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jueves, 26 de febrero de 2009

PLASENCIA,IMPERFECTA CIUDAD LINEAL


Para Plasencia, que ha vivido alrededor de ochocientos años encerrada por una muralla, no es nada fácil perder el miedo psicológico a los espacios abiertos. Así lo parece demostrar su posterior modelo de crecimiento urbano, sustituyendo la protección de la muralla por la de los bordes serranos que cierran el Valle del Jerte, al que geográficamente pertenece.

La ciudad ha crecido, sobre todo y principalmente, hacia el NE, siguiendo la línea trazada por el río y su valle, convirtiéndose en una ciudad “enrocada”. La principal consecuencia de esta actitud defensiva queda patente en los graves problemas de movilidad urbana, derivados de una morfología estrecha y excesivamente alargada, a modo de imperfecta ciudad lineal.

El primer ensanche extramuros de la ciudad, planteado a finales del siglo XIX, buscaba plasmar los criterios higienistas imperantes en el momento y propone alejarse de la insalubridad del río, creando la ciudad nueva en los terrenos sanos, soleados y bien aireados existentes al Norte del recinto amurallado.

Sólo la llegada del Ferrocarril, como elemento dinamizador y modernizador, a finales del siglo XIX, introdujo un elemento poralizador al Sur y al otro lado del río. Este importante polo de atracción obligó a que la ciudad se extendiera también hacia el Sur, pero con un uso casi exclusivamente industrial y algo de residencial con cierta marginalidad.

El urbanismo planificado de la segunda mitad del siglo XX continuó ampliando y reforzando el modelo decimonónico de ciudad existente. De este modo, se introdujeron nuevas piezas urbanas residenciales al N. y nuevas zonas de suelo industrial al Sur, con lo que la ciudad continuó alargándose sin remedio y disociando los usos residencial y laboral.

Debemos añadir que la ciudad tiene una deficitaria y desjerarquizada red viaria urbana, lo que complica aún más los desplazamientos, restando fluidez a los flujos urbanos propios de una ciudad moderna. Por añadidura, mientras la mayor parte de la población vive hacia el N. y NO. de la ciudad, las principales vías de comunicación urbana se localizan al S. y SE. como efecto pernicioso de una política mediatizada por el máximo aprovechamiento del suelo como norma directora.

A finales del siglo XX el terrible y costoso modelo de ciudad que padecemos estaba totalmente consolidado y es entonces cuando surgen las primeras propuestas de medidas correctoras. El P. G. O. U. vigente incidió especialmente en este aspecto, pero sin logros reseñables, ya que también continuó fomentando la urbanización de terrenos en Valcorchero, hacia el N.

Y en el presente, ya en el siglo XXI, nos encontramos en un momento crucial para decidir el futuro inmediato de Plasencia en lo que a desarrollo urbano se refiere. Las novedosas infraestructuras de transporte plantean nuevos retos y oportunidades. Un nuevo documento de planeamiento (de momento sólo en formato de “avance”) se acaba de presentar ante la opinión ciudadana.

La primera sorpresa en el nuevo P. G. M. es que Plasencia apenas crece en superficie, sino sobre sí misma, con el incremento de la densidad de edificación en las zonas no desarrolladas del actual planeamiento y edificando sobre zonas verdes. La segunda sorpresa es que Plasencia va a seguir alargando su paisaje urbano. De nuevo el Ferrocarril (esta vez en su versión moderna de Alta Velocidad) tirará de la ciudad hacia el Sur, donde el nuevo planeamiento propone crear zonas industriales y logísticas.

Con la suficiente perspectiva histórica y a la luz de los últimos acontecimientos en política territorial, se constata que Plasencia ha orientado su desarrollo urbano erróneamente durante todo el siglo XX. Empeñada en encerrarse entre las montañas del Valle del Jerte, en un enclave de difícil accesibilidad, se ha ido poco a poco aislando del resto del territorio. La localización preferente de las principales dotaciones y equipamientos públicos en la zona Norte de la trama urbana acrecienta estos graves problemas de accesibilidad. Plasencia se ha encerrado en un embudo donde que es difícil entrar y salir, y donde es muy difícil moverse.

La consecuencia geográfica de este erróneo modelo de crecimiento la tenemos que lamentar ahora viendo cómo todas las modernas infraestructuras de transporte pasan bastante lejos de la ciudad, dada la difícil accesibilidad del enclave de Plasencia. Las entradas a la autovía A-66 quedan al SO. y al S. de la ciudad y parece que seguimos sin darnos cuenta de esta nueva realidad. Será por eso que el Avance del PGM propone como “necesidad urgente” la conexión N. con la carretera N-630, sin comprender que ésta ya es una infraestructura obsoleta y en desuso. La Estación del AVE queda demasiado lejos de la ciudad ya que es técnicamente imposible acercarse más a Plasencia por causa de las barreras topográficas. En estas condiciones, no va a ser fácil que el AVE tenga el peso esperado en el desarrollo económico de Plasencia.

Cien años empeñados en aislarnos y haciendo que la ciudad crezca, encorsetada y hacia el lado contrario van a pesar mucho en el futuro de esta ciudad. Nos va a costar mucho esfuerzo y dinero superar este grave error geoestratégico. Es hora de comenzar a mirar hacia el Sur. Es hora de que esta ciudad comience a ser una verdadera “ciudad abierta”.

M. Montaña Domínguez Carrero de la A.C.P."PEDRO DE TREJO"
SEMBRANDO INQUIETUDES.

lunes, 23 de febrero de 2009

PUERTAS DE LA CIUDAD

La ciudad de Plasencia poseía cinco puertas con categoría de tal y varios postigos o puertas pequeñas que servían para salidas urgentes o pasos escondidos. Su número divide a los cronistas de la ciudad.
Las hojas de las puertas eran de madera, dobles, de grandes dimensiones, forradas de chapas y con grandes clavos de hierro que las defendía de los ataques, del fuego y de la climatología. Solían tener unas angarillas por la parte de dentro que servían para realizar la misma función sin tener que mover continuamente las pesadas hojas principales.
PUERTA DEL SOL
Esta puerta de entrada a la ciudad, está situada al mediodía, es decir, hacia el este, de hay su nombre. Es la más ornamental de las puertas de la ciudad que se conservan; el arco de la portada es de medio punto, y está presidido por una imagen de la Virgen con el Niño en brazos, y rematado por una cruz. Esta imagen tiene la advocación de Nuestra Señora de la Paz. La imagen es de piedra berroqueña, y muy bien labrada.
La Puerta es de tradición romano-bizantina, estaba enmarcada por dos torres o cubos (visibles en el plano de Luis de Toro). En 1.877 se menciona que la torre de la derecha a la salida había sido derribada hace pocos años. En la actualidad no existe ninguno de dichos cubos.
La simetría de la puerta está desplazada con el eje de la calle del mismo nombre
Debajo de la imagen están el escudo de los Reyes Católicos y dos escudos de la ciudad, uno a cada lado. También se ve una leyenda o inscripción que debido a su deterioro no es posible leerla, pero que sería igual a la de la puerta de Trujillo.
En el lienzo de la muralla izquierda según se sale de esta puerta, encima del tejado de la primera casa se ve el escudo de los Paniaguas, los cuales fueron de los primeros en repoblar la ciudad, y seguramente uno de ellos fue el primer alcalde de la nueva población.
Junto a esta puerta estuvo una pequeña iglesia y un pequeño hospital dedicado a San Andrés, se edificaron en el siglo XIII, y fueron sus promotores el Arcediano Don Nicolás y el Chantre Don Domingo. Su misión era curar a los soldados que venían heridos de las luchas contra los moros. Como no se la dotó de rentas, al morir sus fundadores desaparecieron la iglesia y el hospital.
DEPARTAMENTO DE RECOPILACION de la A.C.P."PEDRO DE TREJO"
SEMBRANDO INQUIETUDES.

domingo, 15 de febrero de 2009

DOCUMENTO NUMERO XXVI






Este documento pertenece a las observaciones sobre la Historia de la Guerra de España que escribio en inglés el Exmo.Sr.Teniente Coronel Napier, publicada en Londres, el año de 1830 y traducido por D, José Ganga Argüelles.

PARTE DADO POR LA JUNTA DE PLASENCIA, SOBRE LOS EXCESOS DE LOS FRANCESES, A 16 DE AGOSTO DE 1809.


Excmo. Señor.- Desde le día 11 que se dio parte a V. E. de Las ocurrencias que se sabían en orden a los enemigos, solo se ha sabido que estos, y la mayor parte de sus ejércitos permanecen en Plasencia, y que desde ella salen partidas a los pueblos inmediatos a robar y desbastar. Desde esta villa se ha visto arder tres días la de Serradilla, donde incendiaron algunas eras, la dehesa, las cercas y hasta ahora cerca de 80 casas de la población, y entre ellas el convento de religiosas. Mataron varias personas, y hasta los animales que hallaron; quedando el pueblo y sus vecinos en un estado completo de ruina. Se dice también del incendio de otros pueblos, como Pasaron, Arroyomolinos, el Barrado, Garganta de la Olla, Tejada, Riolobos, Malpartida, la Oliva y otros. Registran con escrupulosidad los campamentos que hay en las sierras y en los montes; y no contenta su codicia con robarlo todo, pasa su fiereza brutal a disparar tiros a las personas, haciendo cadáveres cuantos tienen la desgracia de caer en sus manos; roban a manera de salteadores en los caminos a los arrieros y viajantes; muy cerca de la Serradilla asesinaron, después de atados y robados, a once arrieros, dejando a otros casi apunto de morir. Estas proezas y rasgos de valor comete el ejército de este héroe inicuo, dejando por todas partes señales horribles de su brutalidad salvaje y cobarde. Parece que es caudillo de estos asesinos el Mariscal del Imperio Duque de Dalmacia con cuyo nombre se ha visto ayer una orden que se despacho a la ciudad de Coria por el Comisario Ordenador Le Noble, para que en los días 14,16, y 18 condujesen a Plasencia y a sus almacenes militares, una porción desaforada de bastimentos que les detallaban, y entre ellos, hasta una arroba de quina, con las amenazas ordinarias. Ayer también se que habían bajado a examinar con mucho cuidado el Puente cortado del Cardenal, inquiriendo maderas en la villa Real de San Carlos, tal vez para habilitarle con ellas. La Junta dio inmediatamente cuenta a los Generales de nuestro ejercito, y ha procurado que la villa de Torrejón tenga observadores en dicho punto, (Gaceta del Gobierno, de 7 de Septiembre de 1809).
    
                          Jose Antonio Pajuelo Jiménez - Pedro Luna reina

jueves, 5 de febrero de 2009

D.JOSE GARCIA MORA


“Biografía del sacerdote José García Mora”
Don.J. García nació en Plasencia el 21 de abril de 1829 en el seno de una familia de “media fortuna”. Sus padres, Rafael García Campo (platero) y Antonia Mora y Corcho, también eran placentinos, al igual que sus abuelos. Sus progenitores le destinaron al sacerdocio, para el que existen dudas de que realmente tuviera vocación. En el Seminario Diocesano y Conciliar de esta ciudad estudió Latinidad y Filosofía; y posteriormente amplió conocimientos en Valladolid y Salamanca donde obtuvo los doctorados en Sagrada Teología y en Derecho Canónico, sin descuidar las humanidades, el griego y el hebreo, obteniendo brillantes calificaciones.

Al ser ordenado sacerdote , por el Arzobispo de Toledo Cardenal Bonelly Orbe, fue destinado a Piornal, donde permaneció entre 1854 y 1857. Se negó a utilizar la influencia de su tío, Jerónimo Fernández García, Secretario del Ministro José Salamanca, y opositó a diferentes Canonjías Doctorales en Cuenca, Málaga y Vitoria (entre 1855 y 1863). En 1857 fue destinado como párroco a Villanueva de la Vera, donde estaría hasta 1878. En 1859 se enfrentó al obispo Bernardo Conde Corral, acusándole de cacique por favorecer a un familiar en la plaza de la Penitenciaría de Plasencia. Aunque renunció a otros concursos, viajó a Madrid por reuniones y congresos; y a Talavera de la Reina para realizar algunos mítines.

Durante los 21 años que estuvo destinado en Villanueva de la Vera, realizó una intensa y variada labor; construyó una escuela, una fuente en el centro de la plaza, y abrió un camino desde el río hasta el pueblo. Adquirió y repartió entre los vecinos una propiedad de los terrenos de propios que el gobierno vendía, con regadío y una óptica productividad. Desde esta localidad se enfrentó con algunos caciques como el alcalde, el Provisor de Plasencia, y con el diputado conservador Godínez de Paz

A partir de la revolución de 1868, se implicó mucho en política, siendo propuesto por los vecinos como alcalde, pero sólo aceptó el cargo de Procurador Síndico. Aunque pudo ser candidato a Cortes Constituyentes, lo rechazó, si bien fue nombrado representante en la Asamblea Federal.

Uno de los aspectos que nunca abandonó, y supo conjugar bien con otras facetas de su vida, fue la de escritor, participando, a través de La Reforma, en el enfrentamiento entre clero integrista y contemporanizador. En 1870 fundó el periódico Los Neos sin Careta y la “Iglesia Cristiana Liberal”, ridiculizando a la jerarquía eclesiástica, y amenazando con un cierto cisma. Y es que Mora criticaba que en la diócesis placentina muchos cargos estaban ocupados por personas sin preparación adecuada, y que se usaba demasiado el nepotismo y el clientelismo, en detrimento del mérito y la valía personal.

En 1878 se trasladó a la placentina parroquia de El Salvador, desde donde se enfrentó con el nuevo obispo Pedro Casas y Souto. Ambos personajes, de fuerte carácter, chocaron rápidamente por una cuestión de jurisdicciones en la ermita del Puerto. Comenzó así un litigio en el que intervinieron sucesivamente para dirimirlo la diócesis, el Tribunal Metropolitano de Toledo y el de La Rota. Y aunque Mora ganó el pleito en Madrid y Toledo, Casas y Souto nunca aceptó este fallo que le restaba autoridad y suspendió “A divinis” al sacerdote, quien se enclaustró en su domicilio. Tras la muerte de Casas, las buenas relaciones entre el nuevo obispo, Francisco Jarrín Moro y el sacerdote dieron lugar a que éste último fuera repuesto en su iglesia.

José García Mora falleció a los 81 años en Plasencia, el día 6 de octubre de 1910, a las diez de la noche de catarro senil, en la calle del Marqués de la Constancia número 1.

Fue el autor de una vasta obra, que se inició en 1863 con varias conferencias en el Ateneo de Madrid, en las que aborda las relaciones entre la Iglesia y el mundo moderno (Influencia del catolicismo en el orden científico). Escribió en diferentes periódicos, como Democracia católica, Regeneración, La Reforma, Los Neos sin Careta, y El Cantón Extremeño. También dejó algunos escritos en la revista Revista de Extremadura. Pero por lo que más destacó fue por sus numerosos libros: El poder temporal del Papa y la sociedad europea (1862); La verdad religiosa o exposición histórica, filosófica, moral y social de las doctrinas del catecismo católico, comparado con las del protestantismo; Retrato y dirección del hombre, y Organización y dirección de las Sociedades (1864); El principio de autoridad vindicado, Diario de un párroco de aldea, Consideraciones sociales y políticas sobre las antiguas instituciones, Cortes y Hermandades de Castilla, y Los huérfanos de Extremadura (1865); Oración fúnebre por los mártires de la patria y de la libertad desde Padilla hasta Vallín, desde Villalar hasta Alcolea (1868); Don Íntegro o el Nuevo Quijote de Barcelona (1885); y Apuntes sobre física y otras materias; y Vida y reivindicación de Don José García Mora, Presbítero (1909).

Este polémico sacerdote fue escritor, historiador, político, abogado, literato, filósofo, teólogo, músico y científico. Por su formación inicial y por las circunstancias que vivía la Iglesia española en aquellas fechas, en sus escritos iniciales (apologéticos) intenta defender las ideas tradicionales frente a la de los intelectuales laicos y frente al protestantismo; por esto predomina en ellos el carácter conservador. Pero a partir de 1865, cambia de orientación ideológica hasta el extremo de fundar, la “Iglesia Cristiana-Liberal de Villanueva de la Vera”, en la que, sin modificaciones dogmáticas, lo fundamental era unir elementos que las autoridades eclesiásticas consideraban antitéticos, como cristianismo y liberalismo e, incluso, republicanismo. Él llegó casi al cisma por su psicología personal y por sus conexiones con las comunidades religiosas protestantes y las asociaciones políticas republicanas. Su deseo de notoriedad fue el rasgo fundamental de su carácter, algo a lo que no podía sustraerse, hasta el extremo de que su fama dentro de la Iglesia, incluso la ultraconservadora “neo”, probablemente le hubiera disuadido de toda originalidad política o confesional.

Su existencia fue polémica y combativa, con fuertes dotes de soberbia, orgullo y altanería; pero también con una vasta cultura, inquieto e interesado por las corrientes culturales, sociales y políticas del momento. Rebelde, obcecado y poco dado a la obediencia a la jerarquía eclesiástica; pero un individuo popular, muy admirado por los sectores sociales humildes, enemigo de las injusticias, defensor de los débiles y martillo de caciques y “clientes”.

Jose A. Sanchez de la Calle, de la A.C.P." PEDRO DE TREJO"
SEMBRANDO INQUIETUDES

jueves, 22 de enero de 2009

FUNDACION DEL COLEGIO DE SAN JOSE


Don Antonio María Fernández de Córdoba, Zúñiga, Dávila y Pimentel, Marqués de Mirabel, decide en el año 1.844 fundar un Colegio de Niñas Huérfanas, el cual estará regido por el Obispo, el Alcalde, el Juez de Primera Instancia, y el Procurador Síndico. Haciendo constar en su testamento que” no falten los alimentos ni demás gastos que sean necesarios e vestir y calzar a las niñas, y botica y facultativos y gratificación que ha de darse a las monjas todos los años, que deberá ser de trescientos veinte reales a cada una de ellas”. La edad de admisión de las niñas será entre cinco y ocho años, y “solo podrán estar en el Colegio hasta los veinticinco, si antes no hubieren salido por razón de posesión, matrimonio o estado religioso”
.El marqués no pudo ver realizada su fundación, ya que murió en mayo de 1.845, y fue su sobrino y sucesor don Pedro Fernández de Córdoba el que inauguró el colegio en el año 1.848.
En el año 1.908 el capital de esta fundación era de 419.450 pesetas, y la renta fue 40.940 pesetas.
Cuando el marqués de Mirabel funda el Colegio de San José, en la antigua casa del Coronel Villalba, entrega la dirección del mismo a las religiosas de la Sagrada Familia de Burdeos. Para su dirección vinieron de Madrid en el mes de abril del año 1848 tres religiosas acompañadas de la Madre Bonnat, la cual era preceptora de las infantas.
La pequeña "colonia" se puso en camino en el año 1949, formando parte de los viajeros como capellán el padre Miranda. En aquella época no existían caminos, habiendo de recorrer el itinerario a través de bosques como los tiempos medievales o en carretas, este ultimo el mas adoptado, tardando cinco días en recorrer la distancia entre Madrid y Plasencia, deteniéndose todas las noches en posadas, excepto la ultima que la tuvieron que pasar en medio del bosque.
El mantenimiento de la fundación se hace con las rentas de los bienes que esta posee. Entre estos bienes hay varias fincas, las cuales se arriendan en pública subasta. Concretamente el año 1.960 las fincas que están en el pueblo de Talayuela salieron a subasta en las siguientes cantidades: Finca “Alcornocel”, 85.000 ptas. - Finca “Tórdiga y Peluca”, 285.000 ptas. - Finca “Hitos y Calderuela”, 140.000 ptas. - Finca “Cerroverde Norte”, 175.000 ptas. Finca “Cerroverde Sur”, 125.000 ptas.

Esta congregación fue la fundadora del Hogar de Nazaret en Plasencia, el cual tiene como misión la recogida de personas mayores con pocos o ningún recurso económico. El principio de esta fundación fue en una casa de la calle de Trujillo, propiedad del Obispado, y los recursos económicos fueron muy deficientes. Poco a poco, se solucionaron los problemas, y hoy dispone de un amplio y moderno edificio, en la zona de “La Data”, que en nada recuerda al de la fundación.
Así mismo, estas religiosas han ejercido una labor social y pastoral en varias parroquias de la ciudad, como la del Rosal de Ayala, haciendo el trabajo que luego asumirían las trabajadoras sociales.
Por la fundación de San José han pasado en este siglo y medio de vida miles de chicas huérfanas, las cuales han recibido una educación y una alimentación adecuada, gracias a la cual han tenido un desarrollo normal, dejando atrás el fantasma de las enfermedades y malformaciones debidas a la falta de alimentos básicos por pertenecer, muchas de ellas, a familias con un nivel de vida muy bajo.
Por motivos varios, como son la falta de vocaciones, reestructuración de la orden, etc... la dirección de las religiosas de la Sagrada Familia, decidió que a finales del curso 2006-7, las hermanas abandonaran Plasencia. Desde hacía unos años, el número de religiosas había bajado, llegando a quedar en este último solamente tres hermanas.
En el mes de septiembre de 2007, abandonaron el colegio las últimas monjas, quedando en manos de una cooperativa de profesores, los cuales seguirán, impartiendo la docencia con la misma ideología católica que ha impartido desde su fundación.

Departamento de Documentacion de la A.C.P."PEDRO DE TREJO"

SEMBRANDO INQUIETUDES-

martes, 30 de diciembre de 2008

PLACA Y MONOLITO DEL SEGUNDO CENTENARIO


PLACA Y MONOLITO DEL SEGUNDO CENTENARIO DE LA ENTRADA DE LAS TROPAS FRANCESAS EN LA CIUDAD DE PLASENCIA.


El día 29 de diciembre de 2008, a las 12,30 horas, se descubrió un monolito conmemorativo del 2º centenario de la entrada de las tropas francesas en la ciudad de Plasencia. El acto estuvo presidido por la señora Alcaldesa de la ciudad, concejales, presidente y directiva de la Asociación y un buen número de placentinos y comarcanos que se unieron al acto.
La Asociación Cultural Placentina "Pedro de Trejo" no podía dejar pasar estas históricas fechas sin quedar constancia de nuestro respeto y admiración a todas aquellas personas de Plasencia y su Tierra que dieron su vida por la defensa de su identidad como pueblo. El ayuntamiento, siempre sensible a nuestras peticiones, colaboró con su presencia, tanto el día 2 de mayo al colocar una corona de laurel en la placa que recuerda el primer centenario, como en este descubrimiento del monolito. La placa se encuentra a la salida del Cañón de la Salud, a la izquierda, en la puerta de Trujillo

A continuación reflejamos las palabras del presidente de la Asociación durante el acto.
Sra. Alcaldesa, Sra. Concejala de Cultura, compañeros de la Junta Directiva de Pedro de Trejo, asociados, Sras. Srs, amigos y amigas: Este acto que estamos celebrando se encuadra dentro de los fines estatutarios de nuestra Asociación, que nos invita a divulgar acontecimientos históricos de la Ciudad y Tierras de Plasencia.El 28 de diciembre de 1.808 tuvo lugar la primera entrada de las tropas napoleónicas en Plasencia, durante la Guerra de la Independencia; después vendrían once entradas más hasta 1.812, y con ella se inicia un largo período de humillaciones, saqueos y empobrecimiento de nuestra Ciudad y sus honrados vecinos y comarcanos. Años duros en los que muchos placentinos anónimos dieron frecuentes muestras de sacrificio y valor, que es precisamente de lo que queremos quedar constancia con este homenaje. La historia se hace de hitos, que son como peldaños por los que ascendemos hacia la plena adquisición de nuestra identidad como ciudadanos de un lugar, de una "patria chica", en este caso de Plasencia. Y esos hitos hay que transmitirlos a las nuevas generaciones para que adquieran el compromiso de "amar" y "trabajar" por nuestra querida Ciudad.
Agradecer la presencia de nuestra Alcaldesa y demás miembros de la Corporación Municipal, que dan un ejemplo de compromiso y responsabilidad con Plasencia, todo lo contrario que hicieron hace doscientos años los miembros de la Municipalidad, Junta Local, funcionarios,, etc. que el pánico al enemigo que se acercaba, les llevó a la fuga, abandonando la Ciudad. Gracias a los placentinos que permanecieron en sus casas y que optaron por nombrar a otro Corregidor, dos Regidores, dos Diputados y un Procurador, la Ciudad no se vio echada a su suerte. Doy lectura a continuación a los nombres de esos ciudadanos que se pusieron al frente de la Junta Local, para mayor honra y gloria de su gesto, se trata Don Francisco Serrano Álvarez Rodríguez, Don Felipe Hernández, Don Benito Domínguez Cavello, Don Juan Nolivos y Don Vicente Garrido, quienes salieron a recibir y aplacar al enemigo, el general francés Lefebre, aquel 28 de diciembre de 1.808 que estamos conmemorando.
Quede aquí en este sencillo monumento y placa el reconocimiento, dos siglos después a su lealtad y sacrificio por PLASENCIA. En nombre de la Asociación Cultural Placentina "PEDRO DE TREJO", gracias a todos por su colaboración y asistencia. Francisco de Jesús Valverde Luengo presidente de la Asociación Cultural Pedro de Trejo.

                 José Antonio Pajuelo Jiménez - Pedro Luna Reina- José Gutiérrez Delgado

 www.lavozdemayorga.blogspot.com                             www.lavozdeplasencia.blogspot.com 

 


viernes, 5 de diciembre de 2008

ARMAS Y UNIFORMES DE LA GUERRA DE LA INDEPENDENCIA




EL BATALLON DE VOLUNTARIOS DE LA CIUDAD DE PLASENCIA.

La Guerra de la Independencia tiene una gran particularidad en lo que se refiere al desarrollo militar de la misma. Por un lado nos encontramos por primera vez con la “Nación en Armas” en referencia a los ejércitos napoleónicos, a la “Grandee Arme” hecha con levas de ciudadanos que no luchan por un Rey, sino por la nación, por Francia. El enfrentamiento con los soldados de línea españoles fue desigual por el arcaico armamento con el que contaba el ejército español así como por las tácticas antiquísimas que se usaban en nuestro ejército. Las levas arbitrarias, la nula capacidad de mando de los nobles (ya que no se puede hablar de oficiales propiamente dichos) hicieron que el ejército español no pudiera hacer nada en lo referente a las novedades de la guerra de penetración napoleónica basada en columnas y no en la guerra de contacto a la que tan acostumbrados estaban los generales españoles. En lo referente a las armas y a la uniformidad de las tropas españolas esta era variada y en muchos casos respondía a la tradición de las diferentes armas: Verde para lanceros, Azul para Infantería de Línea, Rojo para cazadores, Blanco para los Batallones provinciales.., y ¿Qué ocurre con los batallones de voluntarios como por ejemplo el de Plasencia? Ocurre que en ningún caso pudo dotarse de la uniformidad que estableció la real ordenanza de 1789, al igual que le paso al provincial y que según narran las crónicas de la Batalla de Bailén, así como lo han comunicado la Asociación De Recreación Histórica de La Batalla de Bailen, las tropas placentinas entraron en combate con uniformes “pardos” según esta asociación seguramente sería tela de arpillera conseguida a toda prisa, porque no quedaba tela blanca para dotar a los batallones provinciales de la misma. Al igual que a Plasencia le fueron arrebatados miles de zapatos por los dos bandos, hay que decir que las tropas españolas no consiguieron en ningún momento el lograr una uniformidad que permitiera distinguir a los aliados de los enemigos, e incluso la Real Ordenanza de 1811 no hace más que confundir a los soldados, ya que la uniformidad que establece, de claro carácter inglés, hace que se pudieran confundir las unidades y las divisiones a las que estas pertenecían. Sin duda la realidad de la Guerra de la Independencia en lo referente a uniformidad fue mucho menos “elegante” que lo que hoy los medios audiovisuales nos quieren mostrar.

José Luís Hernández de Arribas de la A.C.P."PEDRO DE TREJO"
SEMBRANDO INQUIETUDES

domingo, 21 de septiembre de 2008

PRIVILEGIO DEL ALCALDE DE PLASENCIA


UN CURIOSO PRIVILEGIO DEL ALCALDE DE PLASENCIA
Periódico “El Regional” - martes 14 de marzo de 1967

La extraordinaria afluencia de fieles a los cultos solemnes de la Semana Santa en la Catedral de Plasencia hace que sea conocidísima la costumbre de comulgar el Jueves Santo el Alcalde de la ciudad emparejado con uno de los Canónigos. Se trata de un privilegio singular que tiene incluso episodios pintorescos en su historia.
La Sagrada Liturgia prescribió siempre que los seglares comulgaran después que los clérigos. Y así lo sigue ordenando. No obstante el Presidente de la Corporación Municipal comulga el Jueves Santo apenas lo han hecho los Canónigos que ofician en el Altar y acompañado del más caracterizado de los que están en el Coro. Este privilegio va unido a la concesión de otros dos de menos relieve: el recibir una llave del Sagrario del Monumento y acercarse a adorar la Cruz el Viernes Santo después de los Canónigos y acompañado del más antiguo de los Beneficiados.
No he podido encontrar documentos fehacientes del comienzo de lo que tal vez al principio fue tan solo una devoción más o menos antilitúrgica. Pero era costumbre inmemorial cuando a fines del siglo XIX un Obispo ejemplar – Casas y Souto – la creyó una corruptela inadmisible y en Santa Visita Pastoral mandaba al Deán en octubre de 1880 que de no existir el privilegio de que se venía usando se diera cortés aviso - al Alcalde – para que no se presentara a recibir la Comunión sino después de todo el Clero y que igualmente dejara de hacérsele entrega de la llave del Monumento.
O el aviso no fue cortés o hubo excesiva susceptibilidad o las pruebas no estaban claras, lo cierto es que en alborotada sesión municipal de enero de 1881, el Ayuntamiento acordó no volver corporativamente a la Catedral mientras no se reintegraran al Alcalde los derechos de que siempre había disfrutado en la Semana Mayor. El acuerdo no se comunicó al Cabildo hasta el miércoles santo y aquel año se suspendió la tradicional costumbre con comentarios para todos los gustos. Y a los pocos días una pintoresca consecuencia. El Cabildo, como todos los años, organizó, cumpliendo una Real Orden, solemnes funerales en la Catedral por los muertos del 2 de mayo de 1808 y, como siempre, invitó al Ayuntamiento. Contestó éste excusándose en cumplimiento de su acuerdo. A la vez enviaba al Cabildo atenta invitación para el funeral que la corporación había organizado para el mismo día y a la misma hora en la parroquia del Salvador. Estaba al frente de ella el tristemente célebre Cura Mora. Las actas de la época no registran en que dirección se volcaron los patriotas para rogar por los héroes de la Independencia.
Volvamos al privilegio del Alcalde. Las cosas no podían continuar así. Se acudió a Roma exponiendo los hechos. Todos tenían interés en la solución cordial. La petición elevada a la Santa Sede fue debidamente informada por el Prelado. Y en junio del mismo año, exactamente el día 14, en sesión extraordinaria y jubilosa el Ayuntamiento revocaba el acuerdo tomado en enero por haberse recibido un Rescripto favorable de la Sagrada Congregación de Ritos fechado el 15 de mayo de 1881. En el se faculta al Alcalde de Plasencia para comulgar el Jueves Santo con el Canónigo más autorizado de los oficiantes. También a recibir una llave del Sagrario del Monumento siempre que esta no sea la real sino una simbólica.
Exceptuados los años de laicismo oficial ningún Alcalde ha olvidado tan singular y honroso privilegio.

De D. Manuel Sanchez Mora.


SEMBRANDO INQUIETUDES. A.C.P, PEDRO DE TREJO.

sábado, 26 de julio de 2008

DON JUAN PEDRO ZARRANZ Y PUEYO

EL OBISPO DESCONOCIDO

En 1973 murió el Obispo don Juan Pedro Zarranz y Pueyo, después de cinco lustos bien cumplidos al frente de la vida religiosa diocesana.
Si a los obispos, a la manera como se hacía con los reyes, hubiera que añadirles un sobrenombre para catalogarles, a don Juan Pedro yo le llamaría “el Desconocido”.
Se murio sin que los diocesanos, a pesar de los 27 años de su gobierno, conocieran los valores humanos y las virtudes sacerdotales que le adornaban; sin gustar del encanto de su trato amistoso, de su conversación correctísima, de la fina sal de sus agudezas inolvidables.
Quizás creyeron que su devoción acendrada a la Virgen María quedó satisfecha con las coronaciones resonantes en Plasencia, Bejar y Trujillo.
A lo mejor no se dieron cuenta de que todas y cada una de sus homilías terminaban con una alusión a la Señora, desahogo de su ejemplar devoción. No se comentaron como merecía sus esfuerzos por la instalación de la Adoración Nocturna en tantas parroquias del Obispado. ¡Cuántas buenas cosas de el que no se conocieron!
Llegó aquí mocetón navarro con arrolladora simpatía juvenil, con prestancia física poco común, con palabra fácil y convincente.
El día de su entrada en la capital diocesana nos dolían las manos de aplaudir y se ensanchaban los senos del alma con la gozosa expectación de las más grandes realizaciones. Yo le conocí un mes antes, en Pamplona, las vísperas de su consagración episcopal. Era insaciable su deseo de conocer cosas de Plasencia. Ya sabía muchas. Gozaba confirmándolas. Y planeaba empresas. Y nos hizo visitar ejemplares instituciones diocesanas de aquella ciudad con prisas de copiarlas aquí.
Los primeros tiempos de su estancia en Plasencia fueron pródigos en comunicaciones a todo nivel. Diálogos impresionantes. Gestos que suscitaban unánimes comentarios de aprobación y de aplauso.
Luego…circunstancias totalmente ajenas a su voluntad y a su intención, ajenas igualmente a la voluntad y a la intención de los diocesanos le hicieron recluirse en la intimidad del Palacio Episcopal. Temperamentalmente indeciso y tímido no supo defenderse. Tal vez no quiso. O estimó que todo era inútil en aquellas calendas. Tímido he dicho. Tengo de ellos pruebas abundantes. Tímido, a pesar de sus maneras a veces dictatoriales. Quizás dictatoriales como efecto de su timidez.
Desde entonces sus apariciones se redujeron a las obligatorias del cargo. En lo demás se entregó a sus deberes episcopales. Lo perdonó todo. Hasta la calumnia prolongada largos años.

De este modo, dejaron de brillar sus virtudes humanas y el ejemplo de su sacerdocio.
Fue capaz de tratar los problemas mixtos con el gran número de Gobernadores Civiles, que lo fueron en 27 años, de Cáceres, Badajoz, Salamanca y hasta hace poco, Avila (provincias en que había pueblos de su Diócesis) sin merma de los derechos de la Iglesia, sin estridencias dignas de tal nombre, manteniendo el decoro del cargo. Todos los Gobernadores le admiraron y le quisieron.
Era pasmosa su capacidad de conocimiento de personas y de cosas.
En tiempos en que pasaban de 200 los alumnos del Seminario les conocían a todos. No tan solo el nombre y los apellidos. También las respectivas condiciones personales, soñando futuros aprovechamientos para el Obispado.
Amó mucho a Plasencia. Era casi infantil su alegría cuando la Radio o la Televisión divulgaban algún acontecimiento placentino. Mis modestas investigaciones históricas tuvieron en el un buen panegirista. Era parco en alabanzas. Yo que lo sabía le agradecí mucho las que a solas me tributó. Que brotaban de su amor a la ciudad y a la Diócesis.
Con que tesón, hasta lograr el éxito, defendíó ante los Jerarcas Vaticanos a la Diócesis bien amada de la amenaza que para ella constituían algunas frases del último Concordato.
No olvidaré su resistencia al homenaje proyectado con motivo de sus Bodas de plata con el cargo. Pertenecí yo a la Comisión organizadora y ante su repetida prohibición de hacer nada conmemorativo, me vi obligado a decirle: “Perdone, pero por esta vez no le obedeceremos”. Todavía se obstinó en recortar detalles interesantes.
Se pasó muchos años los días enteros, aparte una breve salida al campo los domingos, en su despacho episcopal. Despachando de palabra y por escrito. ¡Que hermoso epistolario el que salió de sus manos!
Allí se volcó el alma de don Juan Pedro. No era tan solo el aticismo de sus líneas; era el acierto en el enfoque de los problemas y el corazón en las soluciones.
Pero no se le conoció. Se olvidaba que existía.
Luego le fuimos viendo morir. Era su envejecimiento rapidísimo comentario obligado de los que le observaban. Le vimos irse muriendo. Sin que el cediera. El pudor del cargo le impedía confesarse rendido.
La muerte salió a su encuentro en las primeras horas de la tarde del 14 de noviembre. Murió plácidamente, santamente.
No se si en vida se humilló. Puso sin menor disimulo sus mejores ilusiones en los Curas que el ordenó. Le dolieron muy hondamente las defecciones que se fueron sucediendo. Fue la gran cruz de su pontificado, No fue ello obstáculo para su amor desmedido a los sacerdotes. Les defendía siempre. Iba a decir que aun cuando no tuvieran razón.
No se si en vida se humilló. Pero si que está siendo ensalzado.

El desfile ininterrumpido de personas de toda condición por la capilla ardiente, la concurrencia incontable de asistentes al sepelio, la venida de todo el clero diocesano, la presencia de las autoridades civiles provinciales y locales, las lágrimas que observamos en rostros bien curtidos al darnos el pésame por las calles, la llegada de obispos de los sitios más dispares (Toledo, Huesca, Cáceres, Cartagena, Salamanca, Madrid, Badajoz, Avila, Palencia) resultaron una innegable exaltación. Y la piadosa, honda, exacta y correctísima homilía del Cardenal Primado.
Todos los días hay claveles frescos sobre su tumba.
Todos los días, junto al sepulcro, personas que rezan.
Descanse en paz, don Juan Pedro, el Desconocido.

Manuel López Sánchez-Mora .Canonigo Archivero



SEMBRANDO INQUIETUDES. A.C.P "PEDRO DE TREJO"

martes, 1 de julio de 2008

PEDRO CASAS Y SOUTO


VIDA Y PONTIFICADO DE DON PEDRO CASAS Y SOUTO, OBISPO DE PLASENCIA,
EN EL PRIMER CENTENARIO DE SU MUERTE
(SOBRADO DEL OBISPO, 1.826-PLASENCIA, 1906)

No podíamos dejar pasar esta efemérides de la muerte del controvertido obispo Casas sin sacar a la luz algo de su biografía y del entorno ciudadano de su época.
Llama la atención que las autoridades eclesiásticas no han hecho ningún acto oficial para resaltar la figura del obispo que fue llamado “verdadero padre de los pobres”. Solamente un sacerdote – a título particular – publicó en la revista de Semana Santa un artículo sobre este personaje.
La Asociación Cultural Placentina “Pedro de Trejo”, como defensora del patrimonio, costumbres e historia de Plasencia y su Tierra, inauguró sus tertulias abiertas el día 9 de febrero, con el tema que da titulo a esta comunicación.

Don Pedro Casas y Souto, nació el día 15 de octubre de 1826 en el pueblo de Sobrado del Obispo de la provincia de Orense. Ingresó en el seminario de Orense en el año 1.839, cursando tres años de filosofía. En el año 1.842 quiso ingresar en la orden de los dominicos, pero su padre, a pesar de ser un “pequeño terrateniente”, se negó a pagarle la matrícula, con lo cual tuvo que seguir en el seminario de Orense.
Recibió las órdenes menores en el año 1848 y las mayores en el 1853.
En el año 1.852 empezó a desempeñar, como interino, la cátedra de Teología moral en el seminario de Orense; y en 1857 fue nombrado Licenciado y Doctor en Sagrada Teología en el Seminario Central de Toledo.
En el año 1.861 ganó el concurso de curato para la iglesia de san Ciprián de Cobas, en el cual estuvo once años.
En 1.868, empieza a mandar artículos al periódico “La Nacionalidad”, de Orense, donde ya deja ver su talante integrista y antiliberal. En esa época dio rienda suelta a sus dotes artísticas y realizó varias obras de escultura, con diversos meritos artísticos. Entre ellas destacaron una Purísima de un metro de altura y un San Pedro de unos 33 centímetros.
En 1.872 gana las oposiciones a Penitenciario de la catedral de Orense.
El día 6 de febrero de 1.875 - con casi 50 años - fue nombrado obispo de Plasencia, teniendo lugar la investidura en la iglesia de san Isidro de Madrid y siendo su padrino el Marqués de Mirabel, siendo el día 23 del mismo mes cuando toma posesión del obispado de Plasencia a través del Deán don Liberato Fernández, y a los dos días, el veinticinco, hace su entrada oficial en la ciudad.
Fue una época de grandes reformas la que le tocó vivir a este obispo.
En el contexto nacional había inestabilidad política; y en el local graves enfrentamientos que, aunque disfrazados de temas sociales o religiosos, en su trasfondo no eran más que temas políticos manejados por los caciques locales, los cuales se apoyaban en periódicos que ellos mismos habían creado. Para confirmar esto diremos que en Plasencia entre finales del siglo XIX y principios del XX vieron la luz más de 30 periódicos locales.
A nivel nacional, tenemos en el año 1.874 el golpe de estado del general Pavía, el pronunciamiento del general Martínez Campos y la proclamación de Alfonso XII como rey. En 1.876 entra en vigor la 5ª Constitución española y termina la guerra carlista; en 1.879 se funda el Partido Socialista Obrero Español, (P.S.O.E.). En el año 1.880 es abolida la esclavitud en España.
A su llegada a Plasencia Don Pedro Casas y Souto se tiene que hacer cargo de una diócesis que estaba bacante desde la muerte del anterior obispo, don Gregorio Mª. López Zaragoza, quien había fallecido siete años antes, lo cual, al parecer había causado una relajación doctrinal entre el clero diocesano, así como entre las relaciones del cabildo y estamentos locales.
En Plasencia, durante su pontificado, se hicieron célebres varios sucesos, entre los que cabe destacar el caso del Muerto Resucitado, la Monja Santa, el Cura Mora, el Capellán del Cementerio, la fundación de las Josefinas Trinitarias, la creación del Asilo de las Hermanitas de los Pobres, el desfalco del colegio de san Calixto y el dinero de la Caja del Seminario.
Es precisamente “El Cura Mora” –cuyo nombre real era el de José García Mora- la causa del mayor de los problemas, en el ámbito clerical, con que se enfrentó nada más llegar a Plasencia. Este sacerdote –“El Cura Mora”- era párroco del pueblo de Villanueva de la Vera y un acérrimo liberal, razón por lo cual sus ideas chocaban frontalmente con las del Obispo. El enfrentamiento llegó a tal punto que se realizo una especie de cisma, negándose el sacerdote a obedecer al obispo, y creando una nueva iglesia a la cual denominó “IGLESIA CRISTIANO-LIBERAL DE VILLANUEVA DE LA VERA”, a la cual dotó de los siguientes estatutos:


ESTATUTOS DE LA IGLESIA CRISTIANO-LIBERAL DE VILLANUEVA DE LA VERA

(CREADA POR “EL CURA MORA”)
1º) El ministerio sacerdotal se ejerce gratis en esta iglesia conforme lo hicieron y mandaron Jesucristo y los Apóstoles.
2º) En su virtud quedan abolidos los derechos llamados de estola y pie de altar en la Iglesia cristiana-liberal de Villanueva de la Vera.
3º) No obstante los sacerdotes de la Iglesia cristiana-liberal de Villanueva de la Vera y de cualesquiera otros puntos donde pudiera establecerse, estarán vigilantes y prontos de día y de noche a administrar los santos sacramentos a sus hermanos, los fieles de esta Iglesia cristiano-liberal.
4º) La Iglesia cristiano-liberal cree en Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo; en el misterio de la Santísima Trinidad y Encarnación; en la Santísima Virgen Purísima que continuará siendo su celestial Patrona y Abogada; en los Santos Sacramentos; y en fin, en todo cuanto Nuestro Señor Jesucristo y los Apóstoles enseñaron, ordenaron y mandaron.
5º) En su virtud, la Iglesia cristiano-liberal de Villanueva de la Vera y de otros puntos donde pueda establecerse, rendirá culto a Dios, a la Purísima Virgen, y a los Santos con el decoro que le permitan sus recursos

6º) Los sacerdotes de la Iglesia cristiana-liberal tampoco podrán recibir sueldo alguno del Estado, aún cuando llegara a ofrecérseles.
7º) Los mismos sacerdotes tendrán un cuidado excepcional por los pobres y desvalidos como lo tuvieron y mandaron que se tuviera, el divino fundador Jesús y los Apóstoles; intercediendo ante las autoridades locales para que se les ampare y socorra en la parte que ellos no puedan hacerlo por sí.
8º) La Iglesia cristiana-liberal obedeciendo al espíritu y a la letra de las palabras de Jesús cuando creó la oración dominical, prescribe pocas devociones, pero bien hechas, y muchas buenas obras que tan aceptas son a los ojos de divinos.
9º) También recomiendo el Santo Rosario a Nuestra Señora, Patrona general de España, y particular de esta Iglesia cristiana-liberal de Villanueva de la Vera.
10º) La Iglesia cristiana-liberal prohíbe todo petitorio y ofertorio en las funciones de tabla, pues éstas las celebran gratis los sacerdotes, como se ha dicho anteriormente.
11º) Tampoco aprueba la Iglesia cristiana-liberal ese sacrílego comercio de las bulas; y recomienda a los fieles que si no se les habilita de ellas gratis, como debieran darse, inviertan en limosnas a pobres infelices; lo cual es mucho más agradable a los ojos de Dios, y se gana más para la vida eterna.
12º) Como se ha dicho, los sacerdotes de la Iglesia cristiana-liberal no percibirán ni un céntimo por ejercer su ministerio, manteniéndose solo de su patrimonio, o de una industria honesta y lícita, como lo hacían los Santos Apóstoles.
13º) Tampoco podrán ser sacerdotes de esta Iglesia cristiana-liberal los que no sean de buena vida y costumbres, y presenten buenos antecedentes religiosos-políticos.
14º) Los sacerdotes de la Iglesia cristiana-liberal son en todo iguales a los demás fieles en cuanto a rango y consideración social y se titularán los hermanos Directores en conformidad con las obras y doctrinas de Jesucristo y los Apóstoles.

Después de muchas negociaciones, “El Cura Mora” se arrepintió y se le trasladó a Plasencia para poder controlarle más de cerca. Fue nombrado párroco de la iglesia del Salvador...pero volvieron los enfrentamientos; esta vez debido a que como el santuario de la Virgen del Puerto pertenece a la parroquia del Salvador y, por lo tanto, está bajo la jurisdicción de su párroco, cuando el obispo quiso poner al frente de el santuario a otro sacerdote se negó el cura Mora. Se presentaron denuncias en Plasencia, luego en Toledo, después en Madrid, y se terminó recurriendo a Roma para solucionar el conflicto. Ante esto el obispo tomó la decisión de suspenderle de sus funciones y confinarle en su casa, cosa que se cumplió hasta la muerte del prelado, siendo posteriormente el cura Mora restituido a su anterior cargo y absuelto de las penas a el impuestas.
Como se puede apreciar todo el pontificado de don Pedro Casas estuvo presidido por los pleitos contra don José García Mora.

El caso de la “Monja Santa” fue un suceso de superchería colectiva, dirigido por una joven religiosa llamada sor Maria Ana, que había llegado de Cuba y que traía una imagen del Niño Jesús, al cual se le atribuyeron ciertos milagros -como unos estigmas que le salían en las manos y los pies- con lo cual se creó en el convento una paranoia colectiva, la cual terminó por saltar a la calle, llegando a enfrentar a los mismos sacerdotes, y teniendo que intervenir el obispo para poner las cosas en su sitio.
La monja se arrepintió en su lecho de muerte y confesó que todo había sido un engaño para tener mejor posición en el convento; que la imagen no era cubana, sino que se la había regalado su cuñado cuando llegó a Barcelona procedente de Cuba.
Así y todo, incluso después de muerta, el fanatismo continuó, y el prelado tuvo que hacer pública una carta donde explicaba la verdad de este suceso.
La imagen del Niño Jesús se conserva en el convento de las Madres Capuchinas; se le conoce con el nombre de “El Niño Jesús Cubanito” y sigue inspirando mucha devoción.
En el Boletín Eclesiástico de 13 de mayo de 1906, se publicó la carta del obispo en la cual explicaba el porque de su silencio en el caso de la Monja Santa, también llamada La Monja del Niño Jesús Cubanito. En ella decía el obispo que sor Maria Ana, monja capuchina, solo fue una enferma y que todo el espectáculo que se montó a su alrededor no fue mas que superchería, no existiendo ningún milagro, siendo propagadas estas mentiras por un grupo de fanáticos ansiosos de cosas sobrenaturales.


El Capellán de la Cárcel Real y del Cementerio Municipal se llamaba Gervasio Keerse y había venido de Ciudad Rodrigo. Este capellán era otro liberal acérrimo, con lo cual no tardo en tener enfrentamientos con el obispo Casas.
Tales enfrentamientos llegaron al punto de que el obispo le suspendió de todos sus cargos, dejándole sin medios de subsistencia, debido a lo cual tenía que vivir de lo que le daban los familiares y amigos, es decir, de la caridad.
Aunque mando al obispo varios escritos pidiendo explicaciones del porque de esa forma de tratarle, el obispo solamente le contesto que se fuese a Ciudad Rodrigo que era de donde había venido.
Ante esta situación el sacerdote editó un folleto de 41 páginas donde explicaba sus problemas con el obispo y el trato que había recibido por parte de este.
A pesar de los escritos de protesta del obispo y cabildo, así como la adhesión de gran numero de sacerdotes, el folleto fue impreso en el año 1.889, en la imprenta del Cantón Extremeño, la cual era propiedad de don Evaristo Pinto.
Este caso fue muy parecido al del cura Mora, pero con la variante de que don José pertenecía a una de las familias más pudientes de la ciudad y pudo mantener los pleitos contra el obispo, y el cura Keerse no poseía fortuna de ningún tipo.

Otro de los problema que se le planteó fue el de sor Ramona Vázquez, llamada la “lega apóstata”. Esta monja, lega de un convento de clausura de Trujillo, solicitó abandonar el convento alegando para ello falta de vocación, pero nuestro obispo no lo considero suficiente y se lo denegó, basándose en los votos que tenia hechos la religiosa. Ante ello se recurrió a la justicia y esta le dio la razón a la monja, pero como no se aceptó el veredicto judicial, se ordenó por parte del Gobernador Civil la entrada de la fuerza publica en el convento la cual, después de forzar las puertas de entrada y de clausura, rescataron a Ramona sacándola al exterior. Ante este hecho –calificado de sacrílego por el obispado– el obispo se dirigió a sus superiores y al ministro de Gracia y Justicia con sendos escritos, pero el hecho ya estaba consumado y nada pudo sacar de ello.
El caso del “Muerto Resucitado” fue una manipulación flagrante por parte de los políticos locales de un caso de ámbito particular, que con un apoyo de la prensa por ellos creada, llegó a tener repercusiones a nivel nacional.
El tal “Muerto Resucitado” se llamaba Eustaquio Campos Barrado, y por una serie de sucesos familiares terminó internado en un manicomio de un pueblo de Madrid, donde tiempo después se certificó su muerte. Pero pasado un tiempo, alguien lo reconoció en otro centro de salud de las mismas características - este en Cataluña – y lo denunció, con lo cual se le tuvo que traer a Plasencia para confirmar su identidad, cosa que aprovechada por ciertas personas, llevo a dividir a la población en dos bandos, con continuos enfrentamientos verbales y físicos, causando incluso un muerto en uno de los alborotos.
No son para olvidar sus continuos enfrentamientos con los ayuntamientos de la diócesis, entre ellos el de Béjar, Navalmoral, Jarandilla, Don Benito, Losar de la Vera y el ayuntamiento placentino.
Uno de estos enfrentamientos fue por el llamado “rompimiento de tumba”. Este rompimiento no era otra cosa que el pago que había que realizar a la iglesia por enterrarse en sagrado, cosa que hasta entonces se hacia en los cementerios anejos a las iglesias, y que ha partir de esas fechas se empezaron a realizar en el nuevo cementerio municipal de Santa Teresa. El enfrentamiento se enconó de tal manera que llegó al punto de dejar cadáveres sin enterrar durante varios días.
A tanto llegó el conflicto con el ayuntamiento placentino, que la decisión la tuvo que tomar el rey editando una Real Orden, fechada el 22 de enero de 1.883, por la cual se ordenaba que tuviesen una llave del cementerio el obispado y otra el concejo; que la iglesia enterrase a los católicos y el ayuntamiento a los no creyentes.
Otros enfrentamientos se originaron por la decisión del obispo de no dar la Comunión al Alcalde al mismo tiempo que al Deán, negarle la llave del Monumento del Jueves Santo, derechos que tenían -y tienen- los Alcaldes de Plasencia, y dejar que se sentara el juez de 1ª instancia en la silla del coro reservada al Alcalde de la ciudad.
Ante estas situaciones el Ayuntamiento se negó a dar permiso al Cabildo para poder enterrarse dentro de la ermita de Santa Teresa, la cual había pasado a ser cementerio civil. Después de muchas disputas otra vez se recurrió al Rey, el cual dio la razón al obispo y a los canónigos.
Tan cansado estaba el consistorio placentino del obispo Casas, que el día 21 de enero de 1883 se tomó la decisión en pleno –y así consta en las actas- de dirigir una carta al ministro de Gracia y Justicia pidiendo el traslado del obispo a otra diócesis.

El antecesor de don Pedro, el obispo López Zaragoza, había empezado la construcción del nuevo seminario, pero por diversos problemas –entre ellos el económico- no se remataron las obras. Ya estando don Pedro de obispo, se solicitó por el ayuntamiento el alquiler del edificio para instalar provisionalmente en el la Audiencia de lo Criminal, cosa a la que aunque con muchos reparos accedió el obispo. Pero cumplido el tiempo acordado no se desalojó el edificio, con lo cual y después de varias discusiones se acordó darle una prorroga, la cual tampoco se cumplió.
Por fin, en octubre de 1884, se vació el edificio y se hizo el traslado de los seminaristas desde el convento de San Vicente –Santo Domingo- al nuevo edificio, empezando en el mismo el curso 84-85.
Como quedó libre Santo Domingo pensó el obispo traer al alguna orden religiosa para instalarla en él, y se decidió por los padres Claretianos con los cuales, el día 18 de enero de 1886, se firmaron los acuerdos. En estos se especificaba que serian cinco padres y cuatro o cinco hermanos coadjutores los que vendrían de principio a la ciudad, para impartir clases a unos cincuenta niños internos. Estos padres Misioneros del Inmaculado Corazón de Maria estuvieron el la ciudad hasta el año 1931, en el cual por seguridad abandonaron el convento y se fueron de Plasencia a Zafra.
Don Pedro Casas fue senador dos veces: una por la provincia de Guipúzcoa en la legislatura de 1.891-1.893, y otra por el Arzobispado de Toledo en 1.896-1.898 -aunque esta no llegó a jurarla. Esta distinción de representar a la iglesia, le fue concedida gracias a su gran conocimiento y oratoria, siendo en su época uno de los obispos más preparados con los que contaba la iglesia española.
Fue muy enconado su enfrentamiento con el Gobierno Liberal, al cual atacaba todas las semanas desde el púlpito de la catedral, por lo cual eran constantes las protestas del Gobierno de la Nación a Roma, y muy comentados sus sermones en toda Europa. El Presidente del Consejo de Ministros, D. Práxedes Mateo Sagasta, llegó a ordenar al Fiscal de la Audiencia que asistiera a todos los sermones de este obispo y tomara cuenta de ellos, por si eran constitutivos de delito.
De este obispo se cuenta la anécdota de que era tan gran orador que se le olvidaba el paso del tiempo y se pasaba las horas enteras subido al púlpito declamando sus sermones. Para controlar esto, había enseñado a un monaguillo -el cual se sentaba detrás del obispo- a que cuando veía que llevaba mucho tiempo hablando, le diese un tirón de la capa y le dijese bajito “Señor obispo, que se están cansando”, con lo cual el prelado recobraba el sentido del tiempo y ponía fin a su discurso.
En una visita pastoral a uno de los pueblos de la diócesis empezó a predicar desde el púlpito y pasadas más de dos horas su secretario, don Pertego Megid, le tiró de los capisayos, para advertirle de que fuese terminando, pero pasados varios minutos sin que pusiese fin a su perorata volvió a repetir los tirones de la sotana, y así una tercera vez en la cual el obispo, en voz alta y con tono agrio, se dirigió a el diciendo: “¿Pero quién se cansa, ellos o tu?”.
Su forma de vida fue también muy peculiar, pues a pesar de su longevidad, desde muy joven se vio afectado por diversas dolencias, quizás debido a su forma de vida, pues fue de un continuo ayuno viviendo en una gran austeridad, hasta el punto de que los empleados del Palacio Episcopal pasaban hambre.

Para darnos una idea de cómo se vivía en dicho Palacio solamente tenemos que ver lo que era un día en la vida del obispo: se levantaba a las cuatro de la mañana o antes, tenia una hora de meditación, decía la misa y a continuación oía otra de rodillas, después tomaba chocolate hecho con agua, el cual rebajaba con media copa de agua, no tomando nada sólido con el.
La comida consistía en un caldo gallego, patatas cocidas con agua y sal, carne de vaca, muy triturada en sus últimos años por faltarle la mayor parte de los dientes, y un postre de fruta.
La cena consistía en sopa de pan, la cual el no solía tomar, patatas cocidas y alguna vez una fruta. Tanto en la comida como en la cena tomaba un vaso de vino.
Este régimen de comidas solo se alteraba cuando había invitados, entonces los alimentos eran abundantes, variados y de calidad.


REGLAMENTO DE SIRVIENTES


El obispo redactó de su propia mano un reglamento para los sirvientes del Palacio, el cual decía así:

1º - No habrá en Palacio mas de dos sirvientes ordinarios; el cocinero y su ayudante.

2º - Estará a su cargo el guisar por semanas y ejercer las demás funciones de aseo de casa, servicio de mesa y demás particulares.

3º - Se tomaran informes secretos de personas competentes sobre la actitud, conducta y religiosidad de los que hayan de admitirse como sirvientes.

4º - Una vez admitidos y convenida la cantidad que hayan de percibir como retribución de su trabajo, se cuidara de ellos como lo hacen los buenos padres de familia cristianos.

5º - Al efecto, si se observaren algunos vicios notables de que antes no se tuviese noticia, se vera si se corrigen haciendo una y otra vez caritativas advertencias. Si a pesar de esto no se enmiendan, y siguen siendo chismosos, indolentes, mal hablados, etc…; y sobre todo si hubiese fundamento para sospechar de tratos no lícitos o muy familiares con personas de distinto sexo, sea de las que entren en Palacio con motivo de algún asunto que se les ha encargado, o estén fuera, se procederá cuanto antes a buscar otro que le sustituya.

6º - Todos los días oirán misa en la capilla, y al efecto sonará la campana dos veces al comenzar a celebrar el obispo y al dar principio la de acción de gracias, a fin de que puedan sin faltar a sus quehaceres del momento asistir a una o a otra.

7º - A las ocho de la noche les rezará el Santo Rosario el mayordomo, de suerte que al concluir en la capilla ya estén despachados y dispuestos a servir la cena o colación.

8º - Se confesaran indefectiblemente en la semana que precede al primer domingo de cada mes, comulgaran en el de manos del obispo, y solo teniendo motivo razonable podrán diferir la comunión a lo mas hasta el domingo segundo.

9º - El mayordomo tendrá cuidado de velar sobre el cumplimiento de estos ejercicios espirituales, de enterarse a la vez de la instrucción que tienen en la doctrina cristiana, sobre la que también deberá hablarles en los días festivos, ya antes, ya después del Santo Rosario, que trasladara a otra ora si lo juzga mas oportuno.

10º - También cuidara de que se hagan bien y diligentemente, no solo los quehaceres ordinarios, sino los que se les manden por el obispo, u otros que puedan hacerlo, no permitiendo en tiempo alguno se desentiendan de lo que se les mandare, sin legitima excusa, que expondrán con mesura y respeto a quien corresponda.

11º - Como la ociosidad enseña mucha malicia, y es imposible que dejen de malearse si estuviesen los sirvientes sin ocupación una parte del día, como hasta ahora ha sucedido; procurara nuestro mayordomo emplearlos en el cultivo y riego del huerto y barbacana en los tiempos en que puedan hacerlo sin faltar a las perentorias obligaciones de su oficio. Y si a pesar de esto tuvieren tiempo desocupado podrá serviles de mucho provecho algún buen libro, cuya lectura los instruya y edifique.

12º- Tampoco permitirá contraigan relaciones intimas con familia alguna del pueblo, frecuenten su casa, ni estén entre día o de noche fuera de palacio sin saber en donde y con que objeto.

13º - La soldada convenida será satisfecha por meses vencidos, como se acostumbra con el portero; y si hubiese necesidad de aumentarla o disminuirla por alguna causa razonable, solo podrá hacerlo el mayordomo dándonos conocimiento de todo y obteniendo “in criptis” nuestro expreso consentimiento.

14º - En las enfermedades de los sirvientes les asistirá el medico de casa, y si solo durasen algunos días, se les cuidara caritativamente. Pero si fuesen largas y graves y fuese preciso hacer gastos en medicina y otros extraordinarios, llevara de todo cuenta la mayordomía para indemnizarse a su tiempo o poder presentar la cuenta al obispo a fin de que condone lo que le parezca bien.

15º - Si por indisposición de un sirviente hubiese de tomarse otro, por mas que sea solo temporalmente, si esta indisposición excediese de quince días, deberá disminuírsele progresivamente la soldada o retribución que a esos días corresponda; pero si no fuese preciso otro sirviente nada se le disminuirá en el pago.

16º - Los sirvientes solo podrán dar de limosna la comida que sobre y nada mas. En los casos particulares que se les autorice, podrán hacerlo en el modo y forma que se les señalare.

17º - El mayordomo, por ultimo, solo confiara las llaves a los sirvientes cuando el no pueda asistir a que tomen lo que sea preciso; pero inmediatamente volverá a recogerlas y conservarlas en poder suyo.


Debido a su edad se realizo en Plasencia, en 1.903, la Conferencia Episcopal, en vez de hacerlo en Toledo, y gracias a que se supo a tiempo se pudo amueblar el Palacio Episcopal, en el cual solo había cuatro sillas de enea y unas mesas desvencijadas, y así recibir dignamente al Arzobispo Primado de España y a los obispos de Madrid-Alcalá, Coria, Sigüenza, y Cuenca.
En amueblar el palacio rivalizaron las familias pudientes de la ciudad, ofreciendo cada una de ellas sus mejores ajuares.
Este estado de pobreza era consecuencia de que todos los muebles –o casi todos- y los utensilios del palacio episcopal eran de propiedad privada de los obispos, y tras su muerte se desmantelaba el palacio siendo vendidos o donados, con lo cual el obispo entrante debía amueblar nuevamente el edificio. Estos objetos se solían llamar “los despojos del obispo”.
Y por lo que se deduce, don Pedro no debió gastarse mucho en “amueblamientos”.

En el año de 1903, el día 24 de septiembre, se celebraron las bodas de oro de su ordenación como sacerdote. Se hicieron funciones religiosas, veladas literarias, limosnas extraordinarias a todas las comunidades religiosas, comidas a los presos de las cárceles de la diócesis, prendas de ropa y comida para cien pobres etc…
Este obispo fue uno de los pocos que visitó cuatro veces todas las iglesias de su diócesis, y siete las parroquias -aunque no todas-; escribió cuarenta y tres pastorales; y convocó un sínodo diocesano en el año 1891. También realizó, en 1878,la primera visita “Ad Limina” al Papa. Luego realizó cuatro más, pero esta a través de procurador.

El día 25 de julio de 1906, a las ocho y diez de la tarde, murió don Pedro Casas. Se le amortajó, pero no se le embalsamó, y se le expuso en el salón de recepciones del palacio episcopal.
Al no ser embalsamado hubo necesidad de enterrarle al día siguiente, no esperando ni a los funerales, pues el calor era muy fuerte y el cadáver empezaba a descomponerse.
Fue enterrado, según su deseo, delante del altar de la Virgen de la Asunción, poniendo una lápida de mármol blanco en la cual se gravó y rellenó con plomo la siguiente inscripción:

“EL DOCTOR D. PEDRO CASAS Y SOUTO, natural de Sobrado del Obispo (Orense). Obispo de esta Diócesis, falleció santamente en su Palacio, a las ocho y diez minutos de la noche del 25 de Julio de 1.906, contando 79 años de edad, 9 meses y 11 días, y después de 30 años y cinco meses de Pontificado en que con el ejemplo y la palabra fue modelo de pastores y martillo del liberalismo; siendo por ello admirado y temido por los que andan en las tinieblas y en la sombra de la muerte se sientan.
Desde el cielo vela por su amada Grey y por el triunfo de la fe católica.”
R. I. P.

Los funerales se tuvieron lugar el día 27, siendo realizados con los honores y pompa que le correspondían por su cargo.

Como datos curiosos veremos el estado de cuentas del Obispado durante su pontificado que, como dijimos, fue de 30 años y cinco meses:


BIBLIOGRAFÍA Y DOCUMENTACIÓN

Vida y Pontificado del Ilmo. Sr. Doctor don Pedro Casas y Souto, obispo de Plasencia.
Inocencio Portabales Nogueira – Lugo 1.911

Folleto el Obispo de Plasencia y el Capellan del Cementerio Público de la misma ciudad
Gervasio Keerse – Plasencia 1889

Archivo del Senado, Madrid:
Actas de toma de posesión como senador en los años 1.891 y 1.896.


Periódicos de la época:
“El Dardo”, de Plasencia - “El Estremeño”, de Plasencia - “El Canton Estremeño”, de Plasencia - “El Eco Extremeño”, de Plasencia – “La Integridad”, de Tuy –

Articulo: Una legión de Claret en la Extremadura de los Conquistadores
Sánchez Alegría, Eleuterio -

Archivo Municipal de Plasencia:
diversos documentos.

Archivo de la Catedral de Plasencia :
Diversos documentos.

La Perla de la Habana- Sor María Ana de Jesús Castro
R. P. Juan de Guernica – Zaragoza- 1914

(Comunicación presentada por D. Pedro Luna, para la Memoria Histórica de Plasencia y Comarcas. Universidad Popular Fray Alonso Fernández -VI edición – Plasencia 2006)

                 José Antonio Pajuelo Jiménez - Pedro Luna Reina- José Gutiérrez Delgado

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lunes, 16 de junio de 2008

EL FAROLERO

"El Regional” – martes día 2 de marzo de 1954

¿Os acordáis del farolero? Sabéis que todas las tardes se le veía, calle adelante, con su escalera al hombro, y en las manos su alcuza y un trapo blanco, preparando los faroles que su demarcación para el alumbrado de la noche; faroles que si no tenían la virtud de encenderse solos, tenían la de apagarse cuando habían consumido la cuerda. Llegando al lugar donde el farol estaba enclavado, generalmente las esquinas, el celoso empleado apoyaba la escalera en la pared, subía por ella, abría el farol, sacaba el depósito, recortaba la torcida, limpiaba el tubo, echaba en aquel, de la alcuza el petróleo que había de consumir, y con una cerilla quedaba terminada la operación. Este hombre era el mismo que horas después, convertido en sereno vigilante y empuñando su chuzo en cuyo extremo pendía una farola a modo de pilón de romana, nos hacía arroparnos la cabeza en la cama muertos de miedo cuando lanzaba de hora en hora y con plañido de alma en pena su cavernoso pregón, mezcla de Invocación Mariana, golpe de golf y parte meteorológico.
Pero un día oímos decir que iban a quitar aquellas luces y a poner en su lugar otras que no solo se apagaban solas, sino que también se encendían ¡Cosa más rara...! Contaba la gente que allá por las Américas, cierto desocupado se entretenía en hacer unas pompas con una especie de jabón duro (porque lo había también blando, item más O doce H veintidós, U once morena) que en vez de estallar y deshacerse, tenían la virtud de remontar el vuelo y extenderse por toda la redondez de la tierra. Y tanto se insistía en ello, que los muchachos estábamos verdaderamente intrigados con la tal novedad. Y efectivamente, así fue porque llegada la hora en el reloj de los tiempos, según Pero Grullo, lo es todo. Un día quitaron en los faroles el depósito de petróleo, pusieron en su lugar una de aquellas pompitas conteniendo unos hilos retorcidos y las unieron a otros hilos más gordos que venían no se sabía de donde. Y ya está.
Los muchachos no cabíamos en sí de gozo, y a partir de la inauguración, todas las tardes, una hora antes del fiat lux, nos sentábamos cerca del farol. Apedreándole el cristal con los ojos que manteníamos abiertos como puños. Porque aquello era para nosotros como otras muchas cosas que aunque veamos que son verdad, nos siguen pareciendo mentira. Y cuando la pompita empezaba a iluminarse con una luz rojiza que iba aumentando con gran lentitud, estallábamos todos a coro en un ¡ya, ya, ya! Atronador que hacía asomarse asustadas a las puertas a todas las mujeres de la vecindad, no menos sorprendidas que nosotros.
Y ya no vimos más al farolero.
Estas que ya os apunté y algunas más que os seguiré apuntando son las estampas viejas de nuestra amada ciudad que solo tienen ya palpitación y esencia en nosotros, y que inexorablemente va desplazando de nuestro lado el caminar de la vida, como el de la muerte nos desplazará también a los que aun quedamos para contarlas y conservarlas.
Y en nuestro deseo de que sigan siendo, las extraemos de las profundidades del recuerdo donde yacen amontonadas junto a tantas otras que, porque no han de ver más la luz, solo esperan nuestra muerte para desaparecer.
Y llegado a este punto y embargando por tan graves consideraciones, siento ante el temor del olvido, como sentiréis vosotros, un encendido deseo de prolongar mi vida cuanto ello me sea posible. ¡Quién volviera a ser niño! ¿verdad? ¿No os habéis dicho esto alguna vez? Yo también suelo decírmelo. ¡Es tan triste esto del ser cuando lo enfrentamos con el no ser. Hablo de lo temporal, claro es. Y resulta tanto más triste saber que se es, cuanto es más clara nuestra conciencia de que se ha de dejar de ser. Todo un lío, ¿verdad? Si, yo también me lo digo en algunos momentos. ¡Quien volviera a ser niño!
Pero después, y con ciertos humillos de filósofo, que también los tengo, suelo preguntarme: Bueno, ¿y para qué? Vivir más, vivir menos, ¿no es todo lo mismo ante ese gran fantasma del tiempo arrollador?
Deseamos prolongar la vida, pero ¿con que fin? ¿Para vivir en plan de actividad, o en plan de asueto? ¿Para vivir, o para hacer vivir? ¿Para aumentar vida, o para aumentar fruto? ¿Para vivir más, o para mejorar más? ¿Para acumular días en vano, o par afirmarse bien las espuelas en previsión del gran viaje? ¿Para almacenar vida estéril o para diluirse más y más? ¿Para dormir, o para vigilar? ¿Para arder, o para alumbrar? ¿Para lucir, o para reflejar...? si, que es un lío. Porque al llegar a la vejez y mirar para atrás, yo entiendo que el que no deje sementera en brote y espigas en surco, por muchos años que se apunte, a fe que no ha vivido gran cosa. ¿No os parece?
No. Desear volver a ser niño, no. Querer empezar otra vez, no.
Lo vivido, vivido está. Ahora bien: desear ser como niños, ya es otra cosa. Esforzarse por largar el poco o mucho lastre que recogimos en el más o menos turbio navegar de la vida, si. Ello es un deber, y también una necesidad. Ya sabéis el dicho: “El que vosotros no se presente puro un día ante mi Padre Celestial, como estos pequeñuelo, no entrará...etc. etc...”
Y en esto si que podemos aprovechar – el que tenga por qué, claro-, los últimos resplandores de la tarde, que os la deseo de verano: larga y tibia.

Vicente Neria.


SEMBRANDO INQUIETUDES.A.C.P. PEDRO DE TREJO.

viernes, 13 de junio de 2008

PLASENCIA Y JOAQUIN SOROLLA




Por estas fechas, cuando en toda España se conmemoran los ciento cincuenta años del nacimiento del insigne Pintor Levantino, no podía faltar el homenaje de nuestra Ciudad hacía el único de los grandes pintores españoles que llevó a sus lienzos de forma magistral el paisaje placentino.
Cuando Sorolla recibió el encargo de la Hispania Society de pintar una serie de cuadros sobre diversas regiones españolas, eligió Plasencia para aquí componer el representativo de nuestra Extremadura.
Para su obra escogió como fondo la perspectiva que, aún día es de un encuadre extraordinario y motivo de admiración para los turistas, quienes para perpetuarla obtienen de ella sendas instantaneas; nos referimos a la panorámica que ofrece Plasencia a su entrada por el Puente de Trujillo con ese telón de fondo tan singular que es nuestra Catedral y el Palacio del Obispo.
Este precioso panorama supo captarlo Sorolla con la maestría que le llevó a las más cimeras cumbres de la Pintura Española.
La composición es un acierto pues los personajes del primer plano –un grupo de montehermoseños, ellas montadas sobre mulas, ellos a pie y ante el grupo una piara de cerdos- es un estudio completo de caracteres de los retratados y de la indumentaria que portaban.
Este cuadro, en cuya ejecución empleó Sorolla casi todo el mes de Octubre de 1917, lo realizó en el jardín de la casa de don Fernando S. Ocaña, de quien fue huésped durante el tiempo que permaneció en Plasencia.
Tomó Sorolla, como modelos para su obra, auténticos montehermoseños –de la familia de los campanilleros- quienes acudían con su indumentaria a nuestro mercado del Martes.
También, por aquellos días, ejecutó Sorolla un retrato de la modelo llamada Marcela, que hoy creemos aún se conserva en Plasencia en la colección de don Pedro S. Ocaña Delgado. El tiempo que permaneció Sorolla en nuestra Ciudad sirvió para sellar una sincera amistad, mantenida a través de una cálida correspondencia y por parte del Artista en prueba de reconocimiento a las atenciones recibidas de la familia Sánchez Ocaña.
El cuadro que nos ocupa se halla en la actualidad en Nueva York, en el local social de la Hispania Society, y no diremos que sea el mejor de la serie, pues no tenemos capacidad técnica para ello, pero si desde luego es el de mayores dimensiones y el que ocupa lugar preferente pues se ha situado en el rellano del piso principal de la escalera de Honor.
Por este solo detalle de haber perpetuado en uno de sus cuadros un trozo de Plasencia, bien merece que le dediquemos estas líneas para unirlas modestamente al coro de las que hoy se levantan en toda España en honor del Pintor de la luz, como se le conoce.

José Antonio Pajuelo Jiménez-Pedro Luna Reina


domingo, 8 de junio de 2008

TOROS QUE SE ESCAPAN







Periódico el Regional – día 09 de junio de 1970

El número fuerte de las ferias son los toros. Para muchos el único número. Para no pocos el número imposible por los precios alcanzados. Los antiguos placentinos disfrutaban con más frecuencia y con menos dispendio que los de hoy de las corridas de toros. Cualquier motivo de público regocijo era suficiente para que se corrieran en la Plaza, despertando siempre el entusiasmo de nuestro pueblo, que los presenciaba gratuitamente.
Estamos a principios del siglo XVI. La Casa de las Gradas (como llamaban entonces al Ayuntamiento), los tejados de la Carnicería “que es en la Plaza, esquina a la calle de Talavera” y hasta el campanario de San Esteban eran ocupados por Regidores, caballeros y gente llana sin faltar las damas que, como siempre, iban a ver y a ser vistas.
La impaciencia en tales fiestas era enorme. Se decía que el esquilonero de la Catedral daba el toque de Vísperas antes de la hora y a los que acudían a ellas les parecían que nunca fueran tan lentas.
Las costumbres de entonces prohibían que el festejo comenzara antes de terminarse el Coro de la tarde.
La Priora de Santa Clara veía turbarse la quietud del Convento y como piadosa distracción para las monjas hacía que alguna recitara letrillas populares parecidas a las que algunos años más tarde escribiera Alonso de Ledesma: “El príncipe de tinieblas –siete toros encerró - porque en el coso del mundo – corriesen al pecador. Corrió el toro de soberbia – tras el vaquero mayor – y con ser tal que volaba – del potro le derribó. El toro de la avaricia – hasta la Iglesia se entró – y Judas, de una barrera – entre doce, le sacó”.
Los toros se corrían al modo de entonces. Abundaban los bancos divertidos y no faltaba algún que otro galán vanidoso que a trueque de llamar la atención de las damas, simulará caídas aparatosas de su caballo. De el se podía enumerar lo que Góngora escribiera de Ezpeleta: “Dijera a lo menos yo – que el caballero cayó – porque CAYESEN en el”.
Pero la fiesta en nuestra plaza tenía en ocasiones un final ridículo.
Por la ligereza con que a veces se improvisaba la corrida o por la bravura de los toros, ocurría que, acosados estos por los caballos que los jugaban, o heridos por algún rejón hábilmente colocado, lograban romper el cierre de la plaza y escapar por las calles hasta que, tarde o temprano, sin poder salir de la ciudad amurallada, venían a quedar presos en la Fortaleza.
Y por aquellas calendas habían dado los Alcaldes de la misma en la costumbre de adueñarse bonitamente de tales toros escapados.
Los caballeros quedaban corridos, las dueñas apesadumbradas y el pueblo defraudado.
Resultaron inútiles cuantos intentos se hicieron para convencer a los Alcaldes del abuso que ello suponía. La Justicia y Regidores temieron con fundamento que la paz se alterara y acordaron quejarse a la Reina, que lo era doña Juana, exponiendo el caso y suplicando remedio.
Copiamos seguidamente los párrafos más notorios de la respuesta de doña Juana. Va dirigida “al que es o fuere mi Corregidor y Juez de Residencia en el ciudad de Plasencia y al alcalde en dicho oficio”.
Expone seguidamente los hechos denunciados resaltando el agravio y el daño que el Concejo y los vecinos reciben por el proceder de los Alcaldes ordena que estos digan que títulos y derechos pretenden tener para tomar los dichos toros y no querer entregarlos a la ciudad y si los dichos Alcaldes no tienen título o prescripción inmemorial para proceder como proceden manda “así al que ahora es Alcalde como a los que fueren de aquí adelante que no tomen ni lleven más los toros aunque entren en la dicha Fortaleza bajo las penas en que caen los que llevan nuevas imposiciones” y castigando con diez mil maravedíes para la Cámara Real a cada uno que lo contrario hiciere.
La carta está fechada en Burgos en 9 de mayo de 1506.
Y las fiestas del Corpus, origen de nuestras ferias, fueron especialmente solemnizadas aquel año con autos sacramentales y corridas de toros en la Plaza Mayor, sin miedo ya a la arbitrariedad de los Alcaldes de la Fortaleza.
Quizás la Carta de la Reina contribuyó también a que aquel año en el Cabildo de 7 de junio se diera la facultad al Mayordomo de Fábrica, Villalva, “para que envíe a llamar ministriles y trompetas y sacabuches y chirimías para la celebración de las Fiestas del Corpus y que gaste en su costa hasta siete u ocho mil maravedíes demás de lo que fue dado dispensación que gastara en las dichas fiestas”.

Manuel López Sánchez-Mora
Canónigo Archivero


SEMBRANDO INQUIETUDES. A. C. P. PEDRO DE TREJO.

jueves, 5 de junio de 2008

CONVENTOS Y ERMITAS DESAPARECIDOS






CONVENTO DE SAN MARCOS

Y ERMITA DE FUENTIDUEÑAS



El primer convento de San Marcos de Monjas Bernardas Recoletas, pertenecientes a la Orden del Cister, se fundó en el año 1.233, su primer nombre fue Monasterio de San Leonardo, estaba situado junto al convento de San Francisco, con el cual tuvo pleitos porque los frailes no querían tener tan cerca un convento de monjas, ya que esto podría ser motivo de tentaciones.

Fue su promotor Don Diego González de Carvajal, al cual se le considera el patriarca de la rama placentina de los Carvajal. Este D. Diego era miembro del Cister y caballero del rey D. Fernando III el Santo. Tenía este rey tal confianza en Don Diego que cuando se fue a la conquista de Sevilla dejó sus hijos en Plasencia al cuidado de este convento.

Este Don Diego era el señor de Serradilla, la cual se la donó el rey Fernando III, además de otras muchas tierras. Serradilla en esa época, pertenecía eclesiásticamente a la parroquia del Salvador de Plasencia. Además de las donaciones que hizo el fundador del convento a las monjas Bernardas, se les donó por parte del rey Sancho IV, con la dehesa de Ferruz, la cual más tarde cambiaron las monjas por la dehesa de S. Pedro (hoy San Pedrillo). Don Nuño Pérez de Monrroy les dejó en su testamento 5.000 mrs. Doña Leonor Sánchez, les dio la dehesa de San Esteban. Esta dehesa y la del Guijo de las Monjas se las apropió Doña Leonor de Pimentel por una bula del Papa Sixto IV, para poder terminar el convento de Santo Domingo.

Don Diego murió en el año 1.253 y fue enterrado en las gradas del altar de este convento.

Este convento fue abandonado pocos años después de la muerte de D. Diego, y la comunidad de religiosas se trasladó a lo que hoy conocemos por “Fuentidueñas”.

El nuevo convento estaba situado al final de la Dehesa de los Caballos, al lado de lo que es hoy la Carretera Nal. 630. Era de estilo ojival, del primer periodo, y lo construyó el maestro cantero Pedro Enrique, en el año 1.300 aprovechando parte de la construcción allí existente.

Las Monjas Bernardas abandonaron este segundo convento en la primera mitad del siglo XV. El convento quedó a cargo de los frailes Cistercienses del Monasterio de Valparaiso. Aunque muy deteriorado, todavía se puede ver algo de lo que fue el segundo convento de San Marcos.

Es tradición en Plasencia que en el sitio que ocupa este edificio estuvo situado un templo votivo romano, el cual estaba consagrado a las ninfas de las aguas, pues en ese sitio existía una fuente de aguas medicinales, la cual fue aterrada hace varios siglos. Así mismo otra versión dice que estaba consagrado a Cibeles o a Berecintia, las cuales eran diosas romanas, y que se construyó en la época del emperador Constantino (crónicas de Juliano). Estas cronicas dicen así: De emeritis, numero 16.

“Apud Ambraciam urbem, quam fluvius placidissimus praeterfluit, non plusquam milliaribus, eremiterium Sanctae Mariae Fontis-Dominarum, quod ibi míniales nobilísimo genere natae ordinis Santi Benedicto dicuntur habitasse a Constantini tempore post datam ecclesiis pacem, sumptibus reginae Elenae sanctissimae aedificatum, ex templo Berencintiae matris deorum”.



Traducción:” Junto a la ciudad de Ambracia, a la que circuye un río placidísimo, a no mucha distancia, se halla la ermita de la Fuente de las Señoras, porque allí se cuenta que moraron unas religiosas de noble estirpe, de la orden de San Benito, en tiempos de Constantino, después de concedida la paz a las iglesias, edificada a expensas de la santísima reina Elena sobre el templo de Berecintia, madre de los dioses”.

Esta reina Elena era la madre de San Agustín, (la que según la tradición encontró el verdadero madero de la Cruz de Cristo), y no edificó la ermita pues ya estaba edificada mucho antes, lo que hizo fue expurgarla de los dioses paganos y dedicarla al culto cristiano. Esto se realizó por el año 324.

Hoy día se pueden ver los sillares de cantería de lo que fue este antiguo templo. Sobre ellos hay edificaciones posteriores sin ningún valor.

Este convento quedó reducido a una simple ermita llamada de Fuentidueñas, la cual debido a su situación fue refugio de maleantes y vagabundos. Decía el Visitador de la Audiencia de Extremadura en el año 1.791: “Estoy mal con los Hermitaños cuias casas son de refugio. La Hermita de Fuentis Dueñas y casa unida a ella es mas perjudicial, estas no son las debociones que inspira la verdadera religión. Los contrabandistas, los ladrones, los amancebados se interesan mucho en que aya estas casas fuera de la población. En plasencia lo que se necesita es la Hermita de Nuestra Señora del Puerto, en que hai establecido un Cura y en que se exercita la debocion verdadera”

Cuando se dejó el culto en esta ermita, se trasladaron las imágenes y ornamentos a la ermita de San Lázaro. Entre las imágenes que se trasladaron había una con la advocación de Nuestra Señora de Fuentidueñas, la cual se puso en uno de los altares laterales de la ermita de San Lázaro. Desde hace varios años esta imagen está en la iglesia de San Nicolás.

En esta ermita estaba la imagen de Santa Escolástica, la cual tuvo mucha devoción en la ciudad, y se la sacaba en procesión desde su ermita a la ciudad en rogativas para pedir la lluvia. El pueblo de Malpartida solía venir también en rogativa hasta uno de los cerros cercanos a la ermita, una vez allí se rezaba el Rosario. Después retrocedían hasta el valle de San Esteban donde celebraban la comida. Por la tarde regresaban todos al pueblo escoltando al sacerdote y autoridades.

En la catedral de Plasencia estaba la cofradía de Santa Escolastica.

En el año 1.811 los franceses destruyeron esta ermita de Fuentidueñas.

En el año 1.967 el profesor José María Blázquez, realizo unas prospecciones arqueológicas en este asentamiento, denominado por él como “aedicula de Plasencia”. Se confirmando que fue un templo romano, datando su construcción en el siglo I.

Del estado de conservación dice que es excelente salvo la falta de tejado, que sería a dos aguas. El edificio está asentado sobre un podium y sin pronaos. La puerta de acceso se halla situada al norte y tendría seguramente escalones. En la pared W., hay una segunda puerta, con arco, que está datada en el siglo XV.

Las dimensiones son: Exterior 8,70metros de ancho, 9,80 de longitud, y 4,95 de altura.

En el interior: 7,90 x 8,66 x 0,40 de ancho de muros.

Este edificio romano, lo cita Ceán Bermudez, y tambienViu, ambos refiriéndose a la ermita de Fuentes Dueñas, porque en efecto se adiciono un cuerpo al edificio para convertirlo en ermita en la Edad Media. Citan los dos una lápida que había en las gradas del altar con la inscripción,…Sarco (…..s. Pater) C……, que piensan que perteneció a un sarcófago, y que ya no existe.

No tenemos noticias, que se hayan encontrados restos de población, puede que no la hubiere y fuese un santuario aislado como otros. Siendo aventurado inquirir, por qué se fundó en aquel sitio y a que deidad fue dedicado. Solamente unas excavaciones podrían dar luz en este problema.


Jose Antonio Pajuelo Jimenez - Pedro Luna Reina.
    
                                               "CREANDO CULTURA."