Cortés (México, Joseph Antonio de Hogal1770) que incluye la primera edición mexicana de las Cartas de Relación de Hernán Cortés, con importantes mapas y ampliaciones con textos de Lorenzo Boturini Benaducci y fray Agustin de Betancourt. Fomentó también la elaboración de gramáticas indígenas, proyectos de urbanismo y diversas excavaciones y estudios relacionados con las antigüedades mexicanas, y produjo varios catecismos para párrocos y niños.
El infatigable arzobispo volvió a España en 1772 para colocarse a la cabeza de la archidiócesis de Toledo hasta el año 1800 en que renunció al puesto en teoría por razones de salud, si bien la causa verdadera eran sus conflictivas relaciones y roces con el valido Manuel Godoy. Allí reunió una gran biblioteca que hizo pública en 1771 y levantó un apropiado y funcional edificio para la misma. Formó una colección de 379 incunables, cerca de mil manuscritos de los siglos XI al XIX y más de 100.000 libros impresos entre el siglo XVI y el XIX, que constituyeron el núcleo de la Biblioteca Pública del Estado en Toledo, integrada en 1998 en la actual gran Biblioteca de Castilla-La Mancha.
Buscó y preparó la edición de los antiguos escritores hispano latinos toledanos, que apareció publicada al fin bajo el título SS. Patrum Toletanorum opera (Madrid, 1782-93). Asimismo preparó la edición del breviario gótico del rito mozárabe, Breviarium Gothicum  (Madrid,1775), y del misal mozárabe Missale Gothicum (Roma1804). En las introducciones a estas ediciones discurre con gran erudición sobre liturgia mozárabe. Mandó realizar las llamadas Descripciones o Relaciones de Lorenzana (1784), un cuestionario de catorce preguntas al que debían contestar los vicarios, jueces eclesiásticos y curas párrocos del arzobispado para recabar información de todo tipo sobre la archidiócesis, sobre aspectos tan variados como los sistemas de cultivos, las limitaciones climáticas, la comercialización de los productos, la bondad de sus aguas o la enfermedad más común que se sufría en su pueblo, entre otras informaciones fundamentalmente de naturaleza geográfica. El manuscrito con las respuestas se conserva en el Archivo Diocesano de Toledo. Y junto al interés por el presente de su diócesis, sintió casi el mismo por su pasado medieval: quiso editar las obras de primitivos autores cristianos toledanos venerados en Toledo, como San EugenioEulogioSan Ildefonso y Julián de Toledo, pero también recuperó el Manus fortis de Maimónides, mostrando así su multiculturalismo. La ingente tarea fue posible gracias a la colaboración de importantes eruditos, como su bibliotecario Pedro Manuel Hernández, el padre Enrique FlórezFrancisco Pérez BayerFaustino Arévalo o Francisco de Santiago Palomares. Consciente del espíritu de su siglo, Francisco Antonio de Lorenzana creó también un gabinete de historia natural y un museo de antigüedades (durante su estancia en México reunió una interesante colección de objetos etnográficos procedentes de los indios de California, cuadros de mestizaje pintados en Puebla de los Ángeles, piezas de cerámica de Tonalá (Guadalajara) y bateas de Michoacán, que trasladó a Toledo, desde donde se dispersaron por diferentes instituciones españolas). Por otra parte, encomendó al académico alicantino Ignacio Haan la construcción de un nuevo edificio para la Real Universidad de Toledo, el hoy llamado Palacio del Cardenal Lorenzana, y la rehabilitación del Palacio Arzobispal, así como la construcción del Hospital del Nuncio Nuevo y la Puerta Llana de la catedral. La Biblioteca Arzobispal, de gran importancia y abultada por los fondos exclaustrados de los jesuitas, se vio enriquecida con el Fuero Juzgo. Entre 1794 y 1797 fue nombrado Inquisidor General.
Fue asimismo un gran mecenas y protegió y alentó en Roma los proyectos del jesuita expulso, filólogo y humanista extremeño Faustino Arévalo, muy parecidos a los suyos, y le tuvo como secretario hasta su muerte. Al acaecer la misma, Arévalo pronunció su elogio fúnebre. En gran parte la edición de Arévalo de las S. Isidori  Hispalensis Opera Omnia (Roma, 1797-1803) se debió a su empeño personal.
Su labor social fue memorable, aunque sus sucesores no supieron estar a la altura del formidable impulso que dio a estas empresas; fundó dos hospicios, en Toledo y Ciudad Real, en los que además se instruía a los menesterosos en faenas para que se ganaran la vida con una idea típicamente ilustrada de los beneficios que reporta la caridad activa. Acogió a los religiosos franceses emigrados por la Revolución francesa.
Fue nombrado cardenal el 30 de marzo de 1789 por Pío VI y tras participar en el cónclave tras su fallecimiento (1799-1800), renunció a su arzobispado y acompañó al antiguo cardenal Chiaramonti y nuevo Papa Pío VII a Roma y allí permaneció hasta su muerte. En 1801 fundó una nueva Academia Católica en la Ciudad Eterna. A su muerte nombró como herederos suyos a todos los pobres. Su sepulcro está en Roma, pero fue trasladado a Ciudad de México.
En la sala capitular de la Catedral de Toledo se conserva el retrato del cardenal, realizado por el pintor Zacarías González Velázquez.
          "SEMBRANDO INQUIETUDES"



viernes, 31 de mayo de 2013

SEPULTURAS LABRADAS EN ROCAS.

LA TUMBA DE LA PRINCESA
Dentro de  las sepulturas labradas en las rocas, creemos que corresponden a periodos tardos romanos, o a etapas posiblemente anterior. En nuestra zonas este tipo de enterramiento se prodiga ampliamente, tenemos registrado medio centenar, entre el valle del Jerte, la Vera y el Valle de Granadilla, con la peculiaridad de estar labradas en granito y  los pies orientados hacia el naciente.
Son iguales o muy semejantes entre sí las enclavadas en cada zona; pero diferente de un valle a otro. Suelen localizarse en lugares bajos de las laderas y más raras en las zonas en las zonas libres de declives montañosos.
Todas están violadas y en algunas hemos encontrado las tapas o cubierta que tenían.
Una de ella sobresale sobre las que hemos visto, es la que  encuentra localizada en la finca “El Robledo” término municipal de Malpartida de Plasencia, lindando con la finca de Cuadrilleros.
Se encuentra a una altitud de 490 metros., 40º 2´¨40” Norte, 6º 1´ 17” Oeste.
SUBIENDO AL CERRO DE CASTILLEJO
Tiene un perímetro de largo exterior de 2,05 metros y interior de 1,90 metros
Perímetro interior de 48 cm, y exterior de 67 cm.

Parece presentar dos cabezas de 27 cm la del naciente y con una profundidad de 43 cm, y la de poniente 33 cm, con una profundidad de 30 cm. Por lo que podía pensarse que la tumba era para dos personas madre e hijo.

La llaman la tumba de la princesa, es la que sobresale de todas las 
que se encuentran en la zona. Esta labrada sobre un alto canchal que forma parte del denominado Cerro de Castillejo.

No solo ha sido excavada en su interior sino que también ha sido rebajada en su contorno externo, dándole así una apariencia monumental, exenta, sobre el firme de apoyo del núcleo granítico. 

Es de reducida  proporciones y parece corresponder a un cuerpo joven. El canchal sobre el que esta labrada no tiene contactos laterales con ninguno de los del alrededor.

Creemos que este monumento revela el profundo afecto sentido por el “clan” hacia la persona a quien fue destinado.

En la Vera aparecen dos nuevos elementos que no se ven en los valles anteriores, Uno es el resalte que al modo de almohada, existe en un lugar destinado a la cabeza., se levanta del resto del fondo unos dos o cuatro centímetro.. El otro elemento está representado por una excavación fuera de la tumba, inmediato a ella, en su lado derecho, de pequeño tamaño y circular, que se puede interpretar como una mesa de ofrenda a los muertos.



TUMBA DE LA PRINCESA
Como curiosidad cuando se llevó a cabo la pavimentación de la Iglesia de San Martin de Plasencia, inmediato a su puerta sur, apareció un sepultura excavada en la roca con las característica generales de este tipo de enterramientos.


Otro hecho curioso y a tener en cuenta, es la falta de existencias de tumbas en la sierra de la orilla izquierda del Jerte, mientras que son tan abundantes en la opuesta, tan cercana la una de la otra, y siendo ambas de la misma constitución geológica.


Departamento de Investigación de la A.C.P. "PEDRO DE TREJO"
                            "SEMBRANDO INQUIETUDES"