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jueves, 22 de abril de 2010

EL MONASTERIO DE YUSTE.



                          MONASTERIO DE SAN JERONIMO DE YUSTE
 

       Esta situado el monasterio a dos kilómetros de la villa de Cuacos, en un bello paraje de las estribaciones de la sierra de Gredos.
   Fueron sus fundadores dos placentinos, Andrés de Plasencia y Juan de Robledillo que anteriormente habían vivido dentro de los mismos arrabales  de Plasencia, en una ermita dedicada a San Cristóbal.

   El terreno fue donado por el vecino de la villa de Cuacos Sancho Martín, que era un hombre devoto y de buenas costumbres. Le otorgo escritura pública y autentica para que nadie pudiese ponerla a pleito. Por ella consta que fue en el año 1402 a 24 de Agosto. Cuacos en aquel entonces pertenecía a la jurisdicción de Plasencia.

    A estos dos ermitaños  se unieron algunos más y pensaron en la fundación de un monasterio. Se ignora la ocasión o el favor para llegar hasta el infante D. Fernando, gran protector de los monjes jerónimos. Le exponen sus planes y don Fernando obtiene del papa Benedicto XIII, en el año 1408, la correspondiente bula de fundación.

    El obispo de Plasencia Don Vicente Arias de Balboa, informado por otros religiosos, se ignora de que orden, movidos por la envidia e interés y sin pedir más explicaciones, ordena que fuesen echados de allí y les tomasen la casa, posesiones y cuanto tuvieren. Todo se ejecuto con el máximo rigor y los sencillos hombres salieron sin oponer resistencia.

     Informaron al infante don Fernando de este suceso y este les remitiría a su justicia mayor, que, a la sazón era el arzobispo de Santiago y metropolitano de Plasencia, don Lope de Mendoza, que se encontraba en Medina del Campo, y viendo la escritura de donación de Sancho Martín y la bula de fundación de Papa, se dirigió a Don Garci Álvarez de Toledo, señor de Oropesa, para que, sin demora, fuese con los ermitaños al sitio de Yuste y los restituyese en su casa, los amparase y no consintiera en que nadie los hiciese agravios. Esto sucedía durante el año 1409.

   En el año 1415, en el primer Capitulo General, con el fin de unir la Orden de los Jerónimos, para elegir su primer general y eximirse de la obediencia de los Ordinarios, y a instancia de Don Garci Álvarez de Toledo, que prometió ante el capitulo dar y proveer de todo lo necesario a los ermitaños de Yuste, para que viviesen  en la observancia de la Orden sin quebrantar la clausura y mucho menos tener  que vivir de limosna. De esta forma, y a los seis años después de fundado el monasterio, fue aceptado como uno más de la Orden de san Jerónimo en España.

    La arquitectura de Yuste es sencilla y austera, destaca su iglesia de estilo gótico, con una sola nave pero de gran sencillez, con bóvedas de sillería y arcos apuntados. En sus dos claustros, uno gótico y otro plateresco, donde puede apreciarse la gran serenidad en el silencio de sus arcadas. La importancia de este monasterio, le viene que,  unido a su iglesia por la parte sur, existe  el palacio mandado construir por el emperador Carlos V, reproduciendo en pequeño su palacio de Gante. Se asciende a este por una rampa, ya que se trasladaba en sus viajes en litera o en silla de mano. Constaba  de dos plantas con una misma distribución: cuatro piezas en cada una separadas por un pasillo central con el que todas se comunican, nos basta con describir una, la más alta, en principio pensada para el invierno, pero que seria prácticamente usada para todo el año. A la izquierda del pasillo está la antecámara y la cámara imperial; esta con ventana dando sobre el interior de la iglesia, para que el Emperador pudiese asistir a los oficios divinos los días en que sus achaque le tenían postrado en el lecho. Al otro lado del pasillo nos encontramos con otras dos piezas, de mayor tamaño, que eran la que servían de comedor y como sala de audiencias. Y de cara al estanque, la solana desde donde gozaba el Emperador de la vista de ese paraíso perdido, lo que sin duda era lo que había estado buscando y lo que acabo por atraerle.

      Hay otras cuatro piezas, dos de ellas a un lado y a otro de la solana, una servía de retrete y otra donde posiblemente se aislase con algún visitante, para conversaciones secretas.

      La tercera pieza, esta muy recogida y fácil de caldear, era la estufa donde Carlos V, combatía mejor el frío, y la cuarta pieza, es la que pudo servir como dormitorio a su hijo Felipe II, cuando a visitar el lugar a la muerte de su padre, no quiso utilizar su cámara como homenaje a su memoria.

     ¿Cuales fueron los motivos por lo que el Cesar, escogiera este lugar?, se sabe que en 1542 había ordenado a una comisión que eligiese un sitio y un convento adecuado para retirase del mundo; y examinando varios entre ellos el de Salvatierra de Barros, se decidieron por  Yuste, como más apartado y de clima menos riguroso. Y lo cierto  que en este año, estando Carlos V en las Cortes aragonesas de Monzón, tuvo la visita del conde de Gandia, aquel noble tan prendado de la Emperatriz y que había acompañado su cadáver desde Toledo hasta su primer enterramiento en Granada. Y ambos, el Cesar y el Duque se hicieron sus confesiones, de cómo cada vez les pesaban mas las cargas mundanas y deseaban cambiar de vida.

    También el Emperador prefirió Yuste, sin conocerlo por ser convento  jerónimo y por las alabanzas que hizo alguien de la Vera, en quien mucho confiaba y que conocía bien la tierra; nos estamos refiriendo a  Don Luis de Ávila y Zúñiga, el compañero de armas de Carlos V en la guerra de Alemania, marques de Mirabel y vecino de  Plasencia, que tenía un hermoso palacio que todavía podemos admirar.

     En este monasterio vivió el emperador hasta su muerte, acaecida el 21 de septiembre de 1558, menos los  meses de noviembre de 1556 a   febrero de 1557, en  que vivió en el castillo de Jarandilla, alojamiento que le ofreció el Conde de Oropesa.

    Pusieron los restos mortales en una caja de plomo, que guardaron en ora de madera de nogal forrada de terciopelo negro. Durante tres días se celebraron el la iglesia del Monasterio, solemnes funerales, oficiando el Arzobispo de Toledo, a quien servían de ministros el prior de Yuste y el confesor del Emperador; cada uno de los días predicaron el Villalba y los priores de granada y Santa Engracia de Zaragoza.

    En el monasterio, fue sepultado en una pequeña cripta situada debajo del altar mayor, dando así cumplimiento a su testamento, para que los sacerdotes, al celebrar la misa, estuvieran pisando su cuerpo, por lo que hubo que hacer reformas en el altar, quedando en la extraña disposición que se aprecia en su estrecho presbiterio

  A los dos días de enterrado, se persono en Yuste el corregidor de Plasencia, acompañado  del escribano y alguaciles para reclamar el cuerpo del Emperador, que había  muerto en territorio de su juridiscción. Después de muchas consultas y acaloradas disputas, vinieron al acuerdo de que permaneciese  en poder del Prior, en calidad de depósito. Pero no se pudo disuadir al Corregidor de su empeño de ver el cadáver, para identificar la personalidad del difunto, según era costumbre. Fue necesario tirar el tabique, abrir los féretros y descoser la mortaja para reconocer el rostro, quedando de todo ello constancia y testimonio.

     Aquí permanecieron sus restos, hasta febrero de 1574, en que fue trasladado al Real Monasterio de El Escorial por su hijo el rey Felipe II. Trás el fallecimiento del emperador,su hijo Felipe II, encarga el retablo mayor del templo del monasterio de Yuste para alogar la copia de Antonio Segura de la Gloria de Tiziano, unas de las obras preferidas de Carlos V.

    Después de la muerte del emperador, el Monasterio y la Orden de San Jerónimo  pasaron por numerosos avatares. En la Guerra de la Independencia, sus estancias fueron incendiadas por las tropas francesas y quedaron prácticamente destruidas, los Jerónimos fueron expulsados de Yuste y posteriormente con la desamortización y en virtud del decreto del 13 de Septiembre de 1813, puesto en vigor mas tarde por Fernando VII, que mandaba enajenar en pública subasta de los monasterios y conventos, comenzó la ruina y destrozos de su fabrica. En 1820  una irrupción de los llamados patriotas de los lugares inmediatos, completó la obra devastadora, los papeles que aún  quedaban en los archivos, fueron entregados a las llamas, robaron cuantos objetos de valor que aún quedaban y la iglesia fue convertida en retablo  y las habitaciones donde vivió y murió el Emperador, para depósito de trigo. Las obras de arte y mobiliario, fueron a parar a las parroquias vecinas. por ejemplo a Casatejada fue a parar el retablo del Altar Mayor, a Majadas un altar-relicario, que regalo el obispo de Plasencia D. Gómez de Solís, a la ermita de Belén próxima al Monasterio. A Serrejon fueron a parar dos altares dorados, a Cuacos 37 sillas del Coro, el facistol con casi tres metros de altura y un hermoso terno del siglo XVI de terciopelo negro; a Garganta de la Olla 19 sillas del Coro, un órgano  con 17 registros y un relicario de alabastro etc.

     El palacio de Emperador y el Monasterio excepto la Iglesia, fueron adquiridos por un tal Bernardo de Borla y Tarrius, en 1821, por mil pesetas y unos años más tarde, en 1838, compro también la Iglesia por la cantidad irrisoria de cincuenta duros, siendo destinadas sus dependencias a la cría de gusanos de seda, el coro para secado de capullos.

     Años más tarde el propietario puso en venta el Monasterio, tratándolo de comprar algunos franceses, que pretendían regalárselo a Napoleón III, siendo denunciado por los intelectuales de la época, por lo que el Marqués de Mirabel tuvo el gesto de adquirirlo por la cantidad de 20.000 duros, dedicándose desde entonces al la protección y mantenimiento, reedificando algunas partes y evitando la destrucción de otras.


   El 3 de junio de 1931 se declaró el Monasterio “Monumento Histórico-Artístico”, comenzando la recuperación del inmueble. En julio de 1941 se constituyó la Fundación Mirabel-Patronato del Monasterio de Yuste para su reconstrucción: González Valcárcel puso un hito en la recuperación patrimonial no sólo española sino europea.

    En 1958, una vez recuperado el edificio, la Comunidad Jerónima volvió al Monasterio para mantener viva la memoria del Emperador.

    En el V Centenario del nacimiento de Carlos, se puso en pie el “Proyecto Yuste”, con un amplio programa científico y técnico para revitalizar  el Monasterio y su entorno.

    En 1992, la Junta de Extremadura lo convirtió en un centro de proyección europeísta con la Academia Europea de Yuste.

    Desde la Fundación Academia Europea de Yuste (FAEY), creada en 1992, se pretende un acercamiento entre Europa y Extremadura a través de la cultura y los aspectos sociales, pues se considera que éste es el camino que asegura no sólo la participación efectiva de los extremeños en el ámbito europeo, sino, sobre todo, el que propicia un sentimiento de pertenencia a una historia y a un patrimonio amplio, diverso y solidario, el europeo.

  La Fundación nació con el deseo de revalorizar en el contexto europeo la estrecha vinculación del Monasterio de Yuste con la vida y  muerte del emperador Carlos V. El valor simbólico del Monasterio y la significación histórica del último emperador de Europa otorgan a la Fundación una sólida dimensión extremeña, española y europea. Si el Emperador cerró en Yuste, el 21 de Septiembre de 1558, uno de los capítulos más relevantes del libro inacabado de la historia de Europa, la Fundación Académica Europea de Yuste, siglos después, aspira a revitalizar e irradiar desde Extremadura el europeísmo, el dinamismo y las expectativas que Carlos V atesoró en la paz de este monasterio extremeño.
En los ultimos días, los monjes han abandonado el monasterio, y recogidos en Segovia, pero no solo los monjes se han marchado, tambien una colonia de murcielagos que durante años han encontrado entre los viejos muros el entorno adecuado.
Parece ser que un convenio con el obispado de Plasencia, permitira incorporar elementos originarios del monasterio algunos depositados en las iglesias de los pueblos citados anteriormente; un ejemplo sería la casulla del siglo XVI, cedida por la parroquia de Cuacos de Yuste.
¿ Cual será el futuro del monasterio?. La historia continuará su curso, pero los monjes no volverán, pués a mi parecer, todo ha sido una desarmotización encubierta.
      
                         Departamento de investigación y divulgación de la A.C.P."PEDRO DE TREJO"
                                              "SEMBRANDO INQUIETUDES"

lunes, 12 de abril de 2010

FIESTA DE LA VIRGEN DEL PUERTO AÑO 2010

LA SEMILLA DE UNA DEVOCIÓN A LA VIRGEN DEL PUERTO.
Dije ayer en la radio que Cándido Cabrera y yo, una vez jubilados, no nos encontramos en despachos, bajo luces de neón, sino al aire libre, bajo la bóveda del cielo, cuando él pasea al perro y yo voy a comprar el pan, dos de nuestras obligaciones diarias.
En uno de estos encuentros esporádicos surgió la idea de que yo fuera el pregonero de este año. Y desde que Cándido me propuso intervenir como pregonero en la Fiesta de la Virgen del Puerto de este año, me propuse tres objetivos: No hacer un pregón de compromiso, rs decir, no venir a cumplir con un expediente; que fuera un pregón original y que fuera una aportación positiva a tanta literatura, como existe, dedicada a la Patrona de Plasencia. Como es lógico le dije en el mismo momento que aceptaba muy gustoso y honrado.

Lo primero que pensé en tratar fue la tradición legendaria de la aparición de la Virgen, que como tantas otras nacen, tras el avance de la Reconquista y que supone toda una cruzada guerrera y apostólica que restaura los principios de nuestra religión. Pero prescindí del tema porque se trata de un asunto más lírico y emotivo y milagrero que bien podría abordarse en próximas ediciones de este pregón, por personas más fervorosas y más poéticas que yo.
Después dudé entre hablar de la familia Lobera o de las rogativas a la Virgen, en el siglo XV y XVI que forman el crisol donde se funden los verdaderos sentimientos de los placentinos hacia su madre la Virgen del Puerto a lo largo de la historia y, además, tienen lugar en una época privilegiada e interesante en la vida de la ciudad y que, de algún modo yo he recreado en el libro dedicado a la “Sillería del Coro de la Catedral”, que se titulaba “Plasencia entre dos siglos. El XV y el XVI”

Aquél trabajo no fue un estudio histórico exhaustivo documentalmente, ni un trabajo de investigación profundo por mi parte, pero creo que reflejé bastante bien a los personajes y al ambiente ciudadano. A mi me gustó.
Recuerdo que me llamó a casa el propio obispo, Don Amadeo, recién llegado a Plasencia, después de leerme, para felicitarme y para decirme que le parecían muy razonables mis interpretaciones de la historia en esa Plasencia en ese tiempo. La misma Plasencia en la que apareció la verdadera devoción por la Virgen del Puerto. Tal vez por ello, me decidí a dedicar al pregón a esta época concreta de la historia de la ciudad.
La primera causa de la devoción es obra de la familia Lobera. La segunda causa son las necesarias y urgente rogativas a la Virgen del Puerto en momentos de muchas dificultades vividos por los vecinos de Plasencia a lo largo de este primer siglo de historia real. Al final me decidí por hablar de los Lobera, verdaderos promotores de la devoción a la Virgen del Puerto. Ellos sembraron la semilla de nuestra actual devoción y así titulo este pregón: “La semilla de la devoción a la Virgen del Puerto”.
Todos conocéis la parábola del sembrador y la semilla de mostaza que se convierte en árbol frondoso, donde anidan las aves del cielo. La parábola la aplica el Evangelio al Reino de Dios, pero bien podríamos aplicarla a muchas actividades del hombre en general, a muchas obras nuestras.
Y, para corresponder a los elogios de Cándido, voy a poner un ejemplo referido a él mismo y del cual fui testigo presencial. Fue en Madrid, a la hora del almuerzo. Había dos generales del Ejército, Cándido, como Alcalde de Plasencia, el Presidente de la Caja y otros. Allí se formalizó la operación de compra del Cuartel de la Constancia. Se puso la semilla de lo que hoy es ya convertido en árbol frondoso, lo que es el Complejo Educativo Universitario de Plasencia. De esa semilla ha nacido un abanico de posibilidades de progreso social, educativo, cultural y humano para Plasencia. Los jóvenes placentinos que ahora se gradúan con título universitario en esta ciudad, deben saber cómo y quién plantó este grano de mostaza.
De igual modo la familia Lobera fueron la causa y el inicio de un fervor a la Virgen que arraiga en Plasencia a finales del siglo XV, cuando se construye la primera ermita y se empieza a venerar la actual imagen que es precisamente de esta misma época.
Procedía la familia Lobera de Medina del Campo, venidos a su vez de Cantabria, según nos cuenta el Padre Guerín, un monje cisterciense que presentó en Trujillo una ponencia titulada “Los lobera de Plasencia”, lo cual ya denota la importancia que esta familia llegó a tener en nuestra ciudad. Dice que propio Padre Guerín que no existía en la Cancillería de Valladolid ningún expediente de hidalguía a nombre de los Lobera, lo cual nos hace sospechar que personajes tan influyentes en Castilla en aquella época sin título debiera de proceder de la comunidad judío conversa.

Y así llegaron: En 1476 Diego de Lobera es canónigo de la Catedral de Salamanca y en 1480 ya está en Plasencia iniciando la construcción de la ermita a la Virgen del Puerto, pues a su condición de clérigo unía también la de arquitecto
Aquí apareció humillado por un decreto de desnaturalización contra él, por desobediencia, dictado por la propia Isabel la Católica, sin que mediase sentencia judicial y privado de sus cargos y sus bienes, por haber apoyado durante la guerra civil, a la muerte de Enrique IV, la causa de Doña Juana, la Beltraneja.
Seguro que se trasladó a Plasencia, buscando el perdón real, y la protección del Duque de Plasencia, Don Alvaro de Zúñiga, y de algún capitular como el Deán Diego de Jerez, que habían participado, como él, en el mismo bando contra la Reina Isabel. Aunque todos eran perdedores, el Señor de Plasencia, rápidamente se cambió de chaqueta y los Reyes no se atrevieron a humillar, por el momento, a tan poderoso súbdito. Ya tendrían tiempo de hacerlo, después de acabar con la dominación árabe. Lo cierto es que, absuelto de su atrevimiento, Diego de Lobera, se incorpora a la vida eclesiástica como Chante de la Catedral de Plasencia. El entonces Obispo, Don Rodrigo de Ávila, que había oficiado el enlace matrimonial del Rey Alfonso V de Portugal y Doña Juana en una ceremonia que tuvo lugar en esta misma ciudad, tampoco tuvo ningún recelo con contar con la presencia del nuevo chantre, a pesar de sus antecedentes.

En tiempos de tanta agitación política y social Diego de Lobera, con el peso de una fuerte sanción real a sus espaldas, no volvió a significarse. Desde su nueva dignidad eclesiástica debió de ser un observador respetuoso de los acontecimientos que en ese momento se vivían en España y en Plasencia.
Es así cómo participaría sin significarse, como un capitular más, cuando muere el duque y Plasencia se queda de luto por la muerte de su poderoso dueño. Las exequias duraron varios días, gran parte de las mismas determinadas en el propio testamento del Duque o bien encomendadas a su íntimo amigo y servidor Diego de Jerez, Deán de la Catedral, que manda a sus capellanes digan todos los miércoles misa de réquiem sobre su sepultura. Era el 10 de junio de 1488.
Y de igual modo observaría como un vecino más de la ciudad, sin compromiso con los bandos en disputa, la invasión de Plasencia por las huestes de los Carvajales, desde el Puente de Trujillo hasta la Plaza Mayor, con gran estruendo de armas, los gritos de los soldados, el choque de los escudos y el ruido de los caballos cuyos cascos sacaban chispas del pavimento de piedras. Envueltos en la oscuridad los rebeldes avanzaron sin apenas resistencia.
Dicen las crónicas que duró tres días el encuentro y pelea, trabando en la plaza y calles muy sangrienta guerra. Vinieron a las manos muchas veces y con grande porfía, hasta que, acobardados los de la parte del Duque con el nombre del rey, a quienes los contrarios apellidaban, se les hubieron de rendir. Los del castillo se defendieron más tiempo por ser, como es, muy fuerte y, finalmente se entregó a los de la parte del rey.
Pero, pocos días después, seguro que, en su fuero interno, Diego de Lobera disfrutaría aquella mañana del día 20 de octubre del mismo año 1488, en que murió el Duque, cuando en las puertas de la Catedral de Plasencia, el propio rey Don Fernando juraba ante el escribano público Ruy González, regidores, caballeros y capitulares de dicha iglesia:
Guardar, defender, y amparar al Concejo, vecinos y moradores desta su ciudad de Plasencia, en sus fueros y privilegios, mercedes, libertades y franquezas, que esta dicha ciudad y personas de ella y su término tienen.
Se acabó el poder feudal, Plasencia retornaba a ser ciudad libre, y los placentinos contentos u exultantes, colocaron lápidas de piedra en las puertas de entrada a la ciudad proclamando su libertad recientemente conquistada.
Sin embargo, otro contratiempo le faltaba a Diego de Lobera para considerarse feliz y rehabilitado. Como sucesor del anterior obispo, se promociona a la diócesis de Plasencia a un antiguo compañero suyo del Cabildo de Salamanca, el maestrescuela de aquella Catedral Don Gutierre Álvarez de Toledo, hijo de los Duques de Alba y cuya carrera eclesiástica ascendente, estaba dirigida por su madre que imploró permanentemente al Papa Sixto IV, el progreso de su vástago.
Ya habían tenido sus más y sus menos Diego de Lobera y el nuevo obispo en Salamanca. Hasta el punto de que este mismo Papa se tuvo que dirigir a los Duques de Alba exhortándoles a “que hagan desistir a su hijo Gutierre, de apoderarse de las iglesias de Santo Tomás y San Martín, que están reservadas para el canónigo de aquella catedral Diego de Lobera”.
No debieron ser muy cordiales tampoco las relaciones del Chantre y el Obispo en Plasencia, porque también nos enteramos que Alvarez de Toledo le pasó una factura al chantre de 18.000 maravedíes, por unas rejas de hierro que se había llevado del Palacio Episcopal a su ermita del Puerto. Y también supimos que, muerto el Chantre, sus albaceas tuvieron muchas dificultades para cobrar al obispo un préstamo de 80.000 maravedíes que no le había pagado y que presumiblemente no consiguieron que desembolsara. Por eso creo que, en contra de la opinión que expresan algunas historias de la Virgen del Puerto que he visto, la relación del Chantre y el Obispo no debió ser muy buena.
Pero lo cierto es que nada más llegar, el nuevo obispo, Gutierre Alvarez de Toledo se propone construir en Plasencia una nueva catedral y lógicamente cuenta con el Chantre, que además es arquitecto, para participar en esta renovación de la iglesia y de la ciudad propia de los nuevos tiempos.
Tres importantes obras lleva entre manos Diego de Lobera en ese momento: la ermita de la Virgen del Puerto, la remodelación del Palacio Episcopal, y también sabemos que supervisa la construcción de una capilla en el Hospital de Santa María, lugar en el que ahora mismo nos encontramos.
Con este nuevo impulso constructor del Renacimiento, aparecieron en Plasencia Enrique Egas y Rodrigo Alemán. El primero como autor de los planos y el proyecto del nuevo templo. Un gran edificio con planta en forma de “Cruz latina” y tres naves con bóvedas a la misma altura, un gran avance arquitectónico con respecto a las catedrales góticas que ya existían. Un templo grandioso, esbelto, donde las columnas sin capiteles se abrieran sobre la bóveda como una palmera.

Por su parte, vino también Rodrigo Alemán, contratado previamente para elaborar el Coro de la vieja Catedral románica, una joya artística única y, sin duda, el patrimonio artístico más notable con que cuenta nuestra ciudad.(Estamos precisamente en el Complejo Cultural que lleva su nombre).
La amistad con su colega de profesión y además canónigo, Diego de Lobera debió surgir de inmediato. Los tres serían buenos amigos de charla, de intercambio de conocimientos técnicos y sobre todo, como buenos profesionales de la construcción. No olvidemos que Rodrigo Alemán, después del Coro hizo el Puente Nuevo y la Portada del Convento de las Claras.
Tanto el alarife Egas como el maestro Rodrigo eran artistas avezados en el labrado de la piedra y en la talla de la madera, extraordinarios y reconocidos profesionales, (tal vez ambos venidos de Flandes) con amplitud de ideas, que importaban nuevas formas artísticas y laborales puesto que al igual que en Plasencia trabajaban en infinidad de nuevos proyectos en distintas diócesis españolas.
El Chantre firma con Rodrigo Alemán el contrato para hace el facistol del Coro y seguro que las puertas de su casa en la calle Zapatería, se abrirían desde el primer momento para recibir con gusto a los reconocidos artistas extranjeros que coincidieron en Plasencia con el ambicioso programa de hacer una nueva Catedral.
También seguro que alguna tarde de primavera Diego de Lobera y sus amigos subirían juntos a ver las obras de la nueva ermita de la Virgen del Puerto, su obra propia y más querida. Por allí rondaría Rodrigo Alemán aconsejando que la nueva talla de la Virgen fuera de madera e incluso explicándole al Chantre cómo en Flandes y en Italia, en esos mismos años, se tallaban imágenes y se pintaban tablas con la imagen de la Virgen amamantando al Niño. Y el maestro Enrique Egas lo confirmaría.

Subirían a la ermita a caballo, por estrechos vericuetos entre canchos, alcornoques y madroños y no me cabe duda que pensando en su imaginación creativa diseñar y hacer algún camino que facilitase el acceso de los placentinos hasta el lugar donde se establecería el culto religioso en honor de Nuestra Señora.
También le habría sugerido al Chantre la humanización de Nuestra Señora con esta forma tan maternal, el Prior de los Dominicos, Fray Juan López, confesor de la Duquesa de Plasencia, Leonor de Pimentel. En su día se habían conocido en Salamanca, cuando el teólogo Fray Juan, en el Convento Dominico de San Esteban, escribía una obra piadosa dedicada a Doña Leonor y en honor de Nuestra Señora, con continuas jaculatorias como ésta:
“Oh Reina del Cielo, oh graciosísima señora mía, oh fuente clara del paraíso, sea yo digna de gustar la frescura de vuestra agua, Oh pechos santísimos, Oh mamillas de alto amparo, oh torre de seguro acotar, guarida de pacífica defensión, que con su dulzura aplaca la justa furia del riguroso Juez!”
La obra de la que sólo queda un ejemplar manuscrito en la Biblioteca Nacional, fue escrita quizás para un uso privado de Doña Leonor, para mover y excitar la devoción a María de una joven dama noble, a la que al mismo tiempo se propone como modelo de comportamiento, para una mujer casada y madre, como era la Duquesa de Plasencia.
Todavía no había nacido la advocación de Virgen del Puerto. El propio Luis de Toro en su manuscrito, la más antigua referencia de la historia de Plasencia, dice así:
“En la cima del monte que mira a la ciudad, hacia el septentrión, a unas tres millas de distancia hay una capilla de la Santa Madre de Dios, ciertamente pequeñita pero hermosa, (con una casa adjunta y algunos huertos) muy célebre ciertamente en este país, tanto por las muchas cosas admirables que la Madre de Dios hace en él, como por la amenidad del paisaje en el que descubren ojos espaciosos prados, sorprendentemente verdes, por aquella parte que está muy abierta”.
Durante el siglo XV, los tiempos eran duros, apasionados, contradictorios, había grandes vicios y grandes virtudes. Muchos conventos de frailes y monjas se habían relajado en el cumplimiento de las reglas. Los buenos hábitos de oración y pobreza se habían olvidado. Y la buena vida se la daban algunas comunidades. Entre ellos los frailes del Convento de San Francisco de Plasencia, a quienes Rodrigo Alemán ya critica en el coro de la catedral, retratándolos convertidos en pellejos de vino o tratando de seducir a alguna doncella, por supuesto con el beneplácito del Cabildo.
Algunos de estos frailes desengañados y otros hombres fieles, deseosos de reformar las costumbres y volver a los principios humildes de San Francisco de Asís, formaron pequeñas comunidades, alejadas de la ciudad, viviendo con pobreza, con mortificación, sin bienes de ningún tipo y amparados sólo por las limosnas.

Estos devotos reformadores, tenían dos comunidades en Plasencia, viviendo en el campo, como eremitas, en casas abandonadas o en cuevas, alrededor de una pequeña capilla donde rezar. Una comunidad se llamaba de San Cristóbal y estaba en el cerro que hay frente al Puente de Trujillo, la otra se situaba en Valcorchero, junto a la puerta del camino que va a Castilla y veneraban a la Virgen.
Los franciscanos del Convento de San Francisco de Plasencia contaban con cierto apoyo seglar, sobre todo de los poderosos y de las instituciones eclesiásticas, y así encubrían prácticas de la propiedad privada; vida profana de algunos frailes dedicados al tráfico mercantil, al ejercicio de la medicina, estrictamente vedada a los eclesiásticos, a los espectáculos populares e incluso a la intriga política, tan insidiosa en el momento; vagabundeo y descontrol religioso.
En estos tiempos con una iglesia corrupta, que vendía indulgencias, que poseía enormes propiedades y se entregaba a ostentosos rituales, también se convierte en un hervidero de movimientos espirituales, cuyo último fin es el cambio de una religiosidad externa y jerarquizada a un cristianismo interior, más sensible, más próximo a Dios, más espiritual.

Aparecen nuevas devociones, una especial presencia de la Madre de Dios en la liturgia y en consecuencia personas piadosas y amantes de una espiritualidad intimista, un cristianismo interior. Comienza la oración directa con Dios y la Virgen, desde dentro de cada uno, sin latines que no se entienden o se recitan como papagayos y sin la mediación permanente de “aparato” eclesial.
Faltaban algunos años, pocos, para que apareciera en este escenario el gran reformador de la Orden que fue San Pedro de Alcántara. Y nos cuenta la historia cómo se burlaron de él los franciscanos placentinos cuando visitó este Convento, hoy convertido en Residencia de Ancianos.
Es así cómo la Orden de San Francisco se dividió en dos clases de frailes, los conventuales por un lado y los descalzos u observantes, por otro, a los que despectivamente llamaba “capuchos”. Los Papas y los Reyes Católicos vieron con agrado este movimiento reformador, sobre todo el confesor de Isabel, Cisneros, que era observante y consiguió de Roma bulas de reconocimiento para estos frailes reformadores procedentes del movimiento de los eremitas.
Es así cómo los franciscanos de San Francisco llamaron a los otros “hermanos de la Bula” y los franciscanos observantes llamaron a aquellos “hermanos de la bolsa”.
En la biografía del Dean de la Catedral Diego de Jerez, describe Domingo Sánchez Loro este texto siguiente:
“Los ermitaños del Puerto, en sus chozuelas desmedradas, su¬frían penurias y estrecheces. Cuando la necesidad apretaba, acu¬dían al Cabildo de la Catedral, que de por año solía distribuir en limosna ciertos maravedíes o cosa que lo valiera. En las actas ca¬pitulares se habla de tejas, maderos y tablas, que se dieron en li¬mosna los ermitaños del Puerto para aderezar sus pobres chabolas.
El Cabildo de la Iglesia Mayor, la Ciudad y el pueblo rendían estima a las asperezas de los ermitaños. El concurso de viandantes en el puerto de Valcorchero admiró sus virtudes y las gracias de la Se¬ñora ante la que hacían sus devociones. Algunos se lamentaban de que la Virgen del Puerto morase en tan ruin albergue. Sentíalo más que todos un devoto chantre que había en la Catedral, llamado Diego de Lobera.
El chantre don Diego de Lobera empleó los días de su vida y los dineros de su cargo en obras de prestancia para sí, para la Iglesia, para el Obispado y para la Ciudad. Era arquitecto e hizo grandes obras: no se ocupó de vincular su nombre a las cosas que hacía.”
Así pues, nos dice Don Francisco Cuesta, actual archivero de la Catedral, la ermita de la Virgen del Puerto fue construida a su costa por el Chantre Lobera, el gran devoto de aquella venerable imagen. Y no sólo edificó el templo, sino que en virtud de sus facultades dispuso que
“El oratorio y ermita de Nuestra Señora del Puerto y casas y viñas y todo lo de a ella anejo, lo hubiesen y tomasen en cargo y administración el guardián, frailes y convento del Monasterio del Señor San Francisco, extramuros de esta ciudad de Plasencia”
Las condiciones que impuso a los frailes fueron: que cada semana dijesen dos misas por el eterno descanso de su alma. Una, e lunes en el convento y otra el sábado en el altar de dicho oratorio. Así se fomentaría la romería al santuario, al menos los sábados.
La ermita permaneció al cuidado de los franciscanos hasta el año 1570, que pasó a depender del Obispo, en este caso del Obispo Ponce de León.
Y entonces yo me pregunto, como podréis hacer cualquiera de vosotros ¿porqué razón el Chantre no entregó en su testamento el cuidado de la ermita a los franciscanos observantes iniciadores de la devoción a la Virgen del Puerto y sin embargo se la cedió a los franciscanos conventuales del Convento de San Francisco de Plasencia?.
¿Sería por garantizar el futuro de su obra?. Los frailes de San Francisco era una congregación más estable y segura que aquél incipiente movimiento reformador de la Orden, aunque a la postre fueron éstos últimos, los observantes, quienes ganaron la batalla.
¿Sería por mandato del Obispo? Es evidente que en la biografía de Alvarez de Toledo, hijo de los Duque de Alba no se adivina ningún espíritu reformador, más bien grandioso y llamativo y ambicioso, como lo era la edificación de una gran catedral.
¿Sería en un intento de unir las dos corrientes que en ese tiempo dividían a la Orden de San Francisco?
Yo no lo sé pero tampoco me imagino en Diego de Lobera ningún talante conservador. Las llamadas misericordias del Coro de la Catedral de Plasencia dan fe de ello. Siendo el capitular de quien más directamente dependía la fábrica del Coro, permitió que Rodrigo Alemán satirizara con una crítica muy directa a los frailes de aquél tiempo. Y por otra parte, sus descendientes, como veremos a continuación, dieron buenas pruebas de formar parte del estamento eclesiástico reformador, como sobradamente lo demostró años más tarde la madre Ana de Lobera, la mano derecha de Santa Teresa de Jesús reformadora del Carmelo.
La nota necrológica del Chantre nos la ofrece el canónigo Benavides Checa en su obra dedicada a los Prelados Placentinos:
“El 16 de diciembre de 1502 falleció el Ilmo. Sr. Don Diego de Lobera, Chantre de esta S.I., notable Arquitecto, fundador de la ermita de Ntra Sra. Del Puerto, en el año 1480 y el primero que introdujo la devoción a esta venerable imagen, Patrona hoy de Plasencia.
Fue sepultado en el Crucero de la Catedral, y se pagaron a la fábrica por la sepultura del Sr. Chantre 20.000 maravedís, hoy la laude está colocada en el claustro”.
Al amparo del Chantre, una buena parte de su familia de Medina del Campo se trasladó a Plasencia. A partir del Chantre los Lobera simbolizan el “hilo conductor” de la devoción a la Virgen del Puerto en esta sucesión de parientes, que ocuparon sitio de honor en la Iglesia Católica y en su renovación, que como ya es conocido, se aceleró a partir del Concilio de Trento.
Murió el Chantre en los años de la mayor crisis que haya podido haber en el seno de la Iglesia Católica a lo largo de su historia. Mientras Diego de Lobera expiraba en Plasencia, otras personas y otras poblaciones del mismo imperio español estaban decididas a acabar con la crisis de la Iglesia de una manera tajante y rápida. En esos mismos años, un fraile agustino, Martín Lutero se rebelaba contra el Papa y arrastraba en sus tesis crítica sobre el tráfico de indulgencias a media Cristiandad.
Entre las respuestas católicas, merece destacarse el Concilio de Trento y la creación por San Ignacio de Loyola de la Compañía de Jesús. En este Concilio se encontraron el Obispo de Plasencia y el padre Diego Laínez, sucesor de San Ignacio y acordaron entre ambos fundar en nuestra ciudad un Colegio de la Compañía.
Y entre los primeros jesuitas que pasean por Plasencia e imparten doctrina católica y rezan en la iglesia de Santa Ana y son especialmente devotos de la Virgen del Puerto, ya tenemos de nuevo a los Lobera. Es fácil pensar que como continuador de la impronta que en Plasencia dejó el Chantre, llegara a nuestra ciudad un joven sucesor de la familia. Se llamaba Cristobal de Lobera y aunque había nacido en Medina del Campo entró en la Compañía de Jesús en Plasencia el 4 de julio de 1558. Lo recibió el rector del colegio, P. Martín Gutiérrez. Cuando le preguntaron por su vida y por su vocación contestó lo siguiente, según nos cuenta el cisterciense Patricio Guerín:
“Sus padres han fallecido. Tiene una hermana que, "por casar tiene suficientemente". La salud de Cristóbal "Un poco tengo el estómago opilado". Ha escogido la Compañía de Jesús "con motivo de ir a Indias y ser bueno". "Entré muy contento y consolado". Ha practicado los Ejercicios de San Ignacio, los de la primera semana dos veces durante dieciséis días. Ha enseñado el catecismo y hecho la peregrinación prescrita para los novicios en plan de mendigar. Ha hecho los servicios domésticos y confesión general cinco veces. Ha renovado seis veces los votos de religión en público y muchas más en privado... Antes de entrar a novicio a los catorce años, ya practicaba el ayuno y la disciplina y algo también la oración mental y vocal. En Plasencia estudió como novicio y estuvo muy enfermo durante el resto del noviciado”.

No fue misionero en Las Indias, como pretendía Cristóbal de Lobera y poco más sabemos de él, salvo que tuvo una salud quebradiza y que los últimos años de su vida los pasó en Plasencia, donde murió, pero siendo siempre fiel a la devoción por la Virgen del Puerto como enseña familiar.
Está un poco confusa la saga familiar de los Lobera pero nos dice Ángel Manrique en su “Vida de la Venerable Madre Ana de Jesús” publicada en Bruselas en 1632 que el apellido Lobera llegó a Plasencia con el Canónigo y sus hermanos.
Y que de éstos descendieron Cristóbal de Lobera y Torres, jesuita, al que acabo de citar y su hermana la Venerable Ana de Jesús. También hay noticias de otro Cristóbal Lobera y un hermano jesuita, primos de los anteriores.
Siendo sus padres de Plasencia, no se sabe por qué los dos hermanos primeros nacieron en Medina del Campo y los dos segundos en Plasencia, hijos del licenciado Diego de Lobera y de Francisca de Torres. Pero de lo que no cabe la menor duda es de que todos ellos estuvieron viviendo en esta ciudad y todos veneraron a la Virgen del Puerto de forma instensa y especial.
No me puedo extender mucho, pero es imposible en un pregón dedicado a la Virgen del Puerto el no citar a las dos grandes personalidades de la familia Lobera, que hicieron más que nadie por extender su devoción.
La primera, Ana de Lobera, hermana de Cristóbal, el jesuita citado. De las muchas biografías que existen, en todos los idiomas, dedicadas a esta monja carmelita y andariega como su hermana y compañera Santa Teresa de Jesús, entresaco algunos párrafos referidos a Plasencia y a la Virgen del Puerto.
Vive en Plasencia más de 10 años en la etapa de su juventud. Durante este tiempo ella vivió en intensa oración y penitencia. Empleaba las tardes en los hospitales cuidando a las mujeres enfermas y daba a los pobres cuantas limosnas podía. Si le quedaba algún rato hacía encajes y ropas de iglesia. Doña Ana no vive su inquietud religiosa a solas, convivía con un grupo de jóvenes de la familia, todos con ansias de consagrarse a Dios; su hermano, que entró jesuita y su prima María de Lobera que entró en Salamanca como Carmelita Descalza y otra prima también llamada María que profesó en el Monasterio de las Clarisas de Plasencia.

En busca de su vocación Ana y sus primas acudían con frecuencia a rezar a la ermita de la Virgen del Puerto. La Virgen del Puerto aparece como guía espiritual de Ana a lo largo de toda su ajetreada vida posterior hasta su muerte en Bruselas.
Ana de Lobera se pone bajo la dirección de Pedro Rodríguez, fundador del reciente colegio de la Compañía en Plasencia. La Compañía de Jesús era la corriente más nueva e innovadora en la Iglesia y en España. El P. Pedro es un hombre adornado de letras y virtudes (“espiritual y letrado”, que diría la Santa). Este jesuita conoce las fundaciones y la tarea que desde Ávila realiza la madre Teresa de Jesús reformando la Orden del Carmelo, y sugiere a Ana de Lobera que ingrese como Carmelita Descalza.
En el camino hacia el convento se pasa por la ermita de Nuestra Señora del Puerto, distante una legua de Plasencia, a la que tenían gran devoción los antepasados de la familia Lobera, adonde ella había ido muchas veces descalza y rezando el rosario. Bajó de la cabalgadura a despedirse por última vez de la Santísima Virgen y pedirle su bendición con hartas lágrimas. Y aquí se cierra una parte de la vida de Doña Ana para comenzar otra: la de Carmelita Descalza.
En otra biografía de la Madre Ana de Jesús Lobera, la escrita por Carlos Ros, se refiere esta despedida de la Virgen de la siguiente manera:
A la salida de Plasencia, la comitiva se detiene a rezar y despedirse de la Virgen del Puerto, tan venerada por los placentinos, cuya ermita se sitúa en el monte que mira a la ciudad. La ermita que tantas veces ha visitado Ana de Jesús tiene resabios familiares, pues fue fundada por su antecesor el Chantre Diego de Lobera. El hizo construir sobre este monte una hermosa capilla, fundó una capellanía con misa semanal, y mandó tallar una imagen que sustituyera a la antigua medieval. Es una preciosa imagen que muestra a una maternal Virgen del Puerto amamantando al niño Jesús. Con la bendición de la Virgen del Puerto, la comitiva siguió adelante.
La relación de Ana de Lobera con Santa Teresa de Jesús y con San Juan de la Cruz fueron realmente intensas y privilegiadas. En una de las pocas cartas que se conservan Santa Teresa la dice:
“Hija mía y corona mía, no me harto de dar gracias a Dios por la merced que me hizo en traerme a vuestra reverencia a la religión y a nuestra comunidad”.
Por eso no tiene nada de extraño que cuando se erige el convento de Beas, primera fundación en tierras andaluzas. Santa Teresa no lo duda y elige como co-fundadora y priora a Ana de Jesús.
La Madre Teresa había fallecido sin poder realizar su sueño de fundar en Madrid. Pero un año después de morir, por fin y a petición del provincial Nicolás Doria se erige el convento de Carmelitas Descalzas de Santa Ana en Madrid y para superiora de la nueva fundación escogió el P. Doria a la madre priora de Granada, Ana de Jesús Lobera.
Ana de Jesús Lobera, fundó los conventos de carmelitas descalzas en París, Mons, Lovaina y Bruselas, siendo priora del Monasterio de la Encarnación de París y terminando sus días, a principios del siglo XVI en la capital de Bélgica.
No me puedo extender más, pero sí quiero dejar constancia de una referencia francesa a la madre Ana de Jesús, debida al famoso jesuita y conocido escritor contemporáneo Henri Bremond, porque de algún modo resume su biografía:
Ana de Jesús Lobera primera priora de la Descalcez francesa, pasó en Plasencia su juventud, adoctrinada por los Padres de la Compañía, en particular por el P. Pedro Rodriguez, hasta su ingreso en el Carmen de Avila en 1570. Distinguida justamente por santa Teresa, desde el mismo momento de su conocimiento, convivió con ésta de manera estrechísima en los primeros años de su formación carmelitana, para muy pronto ser destinada a cargos de creciente responsabilidad. Maestra de novicias en Salamanca durante cuatro años. Priora de Beas durante ocho, llevará a cabo más tarde, junto a Juan de la Cruz -su tercer gran maestro-, la fundación de Granada , en la que permanecerá, al frente del priorato, hasta la fundación en Madrid, del ansiado Carmelo de santa Ana, asumido ya su papel de sucesora de santa Teresa en el Carmen descalzo.
Ya sólo me queda de la familia placentina de los Lobera, el Obispo de Plasencia, Cristóbal de Lobera, un obispo paisano nuestro, nacido aquí, en nuestra propia ciudad, primo de Ana Lobera y gran promotor de la devoción a la Virgen del Puerto y, lógicamente, a Santa Teresa, teniendo en cuenta la relación especial que había tenido con su prima Ana.
Dice Don Francisco Cuesta en su Episcopologio, (del que muchos placentinos estamos esperando que se publique la segunda parte), que Cristóbal de Lobera nació posiblemente en la casa de sus padres en la calle Zapatería, de la que ya hemos hablado. Sus progenitores fueron el Licenciado Diego de Lobera y Francisca de Torres, que pertenecían a una familia acomodada de la ciudad del Jerte. Por su parte Don Manuel Sánchez-Mora nos cuenta que eran los dueños de la Dehesa de los Caballos, en la carretera de Trujillo.

Cuando sólo contaba 28 años tomó posesión de la dignidad eclesiástica de Maestrescuela de la S. I. Catedral de su ciudad natal, Plasencia. Aquí se forjó como clérigo, perteneciendo al Cabildo de la Catedral durante más de treinta años, hasta que, en reconocimiento a las dotes personales que le adornaban fue promovido a la sede episcopal de Badajoz.
A partir de este momento y en poco más de quince años fue obispo de Osma, de Pamplona y de Córdoba, para terminar siendo nombrado obispo de Plasencia y por último Arzobispo de Santiago de Compostela, cargo que no llegó a ostentar porque murió aquí antes de tomar posesión.
La noticia del nombramiento de un placentino para la sede de Plasencia y, además, durante muchos años canónigo de esta Catedral, fue acogida con gran entusiasmo, no sólo por el clero, sino por todos los fieles en general. Hubo Te Deum, procesión, luminarias nocturnas, chirimías, festejos y repique de campanas.

A su llegada a la ciudad, Don Cristóbal de Lobera no quiso otro recibimiento que no fuera en la ermita de la Virgen del Puerto. Allí se tuvieron que trasladar los vecinos, la Corporación Municipal y el Cabildo de la Catedral para recibir al nuevo obispo con la solemnidad posible en este lugar.
Nosotros ya sabemos que no tiene nada de extraño ni de original este deseo del nuevo obispo para ser recibido a los pies de la Virgen del Puerto. La Virgen a la que esta vinculado por su familia y por ser placentino. Don Manuel también comenta que el obispo no quiso ocupar el Palacio Episcopal y se quedó a vivir en la casa de sus padres.
En la biografía de su prima Ana de Jesús, se hace referencia a varia correspondencia que ambos mantuvieron siendo ya Obispo de Badajoz. Ello explica, en parte, la consideración que Don Cristóbal tuvo por la Santa de Ávila. De tal modo, que después de la inmediata canonización de Santa Teresa tras su muerte, el obispo quisiera nombrarla copatrona de España junto con Santiago Apóstol.

Ello no fue posible porque el Papa Urbano VIII, después de tener redactado el breve pontificio aceptando este nombramiento, desistió finalmente de ello. Pero ello no mermó la devoción que siempre manifestara el obispo por Santa Teresa, amiga y compañera de su prima Ana. Hasta el punto de que en cuanto llegó a Plasencia mandó “fabricar y edificar una ermita que se intitule de Santa Teresa de Jesús, allá en el Ejido que está junto a los tejares, al lado de la heredad del olivar que allí tenemos….”
Así pues, el terrenos de la Dehesa de los Caballos, propiedad de la famila Lobera, se construyó el magnífico tempo dedicado a Santa Teresa donde actualmente se encuentra la tumba de nuestro Obispo Lobera.

Espero que mi intervención no os haya cansado. Me hubiera gustado abordar también el tema de las rogativas a la Virgen durante este mismo tiempo del que he hablado. Hubo muchas y de gran agradecimiento por parte de los placentinos a la Virgen del Puerto. Con motivo de la sequía, de la peste y de la plaga de la langosta, pero el tiempo no da para más. Pero os prometo que este otro tema de las rogativas le seguiré estudiando particularmente.
Os reitero las gracias por vuestra presencia. Muchas gracias también a Cándido Cabrera, Directiva y cofrades. Hago votos por que el fervor de todos nosotros a la Virgen del Puerto continúe por los siglos de los siglos. ¡Viva la Canchalera!-
                     GONZALO SANCHEZ RODRIGO de la A.C.P." PEDRO DE TREJO"
                                                 "SEMBRANDO INQUIETUDES"

miércoles, 7 de abril de 2010

LOS ORGANOS DE LA CATEDRAL DE PLASENCIA.

LOS ORGANOS DE LA CATEDRAL.
Siempre tuvo la catedral placentina buena música de organería, cantores graves de voz concertada y mozos de coro que hacían de triples en las obras de contrapunto y entonaban las salmodias, antífonas e himnos, en las horas divinales. La música de la catedral suspendía el ánimo y levantaba el espíritu hacia Dios de modo perpetuo en el oído.

Ya el Papa Inocencio IV, en el estatuto fundacional de esta iglesia, aprobado en Acta el decía 29 de Marzo de 1254, aprobado en Asís dice que “ al oficio del chantre pertenece disponer del coro e introducir en él a los beneméritos e idóneos…para lo cual examine diligentemente a los que ha de admitir, en primer lugar, acerca de las costumbres; en segundo acerca de su nacimiento; y lo tercero acerca de su competente instrucción, asi en la lectura como en el canto. Y no admitía a nadie en el coro, si en esta forma no fuere hallado idóneo”. La pitanza era larga, por ser la cuenta cuantiosa. El resultado una maravilla.

Los órganos de la catedral vieja se hallaban en el trascoro. Asó los describe en el siglo XV, el racionero don, Juan de Varajas. Que manda ciertos responsos, sobre su enterramiento, en el trascoro,” a raíz de una pared en que están unos órganos a mano derecha”.Estos órganos tenían buenos tañedores. Había en la ciudad organeros de crédito- El más antiguo de los que tenemos noticias es Juan González, maestro organero que en 1245, fue testigo en una escritura de venta de un Arenalejo. Hasta los moros se habían puesto a componer órganos; en 1425, el musulmán Amat, que vivía en la Plaza en arriendo, en el portal del Pan.
Don Diego de Jerez, ilustre Déan placentino, fue gran aficionado a gozar de toda hermosura. Como deán, presidía el cabildo y se ocupó siempre de aderezar bien los órganos. El 28 de marzo del 1500, el Cabildo encargó a don Enrique de Guzmán tesorero y mayordomo de la fabrica, y a otros visitadores que se ocupen en hacer afinar los órganos y cuiden de que sean bien compuestos, los arreglo el maestro Cristóbal Cortejo., que llego a ser famoso en todo el reino, hizo los órganos de Coria y muchos de Extremadura-
Pero Diego, el deán, no esta satisfecho, desea mayor esplendor en el culto divino y, pues las rentas del cabildo las permiten, propuso, y así se acordó en febrero de 1505, escribir y iluminar los órganos y libros colares, reparar y mejorar los órganos viejos y hacer otro nuevo de la mejor traza entonces conocida. Se encomendó este cuidado nada menos, que ha un consejero de los Reyes Católicos y al licenciado don Juan López del Barco, este, había hecho ya lucidos trabajos de organería a satisfacción del cabildo, encargándose de repara los viejos y construyo uno nuevo en el que agoto su ciencia y maestría en el oficio, el coste de este ultimo fue de 40.000 maravedíes.
Los organistas de la catedral, en tiempo de don Diego de Jerez, se llamaban Andrés Martín y un tal Francisco. Ellos tocaron en las famosas y extrañas exequias de este deán.
Don Gomez de Jerez, que era hijo de don Diego de Jerez, y por resignación suya ocupo el deanato, heredo el buen gusto por la música y puso desvelo en atender a los órganos y a la Cantoria. En el año de 1522, volvió a Plasencia el organero Cristóbal Cortejo, ya casi anciano y en la cumbre de su fama. El deán propuso al Cabildo, aprovechar la estancia de este famoso organero; se encomendó a don Hernando de Villalba, racionero y mayordomo de la fábrica y deudo del coronel Villalba, el arreglo y perfecta afinación de los órganos. Nadie en ello igualaba al maestro Cortejo, que por experiencia en el oficio, por la finura en el oído, por el amor en su arte-hizo con esmero su trabajo – el órgano nuevo era obra de sus manos-los teclados, fuelles, registro y tono quedaron lisos para muchos años, mientras duro aquel siglo.
Las obras de la nueva catedral iban ya muy adelantadas. A su tiempo, trajeron de la vieja ciertos altares para el culto, el sagrario, la sillería del coro y los órganos. Los dos viejos se pusieron se colocaron a ambos lados del coro, en la parte alta y el nuevo que había sido construido en 1503, en el mismo lugar que actualmente ocupa el órgano de la catedral, sobre la puerta sur.
De forma paralela al crecimiento de la actividad artística, la música también conoció un gran avance durante la centuria del mil quinientos y las correspondientes a la época del Barroco. Entre los centros principales de mayor peso en Extremadura, se encontraba en la ciudad de Plasencia, gracias al brillante movimiento y actividad musical desarrollados en la Catedral a lo largo de todo el siglo XVI. Plasencia fue centro de referencia para los artistas como el organero Horacio de Fabri, procedente de Nápoles, que se instalo el la misma hacia la década de 1590, para hacerse cargo de una creciente demanda y desarrollar una importante actividad que su hijo Juan Francisco, se encargo en continuar durante la primera mitad del siglo XVII,

Años más tarde, los órganos estaban muy acabados, por el uso continuo en el correr de los tiempos. Todos eran arreglos, afinamientos y restauraciones. En 1675 el maestreo Alonso Echevarria los compuso en cuento pudo. Cada vez necesitaban más frecuentes composturas, pero cada vez estaba el cabildo mas entrado en deudas por las obras de la nueva catedral.
En tiempos del obispo Fray José Jiménez Samaniego, servían los órganos malamente al oficio devino y era un desdoro para la iglesia, por lo que este prelado busco el remedio para aliviar la fabrica en sus cuantiosos gastos, mando construir a su costa un órgano grande y con todas las perfecciones que existían en su materia.
Se busco a un organero entendido; pensaron en fray Domingo Aguirre, franciscano de la provincia de Castilla, que gozaba de mucho crédito. Hubo dificultades en que viniera este religioso, pues estaba comprometido en construir uno en el convento de San Francisco en Valladolid y otro en la capilla de los reyes de Aragón. Por lo que se recurrió al ministro general de la orden y, tras muchas recomendaciones y súplicas, vino a Plasencia.
Empezó su tarea, con dos oficiales que trajo de Salamanca, ayudado en la carpintería por los Maestros Antonio Moriano, Juan Lidmendi y Tomás Audmendi, que hicieron la caja interior y exterior. No había compuesto la tercera parte, cuando un sábado, a 14 de Junio de 1692, murió el obispo. El organero franciscano trató de irse, alegando la urgencia de otros compromisos y receloso del que el pago de su obra cayera en manos de testamentarios. Pero el Cabildo satisfecho de sus trabajos meritorios, acordó suplir lo necesario, continuando Fray Domingo su obra. La llegada del organero, se produjo en un momento tan importante para la evolución del órgano español como la culminación del primer Barroco y anuncio del gran Barroco del siglo XVIII.
A los dos años, el 5 de julio de 1694, compadeció ante el cabildo y manifestó que el órgano grande se había concluido. Pero surgía una dificultad, el órgano era del “ nuevo sistema”,tenía grandiosas “diferencias”; los organistas de la catedral ignoraban las nuevas combinaciones de fondos graves, registros puros de celestes gamas, dulces flautados, armoniosos casamientos de las octavas, por lo que fray Domingo, presento a unos músicos capaces de tocar el nuevo órgano: Sebastián de Landa y Eraso, de Tafalla; José de Celumendi, de Soria; Pedro san Martin de la Calle,de Medina del Campo.El cabido los requirió a examen: ganó la Plaza Sebastian de Landa y Eraso, con una asignación anual de 300 ducados (3.300) reales) y 36 fanegas de trigo. Gran sueldo en aquel entonces.

Causo regocijo a todos la maravilla del órgano. Las gentes acudían a los oficios, para escuchar el arte de Sebastian de Landa. Pero fray Domingo de Aguirre, el aplaudido organero, veía a su pesar, que l tiempo de la paga iba tardando según el receló- El 13 de mayo de 1965, decía en una petición, que estando completamente terminado el órgano co “algo más de lo ofrecido al difundo señor obispo Jiménez Samaniego”, suplicaba al cabildo” señalase una tarde para oír las diferencias” y que los espolistas del obispo le pagasen los 5000 reales que los necesitaba. Por fin cobro su trabajo.
Al año siguiente, vino fray Domingo de Aguirre a Plasencia, para afinar los dos órganos que estaban sobre el coro y el realejo. Le pagaron 4000 reales, de manera que se fue contento.
Volvió pronto: el cabildo a fuerzas de súplicas, obtuvo del comisario general de la orden que fray Domingo volviese a Plasencia, para construir el nuevo órgano que estaba sobre el coro, a mano derecha. Un sábado el 10 de Noviembre de 1696, le entregaron 1000 reales a cuenta y el organero empezó su obra, comunicando al cabildo pasado unos diez meses que el órgano nuevo se había concluido y el órgano nuevo sobre la puerta de oriente quedaba afinado para mucho tiempo” con régimen para distribuirlas mixturas”.
Par dorar y jaspear la caja exterior, se hizo una colecta: don Diego de Araoz, deán, aportó 200 reales, don Juan Villava arcediano de Plasencia, 100; don José Blanco, doctoral, 50; don Fermín de Balarza , arcediano de Trujillo,50; etc, recaudándose en total 3.500 reales de limosna. Le doró y jaspeo el maestro Alonso de Paredes, que dio fin a su trabajo el 16 de Noviembre de 1697.
De lo antigua ya solo quedaba el órgano puesto a la izquierda del coro. D. Juan Gómez del Águila, arcediano de Medellín se ofreció a construirle por su cuenta. La caja interior se ajustó con el organero que vino de Malpartida. Lo demás con Manuel de la Viña, también organero vecino de salamanca, y discípulo de Fray Domingo de Aguirre, que prometió hacer un órgano igual en un todo al que estaba frontero, aprovechando los materiales del viejo. La obra duró más de lo convenido, porque Manuel de la Viña sufrió malignas tercianas. Un miércoles 15 de junio de 1701 quedo listo el nuevo órgano. Importo 700 ducados. Los organistas” era ya organista primero el licenciado don Lucas Rodríguez, presbítero” hicieron el mas cumplido elogio del nuevo organo, que no desmerecía del construido por el maestro franciscano. También restauraron algunas imágenes que se habían desprendido del órgano grande.
Hecho ya de nuevo los tres órganos de la catedral, solo restaba tener a punto los libros de la Cantoria. Para restaurarlos y ampliarlos, vino de Yuste, fray Alonso de la Torre, muy ducho en este oficio.
Durante el siglo XVIII, los órganos de la catedral, apenas necesitaron reparación de importancia hasta el año 1897.Entonces el maestro organero Manuel Rodríguez, natural y vecino de Ávila, restauro y puso nuevo fuelle al órgano grande; modificó y perfecciono el que estaba a la derecha del coro; afinó el de la izquierda. Su trabajo importo 28.800 reales. El realejo apenas se usaba, por andar muy consumido. (Aunque viejo todavía se conservaba, como reliquia en la catedral).

En el siglo XIX, casi mejor no hablar. Organeros sin conciencia…bendigamos la memoria de los citados en este artículo, viejos organeros, honrados en su oficio, porque horradamente hicieron sus obras de organería en la catedral. En este siglo organeros sin conciencia, engañaron al cabildo, no en su oficio entender de organería y con el pretexto de instalar uno moderno a la derecha del coro, desmantelaron y se llevaron la tubería de los órganos viejos, esplendida, inigualable en la pureza de sus timbres, cual ya no se construyen.

Por ventura, poco años después, el cabildo con buen gusto, con sentido histórico, ha vuelto el órgano grande sobre la puerta de oriente a su traza primera, con fuelle y consola eléctrica. Pero las tuberías de los antiguos “las que se llevaron” grandiosas, con aleaciones sin macula, que durante siglos loaron a Dios en los oficios divinos, andarán fundidas y empleadas en más bajos menesteres debido al ansia materialista de nuestros días.
De los otros órganos que había en Plasencia, solo el de San Francisco aguantaba comparación y acaso excedía en merito a los tres de la catedral. Era obra del maestro Benito Vaquero. Con el decreto de Mendizábal, los franciscanos quedaron exclaustrados, y allí quedo el órgano, al arbitrio de gente vil y gamberrada, arrancaron el marfil del teclado y los juegos de trompetearía.

El cura de San Esteban, don Manuel Gabriel de León, obtuvo licencia para llevar el órgano a su iglesia parroquial. Mucho gozaron con ello los buenos placentinos y, generosos contribuyeron al traslado; Vicente Sánchez, maestro armero, trabajo en los registros y fuelles; Bernabé Ovejero, ebanista recompuso el armazón; fray Juan Muñoz, lego dominico del Convento de San Vicente, puso los registros y concertó las tuberías. Salvaron gran parte del valioso instrumento. Todos hicieron su trabajo gratuitamente. El día de Santiago, 25 de Julio de 1838, se cantó en san Esteban la primera misa con acompañamiento de órgano. La toco el lego dominico fray Juan Muñoz.,

Los conventos e iglesias de nuestra ciudad, conservan órganos del viejo sistema; viejos aunque no comparables a los viejos de la catedral y el de San Francisco. Los teclados, fuelles, registros y mecanismos internos para distribución del aire, pueden y deben modernizarse. Pero…!ojo con los juegos de tubo, con el dorado exterior, no venga algún organero con labia, nos saque los dineros, se lleve los viejos tubos y, deje organillos rutilantes de purpurina vistosa que pronto de convierten en sonajeros de lat
               
Jose Antonio Pajuelo Jimenez -Pedro Luna Reina

jueves, 18 de marzo de 2010

JUAN BREBOS




Don Román Gómez Guillen (+), Canónigo Prefecto de Música, de la catedral de Plasencia, escribió en su época un articulo que fue publicado en el periódico El Regional, sobre Juan Brebos, organero flamenco. Dicho articulo lo reproducimos a continuación.



UN ORGANERO FLAMENCO EN PLASENCIA
Tuvieron gran fama en el siglo XVI los organeros flamencos, que en aquella época gozaban de gran prestigio. A este respecto, escribe muy acertadamente González Amezúa lo siguiente: “La organería extranjera era entonces bien conocida en España, como vemos por la expresa alusión a los “mestres flamenchs” cuya perfección de trabajo es elogiada y puesta como modelo. Muy conocidos son Giles Brebos y sus hijos — que por encargo de Felipe II construyeron los órganos del Monasterio de El Escorial, familia de la que nos da cumplida noticia el eminente musicólogo holandés Dr. Vente, gran conocedor y apasionado defensor del órgano clásico español”. (Ramón González Amezúa y de Noriega, “Perspectivas para la Historia del Organo Español”, Madrid 1970, pag. 14). Por desgracia aquellos órganos ya han desaparecido.

¿Quién fue Giles Brebos?. Un célebre constructor de órganos flamenco, llamado también Mase (o Maese) Giles y Mesagiles, y que al parecer, llamóse realmente Giles Brebos. Trabajó en Lovaina, Amberes y España. Entre otros órganos famosos que construyó figuran, como antes hemos apuntado, cuatro para los dos coros de El Escorial. Murió en 1584. Datos que hemos tomado de J. Ricart Matas. (“Diccionario Biográfico de la Música”, pag. 399.)

Uno de sus hijos, Juan continuó la tradición de su padre en España cuidando los órganos de propiedad real. Y precisamente este fue organero de nuestra catedral de Plasencia a principio del siglo XVII durante varios años. Organero, como podemos ver, de verdadera categoria Bien lo merecia nuestra catedral, centro esplendoroso de música por aquel tiempo, a pesar de estar el Cabildo más que agobiado en las obras de la catedral nueva. Pero para la música no se escatimé nada. Y magnífico ejemplo a seguir en la actualidad.

De este famoso organero hemos encontrado los siguientes datos:
“Cometieron a los señores Mayordomos y Visitadores de la Fábrica y don Diego de Aguilera, Chantre, hagan que este maéstro de aderezar órganos, criado de Su majestad que ha venido por orden del Cabildo, adereze todo lo que fuere menester de los órganos y Realexo de esta Sancta Iglesia.” (Archivo Catedral, Actas Capitulares, libro 17, fol. 472,v°)Sucedía esto en viernes, 26 de abril de 1602.
Antes de esta fecha encontramos otro documento que dice así: “Cometieron al Sr. don Diego de Carvajal, Tesorero, embíe a llamar al Maestro de aderezar órganos que está en Alcántara para que aderece el órgano y Realexo.” (Actas Cap. Libr. Cit. Fol440)Data este documento de 22 de enero del mismo citado año 1602.
¿De que organero se trata en el precedente documento? ¿Es acaso Juan Brebos? ¿O se trata de Horacio Fabri, de ascendencia italiana, que anteriormente trabajó en la catedral y con quien tuvo relaciones el Cabildo por este mismo tiempo? A pesar del esfuerzo que hemos hecho en este punto, nos ha sido imposible aclararlo.
Con fecha 15 de mayo de 1602, encontramos otra referencia sobre Juan Brebos que exponemos a continuación:
“Ordenaron y mandaron que se de libranza en Racionero Braceros, Mayordomo del Cabildo, para que a cuenta de lo que la Fábrica de esta Sancta Iglesia ha de haber en el partido de Bejar, de y pague CINCUENTA DUCADOS a Joan Breboz, Maestro de Órganos del Rey Nuestro Señor, por el trabajo y aderezo que ha hecho y puesto en los Organos y Realexo de esta Sancta Iglesia y que con la dicha libranza se lo pase en cuenta de los dichos mrs (maravedíes) el Sr. Mayordomo y Obrero Mayor de la Fábrica.Entraron los Sres. don Joan de Henestrosa, arcediano de Trugillo, Pedro Martínez, coadjutor, Dr. Pila y Diego de Sosa Solano, canónigos.
Cometieron al Sr. don Diego de Aguilera, Chantre, y Sres. Visitadores de la Fábrica Joan de Lobera y Lic. Benavides, canónigos, traten y concierten con Joan Breboz, Maestro de Órganos del Rey Nuestro Señor, venga cada año una vez a esta ciudad a templar y aderezar los órganos y Realexo de esta Sancta Iglesia y le señalen el salario que les pareciere y con el concertaren y sobre ello hagan y otorguen la Scriptura o Scripturas necesarias y para ello les dieron comisión bastante y a cada uno in solidum.” (Act. Cap. Libro 17, fol. 478, V0)
Dos años más estuvo Juan Brebos de organero de nuestra catedral, ya que en mayo de 1605 aparece en tal cargo Juan Francisco Fabri, hijo, como creemos, del citado Horacio Fabri y que se establecieron de un modo permanente en nuestra ciudad. De ellos hablaremos en mejor ocasión.
Los órganos que cuidó Juan Brebos eran los que había en la catedral vieja, trasladados ya a la nueva desde que esta se abrió al culto público en 1578. Uno de estos órganos, precisamente el grande, habia sido construido por el celebre organero Cristóbal Cortejo a principios del siglo XVI, unos cien años antes.
Es muy oportuno divulgar estos datos ahora que nos hemos embarcado en esta noble empresa de restaurar el único órgano que tiene nuestra catedral. Otro excelente organero de nuestros tiempos se encargará de llevar a feliz término esta obra, para lo que hemos firmado ya el correspondiente contrato. Para ello ya se está trabajando fuera y pronto veremos trabajar en la misma catedral. Queremos revivir esta gloriosa tradición organero y organística de Plasencia, pero necesitamos una cooperación económica aun más eficaz por parte de los placentinos.

No vale cruzarse de brazos y no vale exigir cuando no se da nada. Es cosa de todos; una vez más nuestra apremiante llamada a favor de esta obra que ha de dar esplendor y nobleza a la catedral y a Plasencia.

                Departamento de divulgación e investigación de la A.C.P.”PEDRO DE TREJO"
                                                SEMBRANDO INQUIETUDES



miércoles, 10 de marzo de 2010

SEMBLANZA A DON DEMETRIO

La muerte de D. Demetrio a todos nos ha conmovido. No temía la muerte, es verdad, pero amaba la vida, y aportaba razones para mejorarla. Ofrecía su fe, su amistad, su capacidad de comunicación y sacrificio, su compromiso tenaz por dignificar a las personas y a las instituciones, así como su inteligencia para leer los signos de los tiempos.
Fue, ya sabemos, hombre inteligente, lúcido y comprometido; nunca callaba si es que tenía que hablar. Brilló con luz propia en todos los campos pastorales que desarrolló -porque fue ante todo sacerdote-.en las parroquias, también en las pequeñas, como pastor; en la Diócesis, como Vicario; en el Seminario y Centros de estudio, como profesor; en las comunidades religiosas, como capellán y confesor; en los Movimientos eclesiales, como promotor -tales como Cursillos de Cristiandad, Equipos de Nuestra Señora, Pastoral de la Salud, Vida Ascendente-... Fue siempre incansable, de mucho temple y voluntad; no ahorraba fatigas ni sacrificios. Llegó a ser el mejor conocedor de la Iglesia diocesana: No hubo pueblo que no visitara, sabía los caminos y los atajos. Le gustaba la geografía, conocía la rosa de los vientos, le gustaba contar y calcular.

Defendió siempre un tipo de católico “más activo, más responsable y más comprometido, “incluso, pensando en el laico, en lo social y político. Fue una de sus ideas fuertes en la pastoral
De su talante espiritual, aparte de su fe -una fe muy bien cultivada en todos los campos- y de su gran amor a la Iglesia, yo quisiera destacar dos cosas: La austeridad, realmente significativa; y la humildad, que pudo chocar con algunas de sus actitudes en los primeros tiempos -D. Juan Pedro decía que le quería gobernar-; supo madurar en línea de misericordia, supo retirarse y dar paso a otros, quiso escoger para sí lo pequeño, lo que nadie quería... Debió ser lo más costoso para él, dadas sus capacidades.

En lo que atañe a la parroquia de El Salvador, trabajó en ella hasta el agotamiento a lo largo de 25 años (1956-1981) La primera entrevista con el párroco, el venerable D. Julián Polo, resultó chispeante: “He enterrado a más de un coadjutor que venía con deseo de sucederme”. Este joven coadjutor era inteligente y activo, tenía iniciativa y empuje, era incansable trabajando y haciendo trabajar. Se ganaría el título de “piloto”.

En la parroquia empezaron a surgir nuevas realidades y grupos, como la Junta parroquial, germen del futuro Consejo de Pastoral; las Visitadoras, caridad sensible y despierta; las Conferencias de S. Vicente, los grupos de A. C., incluso de jóvenes, chicos y chicas que alegraban la parroquia con múltiples actividades, la Escuela parroquial, Guardería, Movimiento Scout, Hoja parroquial, vehículo de comunicación parroquial; la renovación de las catequesis y de la liturgia...

Fue un gran acierto la adquisición de la antigua casona-escuela del famoso Don Bonifacio, que sirvió de sede parroquial; hoy convertida en viviendas, despachos y salones
La obra más significativa fue la restauración del templo parroquial, ya viejo y deslucido. Fue como un símbolo de otra restauración más profunda de la comunidad.. Ahora todos se admiran contemplando esta obra digna, que tiene estilo y espíritu, pero no todos saben cuántos sacrificios y desvelos se sembraron en ella. D. Demetrio fue un gran sacerdote, que brilló con luz propia en nuestra Iglesia diocesana y más allá. Guardamos esta luz en nuestros corazones, -recordando-.

SOBRE RUEDAS.
Hombre sin pereza, extraordinariamente activo, le gustaban los rosarios de la aurora y las procesiones mañaneras, bocina en mano, lanzaba al aire saludos despertadores, cantos del Ave y piropos a la Virgen.
El día trabajado en busca de la verdad, sembrando la belleza. La noche siempre era joven para él, abierta a la broma y la confidencia, tertulia de amigos, trajeados de gozosa intimidad.

No tenía miedo al frío, apenas usaba el abrigo, quizá tenía dentro mucho fuego, como decía Jesús a Teresa: “Yo soy tu verdadera calor”
Se le vio primero montado en una Guzi, para llegar pronto a la llamada pastoral; después será un SEAT 600, buen instrumento para dar cauce a su dinamismo apostólico a lo largo de las carreteras diocesanas.
Venía a ser lo que el borriquillo fue para Jesús. Al que viaja en borrico o en Seína se le mira con simpatía y con esperanza, porque así son las cosas de Dios.
Su corazón apostólico le hizo correr mucho, cuántos kilómetros sólo él, buen contador lo sabe; eran carreras para sembrar y extender el Reino de Dios. Ahora llegó ya a la meta, fatigado y roto, pero contento, después de 82 años de peregrinación, -el 3.2.20 10- entró en la Jerusalén dichosa, no en un burrito, sino en el Mercedes de la fe, bien equipado con amor, con mucho amor.

 Jose Antonio Pajuelo Jiménez - Pedro Luna Reina.

                                             "CREANDO CULTURA"





viernes, 19 de febrero de 2010

HACE 25 AÑOS.CIERRE DE LA VIA FERREA PLASENCIA-ASTORGA

Hace aproximadamente 115 años, el día 21 de junio de 1896 fue inaugurada la línea férrea Plasencia-Astorga, en 1893 llegó a Plasencia “El Ferrocarril”, pudo tenerlo mucho antes con la Línea Madrid-Cáceres-Portugal, el cual tenia su origen en la explotación de los fosfatos en la zona del Calerizo de Cáceres, los cuales eran explotados por la “Sociedad General de Fosfatos de Cáceres” y la Hispano-Portuguesa “La Fraternidad”, la cual fue adquirida en 1876 por don Segismundo Morét, (de hay el nombre del poblado de Aldea Morét)
Este señor negocia con la compañía Real de los Caminos de Hierro Portugueses y consigue implicarla en la construcción de la citada línea, pero aunque Plasencia hiciera algún intento de que el ferrocarril pasara por la ciudad, no debió de tenerse en cuenta ya que eso originaría un gasto extraordinario al trazado, y al ser empresas privadas las que corrían con los pagos, se miró más la economía que el servicio a la población.
La ambición política de la época, nos dotó de una ridícula estación llamada “Cordeles”, a diez kilómetros de Plasencia, en pleno campo y sin servir a nadie. Así mismo el marqués de la Romana, que era el dueño de la dehesa donde se instaló el luego llamado Palazuelo-Empalme, ofreció el terreno para hacer la dicha estación, con lo cual sus tierras se revalorizaron. El ferrocarril Plasencia-Castelo Branco, del Plan General de Ferrocarriles, que era considerado de gran importancia, no se construyo por indiferencia de las capitales extremeñas.
      Al fin llego el tren con la construcción del Ferrocarril Plasencia Astorga, pero en vez de hacerlo con la línea de Portugal en Plasencia como era lógico, se hizo en la vieja estación de los cordeles, y siguió sin servir a nadie, causando muchas molestias y gastos totalmente innecesarios a la compañía que carecía hasta de agua.
      El trazado tenia su origen en la estación llamada de Plasencia (Empalme) en el kilómetro 252 de la línea Madrid –Malpartida, en el punto denominado “Cruz de los Cordeles”.Después de la estación de empalme, situada en la cuenca directa del Tajo, la línea salvaba la divisoria de este río y el Jerte, y después de cruzar en el kilómetro 10 la carretera de Cáceres a Salamanca, la dirección de esta vía pasa por Plasencia kilómetro 16.
El recorrido continuaba ceñido a la carretera, y después de pasar el pueblo del Villar, la divisoria del Jerte y del Ambroz, afluentes ambos del río Alagón, se elevaba por la ladera izquierda, atravesaba este después de pasar por la estación de Hervas y más adelante por el importante establecimiento balneario de Baños de Montemayor para llegar a posteriormente a Bejar, Alba de Tormes, Salamanca…Las obras mas importante de la sección que nos ocupa, son el viaducto de fábrica del Berrocalillo, y los puentes metálicos sobre el río Jerte, Ambroz, Cuerpo de Hombre, Alhándiga y Tormes.
   En Agosto de 1893, llegaba por primera vez la locomotora a Hervás, al cabo de un año a Bejar y el 15 de Abril a Salamanca
   El Plasencia-Astorga fue de las últimas líneas que se construyeron, y con gran aportación de los ayuntamientos. Las acciones pertenecientes a algunos de ellos se encontraban todavía en los archivos de  la DiputaciónC
  La línea Plasencia-Astorga fue de las últimas que se construyeron, con gran aportación de los ayuntamientos. Muchas de estas acciones de participación de los ayuntamientos se guardan en la Diputación Provincial de Cáceres.
   Este Ferrocarril estaba integrado en la Compañía de Ferrocarriles del Oeste de España, que era la de mejores beneficios antes de construirse la RENFE. Y la estación de Plasencia, la más rentable de la red nacional, fue descuidada en grado sumo y en 1984, fue clausurada la línea conocida como la Vía de la Plata alegándose que producía pérdidas.
   En la noche vieja de 1984, se cerro la línea Plasencia Astorga, y en consecuencia la continuidad de la Vía de Sevilla a Gijón, cumpliendo la decisión del Consejo de Ministros del 30 de Septiembre de ese mismo año, a la línea junto con otras se las califico como ”altamente deficitaria”; nadie se dio cuenta de dicha calificación, y a la vez que se conocía la decisión del Consejo de Ministros, se corría la voz de que no se iba a cerrar, paradojas del Gobierno, con la que hubo poca oposición ciudadana y menos de las Autoridades. Durante estos 25 años se ha mantenido la ilusión en los ciudadanos, la avivó Aznar, luego Zapatero con su Plan Oeste y después los parlamentarios regionales, pero la realidad es que al día de hoy, la maleza se ha apoderado de las vías y las estaciones, y existe desde 1995, un acuerdo del consejo de Ministros autorizando el levantamiento de las vías. Otra paradoja de los Gobiernos que dan esperanzas, pero, a la vez, acuerdan o mantienen el acuerdo de la desaparición.
  En términos de contaminación y emisión de CO2, el tren es tres veces más eficaz enérgicamente, y la siniestralidad es prácticamente nula.   El ferrocarril genera 3 veces menos CO2 que el transporte por carretera
   Los acuerdos suscritos por la Junta de Extremadura y Renfe y ADIF, hace cuatro años, que caducaron en la nochevieja pasada, han parcheado la situación del ferrocarril, pero no ha impulsado ni su mejora, ni mayor utilización significativa.
  Los acuerdos suscritos en el año 2006 por la Junta de Extremadura, Renfe y ADIF, solamente han servido de parcheo para la situación del ferrocarril, pero no ha mejorado la situación de las líneas. Estos acuerdos caducaron el 31 de diciembre de 2009.
 Es necesario abrir la Vía de la Plata para reparar un error histórico, pero también es necesaria una política nacional ferroviaria. No es cuestión de aportar dinero, sino de gestionar eficazmente un medio de transporte necesario.

Departamento de investigación y divulgación de la A.C.P.”PEDRO DE TREJO”
                               “SEMBRANDO INQUIETUDES”