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martes, 3 de agosto de 2010

JOSE BENAVIDES CHECA. BIOGRAFIA. PRIMERA PARTE

HISTORIADOR PLACENTINO.
Es sencillo y modesto, recoger e hilvanar algunas noticias acerca de Monseñor Benavides Checa, y juzgarle solamente a él, o mejor, a su obra pero exclusivamente desde el punto de vista histórico y científico, para lo cual adelantamos los imprescindibles datos biográficos, que facilitan la comprensión de la labor desarrollada por este ilustre hijo de Antequera
BIOGRAFIA DE MONS. BENAVIDES
En fecha simbólica llegó a este mundo, el 12 de octubre de 1844, y aquel mismo día fue bautizado en la que era Iglesia Colegial de San Sebastián, y había de perder su Cabildo poco después en virtud del concordato de 1851. Le administró el prímer Sacramento el presbítero don Juan Benavides, quien, a juzgar por el apellido, debía estar emparentado con el neófito. Le fueron impuestos los nombres de José, Antonio, Francisco de Paula y María del Pilar. Era hijo legítimo del matrimonio contraído entre don José Benavides Sánchez y doña María Checa Aguilera. Todos ellos, lo mismo que los abuelos y padrinos, naturales y vecinos de Antequera .Razón, pues, tenía Benavides para gloriarse de su antequeranismo, y no pocas veces demostró a lo largo de su vida, y recordó orgullosamente con sus hechos y sus palabras, que era hijo, e hijo predilecto de la invicta Anticaria Gracias a él, y a sus instancias por bula del 19 de enero de 1889 restituyó la Santidad de León XIII el perdido título de Colegial a la Iglesia de San Sebastián, y declaró al Párroco y a los Beneficiados de la misma como Canónigos con ciertos privilegios, logrados por la influencia de Benavides, según confesó el Obispo de Málaga, don Juan Muñoz Herrera, nacido, al igual que Benavides, en Antequera . Antikaria se titulaba la primera publicación que sacó de la imprenta-en sus años de estancia en Roma. Antikcariense quiso él que se denominase la biblioteca pública, magnífica, de unos catorce mil volúmenes, que fundó en la misma Ciudad Eterna en el colegio que los misioneros Trinitarios españoles poseen frente al palacio del monte Quirinal en la Via Quattro Pantone. Y el acento de Antequera, a pesar de sus largos años de estancia en Roma y en Plasencia, se lo reconocía fácilmente el marqués de Figueroa en 1905, cuando le trató por vez primera a Benavides, siendo ya éste sexagenario.

De sus antepasados heredó Benavides escudo y blasón, que ornaba el lema “In labore et virtute omnis spes”; en el centro del cual, por benigna concesión del Ayuntamiento placentino, desde 1897 colocó las armas y el escudo de la ciudad que le había nombrado su Hijo Adoptivo y Fiel Cronista .
Los estudios eclesiásticos debió cursarlos en el Seminario de Málaga, aunque no tenemos de ello certeza, ni del centro en que consiguió laurearse en la facultad de Sagrada Teología, cuyo doctorado llegó a poseer. Según las letras testimoniales del Cardenal Vicario de Roma, que se apoyan y refieren a otras, anteriores, presentadas en su Vicariato, Benavides pasó los primeros años de su sacerdocio, por el espacio de once, entregado de lleno al ministerio de la cura de almas en su Diócesis de Málaga, donde atendió como, Párroco diversas feligresías, entre las que se citan la de Santa María de Antequera desde 1872 a 1881, y la de Bobadilla algunos meses de 1881 y del año siguiente. Este documento nos facilita el determinar, grosso modo, la fecha de su ordenación sacerdotal, que debió corresponder al año 1870, poco más o menos, cuando él contaba sobre los veinticinco de su edad. Por estos tiempos, bien fuese en Antequera, bien en Bobadilla, tuvo ocasión de relacionarse con don Antonio Aguilar y Correa, marqués de la Vega de Armijo y conde de Bobadilla, destacado miembro del partido liberal, que andando los años, desempeñó diversas carteras ministeriales y la dirección de la Real Academia de la Historia. Y de este conocimiento, por haber quedado prendado el político madrileño de las buenas partes que tenía el sacerdote andaluz, surgió el propósito de enviarlo a Roma en calidad de rector de la iglesia nacional española titulada de Nuestra Señora de Montserrat.
Por noviembre de 1832 figura inscrito entre los alumnos que acudían a la clase del Pontificio Seminario Romano, instalado en el palacio de Sant Apollinare, de gloriosa tradición en los estudios de ambos derechos, en los que Benavides se laureó por el mes de junio de 1887. Terminados los estudios jurídicos, permaneció en la Ciudad Eterna al frente de la Iglesia nacional de España hasta el año de l894 en que fue nombrado por Su Santidad para ocupar la Chantrla de la Catedral de Plasencia, vacante a la sazón por muerte de su último poseedor, don Julián Vegas.
La estancia en Roma desarrolló sus innatas facultades de investigador, metido de llenos en los círculos de sabios y eruditos siempre numerosísimos en aquella urbe. Cultivó allí, con singular acierto y desde el principio, el campo de la arqueología sacra, envuelto y si queremos, arrastrado por el ambiente que caldeaban los estudios y las investigaciones constantes de Giovanni Battista de Rossi, el príncipe y maestro de los arqueólogo cristianos, con el que ligaba a Benavides una amistad estrecha y cordial. Singular coincidencia: el mismo año en que Benavides fue destinado, y al parecer, bien a pesar suyo, a ocupar la silla de Primer Cantor en la Seo de Plasencia, rendía tributo a la muerte, ya septuagenario, el ilustre arqueólogo romano.
Dos años antes se había-conmemorado con toda solemnidad y regocijo el septuagésimo aniversario del nacimiento del famoso excavador de las catacumbas. Benavides, siempre ojo avizor al buen nombre de su patria, no consistió que España quedara al margen en el homenaje que el mundo cristiano tributaba al benemérito explorador de los antiguos cementerios. Como la Academia de San Lucas y Otras diversas de Italia y ultramontanas le ofrecían ya medallas de oro, ya otros objetos conmemorativos, propuso Benavides a la española de Bellas Artes de San Fernando y ésta aceptó sin reservas la propuesta del antequerano que le ofreciese un bajorrelieve en yeso, que representaba al Papa Pío IX en actitud de proteger los estudios arqueológicos del Profesor Rossi, y favorecer las excavaciones de las catacumbas.

En aquel período aureo de la arqueología cristiana,t uvo que tratar, y trató en efecto, nuestro biografiado no sólo al que era la cabeza y el jefe indiscutible de los investigadores y maestros de la nueva ciencia arqueológico, sino, también a los más eminentes -discípulos, infatigables continuadores de la obra del genial maestro. Allí se relacionó con el P. Rafael Garrucci, doctísimo jesuita; con el genovés de origen inglés Enrique Stevenson, celantisimo Secretario del colegio cultorum mczrtjjrum del que el mismo Benavides fué activísirno sacerdos ; con Monseñor Antonio de Waal, descubridor de la Memoria Apostolorum in Catacumbñs, es decir, en la iglesia de San Sebastin; con los jóvenes eclesiásticos Pedro Kirsch y José Wilpert, que se iniciaban y en- nuestros días han emulado tas glorías de sus predecesores en el estudio de la arqueología cristiana. Junto con Stevenson, y los estudiosos Tommassini, Navone, Bernabei, Monaci y el eximio paleógrafo Celestino Schiaparelli, fue elegido el año 1884 cómo académico correspondiente de la academia de la Historia en Roma.
Aquella inmersión en la búsqueda, el descubrimiento y la interpretación de los monumentos antiguos no la abandonó ya nunca jamás en su vida, y clara prueba de ello son las cartas del P. Fita.

La distinción con que le honró la Academia Española de la Historia, sirvió de espuela y acicate a Benavides, para contribuir con generosidad y celo activísimo al estudio de los asuntos españoles. Año tras año mandaba a la Biblioteca de la Real Academia libros interesantes para el arqueólogo, y ediciones que él valoraba por lo raras y compraba para remitirlas a Madrid o copiar a su costa el mapamundi original sobre el que Alejandro VI había trazado la línea divisoria de las conquistas españolas y portuguesas, para enviar la copia a nuestra Academia. Y tal confianza merecía a esta corporación, que en distintas ocasiones le comisionó para buscar documentos, y otras hizo constar en su boletín el aprecio que le merecía tan afanoso correspondiente, que dignamente la representaba en Roma.
Y sin embargo su afición por la arquitectura jamás le embargó, ni le estorbó sus actividades oficiales; antes bien supo armonizarla con el intenso amor y la máxima preocupación por los asuntos patrios.
En la misma Iglesia que él regentaba, se hallaban los sepulcros de dos Papas españoles, Calixto III, y Alejandro VI. Desde el Vaticano habían sido llevados a Montserrat, por entonces iglesia Nacional sólo del reino de Aragón, en 1620 por Monseñor Vives, el egregio fundador del Colegio Urbano de Propaganda Fide; pero el lugar que ocupaban, no resultaba digno de aquellos compatricios nuestros, que ilustraron, sin que neguemos las flaquezas del segundo, el Solio Pontificio, y Benavides, obtenidos los permisos competentes y atendidos todos los requisitos necesarios, trasladó los restos de los Papas hispanos a un sepulcro de mármol, en que descansan ya digna y definitivamente.
La fiesta de otro Papa español, San Dámaso, llevó al Colegio cultorum martyrum, obra del Profesor Horazio Marucchi, a las catacumbas de Domitila, y ciebrada la Misa en la Capilla donde yace sepultado el fossor Diógenes, inmortalizado por Wiseman en. la novela «Fabiola, Benavides por su cualidad de sacerdos del Colegio, pronunció una magnífica homilía, más tarde impresa, en honor del mas ilustre de los Pontifices hispanicos, cuya memoria está íntimamente ligada a la historia de los antiguos cementerios cristianos, homilía que no desdecía, ni de la doctísima conferencia que aquel mismo día pronunció de .-.Rossi en la Basílica de Santa Petronila, ni de la eminente lección del Profesor Marucchi .

Otro aspecto de las actividades culturales de Benavides fue la divulgación y exposición-de temas nacionales. Hoy es la iglesia de San Fernando, Rey de Castilla y León, la que le fuerza a pronunciar en la Academia de España una bella lección sobre el origen y formación de nuestra lengua y la influencia por ella ejercida sobre la italiana. Otro día es la reconquista de Granada y su recuerdo, la que congrega a los españoles residentes en Roma junto a piaza Navonaen la iglesia del Sagrado Corazón, la que antaño se llamó de Santiago de los Españoles por haber sido la Iglesia Nacional del Reino de Castilla como para el de Aragón lo fuera Montserrat, y allí hace vibrar el corazón de sus connacionales recordándoles emocionado el fin de la reconquista del suelo patrio. En otra ocasión para conmemorar el descubrimiento de América, desarrolla en los círculos romanos «Apología e historia pontificia» el tema, interesante y documentado, de la parte importantísima que el clero católico tomó en los descubrimientos colombinos, y vindica con elocuencia ardiente y devota a los Sumos Pontífices a los sacerdotes y a ilustres religiosos.
La misma Academia de los Arcades le acogió alguna vez en su recinto, y de labios de Benavides brotaron majestuosos conceptos sobre los orígenes del idioma castellano, sobre la belleza encantadora del mismo, y sobre las relaciones de su lengua materna con los restantes idiomas neolatinos.
No satisfecho con su labor de alta investigación arqueológico-histórica y de divulgación erudita, fundó y mantuvo a su costa este egregio Prelado Urbano un Instituto, en el que gratuitamente se enseñaban las lenguas española, francesa, inglesa, alemana, árabe y portuguesa. Las clases de este Centro que regían profesores eminentes, se vieron frecuentadas por más de quinientos alumnos de todas las edades y condiciones sociales, y sirvió eficacísima y ejemplarmente para contrarrestar en parte al menos, la incesante propaganda de las sectas protestante que inundaba el suelo de Roma.

De haber continuado Benavides en la Ciudad Eterna, metido de lleno en ambienté cultural tan elevado, no es aventurado mi sospechar, ni decir, que la cristiandad entera se hubiera beneficiado de investigaciones, y qué el nombre de este hijo ilustre de Antequera hubiera figurado en los tratados de arqueología cristiana al lado de sus compañeros ya mencionados, y a estas horas no sería menos conocido ‘que Duchesne, Bulio, Grossi-Gondi, Scaglia, Lanciani, o el barón de Kanzler.
Pero en 1894 fue nombrado Chantre de la Catedral placentina, y desde entonces hasta su muerte, Plasencia, ciudad y diócesis, nueva patria adoptiva, ocupa un puesto distinguido y privilegiado, en el corazón ardoroso de Benavides, que precisamente en Plasencia rindió tributo a la muerte el 5 de septiembre de 1912. Ni las personas, ni las cosas de Plasencia le fueron ajenas desde que se instaló en la bella. extremeña. Le preocuparon con singular atención los asuntos culturales, pero no descuidó ni los apostólicos, gozaba del título de “Misionero Apostólico” según confesiones y declaraciones tanto del Obispo cuanto del Alcalde de la ciudad ni siquiera los de carácter nacional o internacional.

Basta hojear las actas del Municipio placentino para convencerse de la intensa preocupación de Benavides, cuyo nombre aparece allí con relativa frecuencia, por todo lo que a la ciudad y a sus moradores pudiera interesarles.
Adscrito como Vocal adjunto a la Junta Local de Instrucción Pública, visita Escuelas privadas y públicas, inculcando en los niños ideas de amor al estudio, a la vez que sentimientos religiosos, que jamás olvidó su condición de Sacerdote, como de consuno atestiguan las autoridades de Roma y Plasencia . ‘ Interviene muy activamente en conseguir para esta población de la Alta Extremadura el titulo de .Muy Benéfica en atención a los desvelos y cuidados que se prodigaron por la ciudad entera a los soldados repatriados de Cuba y Filipinas, distinción que enalteció con su numen poético el cantor de Extremadura, Gabriel y Galán, que se confesaba «amigo agradecido del Chantre de Plasencia» . Por su iniciativa se dieron nombres de insignes bienhechores antiguos a varias plazas y calles de la ciudad, y por su cuenta organizó funerales solemnes en el aniversario de la muerte del fundador de Plasencia, el Rey castellano don Alfonso VIII.

Aclimatado en este nuevo cargo y terreno, sus relaciones científicas hubieron de centrarse principalmente en España. Con su ingente Biblioteca romana cedida al Colegio de Trinitario españoles, se fundó una pública en Roma, puesta bajo el patronato del Embajador de España en el reino de Italia, y por este acto de generosidad y desprendimiento mereció la gratitud del gobierno de nuestra nación y de los estudiosos de las cosa españolas en la ciudad de los Papas. Cuando al correr de los años formalizase en Roma la «Escuela de Arqueología Historia», se contaba entre otros fondos con los de la casa generalicia de los Trinitarios Descalzos, donde estaba, decía Pacheco y Leiva, «la muy rica sobre materias religioso-históricas española del que fue Monseñor Benavides Checa».
Puesto al habla con los estudiosos de España entera, nunca cesó en el trabajo investigador, y su labor fue apreciada meritisimamente por los auténticos sabios, aunque en más dé un ocasión hubo de sufrir ¿cómo no?— las rechiflas, ordinaria en ciudades pequeñas, de pretenciosos y vanidosos émulos que hablaban, pero no se movían trabajando.
Gracias a Benavides su particular amigo y doctísimo maestro en la historia del arte español, don Manuel Gómez Moreno, hizo la mejor descripción, aún habida cuenta la brevedad de la misma, de la antigua Catedral placentina. Fue el mismo Chantre quien al visitar por primera vez, año 1894, la célebre Capilla de San Pablo, que ha sido sucesivamente Sala Capitular, Sacristía y vestuario de Canónigos, quedó gratamente sorprendido al contemplar tan notable monumento, sintiendo a la par suma extrañeza cuando se percató .de que nadie hasta entonces había reparado en la belleza arquitectónica de la sala. Poco después comunicó sus extrañeza y maravilla con el arquitecto don Vicente Lampérez, quien en 1901 describió la susodicha pieza, valorando debidamente los méritos que encierra, que habían silenciado cuantos habían escrito sobre la historia, arte y monumentos de Plasencia. Las impresiones primeras del famoso arquitecto e historiador, publicadas en la Revista d Arquitectura, la resume el autor en su obra general acerca de la arquitectura cristiana española.

Gozó igualmente Benavides de la amistad de don Pelayo Quintero, que con elegancia y maestría describió en el Boletín de la Sociedad Española de Excursiones, la sillería del Coro de la uno de los más notables del reino de Castilla, capaz de parangonarse con los de las Catedrales de Sevilla, Ciudad Rodrigo y Toledo, o con la del Convento Dominicano de Santo Tomás de Ávila. También por los mismos años Serrano Fatigati se detuvo ante el mérito extraordinario de la sillería del Coro placentín, y la estudió en la Ilustración Española y Americana.
Trabajos todos ellos meritísimos, que el Chantre avaloró con preciosas e ininterrumpidas investigaciones en los fondos del Archivo Capitular de la Catedral y del Municipio.
Perdió Roma, al venirse a España Benavides, un elemento valioso, y un estudioso incansable y perito en el campo de la arqueología cristiana; pero ganó mucho España, más concretamente Plasencia y su Diócesis, con la presencia y las actividades de Benavides en la Chantría a lo largo de diez y ocho años. Basten los testimonios del Padre Fita, y del Padre Naval.
El que había pasado su vida entera como estudiante y era un verdadero maestro en el campo de la historia, apenas si ejerció formalmente la función docente en la ciudad del Jerte. Tan sólo en el Curso de 1906-7 figura entre los Catedráticos del Seminario Diocesano, explicando precisamente arqueología, su fuerte, asignatura que por ‘vez primera se enseñaba en dicho Centro Eclesiástico; pero antes de terminar el Curso, allá por marzo de 1907, pasó a sustituir a Benavides en la Cátedra el entonces joven Presbítero don Ambrosio Tejado, sin que Benavides aparezca ya nunca entre los Profesores del Seminario.

Algo semejante le aconteció con los cargos de responsabilidad gubernativa en la curia. Como Gobernador Eclesiástico interino firma el 1 de mayo de 1907 una Circular al que ordena al Clero Diocesano que desde aquel día en conformidad con las rúbricas, haga mención en el Canon de la Misa del nuevo Obispo, don Francisco Jarrín Moro. A buen seguro que aquella brevísima interinidad la debió a la ausencia del Deán don Eugenio Escobar, Vicario Capitular, que estaría en Salamanca asistiendo a la Consagración del Prelado. Posesionado de la Diócesis el señor Jarrín, también correspondiente de la Real Academia de la Historia desde el año 1884 cuando estaba en Ávila, nombró para Fiscal del Obispado al Chantre Benavides; pero duróle muy poco tiempo el cargo, como le sucedió a Escobar con los de Provisor y Vicario General, pues este fue sustituido en los oficios de curia antes de que feneciera el mismo año de 1907, y no mucho después aparece como nuevo Fiscal don Teodoro Sánchez Marcos, quedando también desplazado Benavides.
Recogido de nuevo en sus tareas de exploración de la antigüedad, y consagrado a ellas por entero, hizo de su propia casa Archivo y Museo, y entregado a sus aficiones le sorprendió la muerte en 1912. Fue sepultado conforme a la costumbre y privilegio de los Capitulares placentinos en la Ermita de Santa Teresa, y sobre sus restos los testamentarios colocaron lápida de mármol, sobre lo que mandaron grabar el siguiente epitafio:
EL M. I SR./D. JOSE BENAVIDES CHECA/CHANTRE DE ESTA SANTA IGLESIA/ Y
PRELADO DOMESTICO DE SU SANTIDAD/MURIO EN EL SEÑOR EL 5 DE SEPTIEMBRE DE 1912. /ROGAD A DIOS POR SU ALMA.
Inscripción bien sencilla, (permítasenos decir) muy poco en consonancia con el temperamento y los gustos del difunto. Hubiera preferido, no lo dudamos, laude latina, con reminiscencia de mártires y cementerios cristianos de la antigüedad, algo parecido a lo que él había compuesto para su paisano, el Obispo don fray Plácido Bayles, Prelado fallecido en la Diócesis de Plasencia el año 1747.

No nos explicamos por qué el Boletín Oficial del Obispado no mencionó en sus necrologías a este Chantre, que pese a sus rarezas y extravagancias — ¿quién no las tiene?— auténtico hombre de ciencia, no siempre comprendido, había paseado el nombre de España por el extranjero, y el de Plasencia por toda la Península, recabando para ambas siempre la admiración, el aplauso y el agradecimiento dé muchos hombres grandes en la ciencia y en la virtud. Muy de otra manera reaccionó la Real Academia de la Historia, que hizo constar en sus actas y su boletín el fallecimiento de este preclaro Sacerdote, ornamento de la Diócesis placentina.

Biografía: Mons. Benavides Checa. De Francisco González Serrano, año 1952.Fundador del Seminario de Estudios Placentinos, presesor de nuestra Asociación Cultural Placentina."Pedro de Trejo"
                
Jose Antonio Pajuelo Jimenez - Pedro Luna Reina












jueves, 15 de julio de 2010

APUNTES PARA LA HISTORIA DE PLASENCIA II.-

APUNTES PARA LA HISTORIA II.-
Nota que de don José Benavides, Chantre de la Catedral a los señores de la Sociedad Española de Excursiones que visitan los principales monumentos de la ciudad, hoy 6 de enero de 1905; Boletín de la Sociedad Española de Excursiones. XIV (1905).
La noche del 5 al 6 de enero de 1905 un grupo de excursionistas madrileños, académicos, escritores, coleccionistas, críticos y hasta fotógrafos, acaudillados por Lampérez, finalizaban su expedición por Extremadura en Plasencia. Ya en la estación de Plasencia-Empalme, llegaron en plena madrugada, fueron amabilísimamente atendidos por el Chantre de la Catedral placentina, que luego en la ciudad se desvivió por complacerles. Puso en manos de los excursionistas una breve reseña de los monumentos artísticos de Plasencia con alusiones históricas a los mismos. Aquella nota, que sintetizaba la historia de los monumentos y los nombres de los principales artistas, se encargó de publicarla, aun sin contar con el visto, bueno de Benavides el director de la excursión, Lampérez. En breve resumen toca los capítulos de maestros que trabajaron en ambas catedrales, en el Berrocal y en el acueducto. Así la parte que a Plasencia corresponde en aquella excursión por Extremadura, gracias a Benavides, resulta la más interesante. Esto sin aludir siquiera a la primera velada necrológica que celebraron los excursionistas improvisadamente y en compañía de algunos placentinos, al enterarse del fallecimiento ocurrid aquel mismo día de Reyes, en el pueblo de Guijo de Granadilla, del poeta Gabriel y Galán.
La comisión distinguidísima de la Sociedad de Excursionista de Madrid, presidida por Don Vicente Lamperez, catedrático de la escuela de arquitectura y compuesta del exministro Sr., Marqués de Figueroa Sr. Conde de cedillo, Sr. Marqués de Villasanta, do Joaquín Argamasilla de la Cerda, don Benjamin Avilés, don Pablo Bosch, don Telésforo y don Isidro Pérez Oliva, don Manuel González Arnao y don Pelayo Quintero.
Por mediación del Sr.Chantre, pidieron y obtuvieron una audiencia del Sr. Marqués de Figueroa, varios obreros de distintos gremios de la Ciudad, para solicitar el apoyo del ilustre exministro con el fin de dotar en Plasencia una escuela de Artes y Oficios. El Sr. Figueroa recibió a los obreros con exquisita cortesía y los ofreció su apoyo incondicional, indicándoles el camino que debían seguir para obtener la escuela.
Los obreros, Alfonso Gálvez, Antonio Pérez, Demetrio Castro, Eloy García Beltrán y José Benito, convocaron una reunión el día 16 de Enero de 1905, en el Teatro Romero citando a todas las clases sociales de Plasencia. La reunión fue numerosa y reinó la más completa unanimidad en pró de la Escuela de Arte y Oficios que se deseaba, nombrándose una comisión gestora que celebro su primera reunión, aquella misma noche: en esta Comisión estaban representadas las diferentes clases sociales de la ciudad.

Por gestiones posteriores de esta Comisión, el Ayuntamiento cedió el local para la escuela y ofreció consignar en los próximos presupuestos la mayor subvención posible. El la Diputación Provincial, presento el diputado D. Luis Díaz López, una solicitud de la citada Comisión gestora pidiendo una subvención para la escuela en proyecto, y la Diputación acordó una subvención de dos mil pesetas. Este acuerdo fue suspendido por el Gobernador Civil de la provincia, produciendo en la clase obrera de Plasencia, el disgusto natural, y haciendo suponer que las luchas y rencillas políticas tuviesen parte en este asunto, perjudicando a Plasencia que podría haber tenido un centro de instrucción popular tan necesario para la época Parece mentira que las ideas políticas estuviesen por encima de de un beneficio para la sociedad. Esto ocurrió hace ciento cinco años, de la misma forma, hoy se repite la historia.

   Jose Antonio Pajuelo Jimenez - Pedro Luna Reina

                                                                   CREANDO CULTURA





domingo, 27 de junio de 2010

APUNTES PARA LA HISTORIA DE PLASENCIA. III

EL TERCER CENTENARIO.

El día 7 de Febrero, de 1905, los jóvenes placentinos José García Morgado, Pedro Muñoz Carrero, José Rodríguez Polo, José Baera, Marciano Izquierdo y Miguel Díaz, dirigieron una solicitud al Ayuntamiento, pidiendo una protección oficial para solemnizar dignamente en Plasencia el tercer centenario de la publicación del Quijote.
Alguien hubo de censurar a los firmantes de la solicitud citada, por ser demasiado jóvenes para el empeño de tanta monta, pero el cronista de la época no compartía esa opinión, y se mantuvo a favor del empeño de estos, aplaudiendo su objetivo.
Un objetivo, que no habrían hecho y ni si quiera lo hicieran las personas y entidades locales.
A estos jóvenes citados, se les debe, el honroso suceso, de que esta ciudad, celebrara el centenario del inmortal Hidalgo manchego.
En sesión del 27 de Marzo de 1905 acordó el Ayuntamiento de Plasencia conceder el apoyo solicitado por la comisión de jóvenes, para conmemorar el centenario.
Concedió el Municipio doscientas pesetas y nombró depositario de los fondos que recaudara la Comisión y del donativo, al conocido profesor de instrucción primaria D. Andrés López Canalejo.
El día 6 de Mayo, de este mismo año, dieron principio los festejos del Centenario del Quijote, organizado por los cinco jóvenes qué hicieron a Plasencia el gran beneficio de que no hiciese mal papel en este concierto nacional en honor a Cervantes: en este día se repartieron en las escuelas públicas y particulares medallas y tarjetas conmemorativas, con pasajes del Quijote.
Por la noche hubo en la Plaza Mayor música por la banda de la Ciudad que dirigía D. León Moreno.
El día siete por la mañana, a las once se verificó el solemne descubrimiento de la lápida Conmemorativa que la comisión había encargado para este acto, estaba ubicada en la fachada de Casa Consistorial en un templete de excelente gusto artístico hecho por los obreros Sres. Gálvez y Nieto, los que adornaron también el balcón con mucho arte. El Orfeón placentino dirigido por D. Luis González, debutó cantando un Himno a Cervantes escrito por el Sr. Morgado y con música de la distinguida señorita Marina Sánchez.
Desde el balcón del Ayuntamiento, pronunció un atinado y elocuente discurso el iniciador de la idea D. José García Morgado, que fue muy aplaudido por la concurrencia.
Por la tarde hubo una novillada en la Plaza de toros y en la noche del mismo día, se celebro en el teatro Romero, una Velada Literaria. Musical, con el siguiente programa:
Clamores de un Genio, monologo en versión original del Sr. Morgado, y representado por el Sr. Mirón.- Celebridad de Cervantes. Discurso de D. Julián Rodríguez Polo. Aria de las Flores, de la Zarzuela el Milagro de la Virgen, que cantó el joven Manuel González, acompañado al piano por el maestro D. Lorenzo Espada y violín por la señorita Marina Sánchez.- A Cervantes, poesía leída por el autor D, Marciano Izquierdo.- Vals fantasía, interpretado al piano y violín por la señorita Marina Sánchez y D. Luis González Pérez,. Cervantes y el Quijote, discurso leído por su autor D. Miguel Díaz,- Salve del Molinero de Subiza, cantada por el Orfeón placentino con acompañamiento de orquesta.- Influencia Social del Quijote, discurso leído por su autor D. Juan Martínez Lorenzo, director del Colegio del Salvador.- Una flor, poesía de José Rodríguez Polo, leída por el mismo.- Roberto el Diablo, fantasía para piano y flauta, ejecutada por la niña Josefa Pérez y D. León Moreno.- Cervantes como Católico y como Moralista, discurso de D. Fernando G. Escribano, leído por D. Antonio Blázquez.- La Aragonesa, concierto para piano y violín por la Señorita Marina Sánchez y el Sr., González.- Estudio esotérico del Quijote, leído por D. Pedro Muñoz.- El Sueño, vals por el Orfeón placentino, letra de D. Casimiro Trilla, música de D. Lorenzo espada.- Sugestión que ejercía D. Sancho la idea de la ínsula, discurso del Sr. Morgado.- Al manco de Lepanto, poesía del Sr. Morgado leída por el mismo,- Discurso por el Prefecto literario D. Manuel Revilla Castan, Catedrático del Colegio de San Francisco, leído por el autor.-  Lucía, aria final para piano a cuatro manos, violín y flauta; ejecutada por la niñas María espada y Josefa Pérez  y los Sres Gonzalez y Moreno.- Un Suspiro, vals, por el Orfeón.
Todo este programa dividido en tres secciones, dio por resultado una fiesta agradable y simpática.
                 

             Jose Antonio Pajuelo Jimenez -Pedro Luna Reina












domingo, 13 de junio de 2010

FAMILIA : TREJO PANIAGUA.

Antonio de Trejo de Monroy: Camarero Secreto del Papa Julio II. Funda el Mayorazgo con su esposa, a favor de su hijo Francisco en 1572, el 13 de noviembre en Casa de Millán. Otorga testamento el dos de septiembre de 1588 en la misma localidad. Don Antonio contrajo matrimonio con Francisca de Sande y Paniagua, hija de los señores de Santa Cruz de Paniagua. Otorga testamento en 1583 el 4 de Agosto en Casas de Millán.

Ambos fueron enterrados en esta localidad, entonces era una aldea “menuda” establecida en el término municipal de Plasencia, lo que justificaría el porque a sus hijos, a los que vamos a mencionar, sean considerados placentinos, así, lo menciona Alonso Fernández. Pero, la realidad habían nacido estos ilustres extremeños en esta localidad, y que así se hace constar en las actas bautismales de la parroquia de Casas de Millán, el párroco de la misma en el año 1798, en el libro Extremadura por López.

De este matrimonio nacieron cuatro hijos: Francisco de Trejo y Monroy, Pedro, Juan Antonio y Gabriel de Trejo y Paniagua, en esta época muchas veces los apellidos de los personajes no concuerdan con los primeros apellidos de sus progenitores. En este caso, salvo el mayor, los hermanos Trejos tomaron el segundo apellido de su madre, cuestión muy frecuente en aquellos tiempos. Ya dice Salazar y Acha: “El hombre del siglo de oro, y me refiero al hidalgo con pretensiones, escoge a su gusto entre los apellidos de sus mayores”, así lo refiere en su obra:”Génesis y evolución del apellido en España”.

FRANCISCO de TREJO Y MONROY. (1570-1648).

Capitán de infantería en las Galeras de España, caballero de Calatrava, señor de Chamartin de la Rosa, y primer marqués de la Rosa, por merced de Felipe IV el 16 de octubre de 1629, en Madrid. El 8 de diciembre del mismo año también fue nombrado por el mismo monarca, primer Marqués de la Mota Trejo. Barón de Baluf y gobernador de Málaga. Otorgo testamento en 1648. Falleció en Madrid.

PEDRO de TREJO Y PANIAGUA.

Canónigo de la Santa Iglesia Catedral de Badajoz, del consejo Real de Navarra, capellán de las Descalzas Reales y Abad de la basílica de San Isidoro de León.

FRAY ANTONIO de TREJO PANNIAGUA. (1574-1638).

Su blasón es un escudo de tipo español , con la s armas de la orden de San Francisco, una cruz latina de sable, brochante sobre ella dos nrazos, uno en carnación y otro vestido de hábito de franciscano, en punta tres clavos en aspa, lleca timbre episcopal.

Estudio Teología, y Artes en Salamanca, donde tomó el habito de San Francisco en un convento de dicha ciudad. Fue guardián en los conventos de León y Toledo y Comisario General de Indias, cargo que le obligó a desplazarse a Madrid, donde intimó con Felipe III, amistad que le proporciono, primeramente, como Ministro General de la Observancia y, posteriormente, como Vicario General hasta que en mayo del año 1618 fue presentado por el rey para la mitra de Cartagena, tomando posesión por poderes en septiembre. Visitó su nueva diócesis por primera vez en octubre, entrando en la capital en el 15 de este último mes.

Al año siguiente se ocupa de establecer en Tabarra un convento de observantes y el 28 de mayo de 1623, convoca su primer sínodo y en noviembre de 1624, visita y adora la reliquia más importante de la diócesis de Cartagena, la Santísima Cruz de Calatrava.

Pero lo que se escondía realmente en el nombramiento de Fray Antonio, era dotar al prelado de la suficiente autoridad para encargarle una empresa que le preocupaba al monarca español, era la aprobación por el Vaticano del dogma de la Inmaculada Concepción de la Virgen. Por ello, en 1627, recibe una orden del rey y 8000 ducados para que emprenda su embajada en Roma. Por desgracia dicha embajada no obtuvo el resultado deseado aunque el obispo no dejó en su defensa del dogma como se puede observar en sus distintas iniciativas artísticas, culminada con el gran trascoro de la catedral murciana dedicado a la Inmaculada y que se concibió como su propia tumba.

Fue un ejemplo palpable de la iglesia que salió de Trento, convirtiéndose en un autentico príncipe de su diócesis. El obispo no limito a reformar su sede, sino que se preocupó de sus parroquias, tanto adaptando las ya construidas a las nuevas directrices, como a construir templos de nueva planta que ejemplificarían el espíritu contrarreformita. Asimismo, no se limito a las obras eminentemente religiosas sino que se preocupo por dar la imagen de poder necesaria para su cargo, reformando el palacio episcopal, que se adaptara para las nuevas necesidades. Al mismo tiempo, adoptó el culto a la Inmaculada como una empresa personal, en la que no estuvo aislado, ya que este fue adquiriendo tal importancia hasta crear una dualidad mariana durante el siglo XVII, donde la Inmaculada y el Rosario se convirtieron en los estandartes del renacido un fortalecido culto a la Virgen.

GABRIEL DE TREJO Y PANIAGUA. (1562-1630).

Nació en Casas de Millán, como sus hermanos, perteneciente a la diócesis de Coria. Estudio en el colegio Mayor se Santiago Apóstol; (también conocido como el Colegio del Arzobispo), Universidad de Salamanca, licenciado en leyes, el 22 de mayo de 1597, poco después el doctorado en utroque iure, tanto en derecho canónico como el civil.

Fue profesor de Derecho Civil en la Universidad de Salamanca, durante los años 1602 se dedicó a la enseñanza de Instituta y Código en 1603.Entro en el Colegio del Arzobispo, Salamanca y enseño Vísperas de Leyes, Rector de la Universidad, y dejó la enseñanza en 1607 para dedicarse a la judicatura..Fiscal de la Cancillería de Valladolid, y más tarde auditor de la misma- En la corte real, fue fiscal del consejo de Órdenes con el hábito de Calatrava, e inquisidor de la misma. Arcediano de Talavera de la Reina de la catedral metropolitana de Toledo. Consejero de la Inquisición. Abad de Burgohondo. Miembro de la orden tercera de San Francisco. Auditor del Consejo Real, y comisario general de la Cruzada.

El 16 de Diciembre de 1615, y a instancia del rey Felipe III de España, el Papa Paulo V le nombro cardenal, siendo miembro de las Congregaciones Regulares del Índice, del Concilio y de la Inquisición, que concluyo con la elección de Gregorio XV, el cual le nombro Arzobispo de la ciudad de Salerno en Italia. Hubiera llegado a ser Papa, pero Francia le puso veto.

En 1617, se le nombro obispo de Málaga, pero no ocupó la plaza, tras los grandes enfrentamiento con el Conde- Duque de Olivares, éste consiguió que en 1629, se le ordenara incorporase a su sede diocesana. Llego a Málaga el 16 de Enero de 1630, falleciendo poco tiempo después el 11 fe febrero de ese mismo año.

Su blasón se encuentra en la fachada latera del complejo de San Francisco, antiguo convento del mismo nombre, el castillo sobre ondas de los Trejos, el emblema se rodea de una bordura que dice: GABRIEL: S: R: E: PRESBITER. CARDENALIS: DE TREJO; se timbra de capelo, y se acola con la cruz de la orden de Alcántara, sobre una bella cartela barroca.

Jose Antonio Pajuelo Jimenez - Pedro Luna Reina







miércoles, 26 de mayo de 2010

MADRE MATILDE (1841-1902)

MADRE MATILDE
Matilde Téllez Robles nace en Robledillo de la Vera (Cáceres - España) el 30 de mayo de 1841, en un día de plenitud primaveral inundado por la luz de la solemnidad litúrgica de Pentecostés. Recibe las aguas bautismales en la iglesia parroquial al día siguiente de su nacimiento. Era la segunda de los cuatro hijos de Félix Téllez Gómez y de su esposa Basilea Robles Ruiz. En noviembre de 1841, el padre, por su profesión de notario, se establece con su familia en Béjar (Salamanca), ciudad notable por su industria textil.
En esta ciudad va creciendo la pequeña Matilde; recibe una formación cultural básica, propia de su clase social media, y una esmerada formación religiosa, iniciada en el ambiente profundamente cristiano de su hogar. Guiada por su madre, ya desde pequeña comienza a amar intensamente al Señor y a ejercitarse en la práctica de la oración y en las virtudes, con una tierna devoción a la Virgen y una gran compasión por los necesitados y los pecadores.
Todavía muy joven, cuando todo en la vida le sonríe, Matilde hace su opción radical y definitiva por Cristo, decidiendo entregarse de lleno a Él y a buscar corazones que le amen.
Su madre la apoyará siempre en este empeño, pero su padre, que ambiciona un porvenir halagüeño para su hija en el matrimonio, la obliga a alternar en la vida de sociedad, limitándole además el tiempo que pasa en la iglesia. Ella, obediente, se adorna y alterna luciendo su gracia juvenil. Pero aún así, su inclinación por las cosas de Dios es manifiesta, y, al fin, D. Félix, vencido por la constancia de su hija, la deja en libertad para que siga el camino por ella elegido.
Matilde continúa intensificando su vida espiritual; su devoción a la Virgen la lleva a una profunda intimidad con Jesús Eucaristía, a quien ama apasionadamente. Aun «¡en medio del invierno ardía al acercarme a un sagrario!», nos dice en sus escritos.
A los 23 años es elegida presidenta de la asociación de Hijas de María, recién establecida en Béjar, y poco después la nombran enfermera investigadora de las Conferencias de San Vicente de Paúl. Ella, en su ardiente deseo de ganar corazones para Jesús, exclama ante el sagrario: «¡Mi dueño, Jesús amante! El mundo está lleno de necesidades. Todos tienen corazón. Yo voy a por los que pueda. Yo te los traeré».

Conjugando la contemplación con la acción, Matilde se lanza por largos años a una intensa actividad apostólica con niñas y jóvenes, pobres y enfermos; trabaja con las Hijas de María, da catequesis, atiende la escuela dominical, prepara para el matrimonio cristiano y acompaña a jóvenes vocacionadas; recorre alegre la ciudad en todas las direcciones para llevar consuelo y ayuda a cualquier enfermo o necesitado, «visitando a su amante Jesús en la persona de sus pobres».
Siempre contemplativa en la acción, la Eucaristía es su fuerza, el sagrario su refugio durante prolongadas horas de oración, y la Virgen su guía, su maestra y compañera inseparable.
Desde joven siente la llamada a la vida religiosa y ya entonces recibe ante el sagrario la inspiración de fundar un Instituto religioso. Así se lo comunica al Papa Pío IX en carta del 4 de mayo de 1874.
Pero su padre vuelve a probar a su hija impidiéndole realizar su vocación, a causa del clima político anticlerical de aquella época en España.
Matilde entre tanto sufre en silencio, ora y espera, alentada por su director espiritual, D. Manuel de la Oliva, sacerdote filipense, hasta que por fin su padre le concede la ansiada autorización.
Ella exulta de gozo en acción de gracias a Dios y rápidamente lo prepara todo para iniciar la fundación con siete jóvenes de las hijas de María, que se han comprometido a seguirla en la vida religiosa.
El 19 de marzo de 1875, solemnidad de San José, deben reunirse todas para la celebración eucarística en la Parroquia de Santa María y desde allí marchar a la casa preparada para iniciar la vida religiosa. Pero de las siete jóvenes comprometidas sólo una se presenta: María Briz. Ante esta gran prueba, Matilde no se desalienta. Fortalecidas con el pan de la Eucaristía, ella y su única compañera se dirigen gozosas, con heroica intrepidez, a la «casita de Nazaret», como Matilde la denomina.
En esta casa tratan de imitar a la Sagrada Familia de Nazaret, viviendo con mucho amor y alegría en recogimiento y oración, en humildad y pobreza, sin contar con nada y plenamente confiadas en la Providencia. En la casa no tienen todavía sagrario, pero las acompaña una imagen de la Virgen ante la que oran y a quien se lo consultan todo.
Pocos días después, conjugando siempre la contemplación y la acción, reciben un grupo de niñas huérfanas en casa, dan clase a niñas pobres y atienden a los enfermos en sus domicilios. Su testimonio evangélico va atrayendo a algunas jóvenes a unirse a ellas, a pesar de las críticas de quienes consideran la fundación como una locura.
El 23 de abril de 1876, el obispo de Plasencia, D. Pedro Casas y Souto, autoriza provisionalmente la Obra con el título de «Amantes de Jesús e Hijas de María Inmaculada»; y el 20 de enero de 1878 Matilde y María visten el hábito religioso en Plasencia.
A últimos de marzo de 1879 la comunidad se traslada de Béjar a Don Benito (Badajoz), donde instalan el noviciado, acogen niñas huérfanas, ponen clase diaria y dominical, atienden a los enfermos en sus casas y ayudan a los pobres.
En la comunidad se respira el espíritu de Nazaret y toda la vida de la casa gira en torno al sagrario, ante el cual, turnándose, las Hermanas pasan varias horas todos los días. También la Virgen recibe un culto especial.
El 19 de marzo de 1884, el mismo obispo erige canónicamente la Obra como Instituto religioso de derecho diocesano, y el 29 de junio, la Fundadora con otras Hermanas emiten la profesión religiosa.
Al año siguiente se declara una terrible epidemia de cólera en la ciudad. La M. Matilde y todas las Hermanas se entregan heroicamente al cuidado amoroso de los apestados, despertando gran admiración en el pueblo su exquisita caridad evangélica. Muere contagiada Sor María Briz, y la Madre abre en su memoria un Hospital para los pobres.
En 1889 comienza la expansión del Instituto, con una fundación en Cáceres, y continúa en los años siguientes con otras fundaciones en Trujillo, Béjar, Villanueva de Córdoba, Almendralejo, Los Santos de Maimona y Villaverde de Burguillos. De cada una de ellas se podría escribir una hermosa historia de amor; amor apasionado a Jesús Eucaristía, amor a María, amor al hermano necesitado: enfermos, pobres, niñas huérfanas, etc. Siempre con total desinterés económico, pero la Providencia nunca falla.
No faltan las pruebas y dificultades de toda clase, pero no importa: Matilde con Jesús ¡siempre adelante!, siempre haciendo vida el lema que ha dado a su Instituto: «Oración, acción, sacrificio»; siempre sacando fuerza de sus prolongados tiempos de oración ante el sagrario y de la mano de María.
De su fuerte experiencia eucarística brota su ardor evangelizador y la ardiente caridad que todos admiran. «¡Sea toda la vida un acto de amor!», repite a sus Hermanas. Y así lo ven en ella: es una vida llena de Dios, en continua oración y volcada a la vez en los hermanos. Multiplica sus atenciones maternales con las nuevas comunidades, es la animadora de la Obra, la Regla viviente. Su sencillez, su prudencia, su bondad e inalterable alegría atraen a todos. Pobres y ricos se acercan confiados a ella, pues para todos tiene una atención, un consejo y una sonrisa.
Aunque sólo cuenta 61 años, su organismo está ya muy agotado, a causa de los sufrimientos, del intenso trabajo, de las enfermedades, y presiente gozosa que se acerca la hora de su unión definitiva con el Señor. En efecto, al salir temprano de viaje, el 15 de diciembre de 1902, sufre un fuerte ataque de apoplejía, y en las primeras horas del día 17, rodeada de sus hijas, en medio de una gran paz, vuela a la casa del Padre.
Todo el pueblo, principalmente los pobres, la lloran como a una madre, proclamando a la vez su gran caridad y sus muchas virtudes.
El 23 de abril de 2002, el Papa Juan Pablo II reconocía oficialmente las Virtudes Heroicas de la Sierva de Dios Matilde Téllez, y al año siguiente, el 12 de abril, se promulgaba el Decreto sobre el milagro obrado por su intercesión, dando así el paso decisivo a su Beatificación: el 21 de marzo de 2004.

El Instituto de la Madre Matilde, fiel a la herencia recibida de su fundadora, continúa viviendo su carisma, que tiene como centro la Eucaristía y a María como Madre y Maestra, para que Ella forme su corazón para el Evangelio y las guíe hacia la Eucaristía. Según consta en las Constituciones actuales, de la Eucaristía nace en ellas una viva respuesta de amor a Jesucristo y, en Él y con Él, a todo el mundo, llevando la buena nueva del amor del Padre, con preferencia y de una manera integral, a los pobres, a los pequeños y a los que sufren.
Actualmente las Hijas de María Madre de la Iglesia (así se llaman desde 1965) realizan su labor evangelizadora en España, Portugal, Italia, Venezuela, Colombia, Perú y Méjico, a través de: hogares - internados como acogida a la niñez y juventud marginada; escuelas y colegios abiertos a todas las familias sin exclusiones; comunidades sanitarias dedicadas a la atención de enfermos, ancianos desatendidos, transeúntes, alcohólicos, etc., comunidades orantes, casas de acogida, y comunidades de Pastoral rural y de colaboración en Parroquias.
Todas las Hermanas del Instituto piden a su Fundadora que las ayude a hacer, como ella, de su vida un continuo acto de amor y una «eucaristía perenne», para la mayor gloria de Dios y la salvación del mundo.

Próxima beatificación de la fundadora de las Hijas de María Madre de la Iglesia
Madrid. Infomadrid, 20-01-2004.- La Madre Matilde Térez Robles, fundadora del Instituto Hijas de María Madre de la Iglesia, fué beatificada el día 21 de marzo de este año en Roma. Con este acontecimiento finaliza el proceso que comenzó el 23 de abril de 2002 cuando el Santo Padre, Juan Pablo II, reconoció de manera oficial las virtudes heroicas de la Sierva de Dios, con la promulgación del correspondiente Decreto; y con la aprobación del milagro, el pasado 12 de abril de 2003.BiografíaNacida en Robledillo de la Vera (Cáceres) el 30 de mayo de 1841, dedicó su adolescencia y juventud al cultivo de la vida interior y a una desbordante actividad apostólica con jóvenes, niñas, enfermos y pobres, en Béjar, provincia de Salamanca y diócesis de Plasencia.
El 19 de marzo de 1875 fundó en Béjar el Instituto de "Amantes de Jesús e Hijas de María Inmaculada" (desde 1965 "Hijas de María Madre de la Iglesia"). El 20 de enero de 1878 vistió el hábito religioso en Plasencia y en marzo de 1879 ella y su comunidad se trasladaron de Béjar a Don Benito, estableciendo en esta ciudad el noviciado y la casa central, donde profesó el 29 de junio de 1884. En marzo de este mismo año el obispo de Plasencia D. Pedro Casas y Souto, había aprobado las Constituciones de la Congregación. A lo largo de su vida, fundó otras siete casas en Extremadura, Castilla-León y Andalucía. De espíritu profundamente eucarístico y mariano, dotada de un corazón sumamente compasivo ante los dolores y miserias humanas, se distinguió por una caridad ardiente hacia los enfermos, las niñas huérfanas, las jóvenes y los pobres. Falleció en Don Benito el 17 de diciembre de 1902. Su causa de beatificación fue iniciada por el obispo de Plasencia en 1978. Los rasgos fundamentales del carisma del Instituto por ella fundado son: la centralidad de Cristo Eucaristía y María como Madre y Maestra.
En la actualidad, las Hijas de María Madre de la Iglesia atienden hogares-internados, de acogida a la niñez y juventud desvalida; colegios; comunidades Sanitarias; comunidades orantes; Casas de acogida. Cuentan con 47 comunidades, 28 en España, presentes en Andalucía, Extremadura, Asturias, Cantabria, Salamanca, Islas Canarias y Madrid; una en Roma; cuatro en Portugal; dos en México; tres en Perú, cuatro en Colombia y cuatro en Venezuela.
En Madrid tienen el Colegio San José, c/ Marqués de Viana, 43, fundado en 1954, que tiene más de cuatrocientos alumnos, en los niveles de Infantil, Primaria y Secundaria. En esta misma calle, en el número 45, se encuentra el Noviciado de España, la Curia General, que reside aquí desde el año 1988, y una comunidad de acogida. En Pozuelo de Alarcón, las religiosas tienen la residencia Villa María Briz, donde se atiende a las hermanas mayores.
En el dia 25 de Mayo del pesente año.la comunidad educatva del colegio de las Azules, comunidad que lleva us nombre, llevaron en procesión la imagen de la  de la Madre Matilde a la catedral, donde fué colocada al la parte izquierda de la capilla de la Virgen de Guadalupe, Con su beatificación, celebrada el 21 de mayo de 2004 en Roma por el Papa Juan Pablo II, la Madre Matilde se convirtio en la primera extremeña en ser beatificada, después de Santa Eulalia, patrona de Mérida y martirizada en el siglo IV. Hace falta un segundo milagro para que sea santificada.

José Antonio Pajuelo Jiménez - Pedro Luna Reina


                
                   

domingo, 16 de mayo de 2010

DOS MONUMENTOS EN LA PLAZA MAYOR

LA CASA DE LA CARNICERÍA Y LA FUENTE.

   La Plaza Mayor, ha sido siempre y sigue siendo el corazón de la Ciudad, existen varias descripciones de ella en diversas épocas que seria curioso transcribir. Escenarios de actos públicos, proclamaciones de Reyes, esponsales reales, mercados, representaciones teatrales, festejos taurinos, ejecuciones, festejos populares, casetas de ferias, cucañas, algaradas, etc., en ellas destacaban tres monumentos principales, el Ayuntamiento,  muchas restaurado muchas veces y que el solo necesita un extenso trabajo del que hablaremos en otra ocasión.
   La desaparecida monumental fuente y la Casa  de la Carnicería, de estos dos vamos a dedicarnos hoy.
   La Casa de la Plaza de España, donde hace años se ubicaba el Banco Hispano Americano, fue la antigua casa de la Carnicería. Todas la ciudades de importancia, incluso Madrid, tenían en tiempos pasados una casa de la carnicería, done se concentraban los puestos de esta clase de abastecimientos. Había instalaciones para otras clases de abastecimientos, como aquí en Plasencia existía la casa del peso de la harina en la calle Trujillo, antigua vivienda de la viuda de Modesto Durán,  es la casa que esta frente a la antigua posada, hoy entrada a al complajo Cultural las Claras y el arca del pescado en el Barrio de San Juan, que fue propiedad municipal, hasta que se vendieron sus terrenos, para la construciones de viviendas, estaba situada muy cerca de los hornos de alfarerias, que se encontraban en este barrio, enfrente del hogar del pensionista  de este barrio. En Madrid también existía la casa de la panadería, en Baeza el monumental edificio de la carnicería, etc.
  La Casa de la Carnicería de Plasencia, funcionó hasta que a finales del  pasado siglo, y se construyó la primera Plaza de Abasto en parte del solar que ocupa la actual, construida en 1933. La carnicería siguió siendo propiedad del Excmo. Ayuntamiento, hasta que hará poco más de sesenta años, por permuta, paso a ser propiedad de Don Jesús Roco Jarones.
 Este edificio se debió construir a finales del siglo XV ó principios del siglo XVI, porque en 1523 en unas de las sesiones celebradas por el Excmo. Ayuntamiento en la Parroquia de San Miguel, extramuros, para determinar como iba a ser construida la nueva casa consistorial, cuyas obras comenzaron entonces, se habla de la Casa Carnicería , como ya edificada en la Plaza, citándola como ejemplo de construcción del Ayuntamiento y acuerda que se levante sobre unas casas de  la calle del Rey y en parte de los corrales de la casa del Ayuntamiento que daban a la calle de  los Toros;  hay varios vecinos que se opone a ello diciendo que se debe construir en sitio más apartado, en la parte baja de la Ciudad,  porque en el centro estaban dos edificios tan importante como el Ayuntamiento y la Carnicería y que no parecía adecuado que la cárcel estuviera cerca de ellos.
El edificio viejo de  la Carnicería, consta de planta baja, con dos arcos en medio punto, con complicadas molduras y, entre ello un bello escudo de la Ciudad, de un entresuelo también de cantería con dos ventanas a dinteladas y de una planta noble en la que únicamente son de cantería  dos hermosos y clásicos balcones, estando   el resto de la fachada enjabelgada. Creemos es fundamentalísimo que n cualquier reforma se conserve  íntegros estos elementos arquitectónicos  por ser monumentales, típicos, dentro del carácter de la ciudad y ser el único edificio notable, a parte del Ayuntamiento, que posee nuestra anodina Plaza Mayor.
           Sobre el 1934 se le añadió una nueva planta y se imitó con cemento la sillería de las plantas antiguas, así mismo se le añadió una casa colindante que había sido del  ebanista Núñez y entonces el arco de  los soportales de esta pequeña casa, que era de medio punto, pasó a ser cuadrado y se le hicieron unos antiestéticos y desproporcionados balcones desde la fachada de esta pequeña casa a la lateral de la carnicería. Posteriormente los dueños de las casas adquirieron la contigua de la familia Codón, residentes en Madrid y se unió a las anteriores, si bien al exterior no se hizo ninguna modificación, ni se apreció en absoluto esta unión. La Carnicería dio nombre algún tiempo a las calle de las Vinagras a donde dan sus traseras.
              El día 15 de mayo de 1878, se derrumbó la monumental fuente  que había   en el centro de la Plaza Mayor.
           Había sido construida en el año 1494 y era monumental y artística, más que la de la plaza de la Catedral. Don Vicente Paredes la describe así: “ cortaron por medio , entre el pezón y la corona, el corte, le dieron al pilón o recipiente, que era circular, simbolizando con ella a la ciudad de este nombre conquistada por los reyes y ultimo baluarte conquistado a los moros, en su centro elevaron una columna estriada con granadas intercaladas sustentando el peso de la taza, con cuya pose figuraban domada o aplastada la columna en  forma salomónica, retorciéndose las estrías, que representaban el poder agareno, bajo la pesadumbre de una semiesfera que afectaba a la taza, en la que estaban alternadas las armas de Plasencia, con las cifras y armas de los reyes; simbolizando el medio mundo hasta entonces conocido, a España y Plasencia vencedoras de la morisca gente de Granada. Del centro de esta semiesfera, o sea, España, se elevaba una esfera completa de dorado bronce, representando la redondez del mundo descubierto por Colón, del cual surgía el caudal de agua, por seis caños, en representación de las riquezas que esperaban del nuevo mundo, cayendo sobre la España, representada en la taza, y de esta a los cantaros de las placentinas y al pilón que figuraba a Granada”. Su autor fue el aparejado r placentino Francisco González, hijo del también aparejador  Pedro González.

Jose Antonio Pajuelo Jimenez - Pedro Luna Reina


                                        "CREANDO CULTURA".

jueves, 22 de abril de 2010

EL MONASTERIO DE YUSTE.



                          MONASTERIO DE SAN JERONIMO DE YUSTE
 

       Esta situado el monasterio a dos kilómetros de la villa de Cuacos, en un bello paraje de las estribaciones de la sierra de Gredos.
   Fueron sus fundadores dos placentinos, Andrés de Plasencia y Juan de Robledillo que anteriormente habían vivido dentro de los mismos arrabales  de Plasencia, en una ermita dedicada a San Cristóbal.

   El terreno fue donado por el vecino de la villa de Cuacos Sancho Martín, que era un hombre devoto y de buenas costumbres. Le otorgo escritura pública y autentica para que nadie pudiese ponerla a pleito. Por ella consta que fue en el año 1402 a 24 de Agosto. Cuacos en aquel entonces pertenecía a la jurisdicción de Plasencia.

    A estos dos ermitaños  se unieron algunos más y pensaron en la fundación de un monasterio. Se ignora la ocasión o el favor para llegar hasta el infante D. Fernando, gran protector de los monjes jerónimos. Le exponen sus planes y don Fernando obtiene del papa Benedicto XIII, en el año 1408, la correspondiente bula de fundación.

    El obispo de Plasencia Don Vicente Arias de Balboa, informado por otros religiosos, se ignora de que orden, movidos por la envidia e interés y sin pedir más explicaciones, ordena que fuesen echados de allí y les tomasen la casa, posesiones y cuanto tuvieren. Todo se ejecuto con el máximo rigor y los sencillos hombres salieron sin oponer resistencia.

     Informaron al infante don Fernando de este suceso y este les remitiría a su justicia mayor, que, a la sazón era el arzobispo de Santiago y metropolitano de Plasencia, don Lope de Mendoza, que se encontraba en Medina del Campo, y viendo la escritura de donación de Sancho Martín y la bula de fundación de Papa, se dirigió a Don Garci Álvarez de Toledo, señor de Oropesa, para que, sin demora, fuese con los ermitaños al sitio de Yuste y los restituyese en su casa, los amparase y no consintiera en que nadie los hiciese agravios. Esto sucedía durante el año 1409.

   En el año 1415, en el primer Capitulo General, con el fin de unir la Orden de los Jerónimos, para elegir su primer general y eximirse de la obediencia de los Ordinarios, y a instancia de Don Garci Álvarez de Toledo, que prometió ante el capitulo dar y proveer de todo lo necesario a los ermitaños de Yuste, para que viviesen  en la observancia de la Orden sin quebrantar la clausura y mucho menos tener  que vivir de limosna. De esta forma, y a los seis años después de fundado el monasterio, fue aceptado como uno más de la Orden de san Jerónimo en España.

    La arquitectura de Yuste es sencilla y austera, destaca su iglesia de estilo gótico, con una sola nave pero de gran sencillez, con bóvedas de sillería y arcos apuntados. En sus dos claustros, uno gótico y otro plateresco, donde puede apreciarse la gran serenidad en el silencio de sus arcadas. La importancia de este monasterio, le viene que,  unido a su iglesia por la parte sur, existe  el palacio mandado construir por el emperador Carlos V, reproduciendo en pequeño su palacio de Gante. Se asciende a este por una rampa, ya que se trasladaba en sus viajes en litera o en silla de mano. Constaba  de dos plantas con una misma distribución: cuatro piezas en cada una separadas por un pasillo central con el que todas se comunican, nos basta con describir una, la más alta, en principio pensada para el invierno, pero que seria prácticamente usada para todo el año. A la izquierda del pasillo está la antecámara y la cámara imperial; esta con ventana dando sobre el interior de la iglesia, para que el Emperador pudiese asistir a los oficios divinos los días en que sus achaque le tenían postrado en el lecho. Al otro lado del pasillo nos encontramos con otras dos piezas, de mayor tamaño, que eran la que servían de comedor y como sala de audiencias. Y de cara al estanque, la solana desde donde gozaba el Emperador de la vista de ese paraíso perdido, lo que sin duda era lo que había estado buscando y lo que acabo por atraerle.

      Hay otras cuatro piezas, dos de ellas a un lado y a otro de la solana, una servía de retrete y otra donde posiblemente se aislase con algún visitante, para conversaciones secretas.

      La tercera pieza, esta muy recogida y fácil de caldear, era la estufa donde Carlos V, combatía mejor el frío, y la cuarta pieza, es la que pudo servir como dormitorio a su hijo Felipe II, cuando a visitar el lugar a la muerte de su padre, no quiso utilizar su cámara como homenaje a su memoria.

     ¿Cuales fueron los motivos por lo que el Cesar, escogiera este lugar?, se sabe que en 1542 había ordenado a una comisión que eligiese un sitio y un convento adecuado para retirase del mundo; y examinando varios entre ellos el de Salvatierra de Barros, se decidieron por  Yuste, como más apartado y de clima menos riguroso. Y lo cierto  que en este año, estando Carlos V en las Cortes aragonesas de Monzón, tuvo la visita del conde de Gandia, aquel noble tan prendado de la Emperatriz y que había acompañado su cadáver desde Toledo hasta su primer enterramiento en Granada. Y ambos, el Cesar y el Duque se hicieron sus confesiones, de cómo cada vez les pesaban mas las cargas mundanas y deseaban cambiar de vida.

    También el Emperador prefirió Yuste, sin conocerlo por ser convento  jerónimo y por las alabanzas que hizo alguien de la Vera, en quien mucho confiaba y que conocía bien la tierra; nos estamos refiriendo a  Don Luis de Ávila y Zúñiga, el compañero de armas de Carlos V en la guerra de Alemania, marques de Mirabel y vecino de  Plasencia, que tenía un hermoso palacio que todavía podemos admirar.

     En este monasterio vivió el emperador hasta su muerte, acaecida el 21 de septiembre de 1558, menos los  meses de noviembre de 1556 a   febrero de 1557, en  que vivió en el castillo de Jarandilla, alojamiento que le ofreció el Conde de Oropesa.

    Pusieron los restos mortales en una caja de plomo, que guardaron en ora de madera de nogal forrada de terciopelo negro. Durante tres días se celebraron el la iglesia del Monasterio, solemnes funerales, oficiando el Arzobispo de Toledo, a quien servían de ministros el prior de Yuste y el confesor del Emperador; cada uno de los días predicaron el Villalba y los priores de granada y Santa Engracia de Zaragoza.

    En el monasterio, fue sepultado en una pequeña cripta situada debajo del altar mayor, dando así cumplimiento a su testamento, para que los sacerdotes, al celebrar la misa, estuvieran pisando su cuerpo, por lo que hubo que hacer reformas en el altar, quedando en la extraña disposición que se aprecia en su estrecho presbiterio

  A los dos días de enterrado, se persono en Yuste el corregidor de Plasencia, acompañado  del escribano y alguaciles para reclamar el cuerpo del Emperador, que había  muerto en territorio de su juridiscción. Después de muchas consultas y acaloradas disputas, vinieron al acuerdo de que permaneciese  en poder del Prior, en calidad de depósito. Pero no se pudo disuadir al Corregidor de su empeño de ver el cadáver, para identificar la personalidad del difunto, según era costumbre. Fue necesario tirar el tabique, abrir los féretros y descoser la mortaja para reconocer el rostro, quedando de todo ello constancia y testimonio.

     Aquí permanecieron sus restos, hasta febrero de 1574, en que fue trasladado al Real Monasterio de El Escorial por su hijo el rey Felipe II. Trás el fallecimiento del emperador,su hijo Felipe II, encarga el retablo mayor del templo del monasterio de Yuste para alogar la copia de Antonio Segura de la Gloria de Tiziano, unas de las obras preferidas de Carlos V.

    Después de la muerte del emperador, el Monasterio y la Orden de San Jerónimo  pasaron por numerosos avatares. En la Guerra de la Independencia, sus estancias fueron incendiadas por las tropas francesas y quedaron prácticamente destruidas, los Jerónimos fueron expulsados de Yuste y posteriormente con la desamortización y en virtud del decreto del 13 de Septiembre de 1813, puesto en vigor mas tarde por Fernando VII, que mandaba enajenar en pública subasta de los monasterios y conventos, comenzó la ruina y destrozos de su fabrica. En 1820  una irrupción de los llamados patriotas de los lugares inmediatos, completó la obra devastadora, los papeles que aún  quedaban en los archivos, fueron entregados a las llamas, robaron cuantos objetos de valor que aún quedaban y la iglesia fue convertida en retablo  y las habitaciones donde vivió y murió el Emperador, para depósito de trigo. Las obras de arte y mobiliario, fueron a parar a las parroquias vecinas. por ejemplo a Casatejada fue a parar el retablo del Altar Mayor, a Majadas un altar-relicario, que regalo el obispo de Plasencia D. Gómez de Solís, a la ermita de Belén próxima al Monasterio. A Serrejon fueron a parar dos altares dorados, a Cuacos 37 sillas del Coro, el facistol con casi tres metros de altura y un hermoso terno del siglo XVI de terciopelo negro; a Garganta de la Olla 19 sillas del Coro, un órgano  con 17 registros y un relicario de alabastro etc.

     El palacio de Emperador y el Monasterio excepto la Iglesia, fueron adquiridos por un tal Bernardo de Borla y Tarrius, en 1821, por mil pesetas y unos años más tarde, en 1838, compro también la Iglesia por la cantidad irrisoria de cincuenta duros, siendo destinadas sus dependencias a la cría de gusanos de seda, el coro para secado de capullos.

     Años más tarde el propietario puso en venta el Monasterio, tratándolo de comprar algunos franceses, que pretendían regalárselo a Napoleón III, siendo denunciado por los intelectuales de la época, por lo que el Marqués de Mirabel tuvo el gesto de adquirirlo por la cantidad de 20.000 duros, dedicándose desde entonces al la protección y mantenimiento, reedificando algunas partes y evitando la destrucción de otras.


   El 3 de junio de 1931 se declaró el Monasterio “Monumento Histórico-Artístico”, comenzando la recuperación del inmueble. En julio de 1941 se constituyó la Fundación Mirabel-Patronato del Monasterio de Yuste para su reconstrucción: González Valcárcel puso un hito en la recuperación patrimonial no sólo española sino europea.

    En 1958, una vez recuperado el edificio, la Comunidad Jerónima volvió al Monasterio para mantener viva la memoria del Emperador.

    En el V Centenario del nacimiento de Carlos, se puso en pie el “Proyecto Yuste”, con un amplio programa científico y técnico para revitalizar  el Monasterio y su entorno.

    En 1992, la Junta de Extremadura lo convirtió en un centro de proyección europeísta con la Academia Europea de Yuste.

    Desde la Fundación Academia Europea de Yuste (FAEY), creada en 1992, se pretende un acercamiento entre Europa y Extremadura a través de la cultura y los aspectos sociales, pues se considera que éste es el camino que asegura no sólo la participación efectiva de los extremeños en el ámbito europeo, sino, sobre todo, el que propicia un sentimiento de pertenencia a una historia y a un patrimonio amplio, diverso y solidario, el europeo.

  La Fundación nació con el deseo de revalorizar en el contexto europeo la estrecha vinculación del Monasterio de Yuste con la vida y  muerte del emperador Carlos V. El valor simbólico del Monasterio y la significación histórica del último emperador de Europa otorgan a la Fundación una sólida dimensión extremeña, española y europea. Si el Emperador cerró en Yuste, el 21 de Septiembre de 1558, uno de los capítulos más relevantes del libro inacabado de la historia de Europa, la Fundación Académica Europea de Yuste, siglos después, aspira a revitalizar e irradiar desde Extremadura el europeísmo, el dinamismo y las expectativas que Carlos V atesoró en la paz de este monasterio extremeño.
En los ultimos días, los monjes han abandonado el monasterio, y recogidos en Segovia, pero no solo los monjes se han marchado, tambien una colonia de murcielagos que durante años han encontrado entre los viejos muros el entorno adecuado.
Parece ser que un convenio con el obispado de Plasencia, permitira incorporar elementos originarios del monasterio algunos depositados en las iglesias de los pueblos citados anteriormente; un ejemplo sería la casulla del siglo XVI, cedida por la parroquia de Cuacos de Yuste.
¿ Cual será el futuro del monasterio?. La historia continuará su curso, pero los monjes no volverán, pués a mi parecer, todo ha sido una desarmotización encubierta.
      
                         Departamento de investigación y divulgación de la A.C.P."PEDRO DE TREJO"
                                              "SEMBRANDO INQUIETUDES"

lunes, 12 de abril de 2010

FIESTA DE LA VIRGEN DEL PUERTO AÑO 2010

LA SEMILLA DE UNA DEVOCIÓN A LA VIRGEN DEL PUERTO.
Dije ayer en la radio que Cándido Cabrera y yo, una vez jubilados, no nos encontramos en despachos, bajo luces de neón, sino al aire libre, bajo la bóveda del cielo, cuando él pasea al perro y yo voy a comprar el pan, dos de nuestras obligaciones diarias.
En uno de estos encuentros esporádicos surgió la idea de que yo fuera el pregonero de este año. Y desde que Cándido me propuso intervenir como pregonero en la Fiesta de la Virgen del Puerto de este año, me propuse tres objetivos: No hacer un pregón de compromiso, rs decir, no venir a cumplir con un expediente; que fuera un pregón original y que fuera una aportación positiva a tanta literatura, como existe, dedicada a la Patrona de Plasencia. Como es lógico le dije en el mismo momento que aceptaba muy gustoso y honrado.

Lo primero que pensé en tratar fue la tradición legendaria de la aparición de la Virgen, que como tantas otras nacen, tras el avance de la Reconquista y que supone toda una cruzada guerrera y apostólica que restaura los principios de nuestra religión. Pero prescindí del tema porque se trata de un asunto más lírico y emotivo y milagrero que bien podría abordarse en próximas ediciones de este pregón, por personas más fervorosas y más poéticas que yo.
Después dudé entre hablar de la familia Lobera o de las rogativas a la Virgen, en el siglo XV y XVI que forman el crisol donde se funden los verdaderos sentimientos de los placentinos hacia su madre la Virgen del Puerto a lo largo de la historia y, además, tienen lugar en una época privilegiada e interesante en la vida de la ciudad y que, de algún modo yo he recreado en el libro dedicado a la “Sillería del Coro de la Catedral”, que se titulaba “Plasencia entre dos siglos. El XV y el XVI”

Aquél trabajo no fue un estudio histórico exhaustivo documentalmente, ni un trabajo de investigación profundo por mi parte, pero creo que reflejé bastante bien a los personajes y al ambiente ciudadano. A mi me gustó.
Recuerdo que me llamó a casa el propio obispo, Don Amadeo, recién llegado a Plasencia, después de leerme, para felicitarme y para decirme que le parecían muy razonables mis interpretaciones de la historia en esa Plasencia en ese tiempo. La misma Plasencia en la que apareció la verdadera devoción por la Virgen del Puerto. Tal vez por ello, me decidí a dedicar al pregón a esta época concreta de la historia de la ciudad.
La primera causa de la devoción es obra de la familia Lobera. La segunda causa son las necesarias y urgente rogativas a la Virgen del Puerto en momentos de muchas dificultades vividos por los vecinos de Plasencia a lo largo de este primer siglo de historia real. Al final me decidí por hablar de los Lobera, verdaderos promotores de la devoción a la Virgen del Puerto. Ellos sembraron la semilla de nuestra actual devoción y así titulo este pregón: “La semilla de la devoción a la Virgen del Puerto”.
Todos conocéis la parábola del sembrador y la semilla de mostaza que se convierte en árbol frondoso, donde anidan las aves del cielo. La parábola la aplica el Evangelio al Reino de Dios, pero bien podríamos aplicarla a muchas actividades del hombre en general, a muchas obras nuestras.
Y, para corresponder a los elogios de Cándido, voy a poner un ejemplo referido a él mismo y del cual fui testigo presencial. Fue en Madrid, a la hora del almuerzo. Había dos generales del Ejército, Cándido, como Alcalde de Plasencia, el Presidente de la Caja y otros. Allí se formalizó la operación de compra del Cuartel de la Constancia. Se puso la semilla de lo que hoy es ya convertido en árbol frondoso, lo que es el Complejo Educativo Universitario de Plasencia. De esa semilla ha nacido un abanico de posibilidades de progreso social, educativo, cultural y humano para Plasencia. Los jóvenes placentinos que ahora se gradúan con título universitario en esta ciudad, deben saber cómo y quién plantó este grano de mostaza.
De igual modo la familia Lobera fueron la causa y el inicio de un fervor a la Virgen que arraiga en Plasencia a finales del siglo XV, cuando se construye la primera ermita y se empieza a venerar la actual imagen que es precisamente de esta misma época.
Procedía la familia Lobera de Medina del Campo, venidos a su vez de Cantabria, según nos cuenta el Padre Guerín, un monje cisterciense que presentó en Trujillo una ponencia titulada “Los lobera de Plasencia”, lo cual ya denota la importancia que esta familia llegó a tener en nuestra ciudad. Dice que propio Padre Guerín que no existía en la Cancillería de Valladolid ningún expediente de hidalguía a nombre de los Lobera, lo cual nos hace sospechar que personajes tan influyentes en Castilla en aquella época sin título debiera de proceder de la comunidad judío conversa.

Y así llegaron: En 1476 Diego de Lobera es canónigo de la Catedral de Salamanca y en 1480 ya está en Plasencia iniciando la construcción de la ermita a la Virgen del Puerto, pues a su condición de clérigo unía también la de arquitecto
Aquí apareció humillado por un decreto de desnaturalización contra él, por desobediencia, dictado por la propia Isabel la Católica, sin que mediase sentencia judicial y privado de sus cargos y sus bienes, por haber apoyado durante la guerra civil, a la muerte de Enrique IV, la causa de Doña Juana, la Beltraneja.
Seguro que se trasladó a Plasencia, buscando el perdón real, y la protección del Duque de Plasencia, Don Alvaro de Zúñiga, y de algún capitular como el Deán Diego de Jerez, que habían participado, como él, en el mismo bando contra la Reina Isabel. Aunque todos eran perdedores, el Señor de Plasencia, rápidamente se cambió de chaqueta y los Reyes no se atrevieron a humillar, por el momento, a tan poderoso súbdito. Ya tendrían tiempo de hacerlo, después de acabar con la dominación árabe. Lo cierto es que, absuelto de su atrevimiento, Diego de Lobera, se incorpora a la vida eclesiástica como Chante de la Catedral de Plasencia. El entonces Obispo, Don Rodrigo de Ávila, que había oficiado el enlace matrimonial del Rey Alfonso V de Portugal y Doña Juana en una ceremonia que tuvo lugar en esta misma ciudad, tampoco tuvo ningún recelo con contar con la presencia del nuevo chantre, a pesar de sus antecedentes.

En tiempos de tanta agitación política y social Diego de Lobera, con el peso de una fuerte sanción real a sus espaldas, no volvió a significarse. Desde su nueva dignidad eclesiástica debió de ser un observador respetuoso de los acontecimientos que en ese momento se vivían en España y en Plasencia.
Es así cómo participaría sin significarse, como un capitular más, cuando muere el duque y Plasencia se queda de luto por la muerte de su poderoso dueño. Las exequias duraron varios días, gran parte de las mismas determinadas en el propio testamento del Duque o bien encomendadas a su íntimo amigo y servidor Diego de Jerez, Deán de la Catedral, que manda a sus capellanes digan todos los miércoles misa de réquiem sobre su sepultura. Era el 10 de junio de 1488.
Y de igual modo observaría como un vecino más de la ciudad, sin compromiso con los bandos en disputa, la invasión de Plasencia por las huestes de los Carvajales, desde el Puente de Trujillo hasta la Plaza Mayor, con gran estruendo de armas, los gritos de los soldados, el choque de los escudos y el ruido de los caballos cuyos cascos sacaban chispas del pavimento de piedras. Envueltos en la oscuridad los rebeldes avanzaron sin apenas resistencia.
Dicen las crónicas que duró tres días el encuentro y pelea, trabando en la plaza y calles muy sangrienta guerra. Vinieron a las manos muchas veces y con grande porfía, hasta que, acobardados los de la parte del Duque con el nombre del rey, a quienes los contrarios apellidaban, se les hubieron de rendir. Los del castillo se defendieron más tiempo por ser, como es, muy fuerte y, finalmente se entregó a los de la parte del rey.
Pero, pocos días después, seguro que, en su fuero interno, Diego de Lobera disfrutaría aquella mañana del día 20 de octubre del mismo año 1488, en que murió el Duque, cuando en las puertas de la Catedral de Plasencia, el propio rey Don Fernando juraba ante el escribano público Ruy González, regidores, caballeros y capitulares de dicha iglesia:
Guardar, defender, y amparar al Concejo, vecinos y moradores desta su ciudad de Plasencia, en sus fueros y privilegios, mercedes, libertades y franquezas, que esta dicha ciudad y personas de ella y su término tienen.
Se acabó el poder feudal, Plasencia retornaba a ser ciudad libre, y los placentinos contentos u exultantes, colocaron lápidas de piedra en las puertas de entrada a la ciudad proclamando su libertad recientemente conquistada.
Sin embargo, otro contratiempo le faltaba a Diego de Lobera para considerarse feliz y rehabilitado. Como sucesor del anterior obispo, se promociona a la diócesis de Plasencia a un antiguo compañero suyo del Cabildo de Salamanca, el maestrescuela de aquella Catedral Don Gutierre Álvarez de Toledo, hijo de los Duques de Alba y cuya carrera eclesiástica ascendente, estaba dirigida por su madre que imploró permanentemente al Papa Sixto IV, el progreso de su vástago.
Ya habían tenido sus más y sus menos Diego de Lobera y el nuevo obispo en Salamanca. Hasta el punto de que este mismo Papa se tuvo que dirigir a los Duques de Alba exhortándoles a “que hagan desistir a su hijo Gutierre, de apoderarse de las iglesias de Santo Tomás y San Martín, que están reservadas para el canónigo de aquella catedral Diego de Lobera”.
No debieron ser muy cordiales tampoco las relaciones del Chantre y el Obispo en Plasencia, porque también nos enteramos que Alvarez de Toledo le pasó una factura al chantre de 18.000 maravedíes, por unas rejas de hierro que se había llevado del Palacio Episcopal a su ermita del Puerto. Y también supimos que, muerto el Chantre, sus albaceas tuvieron muchas dificultades para cobrar al obispo un préstamo de 80.000 maravedíes que no le había pagado y que presumiblemente no consiguieron que desembolsara. Por eso creo que, en contra de la opinión que expresan algunas historias de la Virgen del Puerto que he visto, la relación del Chantre y el Obispo no debió ser muy buena.
Pero lo cierto es que nada más llegar, el nuevo obispo, Gutierre Alvarez de Toledo se propone construir en Plasencia una nueva catedral y lógicamente cuenta con el Chantre, que además es arquitecto, para participar en esta renovación de la iglesia y de la ciudad propia de los nuevos tiempos.
Tres importantes obras lleva entre manos Diego de Lobera en ese momento: la ermita de la Virgen del Puerto, la remodelación del Palacio Episcopal, y también sabemos que supervisa la construcción de una capilla en el Hospital de Santa María, lugar en el que ahora mismo nos encontramos.
Con este nuevo impulso constructor del Renacimiento, aparecieron en Plasencia Enrique Egas y Rodrigo Alemán. El primero como autor de los planos y el proyecto del nuevo templo. Un gran edificio con planta en forma de “Cruz latina” y tres naves con bóvedas a la misma altura, un gran avance arquitectónico con respecto a las catedrales góticas que ya existían. Un templo grandioso, esbelto, donde las columnas sin capiteles se abrieran sobre la bóveda como una palmera.

Por su parte, vino también Rodrigo Alemán, contratado previamente para elaborar el Coro de la vieja Catedral románica, una joya artística única y, sin duda, el patrimonio artístico más notable con que cuenta nuestra ciudad.(Estamos precisamente en el Complejo Cultural que lleva su nombre).
La amistad con su colega de profesión y además canónigo, Diego de Lobera debió surgir de inmediato. Los tres serían buenos amigos de charla, de intercambio de conocimientos técnicos y sobre todo, como buenos profesionales de la construcción. No olvidemos que Rodrigo Alemán, después del Coro hizo el Puente Nuevo y la Portada del Convento de las Claras.
Tanto el alarife Egas como el maestro Rodrigo eran artistas avezados en el labrado de la piedra y en la talla de la madera, extraordinarios y reconocidos profesionales, (tal vez ambos venidos de Flandes) con amplitud de ideas, que importaban nuevas formas artísticas y laborales puesto que al igual que en Plasencia trabajaban en infinidad de nuevos proyectos en distintas diócesis españolas.
El Chantre firma con Rodrigo Alemán el contrato para hace el facistol del Coro y seguro que las puertas de su casa en la calle Zapatería, se abrirían desde el primer momento para recibir con gusto a los reconocidos artistas extranjeros que coincidieron en Plasencia con el ambicioso programa de hacer una nueva Catedral.
También seguro que alguna tarde de primavera Diego de Lobera y sus amigos subirían juntos a ver las obras de la nueva ermita de la Virgen del Puerto, su obra propia y más querida. Por allí rondaría Rodrigo Alemán aconsejando que la nueva talla de la Virgen fuera de madera e incluso explicándole al Chantre cómo en Flandes y en Italia, en esos mismos años, se tallaban imágenes y se pintaban tablas con la imagen de la Virgen amamantando al Niño. Y el maestro Enrique Egas lo confirmaría.

Subirían a la ermita a caballo, por estrechos vericuetos entre canchos, alcornoques y madroños y no me cabe duda que pensando en su imaginación creativa diseñar y hacer algún camino que facilitase el acceso de los placentinos hasta el lugar donde se establecería el culto religioso en honor de Nuestra Señora.
También le habría sugerido al Chantre la humanización de Nuestra Señora con esta forma tan maternal, el Prior de los Dominicos, Fray Juan López, confesor de la Duquesa de Plasencia, Leonor de Pimentel. En su día se habían conocido en Salamanca, cuando el teólogo Fray Juan, en el Convento Dominico de San Esteban, escribía una obra piadosa dedicada a Doña Leonor y en honor de Nuestra Señora, con continuas jaculatorias como ésta:
Oh Reina del Cielo, oh graciosísima señora mía, oh fuente clara del paraíso, sea yo digna de gustar la frescura de vuestra agua, Oh pechos santísimos, Oh mamillas de alto amparo, oh torre de seguro acotar, guarida de pacífica defensión, que con su dulzura aplaca la justa furia del riguroso Juez!”
La obra de la que sólo queda un ejemplar manuscrito en la Biblioteca Nacional, fue escrita quizás para un uso privado de Doña Leonor, para mover y excitar la devoción a María de una joven dama noble, a la que al mismo tiempo se propone como modelo de comportamiento, para una mujer casada y madre, como era la Duquesa de Plasencia.
Todavía no había nacido la advocación de Virgen del Puerto. El propio Luis de Toro en su manuscrito, la más antigua referencia de la historia de Plasencia, dice así:
“En la cima del monte que mira a la ciudad, hacia el septentrión, a unas tres millas de distancia hay una capilla de la Santa Madre de Dios, ciertamente pequeñita pero hermosa, (con una casa adjunta y algunos huertos) muy célebre ciertamente en este país, tanto por las muchas cosas admirables que la Madre de Dios hace en él, como por la amenidad del paisaje en el que descubren ojos espaciosos prados, sorprendentemente verdes, por aquella parte que está muy abierta”.
Durante el siglo XV, los tiempos eran duros, apasionados, contradictorios, había grandes vicios y grandes virtudes. Muchos conventos de frailes y monjas se habían relajado en el cumplimiento de las reglas. Los buenos hábitos de oración y pobreza se habían olvidado. Y la buena vida se la daban algunas comunidades. Entre ellos los frailes del Convento de San Francisco de Plasencia, a quienes Rodrigo Alemán ya critica en el coro de la catedral, retratándolos convertidos en pellejos de vino o tratando de seducir a alguna doncella, por supuesto con el beneplácito del Cabildo.
Algunos de estos frailes desengañados y otros hombres fieles, deseosos de reformar las costumbres y volver a los principios humildes de San Francisco de Asís, formaron pequeñas comunidades, alejadas de la ciudad, viviendo con pobreza, con mortificación, sin bienes de ningún tipo y amparados sólo por las limosnas.

Estos devotos reformadores, tenían dos comunidades en Plasencia, viviendo en el campo, como eremitas, en casas abandonadas o en cuevas, alrededor de una pequeña capilla donde rezar. Una comunidad se llamaba de San Cristóbal y estaba en el cerro que hay frente al Puente de Trujillo, la otra se situaba en Valcorchero, junto a la puerta del camino que va a Castilla y veneraban a la Virgen.
Los franciscanos del Convento de San Francisco de Plasencia contaban con cierto apoyo seglar, sobre todo de los poderosos y de las instituciones eclesiásticas, y así encubrían prácticas de la propiedad privada; vida profana de algunos frailes dedicados al tráfico mercantil, al ejercicio de la medicina, estrictamente vedada a los eclesiásticos, a los espectáculos populares e incluso a la intriga política, tan insidiosa en el momento; vagabundeo y descontrol religioso.
En estos tiempos con una iglesia corrupta, que vendía indulgencias, que poseía enormes propiedades y se entregaba a ostentosos rituales, también se convierte en un hervidero de movimientos espirituales, cuyo último fin es el cambio de una religiosidad externa y jerarquizada a un cristianismo interior, más sensible, más próximo a Dios, más espiritual.

Aparecen nuevas devociones, una especial presencia de la Madre de Dios en la liturgia y en consecuencia personas piadosas y amantes de una espiritualidad intimista, un cristianismo interior. Comienza la oración directa con Dios y la Virgen, desde dentro de cada uno, sin latines que no se entienden o se recitan como papagayos y sin la mediación permanente de “aparato” eclesial.
Faltaban algunos años, pocos, para que apareciera en este escenario el gran reformador de la Orden que fue San Pedro de Alcántara. Y nos cuenta la historia cómo se burlaron de él los franciscanos placentinos cuando visitó este Convento, hoy convertido en Residencia de Ancianos.
Es así cómo la Orden de San Francisco se dividió en dos clases de frailes, los conventuales por un lado y los descalzos u observantes, por otro, a los que despectivamente llamaba “capuchos”. Los Papas y los Reyes Católicos vieron con agrado este movimiento reformador, sobre todo el confesor de Isabel, Cisneros, que era observante y consiguió de Roma bulas de reconocimiento para estos frailes reformadores procedentes del movimiento de los eremitas.
Es así cómo los franciscanos de San Francisco llamaron a los otros “hermanos de la Bula” y los franciscanos observantes llamaron a aquellos “hermanos de la bolsa”.
En la biografía del Dean de la Catedral Diego de Jerez, describe Domingo Sánchez Loro este texto siguiente:
Los ermitaños del Puerto, en sus chozuelas desmedradas, su¬frían penurias y estrecheces. Cuando la necesidad apretaba, acu¬dían al Cabildo de la Catedral, que de por año solía distribuir en limosna ciertos maravedíes o cosa que lo valiera. En las actas ca¬pitulares se habla de tejas, maderos y tablas, que se dieron en li¬mosna los ermitaños del Puerto para aderezar sus pobres chabolas.
El Cabildo de la Iglesia Mayor, la Ciudad y el pueblo rendían estima a las asperezas de los ermitaños. El concurso de viandantes en el puerto de Valcorchero admiró sus virtudes y las gracias de la Se¬ñora ante la que hacían sus devociones. Algunos se lamentaban de que la Virgen del Puerto morase en tan ruin albergue. Sentíalo más que todos un devoto chantre que había en la Catedral, llamado Diego de Lobera.
El chantre don Diego de Lobera empleó los días de su vida y los dineros de su cargo en obras de prestancia para sí, para la Iglesia, para el Obispado y para la Ciudad. Era arquitecto e hizo grandes obras: no se ocupó de vincular su nombre a las cosas que hacía.”
Así pues, nos dice Don Francisco Cuesta, actual archivero de la Catedral, la ermita de la Virgen del Puerto fue construida a su costa por el Chantre Lobera, el gran devoto de aquella venerable imagen. Y no sólo edificó el templo, sino que en virtud de sus facultades dispuso que
“El oratorio y ermita de Nuestra Señora del Puerto y casas y viñas y todo lo de a ella anejo, lo hubiesen y tomasen en cargo y administración el guardián, frailes y convento del Monasterio del Señor San Francisco, extramuros de esta ciudad de Plasencia”
Las condiciones que impuso a los frailes fueron: que cada semana dijesen dos misas por el eterno descanso de su alma. Una, e lunes en el convento y otra el sábado en el altar de dicho oratorio. Así se fomentaría la romería al santuario, al menos los sábados.
La ermita permaneció al cuidado de los franciscanos hasta el año 1570, que pasó a depender del Obispo, en este caso del Obispo Ponce de León.
Y entonces yo me pregunto, como podréis hacer cualquiera de vosotros ¿porqué razón el Chantre no entregó en su testamento el cuidado de la ermita a los franciscanos observantes iniciadores de la devoción a la Virgen del Puerto y sin embargo se la cedió a los franciscanos conventuales del Convento de San Francisco de Plasencia?.
¿Sería por garantizar el futuro de su obra?. Los frailes de San Francisco era una congregación más estable y segura que aquél incipiente movimiento reformador de la Orden, aunque a la postre fueron éstos últimos, los observantes, quienes ganaron la batalla.
¿Sería por mandato del Obispo? Es evidente que en la biografía de Alvarez de Toledo, hijo de los Duque de Alba no se adivina ningún espíritu reformador, más bien grandioso y llamativo y ambicioso, como lo era la edificación de una gran catedral.
¿Sería en un intento de unir las dos corrientes que en ese tiempo dividían a la Orden de San Francisco?
Yo no lo sé pero tampoco me imagino en Diego de Lobera ningún talante conservador. Las llamadas misericordias del Coro de la Catedral de Plasencia dan fe de ello. Siendo el capitular de quien más directamente dependía la fábrica del Coro, permitió que Rodrigo Alemán satirizara con una crítica muy directa a los frailes de aquél tiempo. Y por otra parte, sus descendientes, como veremos a continuación, dieron buenas pruebas de formar parte del estamento eclesiástico reformador, como sobradamente lo demostró años más tarde la madre Ana de Lobera, la mano derecha de Santa Teresa de Jesús reformadora del Carmelo.
La nota necrológica del Chantre nos la ofrece el canónigo Benavides Checa en su obra dedicada a los Prelados Placentinos:
“El 16 de diciembre de 1502 falleció el Ilmo. Sr. Don Diego de Lobera, Chantre de esta S.I., notable Arquitecto, fundador de la ermita de Ntra Sra. Del Puerto, en el año 1480 y el primero que introdujo la devoción a esta venerable imagen, Patrona hoy de Plasencia.
Fue sepultado en el Crucero de la Catedral, y se pagaron a la fábrica por la sepultura del Sr. Chantre 20.000 maravedís, hoy la laude está colocada en el claustro”.
Al amparo del Chantre, una buena parte de su familia de Medina del Campo se trasladó a Plasencia. A partir del Chantre los Lobera simbolizan el “hilo conductor” de la devoción a la Virgen del Puerto en esta sucesión de parientes, que ocuparon sitio de honor en la Iglesia Católica y en su renovación, que como ya es conocido, se aceleró a partir del Concilio de Trento.
Murió el Chantre en los años de la mayor crisis que haya podido haber en el seno de la Iglesia Católica a lo largo de su historia. Mientras Diego de Lobera expiraba en Plasencia, otras personas y otras poblaciones del mismo imperio español estaban decididas a acabar con la crisis de la Iglesia de una manera tajante y rápida. En esos mismos años, un fraile agustino, Martín Lutero se rebelaba contra el Papa y arrastraba en sus tesis crítica sobre el tráfico de indulgencias a media Cristiandad.
Entre las respuestas católicas, merece destacarse el Concilio de Trento y la creación por San Ignacio de Loyola de la Compañía de Jesús. En este Concilio se encontraron el Obispo de Plasencia y el padre Diego Laínez, sucesor de San Ignacio y acordaron entre ambos fundar en nuestra ciudad un Colegio de la Compañía.
Y entre los primeros jesuitas que pasean por Plasencia e imparten doctrina católica y rezan en la iglesia de Santa Ana y son especialmente devotos de la Virgen del Puerto, ya tenemos de nuevo a los Lobera. Es fácil pensar que como continuador de la impronta que en Plasencia dejó el Chantre, llegara a nuestra ciudad un joven sucesor de la familia. Se llamaba Cristobal de Lobera y aunque había nacido en Medina del Campo entró en la Compañía de Jesús en Plasencia el 4 de julio de 1558. Lo recibió el rector del colegio, P. Martín Gutiérrez. Cuando le preguntaron por su vida y por su vocación contestó lo siguiente, según nos cuenta el cisterciense Patricio Guerín:
“Sus padres han fallecido. Tiene una hermana que, "por casar tiene suficientemente". La salud de Cristóbal "Un poco tengo el estómago opilado". Ha escogido la Compañía de Jesús "con motivo de ir a Indias y ser bueno". "Entré muy contento y consolado". Ha practicado los Ejercicios de San Ignacio, los de la primera semana dos veces durante dieciséis días. Ha enseñado el catecismo y hecho la peregrinación prescrita para los novicios en plan de mendigar. Ha hecho los servicios domésticos y confesión general cinco veces. Ha renovado seis veces los votos de religión en público y muchas más en privado... Antes de entrar a novicio a los catorce años, ya practicaba el ayuno y la disciplina y algo también la oración mental y vocal. En Plasencia estudió como novicio y estuvo muy enfermo durante el resto del noviciado”.

No fue misionero en Las Indias, como pretendía Cristóbal de Lobera y poco más sabemos de él, salvo que tuvo una salud quebradiza y que los últimos años de su vida los pasó en Plasencia, donde murió, pero siendo siempre fiel a la devoción por la Virgen del Puerto como enseña familiar.
Está un poco confusa la saga familiar de los Lobera pero nos dice Ángel Manrique en su “Vida de la Venerable Madre Ana de Jesús” publicada en Bruselas en 1632 que el apellido Lobera llegó a Plasencia con el Canónigo y sus hermanos.
Y que de éstos descendieron Cristóbal de Lobera y Torres, jesuita, al que acabo de citar y su hermana la Venerable Ana de Jesús. También hay noticias de otro Cristóbal Lobera y un hermano jesuita, primos de los anteriores.
Siendo sus padres de Plasencia, no se sabe por qué los dos hermanos primeros nacieron en Medina del Campo y los dos segundos en Plasencia, hijos del licenciado Diego de Lobera y de Francisca de Torres. Pero de lo que no cabe la menor duda es de que todos ellos estuvieron viviendo en esta ciudad y todos veneraron a la Virgen del Puerto de forma instensa y especial.
No me puedo extender mucho, pero es imposible en un pregón dedicado a la Virgen del Puerto el no citar a las dos grandes personalidades de la familia Lobera, que hicieron más que nadie por extender su devoción.
La primera, Ana de Lobera, hermana de Cristóbal, el jesuita citado. De las muchas biografías que existen, en todos los idiomas, dedicadas a esta monja carmelita y andariega como su hermana y compañera Santa Teresa de Jesús, entresaco algunos párrafos referidos a Plasencia y a la Virgen del Puerto.
Vive en Plasencia más de 10 años en la etapa de su juventud. Durante este tiempo ella vivió en intensa oración y penitencia. Empleaba las tardes en los hospitales cuidando a las mujeres enfermas y daba a los pobres cuantas limosnas podía. Si le quedaba algún rato hacía encajes y ropas de iglesia. Doña Ana no vive su inquietud religiosa a solas, convivía con un grupo de jóvenes de la familia, todos con ansias de consagrarse a Dios; su hermano, que entró jesuita y su prima María de Lobera que entró en Salamanca como Carmelita Descalza y otra prima también llamada María que profesó en el Monasterio de las Clarisas de Plasencia.

En busca de su vocación Ana y sus primas acudían con frecuencia a rezar a la ermita de la Virgen del Puerto. La Virgen del Puerto aparece como guía espiritual de Ana a lo largo de toda su ajetreada vida posterior hasta su muerte en Bruselas.
Ana de Lobera se pone bajo la dirección de Pedro Rodríguez, fundador del reciente colegio de la Compañía en Plasencia. La Compañía de Jesús era la corriente más nueva e innovadora en la Iglesia y en España. El P. Pedro es un hombre adornado de letras y virtudes (“espiritual y letrado”, que diría la Santa). Este jesuita conoce las fundaciones y la tarea que desde Ávila realiza la madre Teresa de Jesús reformando la Orden del Carmelo, y sugiere a Ana de Lobera que ingrese como Carmelita Descalza.
En el camino hacia el convento se pasa por la ermita de Nuestra Señora del Puerto, distante una legua de Plasencia, a la que tenían gran devoción los antepasados de la familia Lobera, adonde ella había ido muchas veces descalza y rezando el rosario. Bajó de la cabalgadura a despedirse por última vez de la Santísima Virgen y pedirle su bendición con hartas lágrimas. Y aquí se cierra una parte de la vida de Doña Ana para comenzar otra: la de Carmelita Descalza.
En otra biografía de la Madre Ana de Jesús Lobera, la escrita por Carlos Ros, se refiere esta despedida de la Virgen de la siguiente manera:
A la salida de Plasencia, la comitiva se detiene a rezar y despedirse de la Virgen del Puerto, tan venerada por los placentinos, cuya ermita se sitúa en el monte que mira a la ciudad. La ermita que tantas veces ha visitado Ana de Jesús tiene resabios familiares, pues fue fundada por su antecesor el Chantre Diego de Lobera. El hizo construir sobre este monte una hermosa capilla, fundó una capellanía con misa semanal, y mandó tallar una imagen que sustituyera a la antigua medieval. Es una preciosa imagen que muestra a una maternal Virgen del Puerto amamantando al niño Jesús. Con la bendición de la Virgen del Puerto, la comitiva siguió adelante.
La relación de Ana de Lobera con Santa Teresa de Jesús y con San Juan de la Cruz fueron realmente intensas y privilegiadas. En una de las pocas cartas que se conservan Santa Teresa la dice:
Hija mía y corona mía, no me harto de dar gracias a Dios por la merced que me hizo en traerme a vuestra reverencia a la religión y a nuestra comunidad”.
Por eso no tiene nada de extraño que cuando se erige el convento de Beas, primera fundación en tierras andaluzas. Santa Teresa no lo duda y elige como co-fundadora y priora a Ana de Jesús.
La Madre Teresa había fallecido sin poder realizar su sueño de fundar en Madrid. Pero un año después de morir, por fin y a petición del provincial Nicolás Doria se erige el convento de Carmelitas Descalzas de Santa Ana en Madrid y para superiora de la nueva fundación escogió el P. Doria a la madre priora de Granada, Ana de Jesús Lobera.
Ana de Jesús Lobera, fundó los conventos de carmelitas descalzas en París, Mons, Lovaina y Bruselas, siendo priora del Monasterio de la Encarnación de París y terminando sus días, a principios del siglo XVI en la capital de Bélgica.
No me puedo extender más, pero sí quiero dejar constancia de una referencia francesa a la madre Ana de Jesús, debida al famoso jesuita y conocido escritor contemporáneo Henri Bremond, porque de algún modo resume su biografía:
Ana de Jesús Lobera primera priora de la Descalcez francesa, pasó en Plasencia su juventud, adoctrinada por los Padres de la Compañía, en particular por el P. Pedro Rodriguez, hasta su ingreso en el Carmen de Avila en 1570. Distinguida justamente por santa Teresa, desde el mismo momento de su conocimiento, convivió con ésta de manera estrechísima en los primeros años de su formación carmelitana, para muy pronto ser destinada a cargos de creciente responsabilidad. Maestra de novicias en Salamanca durante cuatro años. Priora de Beas durante ocho, llevará a cabo más tarde, junto a Juan de la Cruz -su tercer gran maestro-, la fundación de Granada , en la que permanecerá, al frente del priorato, hasta la fundación en Madrid, del ansiado Carmelo de santa Ana, asumido ya su papel de sucesora de santa Teresa en el Carmen descalzo.
Ya sólo me queda de la familia placentina de los Lobera, el Obispo de Plasencia, Cristóbal de Lobera, un obispo paisano nuestro, nacido aquí, en nuestra propia ciudad, primo de Ana Lobera y gran promotor de la devoción a la Virgen del Puerto y, lógicamente, a Santa Teresa, teniendo en cuenta la relación especial que había tenido con su prima Ana.
Dice Don Francisco Cuesta en su Episcopologio, (del que muchos placentinos estamos esperando que se publique la segunda parte), que Cristóbal de Lobera nació posiblemente en la casa de sus padres en la calle Zapatería, de la que ya hemos hablado. Sus progenitores fueron el Licenciado Diego de Lobera y Francisca de Torres, que pertenecían a una familia acomodada de la ciudad del Jerte. Por su parte Don Manuel Sánchez-Mora nos cuenta que eran los dueños de la Dehesa de los Caballos, en la carretera de Trujillo.

Cuando sólo contaba 28 años tomó posesión de la dignidad eclesiástica de Maestrescuela de la S. I. Catedral de su ciudad natal, Plasencia. Aquí se forjó como clérigo, perteneciendo al Cabildo de la Catedral durante más de treinta años, hasta que, en reconocimiento a las dotes personales que le adornaban fue promovido a la sede episcopal de Badajoz.
A partir de este momento y en poco más de quince años fue obispo de Osma, de Pamplona y de Córdoba, para terminar siendo nombrado obispo de Plasencia y por último Arzobispo de Santiago de Compostela, cargo que no llegó a ostentar porque murió aquí antes de tomar posesión.
La noticia del nombramiento de un placentino para la sede de Plasencia y, además, durante muchos años canónigo de esta Catedral, fue acogida con gran entusiasmo, no sólo por el clero, sino por todos los fieles en general. Hubo Te Deum, procesión, luminarias nocturnas, chirimías, festejos y repique de campanas.

A su llegada a la ciudad, Don Cristóbal de Lobera no quiso otro recibimiento que no fuera en la ermita de la Virgen del Puerto. Allí se tuvieron que trasladar los vecinos, la Corporación Municipal y el Cabildo de la Catedral para recibir al nuevo obispo con la solemnidad posible en este lugar.
Nosotros ya sabemos que no tiene nada de extraño ni de original este deseo del nuevo obispo para ser recibido a los pies de la Virgen del Puerto. La Virgen a la que esta vinculado por su familia y por ser placentino. Don Manuel también comenta que el obispo no quiso ocupar el Palacio Episcopal y se quedó a vivir en la casa de sus padres.
En la biografía de su prima Ana de Jesús, se hace referencia a varia correspondencia que ambos mantuvieron siendo ya Obispo de Badajoz. Ello explica, en parte, la consideración que Don Cristóbal tuvo por la Santa de Ávila. De tal modo, que después de la inmediata canonización de Santa Teresa tras su muerte, el obispo quisiera nombrarla copatrona de España junto con Santiago Apóstol.

Ello no fue posible porque el Papa Urbano VIII, después de tener redactado el breve pontificio aceptando este nombramiento, desistió finalmente de ello. Pero ello no mermó la devoción que siempre manifestara el obispo por Santa Teresa, amiga y compañera de su prima Ana. Hasta el punto de que en cuanto llegó a Plasencia mandó “fabricar y edificar una ermita que se intitule de Santa Teresa de Jesús, allá en el Ejido que está junto a los tejares, al lado de la heredad del olivar que allí tenemos….”
Así pues, el terrenos de la Dehesa de los Caballos, propiedad de la famila Lobera, se construyó el magnífico tempo dedicado a Santa Teresa donde actualmente se encuentra la tumba de nuestro Obispo Lobera.

Espero que mi intervención no os haya cansado. Me hubiera gustado abordar también el tema de las rogativas a la Virgen durante este mismo tiempo del que he hablado. Hubo muchas y de gran agradecimiento por parte de los placentinos a la Virgen del Puerto. Con motivo de la sequía, de la peste y de la plaga de la langosta, pero el tiempo no da para más. Pero os prometo que este otro tema de las rogativas le seguiré estudiando particularmente.
Os reitero las gracias por vuestra presencia. Muchas gracias también a Cándido Cabrera, Directiva y cofrades. Hago votos por que el fervor de todos nosotros a la Virgen del Puerto continúe por los siglos de los siglos. ¡Viva la Canchalera!-
                     GONZALO SANCHEZ RODRIGO de la A.C.P." PEDRO DE TREJO"
                                                 "SEMBRANDO INQUIETUDES"